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lunes, 7 de septiembre de 2026

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 08 de Septiembre - «María, de la cuál nació Jesús, llamado Cristo»


San Bernardo, abad Homilía: El nombre de María Homilías sobre las palabras del Evangelio:”El ángel fue enviado”, n° 2, 17


«María, de la cuál nació Jesús, llamado Cristo» 

    «El nombre de la Virgen era María» (Lc 1,27). Este nombre significa: «estrella del mar», y le encaja admirablemente a la Virgen madre. Nada es más justo que compararla con una estrella que da sus rayos sin alterarse, como Ella que da a luz a su hijo sin detrimento de su cuerpo virgen. Es ciertamente esta «noble estrella nacida de Jacob» (Núm 24,17), cuyo esplendor ilumina el mundo entero, que brilla en los cielos y penetra hasta los infiernos… Verdaderamente Ella es esta bella y admirable estrella, que se levanta por encima del mar inmenso, resplandeciendo de méritos, alumbrando por su ejemplo.

    Todos vosotros, quienquiera que seáis, quienquiera que estéis hoy en alta mar, sacudidos por la tormenta y la tempestad, lejos de tierra firme, poned los ojos en la luz de esta estrella, para evitar el naufragio. ¡Si los vientos de la tentación se levantan, si ves acercarse el escollo de la prueba, mira la estrella, invoca a María! Si eres sacudido por los vacíos del orgullo, de la ambición, de la maledicencia o de los celos, levanta la mirada hacia la estrella, invoca a María…

    Si te abruma la grandeza de tus pecados, humillado por la vergüenza de tu conciencia, espantado por el temor del juicio, si estás a punto de zozobrar en el precipicio de la tristeza y la desesperación, piensa en María. ¡En el peligro, la angustia, la duda, piensa en María, invoca a María!

    Qué su nombre jamás abandone tus labios ni tu corazón… Siguiéndola, no te extraviarás; rogándole, no desesperarás; pensando en ella, te alejarás del falso camino. Si te tiene de la mano, no zozobrarás; si te protege, nada temerás; bajo su amparo, ignorarás el cansancio; bajo su protección, llegarás hasta el fin. Y comprenderás por tu propia experiencia cuán justas son estas palabras: «El nombre de la Virgen era María». 

martes, 25 de agosto de 2026

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 26 de Agosto - "Sepulcros blanqueados"


       San Bernardo, abad 2º sermón para el primer día de Cuaresma, 5 ; PL 183, 172-174.


«Sepulcros blanqueados» 

    «Rasgad vuestros corazones, dice el profeta, y no vuestras vestiduras». ¿Quién de entre vosotros tiene la voluntad particularmente apegada a no ceder, a entestarse? Que rasgue su corazón con la espada del Espíritu que es la Palabra de Dios. Que lo rasgue y lo reduzca a polvo porque nadie puede convertirse al Señor si no es con un corazón roto…

    Escucha a un hombre según el corazón de Dios: «Mi corazón está firme, Dios mío, mi corazón está firme». Está firme tanto para la adversidad como para la prosperidad, se mantiene firme tanto para las cosas humildes como para las más elevadas, está firme y a punto para todo lo que tú ordenarás… «Mi corazón está firme, Dios mío, mi corazón está firme». ¿Quién está a punto, como David, tanto para salir como para entrar y andar según la voluntad del Rey?
 

lunes, 5 de enero de 2026

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 06 de Enero - «Cayendo de rodillas, se prosternaron ante de él»


     San Bernardo (1091-1153) monje cisterciense y doctor de la Iglesia 1er sermón sobre la Epifanía


«Cayendo de rodillas, se prosternaron ante de él»
     
    La intención de Dios no fue solamente la de bajar a la tierra, sino la de ser conocido en ella; no sólo nacer, sino darse a conocer. De hecho, es en vistas a este conocimiento que nosotros celebramos la Epifanía, este gran día de su manifestación. Hoy, en efecto, los magos vinieron de Oriente buscando al Sol de Justicia en su aurora (Ml 3,20), este Sol de quien leemos: «Aquí tenéis a un hombre que se llama Oriente» (Za 6,12). Hoy han adorado el hecho de haber dado a luz, de manera nueva, la Virgen, siguiendo la dirección que les había marcado una nueva estrella. ¿No encontramos aquí, hermanos un gran motivo de gozo, así como en esta palabra del apóstol Pablo: «Ha aparecido la Bondad de Dios y su Amor al hombre»? (Tt 3,4)...

     ¿Qué hacéis, magos, qué hacéis? ¿Adoráis a un niño de mama, en una choza vulgar, envuelto en mantillas miserables? ¿Acaso éste será Dios? Pero «el Señor está en su templo santo, el Señor tiene su trono en el cielo» (Sl 10,4), y ¿vosotros lo buscáis en un vulgar establo, recostado en el regazo de una madre? ¿Qué hacéis? ¿Por qué ofrecéis este oro? ¿Éste, será acaso, rey? Pero, ¿dónde está su cortejo real, dónde está su trono, dónde la multitud de sus cortesanos? ¿Un establo es un palacio, un pesebre un trono, María y José miembros de su corte? ¿Cómo es posible que hombres sabios se hayan vuelto locos hasta el punto de adorar a un niño pequeño, despreciable tanto por su edad como por la pobreza de los suyos?

