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viernes, 5 de septiembre de 2025

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 06 Septiembre - «El Hijo del hombre es señor del sábado»


San Elredo de Rieval (1110-1167) monje cisterciense El Espejo de la caridad, I, 19.29; PL 195, 522-530


«El Hijo del hombre es señor del sábado»
      
    Cada uno de os días de la creación es grande, pero ninguno puede compararse al séptimo; porque no es la creación de uno u otro elemento natural que se propone a nuestra contemplación, sino el descanso del mismo Dios y la perfección de todas las criaturas. Porque leemos: «Y concluyó Dios para el día séptimo todo el trabajo que había hecho; y descansó el día séptimo de todo el trabajo que había hecho» (Gn 2,2). ¡Grande es este día, insondable su reposo, magnífico este sábado! ¡Ah, si tú lo pudieras comprender! Este día no viene marcado por el recorrido del sol visible, no comienza cuando éste se levanta, ni se acaba cuando se pone; no tiene ni mañana ni atardecer (cf Gn 1,5)...

    Escuchemos al que nos invita al descanso: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré» (Mt 11,28). Es la preparación del sábado. En cuanto al mismo sábado escuchemos además: «Cargad con mi yugo  y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso» (v 29). Éste es el reposo, la quietud, el verdadero sábado.

    Porque este yugo no pesa sino que une; esta carga tiene alas, no peso. Este yugo es la caridad, la carga es el amor fraterno. Aquí es donde se encuentra el descanso, donde se celebra el sábado, donde uno se libera de la esclavitud... Y si, por casualidad, nuestra debilidad deja escapar alguna falta, la fiesta de este sábado no se interrumpe, porque «la caridad cubre una multitud de pecados» (1P 4,8).

domingo, 8 de septiembre de 2024

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 09 de Septiembre - Entrar en la verdadera paz del “sábado”


       San Elredo de Rieval (1110-1167) monje cisterciense El Espejo de la caridad, III 3-6


Entrar en la verdadera paz del “sábado”
     
     Cuando el hombre, apartándose del bullicio exterior, se ha recogido en el secreto de su corazón, ha cerrado la puerta a la muchedumbre ruidosa de las vanidades…, cuando en él no queda nada de agitación ni de desordenado, nada que le atraiga, nada que le atenace…, está en la gozosa celebración de un primer “sábado”… Pero se puede salir de esta cámara íntima en la que se alberga su corazón…, para entrar en el descanso gozoso y pacífico de la dulzura del amor fraterno. Está en el segundo “sábado”, el de la caridad fraterna…

      Una vez purificado por estas dos formas de amor [a sí misma y a su prójimo], el alma aspira tanto más ardientemente los gozos del abrazo divino cuanto más asegurada está. Ardiendo en un deseo extremo, su mirada va más allá del velo de la carne y, entrando en el santuario (Hb 10,20) en que Cristo es espíritu ante su rostro, queda totalmente absorbida por una luz indecible y de dulzura no habitual. Habiéndose hecho el silencio en relación a todo lo que es corporal, sensible, cambiante, con una mirada penetrante se fija en Lo que Es, Lo que siempre permanece, idéntico a sí mismo, Lo que es Uno. Libre para ver que el mismo Señor es Dios (Sl 45,11), celebra sin ninguna duda el “sábado de los sábados” en los dulces abrazos de la misma Caridad.

viernes, 28 de junio de 2024

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 29 de Junio - «Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia»


San Elredo de Rieval (1110-1167) monje cisterciense Sermón 16 para la fiesta de los Santos Pedro y Pablo; PL 195, 298-302

«Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia»
     
    Todos los apóstoles son columnas de la tierra (Sl 74,4), pero en primer lugar están los dos cuya fiesta celebramos. Son las dos columnas que sostienen a la Iglesia por su enseñanza, su oración y el ejemplo de su constancia. Es el mismo Señor quien ha puesto estas columnas como fundamento. Primeramente eran débiles y no eran capaces, ni ellos ni los otros, de sostenerse. Y aparece aquí el gran designio del Señor: si siempre hubieran sido fuertes, se hubiera podido pensar que su fuerza procedía de ellos mismos. También el Señor, antes de consolidarlos quiso mostrar hasta dónde eran capaces para que todos sepan que su fuerza viene de Dios.

