lunes, 19 de octubre de 2026

PENSAMIENTO DE LOS SANTOS



 

EVANGELIO - 20 de Octubre - San Lucas 12,35-38


    Carta de San Pablo a los Efesios 2,12-22.

    Hermanos: Antes ustedes no tenían a Cristo y estaban excluidos de la comunidad de Israel, ajenos a las alianzas de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo.
    Pero ahora, en Cristo Jesús, ustedes, los que antes estaban lejos, han sido acercados por la sangre de Cristo.
    Porque Cristo es nuestra paz; él ha unido a los dos pueblos en uno solo, derribando el muro de enemistad que los separaba, y aboliendo en su propia carne la Ley con sus mandamientos y prescripciones.
Así creó con los dos pueblos un solo Hombre nuevo en su propia persona, restableciendo la paz, y los reconcilió con Dios en un solo Cuerpo, por medio de la cruz, destruyendo la enemistad en su persona.
    Y él vino a proclamar la Buena Noticia de la paz, paz para ustedes, que estaban lejos, paz también para aquellos que estaban cerca.
    Porque por medio de Cristo, todos sin distinción tenemos acceso al Padre, en un mismo Espíritu.
    Por lo tanto, ustedes ya no son extranjeros ni huéspedes, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios.
    Ustedes están edificados sobre los apóstoles y los profetas, que son los cimientos, mientras que la piedra angular es el mismo Jesucristo.
    En él, todo el edificio, bien trabado, va creciendo para constituir un templo santo en el Señor.
    En él, también ustedes son incorporados al edificio, para llegar a ser una morada de Dios en el Espíritu.


Salmo 85(84),9ab-10.11-12.13-14.

Muéstranos, Señor, tu misericordia, y danos tu salvación.

Voy a proclamar lo que dice el Señor:
el Señor promete la paz,
Su salvación está muy cerca de sus fieles,
y la Gloria habitará en nuestra tierra.

El Amor y la Verdad se encontrarán,
la Justicia y la Paz se abrazarán;
la Verdad brotará de la tierra
y la Justicia mirará desde el cielo.

El mismo Señor nos dará sus bienes
y nuestra tierra producirá sus frutos.
La Justicia irá delante de él,
y la Paz, sobre la huella de sus pasos.


    Evangelio según San Lucas 12,35-38.

    Jesús dijo a sus discípulos: "Estén preparados, ceñidos y con las lámparas encendidas.
    Sean como los hombres que esperan el regreso de su señor, que fue a una boda, para abrirle apenas llegue y llame a la puerta.
    ¡Felices los servidores a quienes el señor encuentra velando a su llegada! Les aseguro que él mismo recogerá su túnica, los hará sentar a la mesa y se pondrá a servirlo.
    ¡Felices ellos, si el señor llega a medianoche o antes del alba y los encuentra así!"

    Palabra del Señor

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 20 de Octubre - «Mantened encendidas vuestras lámparas»


San Maximiliano María Kolbe, franciscano, mártir Conferencia: ¿Cómo vencer la debilidad del alma? Conferencia del 13-12-1941.


«Mantened encendidas vuestras lámparas» 

    ¿Qué hay que hacer para vencer la debilidad del alma? Hay dos medios para conseguirlo: La oración y el menosprecio de sí mismo. El Señor Jesús nos recomienda estar en vela. Es necesario vigilar si queremos mantener puro nuestro corazón, pero es necesario mantener la paz a fin de que nuestro corazón quede afectado. Porque puede estar afectado por cosas buenas o por cosas malas, ya sea desde el interior o desde el exterior. Es necesario, pues, estar alerta.

    Ordinariamente la inspiración de Dios es una gracia discreta: no hay que rechazarla…; si nuestro corazón no está atento, la gracia se retira. La inspiración divina es muy precisa; de la misma manera que el escritor dirige su pluma, así la gracia de Dios dirige al alma. Procuremos pues, llegar a un mayor recogimiento interior.