     Sí, se han vuelto locos para llegar a ser sabios; el Espíritu Santo les ha enseñado por anticipado lo que más tarde proclamó el apóstol Pablo: «Destruiré la sabiduría de los sabios, frustraré la sagacidad de los sagaces... Como en la sabiduría de Dios el mundo no lo conoció por el camino de la sabiduría, quiso Dios valerse de la necedad de la predicación para salvar a los creyentes» (1C 1,21)...Se prosternaron, pues, ante este pobre niño, rindiéndole homenaje como a rey, adorándole como a Dios. El que por fuera les guió a través de una estrella, derramó su luz en el secreto de sus corazones.

domingo, 30 de noviembre de 2025

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 01 de Diciembre - "La tierra entera estará llena de la majestad de Dios"


    San Bernardo (1091-1153) monje cisterciense y doctor de la Iglesia Sexto sermón sobre el Adviento


"La tierra entera estará llena de la majestad de Dios"
    
    Hombre, no pongas obstáculos a tu reconciliación, sacarás de ella un peso mayor de gloria. Soporta con alegría, no solo con paciencia, las penas de la vida. No desprecies nada de lo que te puede procurar un día la gloria eterna. Di a ti mismo: cuando el Señor se habrá acordado de ti y habrá glorificado tu alma, ésta se acordará de tu cuerpo para tu propio bien. Delante de tu Señor, tu alma le hablará de tu cuerpo por su colaboración en el bien realizado. Dirás al Señor: “Se digne mi Señor de recompensar a este cuerpo el bien que me ha hecho: juntos, no nos hemos ahorrado ninguna pena...”

    Entonces, el Dios de los Ejércitos, el Señor todopoderoso, el Rey de la gloria vendrá del cielo y transformará nuestro cuerpo en un cuerpo glorioso como el suyo (Flp 3,21) ¡Qué alegría inefable, cuando el creador del universo que quedó oculto bajo las apariencias de humildad cuando vino para rescatarnos, aparecerá en toda su gloria, en los aires, ante todos los hombres, para glorificar nuestro mísero cuerpo!  ¿Quién se acordará entonces de la humildad de su primera venida, cuando lo veremos descender en su esplendor, precedido por los ángeles que harán levantar nuestros cuerpos del polvo, al son de la trompeta para presentarlos ante Cristo? (cf 1 Tes 4,16ss)...

    Que se alegre, pues, nuestra alma y nuestro cuerpo repose en la esperanza (Sal 16,9) aguardando su transformación en el cuerpo glorioso de Cristo, nuestro Salvador. “Mi alma tiene sed de ti, Dios mío, mi carne te ansía de noche.” (cf. Sal 63,1ss) El profeta se refiere en su oración a la primera venida que le iba a rescatar. Pero se refería aún más ardientemente a la última venida cuando va a ser glorificado el cuerpo. Entonces, todos nuestros anhelos serán colmados: la tierra entera se llenará de la majestad de Dios. Que la misericordia de Dios nos conduzca a esta gloria. “Y la paz de Dios, que supera cualquier razonamiento, guardará nuestros corazones y nuestros pensamientos por medio de Cristo Jesús”(cf  Flp 4,7). 

domingo, 14 de septiembre de 2025

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 15 de Septiembre - "Después del amor de Cristo, el de María no tiene igual"


San Bernardo (1091-1153) monje cisterciense y doctor de la Iglesia Homilía del domingo en la Octava de la Asunción 14-15 (Lectures chrétiennes pour notre temps, Abbaye d'Orval, 1973) 


"Después del amor de Cristo, el de María no tiene igual"
            
    El martirio de la Virgen es sugerido tanto por  la profecía de Simeón  como por la narración de la Pasión del Señor.  “Él será un signo de contradicción”, dice Simeón hablando del niño Jesús. Dirigiéndose a María agregó “Una espada atravesará tu corazón” (cf. Lc 2,34-35). Si, bienaventurada Madre, tu corazón fue atravesado por una espada y una espada traspasó la carne de tu Hijo. Cuando tu Jesús -que es de todos pero especialmente de ti- entregó el espíritu, la lanza cruel no llegó a su alma. Al estar  ya muerto, la lanza no le causó dolor.  Pero ella atravesó tu alma. En ese momento, ya no podía atravesar el alma suya porque ya no estaba. Pero tu alma, no podría nunca más separarse de él. (…)

    Quizás alguien preguntará si María no sabía por adelantado que él debía morir. Si, sin dudas. ¿No esperaba ella verlo resucitado en seguida? Si, en eso confiaba. Entonces, ¿sufrió cuando lo vio crucificar?  ¡Por cierto y con qué violencia! ¿Quién eres tú, hermano, y de dónde te viene tal sabiduría, al asombrarte más de la compasión de María que de la pasión del Hijo de María? ¿Él pudo morir de la muerte del cuerpo y ella no habría podido morir con él de todo corazón? En él se realiza la obra de un amor que nadie puede superar. En ella, es el amor que, después del primero, nunca habrá otro igual. 

martes, 26 de agosto de 2025

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 27 de Agosto - «Oh Dios, cera en mí un corazón puro»


San Bernardo, abad Sermón: Rasgar el corazón con la espada del Espíritu 2º sermón para el primer día de Cuaresma, 5 ; PL 183, 172-174.