     Es el Señor quien ha fundado estas dos columnas de la tierra, es decir, de la Santa Iglesia. Por eso debemos alabar con todo el corazón a nuestros santos padres que han soportado tantos sufrimientos por el Señor y han perseverado con tanta fuerza. Es fácil perseverar en el gozo, en la prosperidad y la paciencia. Pero es más grande ser lapidado, flagelado, azotado por Cristo, y en todo ello, perseverar con Cristo (2C 11,25). Es grande ser maldecido con Pablo y bendecir..., ser como el desecho del mundo y gloriarse de ello (1C 4,12-13)... ¿Y qué decir de Pedro? Aunque nada hubiera sufrido por Cristo sería suficiente festejarlo hoy por haber sido crucificado por él. La cruz ha sido su camino.

viernes, 17 de mayo de 2024

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 18 de Mayo - «Pedro, volviéndose, vio que les seguía el discípulo a quien Jesús amaba»


San Elredo de Rievaulx Sobre la amistad espiritual: Pedro y Juan: la diversidad en la unidad III, 115 s


«Pedro, volviéndose, vio que les seguía el discípulo a quien Jesús amaba» 

    Ciertas personas que no tienen capacidad para ser promovidas, deducen de ello que no se les ama; si no encuentran alguien que les implique en sus tareas y sus funciones, se lamentan de que se las deja solas. Sabemos bien que eso es fuente de graves discordias entre gente que pasaban por ser amigos; y para colmo de indignación, esas personas se separan y llegan incluso a maldecirse.

    Que nadie se crea abandonado a su suerte porque no se les ha concedido una determinada promoción. En referencia a esto vemos que el Señor Jesús ha preferido Pedro a Juan. De todas formas, confiriendo la primacía a Pedro, no ha retirado, en absoluto, su afecto a Juan. Ha confiado a Pedro su Iglesia; ha confiado su madre, tiernamente amada, a Juan (Jn 19,27). Ha dado a Pedro las llaves de su reino (Mt 16,19); ha descubierto a Juan los secretos de su corazón (Jn 13,25).

    Pedro, pues, ocupa un lugar elevado, pero el puesto de Juan es más seguro. Pedro se siente orgulloso de haber recibido el poder. Cuando Jesús dice: «Uno de vosotros me entregará» (Jn 13,21) tiembla y aterroriza juntamente con los otros; Juan, enardecido por estar tan cerca del Señor, instigado por Pedro, le pregunta para saber de quien se trata. Pedro se entrega a la acción; Juan queda puesto aparte para dar testimonio de su amor, según la palabra: «Quiero que quede así hasta que yo vuelva». Nos ha dado ejemplo para que también nosotros hagamos igual.

lunes, 15 de enero de 2024

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 16 de Enero - “El Señor del sábado”


       San Elredo de Rieval (1110-1167) monje cisterciense Espejo de la caridad, III, 3,4,6


“El Señor del sábado”

    Cuando el hombre se aleja de la barahúnda exterior, se recoge en el secreto de su corazón, cierra la puerta a la multitud de vanidades ruidosas, cuando se aparta de sus tesoros, cuando ya no queda en él nada agitado o desordenado, cuando sus afanes cesan, nada le constriñe, al contrario: cuando todo en el hombre es serenidad, armonía, paz, tranquilidad, y cuando todos sus pequeños pensamientos, palabras y acciones sonríen como se sonríe al padre de familia que está reunida en paz, entonces nace en su corazón, de repente, una maravillosa seguridad. De esta seguridad viene un gozo extraordinario, y de este gozo brota un canto de alegría que se convierte en alabanza de Dios tanto más ferviente cuanto más conciencia se tiene que todo bien nos viene dado de parte de Dios.

    Esta es la gozosa celebración del sábado que viene precedida de los seis días en que se realizan las obras. Primero hay que sudar en el cumplimiento de nuestras tareas y obras buenas para luego poder reposar en la paz de nuestra conciencia... En este sábado el alma gusta “cuán bueno es Jesús”(cfr Sal 33).

viernes, 3 de noviembre de 2023

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 04 DE NOVIEMBRE - «El que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido»

 

San Elredo de Rievaulx Sermón: Sobre la verdadera humildad Edit C.H. Talbot, SSOC vol 1, 78-80 


«El que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido» 

    Realmente, hermanos, no puede subsistir en nosotros la humildad si no se nutre de un saludable temor, ni la obediencia si no la hace amable el espíritu de piedad, ni la justicia si no está imbuida de la ciencia espiritual, ni la paciencia si no es sostenida por el espíritu de fortaleza, ni la misericordia si no va alimentada por el don de consejo, ni la pureza de corazón si no es conservada por la inteligencia de las realidades celestes, ni la caridad si no es vivificada por la sabiduría.