    El Señor quiere que tengamos el deseo de amarle. El alma que permanece vigilante se da cuenta cuando cae y que, por ella misma, no puede llegar a vencerse; por eso siente necesidad de la oración. La súplica está fundada en que, por nosotros mismos, no podemos nada, pero Dios lo puede todo. La oración es necesaria para obtener la luz y la fuerza. 

SANTORAL - SANTA MARÍA BERTILA BOSCARDIN

20 de Octubre


    En Treviso, en Italia, Santa María Bertila (Ana Francisca) Boscardin, virgen de la Congregación de las Hermanas de Santa Dorotea de los Sagrados Corazones, que en su trabajo en un hospital se mostró solicita de la salud corporal y espiritual de los enfermos.

    «La fuerza del Sacramento de la Eucaristía me alcanza siempre y en todas partes para que yo me comporte con responsabilidad... Porque yo siento necesidad de estar un rato con nuestro Señor.»

    Santa Bertilia siguió el «caminito espiritual» de santa Teresa del Niño Jesús. Era una mujer de gran juicio práctico y voluntad muy firme que se santificó cumpliendo sencillamente su deber de todos los días, a pesar de su mala salud, su reducida capacidad intelectual y su falta de iniciativa. Nació en 1888, en Brendola, entre Vicenza y Verona, en el seno de una pobre familia de campesinos. Su nombre de pila era Ana Francisca, pero todos la llamaban Anita. El P. Emigdio Federici, su biógrafo, escribe que Anita era una niña «tranquila y muy trabajadora, cuya infancia no tuvo nada de pintoresco». Ángel Boscardin, el padre de Anita, era un hombre muy celoso y dado a la bebida, de suerte que los pleitos abundaban en su casa, según testificó él mismo en el proceso de beatificación de su hija. Anita no podía asistir regularmente a la escuela, pues desde pequeña tuvo que trabajar en el hogar y ganar un poco de dinero ayudando en casa de los vecinos. Sus compañeros de juegos la apodaban «la tontita». Probablemente no les faltaba razón, ya que, cuando el P. Capovilla, párroco del lugar, habló de la vocación religiosa de la niña con el arcipreste Gresele, éste no pudo contener la risa. Sin embargo, como la consideraba por lo menos suficientemente inteligente para pelar patatas, el P. Gresele habló de Anita a ciertas religiosas, quienes se negaron a admitirla.

    Como quiera que fuese, a los dieciséis años Anita ingresó en el convento de las Hermanas de Santa Dorotea, en Vicenza y recibió el nombre de Bertilia, en honor de la santa abadesa de Chelles. La joven dijo a su maestra de novicias: «Yo no sé hacer nada. Soy una inútil, una 'tontita'. Enseñadme a ser santa». La hermana Bertilia pasó un año ayudando en la cocina, en la panadería y en la lavandería. Después, fue enviada a aprender las tareas de enfermera en Treviso, donde las hermanas de Santa Dorotea tenían a su cargo el hospital municipal. Pero la superiora prefirió emplearla como ayudante de la cocinera. Anita no pudo salir de la cocina hasta después de su profesión. En 1907, pasó a ayudar en el pabellón de los niños diftéricos y, a partir de entonces, vivió consagrada al cuidado de los enfermos. Pero, bien pronto contrajo una penosa enfermedad que la atormentó durante los últimos doce años de su vida. y la llevó finalmente al sepulcro, a pesar de las intervenciones de los cirujanos.

    A principios de 1915, el hospital de Treviso fue ocupado por las tropas. Dos años más tarde, a raíz de la derrota de Caporetto, el ejército italiano tuvo que replegarse a Piave, y el hospital quedó en pleno frente de batalla. Durante los bombardeos aéreos, en tanto que el terror paralizaba a algunas de sus hermanas, santa Bertilia, no menos asustada, se ocupaba en llevar café y vino de Marsala a los enfermos, sin que sus quehaceres le impidieran pasar las cuentas de su rosario. Bertilia y algunas de sus hermanas fueron pronto enviadas a un hospital militar de Viggiu, en las cercanías de Como. El capellán, Pedro Savoldelli y el oficial, Mario Lameri, no pudieron menos de admirar la laboriosidad y la caridad de Bertilia. En cambio, la superiora no supo apreciar las cualidades de su súbdita, como había sucedido ya con otras superioras, y la reprendía por trabajar exageradamente y por estar demasiado apegada a los enfermos. Finalmente, acabó por enviarla a la lavandería. Bertilia trabajó allí sin una queja durante cuatro meses, hasta que la madre general, una mujer extraordinaria que se llamaba Azelia Farinea, comprendió la injusticia y sacó a la santa de Viggiu.