«Oh Dios, cera en mí un corazón puro» 

    «Rasgad vuestros corazones, dice el profeta, y no vuestras vestiduras». ¿Quién de entre vosotros tiene la voluntad particularmente apegada a no ceder, a entestarse? Que rasgue su corazón con la espada del Espíritu que es la Palabra de Dios. Que lo rasgue y lo reduzca a polvo porque nadie puede convertirse al Señor si no es con un corazón roto…

    Escucha a un hombre según el corazón de Dios: «Mi corazón está firme, Dios mío, mi corazón está firme». Está firme tanto para la adversidad como para la prosperidad, se mantiene firme tanto para las cosas humildes como para las más elevadas, está firme y a punto para todo lo que tú ordenarás… «Mi corazón está firme, Dios mío, mi corazón está firme». ¿Quién está a punto, como David, tanto para salir como para entrar y andar según la voluntad del Rey?

lunes, 7 de abril de 2025

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 08 de Abril - «Cuando levantéis al Hijo del hombre, sabréis que Yo Soy»


        San Bernardo, Sermón 1 para el primer domingo de noviembre


«Cuando levantéis al Hijo del hombre, sabréis que Yo Soy» 

    El profeta Isaías nos describe una visión sublime: «Vi al Señor sentado en un trono» (Is 6,1). ¡Qué magnífico espectáculo, hermanos! ¡Dichosos los ojos que lo han visto! ¿Quién no desearía con toda su alma contemplar el esplendor de una gloria tan grande?… Pero fijaos en que oigo al mismo profeta que nos narra otra visión de este mismo Señor, muy diferente: «Le vimos sin belleza ni esplendor: pensamos que era un leproso» (Is 53,2s Vulg).

    Si tú, pues, deseas ver a Jesús en su gloria, procura verlo primero en su anonadamiento. Comienza fijando tu mirada en la serpiente levantada en el desierto (cf. Jn 3,14) si de verdad deseas ver al Rey sentado en su trono. Que la primera visión te llene de humildad para que la segunda te levante de tu humillación. Que aquélla reprima y cure tu orgullo antes que ésa llene y colme tu deseo. ¿Ves al Señor «reducido a nada» (Flp 2,7)? Que esta visión no te deje ansioso pues de lo contrario no podrás seguidamente, contemplarlo, sin ansiedad, en la gloria de su exaltación.

    Ciertamente, «serás semejante a él» cuando le verás «tal cual es» (1Jn 3, 2). Procura ser ya ahora semejante a él viendo lo que ha llegado a ser por ti. Si no rechazas asemejarte a él en su anonadamiento, te dará a cambio, la semejanza de su gloria. Nunca podrá soportar que el que ha participado de su pasión sea excluido de su gloria. Por ello puede admitir y estar con él en el Reino, al ladrón que ha participado de su Pasión, y que por haberle confesado en la cruz, se encontrara con él el mismo día en el paraíso (Lc 23,42)… Si «sufrimos con él, reinaremos con él» (Rm 8,17). 

jueves, 20 de marzo de 2025

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 21 de Marzo - "El misterio de la viña de Dios"


San Bernardo (1091-1153) monje cisterciense y doctor de la Iglesia Sermón 30 sobre el Cantar de los Cantares


"El misterio de la viña de Dios"
      
    Hermanos, si reconocemos que la Iglesia es la viña del Señor, nos damos cuenta que no es una prerrogativa pequeña haber extendido sus límites a toda la tierra...

    A través de esta imagen veo a los primeros creyentes de los cuales se dice que «todos pensaban y sentían lo mismo» (Hch 4,32)... Porque la persecución no la ha tan brutalmente desenraizado que no haya podido ser replantada en otros lugares y alquilada a otros viñadores, los cuales, llegada la estación propicia, han hecho que diera fruto. No ha perecido sino que ha cambiado de suelo; mejor así pues ha ganado en fuerza tanto como en extensión, como la bendita viña del Señor. Hermanos, levantad los ojos y veréis «que su sombra cubre las montañas y sus pámpanos los cedros de Dios, que ha extendido sus sarmientos hasta el mar y sus brotes hasta el Gran Río» (cf sl 79, 11-12).