    Todas estas virtudes se encuentran, y plenamente, en Cristo, en el que el bien no se halla parcialmente, sino en toda su plenitud. En su nacimiento resplandece la humildad, al despojarse de su rango y tomar la condición de esclavo, pasando por uno de tantos; en la sumisión a sus padres, la obediencia, cuando, dando de mano a sus intereses, bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Y en su doctrina fue respetuoso de la justicia, diciendo: Pues pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

    En la pasión dio pruebas de paciencia, pues ofreció su espalda a los que lo flagelaban, las mejillas a los salivazos, la cabeza a las espinas, la mano a la caña. Y, sin embargo, en todas estas situaciones —como dice el profeta— no gritará, no clamará, no voceará por las calles, pues como un cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca. Experimentaron ciertamente su misericordia los ciegos a quienes devolvió la vista, los leprosos que quedaron limpios, los muertos a quienes resucitó y, sobre todo, la adúltera a quien absolvió, la mujer pecadora a la que acogió, el paralítico cuyos pecados perdonó.

    Y como no hay mayor prueba de caridad que amar a los enemigos, hacer el bien a los que nos odian e interceder por los que nos calumnian, podemos sopesar el amor de Cristo por aquellas palabras con que, a punto ya de morir, oró por sus verdugos, diciendo: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.

    Por tanto, hermanos, habiendo el Espíritu Santo infundido su temor en nuestros corazones, para que mediante su asidua meditación —como una rumia del alimento de salvación— se vigorice interiormente nuestra humildad, procuremos revestirlo exteriormente con una conducta honesta, tratando de quedar bien no sólo ante los hombres.

viernes, 26 de mayo de 2023

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 27 de Mayo - «Pedro, volviéndose, vio que les seguía el discípulo a quien Jesús amaba»


       San Elredo de Rievaulx Sobre la amistad espiritual: Pedro y Juan: la diversidad en la unidad


«Pedro, volviéndose, vio que les seguía el discípulo a quien Jesús amaba» 

    Ciertas personas que no tienen capacidad para ser promovidas, deducen de ello que no se les ama; si no encuentran alguien que les implique en sus tareas y sus funciones, se lamentan de que se las deja solas. Sabemos bien que eso es fuente de graves discordias entre gente que pasaban por ser amigos; y para colmo de indignación, esas personas se separan y llegan incluso a maldecirse.

    Que nadie se crea abandonado a su suerte porque no se les ha concedido una determinada promoción. En referencia a esto vemos que el Señor Jesús ha preferido Pedro a Juan. De todas formas, confiriendo la primacía a Pedro, no ha retirado, en absoluto, su afecto a Juan. Ha confiado a Pedro su Iglesia; ha confiado su madre, tiernamente amada, a Juan (Jn 19,27). Ha dado a Pedro las llaves de su reino (Mt 16,19); ha descubierto a Juan los secretos de su corazón (Jn 13,25).

    Pedro, pues, ocupa un lugar elevado, pero el puesto de Juan es más seguro. Pedro se siente orgulloso de haber recibido el poder. Cuando Jesús dice: «Uno de vosotros me entregará» (Jn 13,21) tiembla y aterroriza juntamente con los otros; Juan, enardecido por estar tan cerca del Señor, instigado por Pedro, le pregunta para saber de quien se trata. Pedro se entrega a la acción; Juan queda puesto aparte para dar testimonio de su amor, según la palabra: «Quiero que quede así hasta que yo vuelva». Nos ha dado ejemplo para que también nosotros hagamos igual.

sábado, 22 de mayo de 2021

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 23 de Mayo - “Envías tu espíritu, los creas, y renuevas la faz de la tierra.”


       San Elredo de Rieval monje cisterciense Sermón sobre la siete voces del Espíritu Santo en Pentecostés.


