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martes, 22 de septiembre de 2026

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 23 de Septiembre - «No llevéis nada para el camino: ni bastón ni alforja, ni pan ni dinero; tampoco tengáis dos túnicas cada uno»


San Juan Crisóstomo, obispo y doctor de la Iglesia Homilía: La debilidad de Dios es más fuerte que todos los hombres. 4ª Homilía sobre 1ª Corintios : PG 61, 34-36.


«No llevéis nada para el camino: ni bastón ni alforja, 
ni pan ni dinero; tampoco tengáis dos túnicas cada uno» 

    “Lo necio de Dios es más sabio que los hombres; y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres” (1Co 1,25). Sí, la cruz es necedad y debilidad, pero sólo aparentemente… La doctrina de la cruz ha ganado a los espíritus por medio de predicadores ignorantes, y esto en el mundo entero. Ha iniciado una escuela donde no se trata de cuestiones banales, sino de Dios y de la verdadera fe, de la vida según el Evangelio, del juicio futuro. La cruz ha transformado en filósofos a gente sencilla e ignorante. He aquí como la necedad de la cruz es más sagaz que la sabiduría de los hombres…

    ¿Por qué es más fuerte? Porque se ha extendido por el mundo entero, ha sometido a todos los hombres bajo su poder y ha resistido a los innumerables adversarios que querían hacer desaparecer el nombre del Crucificado. Al contrario, este nombre se extendió y se propagó… sus enemigos perecieron, desaparecieron; lo vivos que combatían con un muerto han quedado reducidos a la impotencia… En efecto, lo que unos publicanos y pecadores, por la gracia de Dios han conseguido realizar con éxito, los filósofos, los oradores, los reyes, es decir, la tierra entera en toda su extensión, ni tan sólo han sido capaces de imaginar… Pensando en ello el apóstol Pablo dice: “La debilidad de Dios es más fuerte que todos los hombres”. De no ser así ¿cómo estos doce pescadores, pobres e ignorantes, hubieran podido imaginar una empresa de tal envergadura?

martes, 18 de agosto de 2026

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 19 de Agosto - “Id también vosotros a la viña...”


San Juan Crisóstomo (c. 345-407) presbítero en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia Homilía sobre San Mateo,nº64, 4


“Id también vosotros a la viña...”

    Es evidente que esta parábola se dirige tanto a los que viven en la virtud desde su juventud y a los que se vuelven virtuosos en la vejez: a los primeros para preservarlos del orgullo e impedir que hagan reproches a los de la hora undécima; a los segundos para enseñarles que pueden merecer el mismo salario en poco tiempo. El Salvador acababa de hablar de la renuncia a las riquezas, del desapego de todos los bienes, virtudes que exigen un corazón grande y ánimo firme. Para ello es necesario el ardor y la generosidad de una alma joven. El Señor reaviva en ellos la llama de la caridad, fortifica sus sentimientos y les manifiesta que, incluso los de la última hora, reciben el salario de toda la jornada... Todas las parábolas de Jesús, la de las diez vírgenes, la de la red, de las espinas, de la higuera estéril, nos invitan a mostrar nuestra virtud en nuestras acciones. Jesús habla poco de los dogmas porque no piden mucho esfuerzo. Pero habla a menudo de la vida. Mejor dicho, hablo continuamente de la vida porque es un combate permanente con sus penas imparables.

viernes, 31 de julio de 2026

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 01 de Agosto - "La muerte de Juan el Bautista"


San Juan Crisóstomo (c. 345-407), presbítero en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia Homilía sobre San Mateo, nº 48


"La muerte de Juan el Bautista"

    “Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista.” Y Dios lo permitió, no lanzó su rayo desde lo alto de los cielos para devorar a ese rostro insolente; no ordenó a la tierra que se abriera para engullir a los invitados a este banquete horrible. Dios dio así una corona más bella al justo y dejó una magnífica consolación a los que, en el futuro, serían también víctimas de semejantes injusticias. Escuchemos, pues, todos los que a pesar de nuestra vida honesta, tenemos que sufrir de parte de los malvados… El más grande de los nacidos de mujer (Lc 7,28) ha sido asesinado a petición de una hija impúdica, de una mujer perdida; Y todo ello por haber defendido las leyes divinas. Que estas consideraciones nos hagan soportar valientemente nuestros propios sufrimientos…

    Pero fíjate en el tono moderado del evangelista, el cual, en la medida de lo posible, busca circunstancias atenuantes a este crimen. En cuanto a Herodes, hace notar que actúa así “a causa del juramento hecho delante de los invitados” y que “se entristeció”; en cuanto a la joven hace notar que había sido “aconsejada por su madre”… Igualmente nosotros, no odiemos a los malvados, no critiquemos las faltas del prójimo sino que, escondámoslas tan discretamente como nos sea posible; que la caridad encuentre cobijo en nuestras almas. Porque en lo que se refiere a esta mujer impúdica y sanguinaria, el evangelista ha hablado con toda la moderación posible… Tú, por el contrario, no dudas en tratar a tu prójimo con malicia… Toda la diferencia está en la manera de actuar de los santos; lloran por los pecadores en lugar de maldecirlos. Hagamos como ellos; lloremos por Herodías y por los que la imitan. Porque hoy día vemos muchos banquetes del mismo estilo del de Herodes; cierto que no se da muerte al Precursor, pero en ellos se destroza a los miembros de Cristo.