    No es sorprendente: es el edificio de Dios, el campo de Dios (1C 3,9). Es él quien la fecunda, la propaga, la corta y la poda para que dé más fruto. No va él a despreocuparse de una viña que su mano derecha plantó (Sl 79,15); no va a abandonar una viña en la que los pámpanos son los apóstoles, la cepa es Jesucristo, y el Padre es el viñador (Jn 15,1-5). Plantada en la fe, hunde sus raíces en la caridad; trabajada por la obediencia, fertilizada por las lágrimas de arrepentimiento, regada con la palabra de los predicadores, rebosa un vino que inspira el gozo y no la mala conducta, vino de muy dulce sabor, que en verdad rejuvenece el corazón del hombre (Sl 103,15)... ¡Hija de Sión, consuélate contemplando este gran misterio, no llores más! ¡Abre tu corazón para acoger a todas las naciones de la tierra!

lunes, 23 de diciembre de 2024

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 24 de Diciembre - «Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor»


San Bernardo (1091-1153) monje cisterciense y doctor de la Iglesia Primer Sermón para la Vigilia de Navidad


«Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor»
        
    Un grito de júbilo resuena en nuestra tierra; un grito de alegría y de salvación en las riendas de los pecadores. Hemos oído una palabra buena, una palabra de consuelo, una frase rezumante de gozo, digna de todo nuestro aprecio.
    Exultad, montañas; aplaudid, árboles silvestres, delante del Señor porque llega. Oíd cielos; escucha, tierra; enmudece y alaba, coro de las criaturas; pero más que nadie, tú, hombre. Jesucristo, el Hijo de Dios, nace en Belén de Judá. ¿Quién tendrá corazón tan de piedra que, al oír este grito, no se le derrita el alma? ¿Se podría anunciar mensaje más consolador? ¿Se podría confiar noticia más agradable? ¿Cuándo se ha oído algo semejante? ¿Cuándo ha sentido el mundo cosa parecida? Jesucristo, el Hijo de Dios, nace en Belén de Judá...
    ¡Oh nacimiento esclarecido en santidad, glorioso para el mundo, querido por la humanidad a causa de incomparable beneficio que le confiere, insondable incluso para los ángeles en la profundidad de su misterio sagrado! Y bajo cualquier aspecto, admirable por la grandezaexclusiva de su novedad; jamás se ha visto cosa parecida, ni antes ni después. ¡Oh alumbramiento único, sin dolor, cándido, incorruptible; que consagra el templo del seno virginal sin profanarlo! ¡Oh nacimiento que rebasa las leyes de la naturaleza, si bien la transforma; inimaginable en el ámbito de lo milagroso, pero sanador por la energía de su misterio!
     Reanimaos los que os sentís desahuciados: Jesús viene a buscar lo que estaba perdido. Reconfortaos los que os sentís enfermos: Cristo viene para sanar a los oprimidos con el ungüento de su misericordia. Alborozaos todos los que soñáis con altos ideales: el Hijo de Dios baja hasta vosotros para haceros partícipes de su reino. Por eso imploro: Sáname, Señor, y quedaré sano; sálvame, y quedaré a salvo; dame tu gloria, y seré glorificado. Y mi alma bendecirá al Señor, y todo mi interior a su santo nombre, cuando perdones todas mis culpas, cures todas mis enfermedades y sacies de bienes mis anhelos.

martes, 17 de diciembre de 2024

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 18 de Diciembre - "José, hijo de David no temas tomar contigo a María tu mujer"


San Bernardo (1091-1153), monje cisterciense y doctor de la Iglesia. Homilías sobre las palabras del Evangelio: "Fue enviado el ángel", n 2, 13-15.


"José, hijo de David no temas tomar contigo a María tu mujer"
      
    José, el esposo de María, siendo justo y no queriendo denunciarla, decidió repudiarla secretamente (Mt. 1, 19). Por ser justo no quería denunciarla. Así como no hubiera sido justo si hubiera sido su cómplice conociéndola culpable, de la misma manera no sería justo si, conociéndola inocente, la hubiera delatado. Por eso decidió repudiarla ocultamente. Pero ¿por qué quiso repudiarla? Por el mismo motivo, dicen los Padres, que incitó a San Pedro a apartar de sí al Señor diciéndole; " Aléjate de mí, Señor, que soy pecador" (Lc. 5,8). De igual modo el centurión no quería que entrase el Señor en su casa diciendo; "Señor, yo no soy digno que entres bajo mi techo" (Mt. 8,8)  
      
    José, teniéndose por pecador, pensaba que él era indigno de vivir en compañía de una mujer cuya admirable dignidad le inspiraba temor y veneración. En ella veía la señal indudable de la presencia divina. Porque no podía penetrar tan espantoso misterio, quería dejarla. A San Pedro le impresionó la grandeza del poder de Cristo y el centurión se asustó por la majestad de su presencia. Fue poseído José, siendo hombre, de un asombro sagrado ante la novedad de tan grande milagro y la profundidad de tan grande misterio. Por eso quería dejarla secretamente. No hay por qué maravillarse de que José se juzgase indigno de vivir en compañía de la Virgen embarazada, pues tampoco Santa Isabel pudo sostener su presencia sin temor ni respeto. "De dónde a mí tanto bien, que venga la madre de mi Señor a visitarme?" (Lc.1, 43).
     