“Envías tu espíritu, los creas, y renuevas la faz de la tierra.” 

    Según el designio de Dios, al principio, el Espíritu de Dios llenaba el universo, “...despliega su fuerza de un extremo a otro, y todo lo gobierna acertadamente” (Sab 8,1). Pero, en cuanto a su obra de santificación, es a partir de este día de Pentecostés que “el Espíritu llenó toda la tierra” (Sap 1,7). Porque hoy, el Espíritu de dulzura es enviado desde el Padre y el Hijo para santificar a toda criatura según un plan nuevo, una manera nueva, una manifestación nueva de su poder y de su fuerza. Antes, “el Espíritu no había sido dado porque Jesús no había sido glorificado” (Jn 7,39)… Hoy, bajando del cielo, el Espíritu es dado a las almas de los mortales con toda su riqueza, toda su fecundidad. Así este rocío divino se extiende sobre toda la tierra, en la diversidad de sus dones espirituales. Está bien que la plenitud de sus riquezas haya llovido desde el cielo sobre nosotros, porque pocos días antes, por la generosidad de nuestra tierra, el cielo había recibido un fruto de una maravillosa dulzura..., la humanidad de Cristo, que es toda la gracia de la tierra. El Espíritu de Cristo es toda la dulzura del cielo. Se produjo, en efecto, un intercambio muy saludable: la humanidad de Cristo subió de la tierra al cielo. Hoy, del cielo desciende hacia nosotros el Espíritu de Cristo... El Espíritu actúa por doquier. Por todas partes el Espíritu toma la palabra. Sin duda, antes de la Ascensión, el Espíritu del Señor ha sido dado a los discípulos cuando el Señor les dijo: “Recibid el Espíritu Santo. A quienes les perdonéis los pecados, Dios se los perdonará; y a quienes se los retengáis, Dios se los retendrá.” (Jn 20,22) Pero antes de Pentecostés, no se oyó la voz del Espíritu Santo, no se vio brillar su poder. Y su conocimiento no llegó a los discípulos de Cristo que no habían sido confirmados en su coraje, ya que el miedo los tuvo encerrados en una sala con las puertas cerradas. Pero, a partir de este día de Pentecostés, “la voz del Señor se cierne sobre las aguas, la voz del Señor descuaja los cedros, la voz del Señor lanza llamas de fuego...en su templo, un grito unánime: Gloria!” (cf Sal 28,3-9).

viernes, 21 de mayo de 2021

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 22 de Mayo - «Pedro, volviéndose, vio que les seguía el discípulo a quien Jesús amaba»


       San Elredo de Rievaulx Sobre la amistad espiritual: Pedro y Juan: la diversidad en la unidad

«Pedro, volviéndose, vio que les seguía el discípulo a quien Jesús amaba» 

    Ciertas personas que no tienen capacidad para ser promovidas, deducen de ello que no se les ama; si no encuentran alguien que les implique en sus tareas y sus funciones, se lamentan de que se las deja solas. Sabemos bien que eso es fuente de graves discordias entre gente que pasaban por ser amigos; y para colmo de indignación, esas personas se separan y llegan incluso a maldecirse.

    Que nadie se crea abandonado a su suerte porque no se les ha concedido una determinada promoción. En referencia a esto vemos que el Señor Jesús ha preferido Pedro a Juan. De todas formas, confiriendo la primacía a Pedro, no ha retirado, en absoluto, su afecto a Juan. Ha confiado a Pedro su Iglesia; ha confiado su madre, tiernamente amada, a Juan (Jn 19,27). Ha dado a Pedro las llaves de su reino (Mt 16,19); ha descubierto a Juan los secretos de su corazón (Jn 13,25).

    Pedro, pues, ocupa un lugar elevado, pero el puesto de Juan es más seguro. Pedro se siente orgulloso de haber recibido el poder. Cuando Jesús dice: «Uno de vosotros me entregará» (Jn 13,21) tiembla y aterroriza juntamente con los otros; Juan, enardecido por estar tan cerca del Señor, instigado por Pedro, le pregunta para saber de quien se trata. Pedro se entrega a la acción; Juan queda puesto aparte para dar testimonio de su amor, según la palabra: «Quiero que quede así hasta que yo vuelva». Nos ha dado ejemplo para que también nosotros hagamos igual.

sábado, 30 de mayo de 2020

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 31 de Mayo - “Envías tu espíritu, los creas, y renuevas la faz de la tierra.”