    Después del armisticio, la hermana Bertilia retornó al hospital de Treviso, donde se le confió el pabellón de infecciosos para niños. La salud de la hermanita iba de mal en peor; tres años más tarde los médicos decidieron operarla. La operación resultó fatal, y la hermana Bertilia murió tres días después, el 20 de octubre de 1922. En el primer aniversario de su muerte, se puso en el Hospital de Treviso una placa con la siguiente inscripción: «A la hermana Bertilia Boscardin, alma escogida y de bondad heroica, quien durante varios años alivió como un ángel el sufrimiento humano en este hospital ...» El pueblo empezó a acudir a la tumba de la hermana Bertilia en Treviso. Sus restos fueron más tarde trasladados a Vicenza, donde Dios obró por su intercesión muchas curaciones. Fue beatificada en 1952, en presencia de algunos miembros de su familia y de varios pacientes a los que había asistido, y el papa Juan XXIII la canonizó el 11 de mayo de 1961.

Oremos

    ¡Oh Jesús, que subes al cielo; oh Señor, Rey bendito e inmortal de los siglos, te damos gracias por haber asociado hoy a Santa Bertila a tu triunfo y haber encendido con ella una nueva estrella en el firmamento de tu Iglesia! Al volver al Padre prometiste no dejarnos nunca, y benignamente sigues estando con nosotros, también en el testimonio y amor de tus Santos, que son tu más bello  cortejo en el cielo y tu buen olor aquí en la tierra. Por intercesión de Santa Bertila y de todos los Santos, suscita en las almas, en las familias, en las diócesis semillas fecundas y siempre nuevas de santidad; numerosas y ardientes vocaciones; almas bellas y puras; familias sanas y generosas que vivan en tu santo amor. Y concédenos que, sostenidos por tu gracia y fortalecidos por los ejemplos de tus Santos, podamos honrarte todos los días con serenidad y alegría, ánimo y perseverancia para poder vivir una vida divina. Amén

-FRASE DEL DÍA-



 

domingo, 18 de octubre de 2026

PENSAMIENTO DE LOS SANTOS



 

EVANGELIO - 19 de Octubre - San Lucas 12,13-21


    Carta de San Pablo a los Efesios 2,1-10.

    Hermanos: Ustedes estaban muertos a causa de las faltas y pecados que cometían, cuando vivían conforme al criterio de este mundo, según el Príncipe que domina en el espacio, el mismo Espíritu que sigue actuando en aquellos que se rebelan.
    Todos nosotros también nos comportábamos así en otro tiempo, viviendo conforme a nuestros deseos carnales y satisfaciendo las apetencias de la carne y nuestras malas inclinaciones, de manera que por nuestra condición estábamos condenados a la ira, igual que los demás.
    Pero Dios, que es rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, precisamente cuando estábamos muertos a causa de nuestros pecados, nos hizo revivir con Cristo -¡ustedes han sido salvados gratuitamente!- y con Cristo Jesús nos resucitó y nos hizo reinar con él en el cielo.
    Así, Dios ha querido demostrar a los tiempos futuros la inmensa riqueza de su gracia por el amor que nos tiene en Cristo Jesús.
    Porque ustedes han sido salvados por su gracia, mediante la fe. Esto no proviene de ustedes, sino que es un don de Dios; y no es el resultado de las obras, para que nadie se gloríe.
    Nosotros somos creación suya: fuimos creados en Cristo Jesús, a fin de realizar aquellas buenas obras, que Dios preparó de antemano para que las practicáramos.