    ¿Por qué repudiarla ocultamente? Porque no se inquiriese la causa del divorcio ni se pidiese la razón que había para él. ¿Qué hubiera podido responder aquel varón justo a un pueblo siempre dispuesto a contradecir? Si hubiera dicho lo que sentía y que él mismo estaba convencido de la pureza de María, esa gente incrédula se hubiera burlado de él y a ella la hubiera apedreado. José, pues, actuó con razón ya que no quería ni mentir ni difamar a una inocente.Pero el ángel le dijo: "¡No temas! Lo que ha sido engendrado en ella viene del Espíritu Santo".

viernes, 15 de noviembre de 2024

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 16 de Noviembre - "Conocerte a ti mismo para reconocer a Dios"


San Bernardo (1091-1153) monje cisterciense y doctor de la Iglesia Sobre el Cantar de los Cantares, Sermón 36 (in “Lectures chrétiennes pour notre temps”, Abbaye d'Orval, 1973)


"Conocerte a ti mismo para reconocer a Dios"
            
    Para llegar a la humildad, nada más directo y apropiado que el encuentro consigo mismo en la verdad. Para esto, es suficiente no disimular nada, expulsar al espíritu del engaño, ubicarse faz a sí mismo, no dejarse desviar.

    Mirándose así a la luz de la verdad, ¿descubrirá el alma que ella permanece en “la región de la desemejanza”?  Entonces, suspirando tristemente, porque su real miseria no le está ya oculta, clamará con el profeta: “Yo sé que tus juicios son justos, Señor, y que me has humillado con razón” (Sal 119, 75) ¿Cómo no se sentirá penetrada de humildad, al conocerse de verdad? El alma se percibe bajo el peso del pecado, (…), ciega, replegada sobre sí misma, sin fuerza, sujeta a múltiples errores, expuesta  a mil peligros, inquieta por mil temores, ansiosa por mil problemas, turbada por mil sospechas, preocupada por mil necesidades, tendiendo al vicio e incapaz para la virtud.

    ¿Podría tener todavía una mirada altiva y mantener su cabeza erguida? Cuando el sufrimiento se hará penetrante, el alma se volverá hacia ellas. Es decir, se volverá hacia las lágrimas, con llantos y gemidos. Se tornará hacia el Señor y clamará con humildad: “Ten piedad de mí, Señor, sáname, porque pequé contra ti” (Sal 41,5). Apenas el alma se vuelva hacia el Señor, recibirá consuelo. Porque él es “el Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo” (2 Cor 1,3). (…) En esa experiencia, Dios se le manifestará como Salvador. (...)

    En consecuencia, conocerte a ti mismo será una etapa para reconocer a Dios. Con la renovación en ti de su imagen, él será visible. Cuando con un rostro sin máscara, reflejarás como en un espejo la gloria del Señor, serás transfigurado en esa misma imagen, con un esplendor cada vez más glorioso, por acción del Espíritu de Dios (cf. 2 Cor 3,18).

martes, 12 de noviembre de 2024

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 13 DE NOVIEMBRE - «¡No ha vuelto más que este extranjero!»


    San Bernardo, abad y doctor de la Iglesia Sermón: Muchos oran pero no sabe dar gracias. Sermones diversos, nº 27.


«¡No ha vuelto más que este extranjero!» 

    En nuestros días se ve a mucha gente que ora, pero, desgraciadamente, no hay muchos que se den cuenta de lo que deben a Dios y le den gracias… «¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve ¿dónde están?» Creo que os acordáis que es con estas palabras que el Señor se lamentaba de la ingratitud de los otros nueve leprosos. Leemos que bien sabían «orar, suplicar, pedir» porque levantaron la voz para exclamar: «Jesús, hijo de David, ten compasión de nosotros». Pero les faltó una cuarta cosa que es la que reclama san Pablo: «la acción de gracias» (1Tm 2, 1), porque no regresaron y no dieron gracias a Dios.

    También vemos en nuestros días que hay un cierto número de personas que piden a Dios con insistencia lo que les hace falta, pero tan sólo un número reducido de entre ellos parece reconocer los beneficios recibidos. No hay nada malo en pedir con insistencia, pero lo que hace que Dios no nos escuche es porque se da cuenta que nos falta agradecimiento. Al fin y al cabo es quizás un acto de su clemencia el no dar a los ingratos lo que piden, para que no sean juzgados con más rigor a causa de su ingratitud… Es pues a causa de su misericordia que Dios, a veces, retiene su misericordia…

    Podéis bien ver cómo todos los que son curados de la lepra del mundo, quiero decir de desórdenes evidentes, no se aprovechan de su curación. En efecto, muchos están secretamente afectados de una úlcera peor que la lepra, tanto más peligrosa porque es más interior. Es por esta razón que el Salvador del mundo pregunta donde están los otros nueve leprosos, porque los pecadores se alejan de la salvación. Por eso Dios preguntó al primer hombre después de su pecado: «¿Dónde estás?» (Gn 3,9).