San Elredo de Rieval (1110-1167) monje cisterciense Sermón sobre la siete voces del Espíritu Santo en Pentecostés.
“Envías tu espíritu, los creas, y renuevas la faz de la tierra.” 

    Según el designio de Dios, al principio, el Espíritu de Dios llenaba el universo, “...despliega su fuerza de un extremo a otro, y todo lo gobierna acertadamente” (Sab 8,1). Pero, en cuanto a su obra de santificación, es a partir de este día de Pentecostés que “el Espíritu llenó toda la tierra” (Sap 1,7). Porque hoy, el Espíritu de dulzura es enviado desde el Padre y el Hijo para santificar a toda criatura según un plan nuevo, una manera nueva, una manifestación nueva de su poder y de su fuerza. Antes, “el Espíritu no había sido dado porque Jesús no había sido glorificado” (Jn 7,39)... Hoy, bajando del cielo, el Espíritu es dado a las almas de los mortales con toda su riqueza, toda su fecundidad. Así este rocío divino se extiende sobre toda la tierra, en la diversidad de sus dones espirituales. Está bien que la plenitud de sus riquezas haya llovido desde el cielo sobre nosotros, porque pocos días antes, por la generosidad de nuestra tierra, el cielo había recibido un fruto de una maravillosa dulzura..., la humanidad de Cristo, que es toda la gracia de la tierra. El Espíritu de Cristo es toda la dulzura del cielo. Se produjo, en efecto, un intercambio muy saludable: la humanidad de Cristo subió de la tierra al cielo. Hoy, del cielo desciende hacia nosotros el Espíritu de Cristo... El Espíritu actúa por doquier. Por todas partes el Espíritu toma la palabra. Sin duda, antes de la Ascensión, el Espíritu del Señor ha sido dado a los discípulos cuando el Señor les dijo: “Recibid el Espíritu Santo. A quienes les perdonéis los pecados, Dios se los perdonará; y a quienes se los retengáis, Dios se los retendrá.” (Jn 20,22) Pero antes de Pentecostés, no se oyó la voz del Espíritu Santo, no se vio brillar su poder. Y su conocimiento no llegó a los discípulos de Cristo que no habían sido confirmados en su coraje, ya que el miedo los tuvo encerrados en una sala con las puertas cerradas. Pero, a partir de este día de Pentecostés, “la voz del Señor se cierne sobre las aguas, la voz del Señor descuaja los cedros, la voz del Señor lanza llamas de fuego...en su templo, un grito unánime: Gloria!” (cf Sal 28,3-9).

lunes, 20 de enero de 2020

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 21 de Enero - "El Señor del sábado"


      San Elredo de Rieval (1110-1167), monje cisterciense Espejo de la caridad, III, 3,4,6

“El Señor del sábado”

    Cuando el hombre se aleja de la barahúnda exterior, se recoge en el secreto de su corazón, cierra la puerta a la multitud de vanidades ruidosas, cuando se aparta de sus tesoros, cuando ya no queda en él nada agitado o desordenado, cuando sus afanes cesan, nada le constriñe, al contrario: cuando todo en el hombre es serenidad, armonía, paz, tranquilidad, y cuando todos sus pequeños pensamientos, palabras y acciones sonríen como se sonríe al padre de familia que está reunida en paz, entonces nace en su corazón, de repente, una maravillosa seguridad. De esta seguridad viene un gozo extraordinario, y de este gozo brota un canto de alegría que se convierte en alabanza de Dios tanto más ferviente cuanto más conciencia se tiene que todo bien nos viene dado de parte de Dios.