Salmo 100(99),2.3.4.5.

Acuérdate de mí, Señor, por el amor que tienes a tu pueblo.

Sirvan al Señor con alegría,
lleguen hasta él con cantos jubilosos.

Reconozcan que el Señor es Dios:
él nos hizo y a él pertenecemos;
somos su pueblo y ovejas de su rebaño.

Entren por sus puertas dando gracias,
entren en sus atrios con himnos de alabanza,
alaben al Señor y bendigan su Nombre.

¡Qué bueno es el Señor!
Su misericordia permanece para siempre,
y su fidelidad por todas las generaciones.

    
    Evangelio según San Lucas 12,13-21.

    En aquel tiempo: Uno de la multitud le dijo: "Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia".
    Jesús le respondió: "Amigo, ¿Quién me ha constituido juez o árbitro entre ustedes?".
    Después les dijo: "Cuídense de toda avaricia, porque aún en medio de la abundancia, la vida de un hombre no está asegurada por sus riquezas".
    Les dijo entonces una parábola: "Había un hombre rico, cuyas tierras habían producido mucho, y se preguntaba a sí mismo: '¿Qué voy a hacer? No tengo dónde guardar mi cosecha'.
    Después pensó: 'Voy a hacer esto: demoleré mis graneros, construiré otros más grandes y amontonaré allí todo mi trigo y mis bienes, y diré a mi alma: Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe y date buena vida'.
    Pero Dios le dijo: 'Insensato, esta misma noche vas a morir. ¿Y para quién será lo que has amontonado?'.
    Esto es lo que sucede al que acumula riquezas para sí, y no es rico a los ojos de Dios".

    Palabra del Señor

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 19 de Octubre - «Y diré a mi alma: alma, tienes muchos bienes almacenados; descansa...»


        San Francisco de Sales, obispo Sermón: Idolatría de las cosas X, 254.


«Y diré a mi alma: alma, tienes muchos bienes almacenados; descansa...» 

    ¿Por qué hay tanta gente en el mundo que no piensa, ni parece tener que hacer otra cosa, aquí abajo, que amasar riquezas, adquirir casa tras casa, prado tras prado, viña tras viña, tesoro tras tesoro?

    A esa clase de gente es a la que le dice el profeta al oído: «Oh loco, ¿crees que el mundo ha sido hecho sólo para ti?.» Como diciendo ¿Piensas quedarte para siempre en este mundo y no estar en él sino para amasar bienes temporales? Ciertamente que no has sido creado para eso.

    Bueno, dice la prudencia humana, ¿es que el cielo, la tierra y, consecuentemente, todo lo que hay en ella, no se han hecho para el hombre? Y ¿no quiso Dios que nos sirviéramos de ellos? Es cierto que Dios ha creado el mundo para el hombre, con la intención de que use todos los bienes terrenos, pero no que los disfrute como si fueran su último fin.

    Creó el mundo antes de crear al hombre; pues quiso prepararle un palacio, una morada para habitar, después le declaró dueño de todo lo que hay aquí abajo, permitiéndole servirse de ello, pero no de tal forma que no tuviera ya otro objetivo, pues le había creado para un fin mucho más alto que el hombre mismo.

    Hay mucha diferencia entre usar las riquezas y apegarse a ellas: usar de ellas, según su estado y condición, es una cosa permitida cuando se hace como se debe; pero convertirlas en ídolos es condenación.

    En resumen, hay mucha diferencia entre ver y admirar las cosas de este mundo y querer gozar de ellas como si en ello estribara nuestra felicidad.

    Hay personas espirituales que tienen un apego tan grande a lo que poseen y que gozan tanto en contemplar lo que tienen, que es casi una especie de idolatría.

    Las hay que se aferran a lo que es suyo y por nada del mundo quisieran soltarlo. Y hay algunos pocos que dejan enteramente lo que poseen.

    Por eso, tener y guardar dentro de la vida religiosa es la tara más grande que podemos encontrar. ¿Por qué? Porque la avaricia es precisamente todo lo contrario a la profesión religiosa.