    Dichoso este leproso samaritano que reconoció que «no tenía nada que no lo hubiera recibido» (1Co 4,7). Él «guardó hasta el último día el encargo que se le había confiado» (2Tm 1,12) y regresó donde estaba el Señor para darle gracias. Dichoso aquel que, a cada don de la gracia, vuelve hacia aquél en quien se encuentra la plenitud de toda gracia, porque si somos agradecidos con él por todo lo que hemos recibido, preparamos en nosotros mismos un lugar para la gracia… más abundantemente. En efecto, sólo nuestro desagradecimiento puede parar nuestro progreso en el camino de nuestra conversión…

    Dichoso, pues, el que se mira como un extranjero, y sabe dar abundantemente las gracias incluso por los más pequeños beneficios recibidos, teniendo en cuenta que todo lo que se da a un extranjero y a un desconocido es un don puramente gratuito. Por el contrario, que desdichados y miserables somos cuando, después de habernos mostrado timoratos, humildes y devotos olvidamos seguidamente cuán gratuito es lo que hemos recibido…

    Os ruego, pues, hermanos, mantengámonos cada vez más humildes bajo la poderosa mano de Dios (1P 5,6)… Mantengámonos con gran devoción en la acción de gracias y nos concederá la única gracia que puede salvar nuestras almas. Seamos agradecidos, no sólo de palabra o con la punta de los labios, sino por las obras y en verdad.

viernes, 11 de octubre de 2024

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 12 de Octubre - «Su madre guardaba todas estas cosas en su corazón»


San Bernardo, monje cisterciense y doctor de la Iglesia Sermón: La Palabra de Dios tiene que pasar a las entrañas del alma. Sermón para Adviento (Liturgia de las Horas, Miércoles I de Adviento).


«Su madre guardaba todas estas cosas en su corazón» 

    El que me ama –nos dice– guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a Él. (Jn 14,23). He leído en otra parte: El que teme a Dios obrará el bien; pero pienso que se dice algo más del que ama, porque éste guardará su palabra. ¿Y dónde va a guardarla? En el corazón sin duda alguna, como dice el profeta: En mi corazón escondo tus consignas, así no pecaré contra ti. (Sal. 118,11).

    Así es cómo has de cumplir la palabra de Dios, porque son dichosos los que la cumplen. Es como si la palabra de Dios tuviera que pasar a las entrañas de tu alma, a tus afectos y a tu conducta. Haz del bien tu comida, y tu alma disfrutará con este alimento sustancioso. Y no te olvides de comer tu pan, no sea que tu corazón se vuelva árido: por el contrario, que tu alma rebose completamente satisfecha.

    Si es así cómo guardas la palabra de Dios, no cabe duda que ella te guardará a ti. El Hijo vendrá a ti en compañía del Padre, vendrá el gran Profeta, que renovará Jerusalén, el que lo hace todo nuevo. (Hch. 3,22; Jl 4,1; Ap 21,5).

jueves, 1 de febrero de 2024

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 02 de Febrero - «Los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor»


       San Bernardo, abad Homilía: Sermón para la Presentación, n. 2.


«Los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor» 

    Ofrece a tu hijo, Virgen santa, y presenta al Señor el fruto bendito de tu vientre (Lc 1,42). Ofrece para nuestra reconciliación a la víctima santa que le agrada a Dios. Dios aceptará sin duda alguna esta ofrenda nueva, esta víctima de gran precio, sobre quien él mismo dijo: «éste es mi Hijo amado; en quien me complazco» (Mt 3,17). Pero esta ofrenda, hermanos, parece bastante dulce: es solamente presentada al Señor, rescatada por palomas y recuperada en seguida. Vendrá el día en que este Hijo no será ofrecido más en el Templo, ni en los brazos de Simeón, sino fuera de la ciudad, en los brazos de la cruz. Vendrá el día en que no será rescatado por la sangre de una víctima, sino donde él mismo rescatará a otros por su propia sangre… Será el sacrificio de la tarde.

    Éste es el sacrificio de mañana: es alegre. Pero ése será más total, ofrecido no en el momento de su nacimiento sino en la plenitud de la edad. Al uno y al otro se puede aplicar lo que había predicho el profeta: «se ofreció, porque él mismo lo quiso» (Is 53,10). Hoy en efecto, se ofreció no porque necesitaba hacerlo, ni porque fuera sujeto de la Ley, sino porque él mismo lo quiso. Y sobre la cruz lo mismo, se ofrecerá no porque mereciera la muerte, ni porque sus enemigos tuvieran poder sobre él, sino porque él mismo lo quiso.

    Entonces «te ofreceré un sacrificio voluntario», Señor (Sal. 53,8), porque voluntariamente te ofreciste por mi salvación… Nosotros también, hermanos, ofrezcámosle lo mejor que tenemos, es decir a nosotros mismos. Él se ofreció a sí mismo, y tú, ¿quién eres para vacilar en ofrecerte por completo?

miércoles, 24 de enero de 2024

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 25 de Enero - Señor, ¿qué quieres que haga?


San Bernardo (1091-1153) monje cisterciense y doctor de la Iglesia1er Sermón para la fiesta de la conversión de san Pablo, 1, 6; PL 183, 359



Señor, ¿qué quieres que haga?

    Con razón, hermanos queridos, la conversión del "maestro de las naciones" (1Tm 2,7) es una fiesta que todos los pueblos celebran hoy con alegría. En efecto son numerosos los retoños que surgieron de esta raíz; una vez convertido, Pablo se hizo instrumento de la conversión para el mundo entero. En otro tiempo, cuando todavía vivía en la carne pero no según la carne (cf Rm 8,5s), convirtió a muchos por su predicación; todavía hoy, mientras vive en Dios una vida más feliz, no deja de trabajar en la conversión de los hombres por su ejemplo, su oración y su doctrina...