    Esta es la gozosa celebración del sábado que viene precedida de los seis días en que se realizan las obras. Primero hay que sudar en el cumplimiento de nuestras tareas y obras buenas para luego poder reposar en la paz de nuestra conciencia... En este sábado el alma gusta “cuán bueno es Jesús”(cfr Sal 33).

sábado, 30 de noviembre de 2019

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 01 de Diciembre - Estad en vela y orad...: así seréis dignos... de presentaros ante el Hijo del hombre


       San Elredo de Rieval (1110-1167), monje cisterciense Sermón para el Adviento del Señor

«Estad en vela y orad...: así seréis dignos... de presentaros ante el Hijo del hombre»

    Este tiempo de Adviento representa las dos venidas de nuestro Señor: primeramente la dulcísima venida del «más bello de los hijos de los hombres» (Sl 44,3), del «Deseado de todas las naciones» (Ag 2,8 Vulg), que manifestó visiblemente a este mundo su presencia en la carne largo tiempo esperada y ardientemente deseada por todos los santos padres: la venida en la cual vino al mundo para salvar a los pecadores. Este tiempo nos recuerda también la venida que esperamos con firme esperanza y que debemos a menudo traer con lágrimas a la memoria, la que tendrá lugar cuando el mismo Señor vendrá visiblemente en la gloria...: es decir, el día del juicio cuando vendrá visiblemente para juzgar. La primera venida la conocieron muy pocos hombres; en la segunda se manifestará a los justos y a los pecadores tal como lo anuncia el Profeta: «Y toda carne verá la salvación de Dios» (Is 40,5; Lc 3,6)...

    Sigamos pues, hermanos muy amados, los ejemplos de los santos padres, vivamos de nuevo su deseo y abrasemos nuestros espíritus del amor y el deseo de Cristo. Sabéis bien que la celebración de este tiempo fue instituida para renovar en nosotros ese deseo que los antiguos Padres tenían de la primera venida del Señor y, con su ejemplo, aprendamos a desear también su retorno. Pensemos en todo el bien que, para nosotros, el Señor llevó a cabo en su primera venida; ¡cuánto mayor aún será lo que llevará a cabo cuando vuelva! Este pensamiento nos ayudará a amar todavía más su venida pasada y desear todavía más su retorno...

    Si queremos estar en paz cuando venga, esforcémonos por acoger con fe y amor su primera venida. Mantengámonos fieles en el cumplimiento de las obras que entonces nos manifestó y enseñó. Abriguemos en nuestros corazones el amor del Señor, y a través del amor, el deseo para que, cuando venga el Deseado de las naciones, podamos, con toda confianza, tener los ojos fijos en él.

viernes, 7 de junio de 2019

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 08 de Junio - "Pedro, volviéndose, vio que les seguía el discípulo a quien Jesús amaba"


      San Elredo de Rievaulx - Sobre la amistad espiritual: Pedro y Juan: la diversidad en la unidad

«Pedro, volviéndose, vio que les seguía el discípulo a quien Jesús amaba»

    Ciertas personas que no tienen capacidad para ser promovidas, deducen de ello que no se les ama; si no encuentran alguien que les implique en sus tareas y sus funciones, se lamentan de que se las deja solas. Sabemos bien que eso es fuente de graves discordias entre gente que pasaban por ser amigos; y para colmo de indignación, esas personas se separan y llegan incluso a maldecirse.

    Que nadie se crea abandonado a su suerte porque no se les ha concedido una determinada promoción. En referencia a esto vemos que el Señor Jesús ha preferido Pedro a Juan. De todas formas, confiriendo la primacía a Pedro, no ha retirado, en absoluto, su afecto a Juan. Ha confiado a Pedro su Iglesia; ha confiado su madre, tiernamente amada, a Juan (Jn 19,27). Ha dado a Pedro las llaves de su reino (Mt 16,19); ha descubierto a Juan los secretos de su corazón (Jn 13,25).

    Pedro, pues, ocupa un lugar elevado, pero el puesto de Juan es más seguro. Pedro se siente orgulloso de haber recibido el poder. Cuando Jesús dice: «Uno de vosotros me entregará» (Jn 13,21) tiembla y aterroriza juntamente con los otros; Juan, enardecido por estar tan cerca del Señor, instigado por Pedro, le pregunta para saber de quien se trata. Pedro se entrega a la acción; Juan queda puesto aparte para dar testimonio de su amor, según la palabra: «Quiero que quede así hasta que yo vuelva». Nos ha dado ejemplo para que también nosotros hagamos igual.

lunes, 7 de diciembre de 2015

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO

Meditación del Evangelio del Día de la Semana II
Del Común de pastores: para una santo obispo y del Común de doctores de la Iglesia. Salterio II

Lunes 07 de Diciembre