SANTORAL - SANTOS JUAN DE BRÉBEUF, ISAAC JOGUES Y COMPAÑEROS MÁRTIRES

19 de Octubre


    Santos mártires Juan de Brébeuf e Isaac Jogues, presbíteros y compañeros de la Orden de la Compañía de Jesús, en el día en que san Juan de la Lande, religioso, fue asesinado por los paganos en el lugar llamado Ossernenon, entonces en territorio del Canadá, el mismo lugar donde algunos años antes había conseguido la corona del martirio san Renato Goupil. Son venerados conjuntamente sus santos compañeros Gabriel Lalemant, Antonio Daniel, Carlos Garnier y Natal Chabanel, que, en la región canadiense, en días distintos, después de muchas fatigas en la misión del pueblo de los hurones para anunciar el evangelio de Cristo a aquellas gentes, terminaron muriendo mártires.

    En estos años ha cambiado la actitud hacia los indios pielrojas. Se tiene conciencia de que la prepotencia de los blancos colonizadores destruyó la vida de pueblos de los que se aprecian, también demasiado tarde, algunas características. Pero, aun para estos pueblos se puede decir que el cristianismo y sobre todo los misioneros se han preocupado realmente por entablar un diálogo que permita hacer sobrevivir los valores más genuinos. Esto queda confirmado con los acontecimientos de los ocho jesuitas que murieron mártires en Canadá a mediados del siglo XVII, y sobre todo de Juan Brébeuf.

    Este había nacido en 1593 de una familia normana que había acompañado a Guillermo el Conquistador y a San Luis IX. Se hizo jesuita y fue ordenado sacerdote a los 29 años. Tres años después, en compañía de los Padres Massé y Lalemant y el franciscano Joseph Roche d'Aillon, partió para Canadá. La primera tribu con la cual tuvo contacto fue la de los Algonquinos, que acompañó cinco meses durante las cacerías por los bosques llenos de nieve; tenía grande espíritu de observación y buena memoria, y esto le facilitó el aprendizaje del idioma de la tribu, de la que escribió una gramática y un vocabulario. Pasó después entre los Hurones, en cuya lengua ya desaparecida redactó un catecismo, precioso aun desde el punto de vista filológico. Con infinita paciencia recomenzó la misión entre los Hurones, después que terminaron las luchas entre franceses e ingleses. Los indios lo admiraban mucho por su calma, su inteligencia y hasta por su fuerza (lo llamaban "el hombre que lleva los pesos"). Hacia 1637 pudo administrar los primeros bautismos a los adultos: cuando murió, ya había unos 7.000 Hurones cristianos.

    Toda su vida fue un martirio: "Nuestras chozas son de cortezas, como las de los salvajes... El interior de las chozas es una pequeña imagen del infierno. Ordinariamente no se ve ahí sino fuego y humo; aquí y allí se ven cuerpos desnudos, ennegrecidos y medio quemados, entre tropas de perros". El 16 de marzo de 1649 los Iroqueses enemigos de los Hurones, atacaron a la misión, amarraron a Brébeuf a un árbol, le arrancaron las uñas, lo despellejaron, lo torturaron de mil modos y, finalmente, admirados de su valentía, le abrieron el pecho y se comieron el corazón, para adueñarse de su fuerza de ánimo. Con siete de sus compañeros mártires (Antonio Daniel, Carlos Garnier, Gabriel Lalemant, Juan de La Lande, Isaac Jogues, Natale Chabanel y Renato Goupil)Ninguno abandonó su puesto, y cuando se les canonizó colectivamente en 1930 la iglesia les hizo modelos de las prioridades espirituales sobre la propia vida.

Oremos

    Oh Dios, tú quisiste que los comienzos de tu Iglesia en América del Norte fueran santificados con la predicación y la sangre de San Juan y San Isaac y sus compañeros, mártires, haz que, por su intercesión, crezca, de día en día y en todas las partes del mundo, una abundante cosecha de nuevos cristianos. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén

-FRASE DEL DÍA-