    Esta fiesta es una gran fuente de bienes para los que la celebran... ¿Cómo desesperar, cualquiera que tenga muchas faltas, cuando oye que "Pablo, respirando todavía amenazas de muerte contra los discípulos del Señor " se convirtió repentinamente en"un instrumento de elección "? (Hch. 9,1.15) ¿Qué podría decir, bajo el peso de su pecado: "no puedo levantarme para llevar una vida mejor", mientras que, sobre el mismo camino donde le conducía su corazón sediento de odio, el perseguidor encarnizado se convirtió súbitamente en un predicador fiel?. Esta sola conversión nos muestra en un día la grandeza de la misericordia de Dios y el poder de su gracia...

    He aquí, hermanos, un modelo perfecto de conversión: "mi corazón está listo, Señor, mi corazón está listo... ¿Qué quieres que haga?" (Sal. 56,8; Hch. 9,6) Palabra breve, pero plena, viva, eficaz y digna de ser escuchada. Se encuentra poca gente en esta disposición de obediencia perfecta, que haya renunciado a su voluntad hasta tal punto que su mismo corazón no les pertenezca más. Se encuentra poca gente que a cada instante busque lo que Dios quiere y no lo que ellos quieren y que le dicen sin cesar: " ¿Señor, qué quieres que haga?

jueves, 7 de septiembre de 2023

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 8 de Septiembre - “María, de la cuál nació Jesús, llamado Cristo”


     San Bernardo (1091-1153) monje cisterciense y doctor de la Iglesia Homilías sobre las palabras del Evangelio:”El ángel fue enviado”, n° 2, 17


“María, de la cuál nació Jesús, llamado Cristo”

    "El nombre de la Virgen era María" (Lc 1,27). Este nombre significa: "estrella del mar", y le encaja admirablemente a la Virgen madre. Nada es más justo que compararla con una estrella que da sus rayos sin alterarse, como Ella que da a luz a su hijo sin detrimento de su cuerpo virgen. Es ciertamente esta "noble estrella nacida de Jacob" (Núm 24,17), cuyo esplendor ilumina el mundo entero, que brilla en los cielos y penetra hasta los infiernos... Verdaderamente Ella es esta bella y admirable estrella, que se levanta por encima del mar inmenso, resplandeciendo de méritos, alumbrando por su ejemplo.

    Todos vosotros, quienquiera que seáis, quienquiera que estéis hoy en alta mar, sacudidos por la tormenta y la tempestad, lejos de tierra firme, poned los ojos en la luz de esta estrella, para evitar el naufragio. ¡Si los vientos de la tentación se levantan, si ves acercarse el escollo de la prueba, mira la estrella, invoca a María!

    Si eres sacudido por los vacíos del orgullo, de la ambición, de la maledicencia o de los celos, levanta la mirada hacia la estrella, invoca a María...

    Si te abruma la grandeza de tus pecados, humillado por la vergüenza de tu conciencia, espantado por el temor del juicio, si estás a punto de zozobrar en el precipicio de la tristeza y la desesperación, piensa en María. ¡En el peligro, la angustia, la duda, piensa en María, invoca a María!

    Qué su nombre jamás abandone tus labios ni tu corazón... Siguiéndola, no te extraviarás; rogándole, no desesperarás; pensando en ella, te alejarás del falso camino. Si te tiene de la mano, no zozobrarás; si te protege, nada temerás; bajo su amparo, ignorarás el cansancio; bajo su protección, llegarás hasta el fin. Y comprenderás por tu propia experiencia cuán justas son estas palabras: "El nombre de la Virgen era María".

jueves, 18 de mayo de 2023

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 19 de Mayo - «Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría»


       San Bernardo Sobre el Cantar de los Cantares: Hoy... entrarás en el gozo Hom. 37


«Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría»

    «Al ir iban llorando, llevando la semilla» ¿Van a llorar siempre? Ciertamente no: «Al volver vuelven cantando, trayendo sus gavillas» (Sal 125,8). Y tendrán razón de alegrarse porque traerán gavillas de gloria. Pero, me diréis, eso no llegará hasta el último día, cuando la resurrección, y la espera es muy larga. No perdáis el ánimo, no cedáis a estos infantilismos.

    Esperando, recibiréis «las primicias del Espíritu» (2Co 1,22), suficientes para sembrar desde hoy en el gozo. Sembrad en justicia, dice el Señor, y cosecharéis la esperanza de la vida. Ya no os envía al último día, en el que todo os será dado realmente y ya no sólo en esperanza. Os habla del presente. Ciertamente, nuestro gozo será grande, nuestra alegría infinita, cuando empezará la verdadera vida. Pero la esperanza de un gozo tan grande no se puede dar sin gozo ya desde ahora.

martes, 24 de agosto de 2021

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 25 de Agosto - «Sepulcros blanqueados» (Mt 23, 27-32)



 San Bernardo, abad
2º sermón para el primer día de Cuaresma, 5 ; PL 183, 172-174.

«Sepulcros blanqueados» (Mt 23, 27-32)

«Rasgad vuestros corazones, dice el profeta, y no vuestras vestiduras». ¿Quién de entre vosotros tiene la voluntad particularmente apegada a no ceder, a entestarse? Que rasgue su corazón con la espada del Espíritu que es la Palabra de Dios. Que lo rasgue y lo reduzca a polvo porque nadie puede convertirse al Señor si no es con un corazón roto…

Escucha a un hombre según el corazón de Dios: «Mi corazón está firme, Dios mío, mi corazón está firme». Está firme tanto para la adversidad como para la prosperidad, se mantiene firme tanto para las cosas humildes como para las más elevadas, está firme y a punto para todo lo que tú ordenarás… «Mi corazón está firme, Dios mío, mi corazón está firme». ¿Quién está a punto, como David, tanto para salir como para entrar y andar según la voluntad del Rey?


domingo, 17 de julio de 2016

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO

TIEMPO ORDINARIO
DOMINGO DE LA SEMANA XVI
17 de julio

    San Bernardo (1091-1153), monje cisterciense y doctor de la Iglesia 3er.            Sermón para la Asunción

Marta y María

    “Marta, Marta, te preocupas por muchas cosas”¿A quién se pueden aplicar mejor estas palabras sino a los que tienen la responsabilidad de una comunidad? ¿Quién es el que se inquieta por muchas cosas sino aquel a quien incumbe ocuparse tanto de María, la contemplativa, como de su hermano Lázaro, como de otras muchas cosas? Reconocéis en Marta la inquietud y agotamiento por mil preocupaciones: es el apóstol que tiene “la preocupación por todas las Iglesias” (2C 11,28), que vela para que los pastores se preocupen por sus ovejas. “Nadie enferma sin que yo enferme, nadie cae sin que a mi me dé fiebre” (v. 29). Que Marta, pues, reciba al Señor en su casa, puesto que es a ella a quien se le ha confiado la dirección de los quehaceres domésticos… Que también los que comparten sus tareas reciban al Señor, cada uno según su particular ministerio; que acojan a Cristo y le sirvan, que le asistan en sus miembros, los enfermos, los pobres, los viajeros y los peregrinos.

    Mientras asumen estas actividades, que Maria permanezca en reposo, que conozca “cuan suave es el Señor” (Sl 33,9). Que esté bien ocupada permaneciendo a los pies de Jesús, con el corazón lleno de amor y el alma en paz, sin quitar sus ojos de él, atenta a todas sus palabras, admirando su bello rostro y su lenguaje. “En sus labios se derrama la gracia; es el más bello de los hijos de los hombres” (sl 44,3), más bello aún que los ángeles en su gloria. Conoce tu gozo y dale gracias, María, tú que has escogido la mejor parte. ¡Dichosos los ojos que ven lo que tú ves, los oídos que merecen escuchar lo que tu escuchas! (Mt 13,16).¡Dichosa eres tú, sobre todo, por escuchar el latido del corazón de Dios en este silencio en el que es bueno para el hombre esperar a su Señor!

Fuente: ©Evangelizo.org

domingo, 1 de mayo de 2016

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO

DOMINGO DE SEMANA VI
01 de mayo

  
 San Bernardo (1091-1153), monje cisterciense y doctor de la Iglesia
Sermón 27, 8-10
“Vendremos a él y haremos morada en él”

    “El Padre y yo, decía el Hijo, vendremos a él, es decir, en el hombre que es santo, y vendremos a morar en él”. Y yo creo que el profeta no se ha referido a otro cielo cuando ha dicho: “Tú que habitas en los santos, tú la gloria de Israel” (Sl 24 Vulg). Y el apóstol Pablo dice claramente: “Por la fe, Cristo habita en nuestros corazones” (Ef 3,17). No es de extrañar, pues, que Cristo se complazca en habitar en este cielo. Puesto que, si para crear el cielo invisible sólo tuvo necesidad de su palabra, tuvo que luchar para adquirir el otro cielo, y murió para rescatarlo. Por eso, después de todos estos trabajos, habiendo realizado su deseo, dice: “Esta es mi mansión por siempre, aquí viviré, porque la deseo” (sl 131,14)…

    Ahora “¿por qué te acongojas, alma mía, por qué te me turbas?” (sl 41,6). ¿Piensas encontrar en ti un lugar para el Señor? ¿Qué lugar hay en nosotros que sea digno de tan gran gloria? ¿Qué lugar sería digno para recibir su majestad? ¿Acaso sólo puedo adorarlo en el lugar en que sus pasos se detuvieron? ¿Quién me concederá, al menos, poder seguir las huellas de un alma santa “que él se escogió como heredad”? (sl 32,12)

    Que se digne derramar en mi alma el ungüento de su misericordia, de tal manera que también yo sea capaz de decir: “Correré por el camino de tus mandatos cuando me ensanches el corazón” (sal 118,32). ¿Acaso podré, yo también, mostrar en mi “una gran sala bien preparada, en la que pueda comer con sus discípulos? (Mc 14,15) o por lo menos “un lugar donde reclinar la cabeza”(Mc 8,20).


Fuente: ©Evangelizo.org



    "Tu rostro buscaré, Señor". Con perseverancia insistiré en esta búsqueda; en efecto, no buscaré algo de poco valor, sino tu rostro, Señor, para amarte gratuitamente, dado que no encuentro nada más valioso.

    San Agustín