martes, 14 de julio de 2026

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 15 de Julio - "Se lo revelaste a los pequeños"


San Juan Crisóstomo, obispo Sermón: Se lo revelaste a los pequeños Sermones sobre el Evangelio de Mateo, n° 38, 1


"Se lo revelaste a los pequeños"

    «Te doy gracias, Padre: Te doy gracias, Padre -dice- porque has escondido estas cosas a los sabios y prudentes».¿Cómo? ¿Es que el Señor se alegra que se pierdan los sabios y prudentes y que no conozcan estas cosas? — ¡De ninguna manera! No. Es que el mejor camino de salvación era no forzar a los que le rechazaban y no querían aceptar su enseñanza. De este modo, ya que por el llamamiento no habían querido convertirse, sino que lo rechazaron y menospreciaron, por el hecho de sentirse reprobados vinieran a desear su salvación. De este modo también, los que le habían atendido vendrían a ser más fervorosos. Porque el habérseles a éstos revelado estas cosas era motivo de alegría; mas el habérseles ocultado a los otros, no ya de alegría, sino de lágrimas. Y también éstas derramó el Señor cuando lloró sobre Jerusalén (Lc 19,41). No se alegra pues, por eso, sino porque lo que no conocieron los sabios, lo conocieron los pequeñuelos. Como cuando dice Pablo: Doy gracias a Dios, porque erais esclavos del pecado, pero obedecisteis de corazón a la forma de doctrina a que fuisteis entregados (Rom 6,17).

    Llama aquí el Señor sabios a los escribas y fariseos, y lo hace así para incitar el fervor de sus discípulos, al ponerles delante qué bienes se concedieron a los pescadores y perdieron todos aquellos sabios. Mas, al llamarlos sabios, no habla el Señor de la verdadera sabiduría, que merece toda alabanza, sino de la que aquéllos se imaginaban poseer por su propia habilidad. De ahí que tampoco dijo: «Se les ha revelado a los necios», sino: a los pequeños, es decir, a los no fingidos, a los sencillos… Es una nueva lección que nos da para que nos apartemos de toda soberbia y sigamos la sencillez. La misma que Pablo nos reitera, con más energía, cuando escribe:»Si alguno entre vosotros cree ser sabio en este siglo, hágase necio para llegar a ser sabio (1 Cor 3,18).

sábado, 27 de junio de 2026

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 28 de Junio - «El que os recibe a vosotros, a mí me recibe »


San Juan Crisóstomo (c. 345-407) presbítero en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia Homilía sobre los Actos de los Apóstoles, nº 45; PG 60, 318


«El que os recibe a vosotros, a mí me recibe »
    
    «El que recibe a uno de esos pequeños, me recibe a mí» dice el Señor (Lc 10, 48). Cuanto más pequeño es el hermano, más presente está Cristo en él. Porque cuando uno recibe a un gran personaje, a menudo lo hace por vanagloria; pero el que recibe a un pequeñuelo, lo hace con pura intención y sólo por Cristo. «Fui un extranjero, dice él, y me acogisteis.» Y dice aún: «Cada vez que lo habéis hecho a uno de estos pequeños, es a mi que me lo habéis hecho» (Mt 25, 35-40). Puesto que se trata de un creyente y de un hermano, ese será el más pequeño, y es Cristo quien entra con él. ¡Ábrele tu casa, recíbele!

    «El que recibe a un profeta porque es profeta, tendrá paga de profeta.» Pues aquel que recibe a Cristo recibirá la paga de la hospitalidad de Cristo. No dudes de sus palabras, ten confianza en él. Él mismo nos ha dicho: «Soy yo quien está presente en ellos» Y para que no dudes de sus palabras, decreta un castigo para los que no lo reciben, y los honores para quienes le reciben (Mt 25, 31s) Y él no lo haría si no estuviera personalmente afectado por el honor o el menosprecio. «Tu me has recibido, dice, en tu casa; yo te recibiré en el Reino de mi Padre. Tú me has liberado del hambre; yo te liberaré de tus pecados. Me has visto encadenado; yo te haré ver tu liberación. Me has visto extranjero; yo haré de ti un ciudadano de los cielos. Tú me has dado pan; yo te daré el Reino como heredad en plena propiedad. Me has ayudado secretamente; yo lo proclamaré públicamente y diré que tú eres mi bienhechor y yo tu deudor.»

jueves, 21 de mayo de 2026

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 22 de Mayo - "Yo daré mi vida por ti"


San Juan Crisóstomo (c. 345-407) presbítero en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia Homilía sobre el Evangelio según Juan, 88 (PG 59. Lectures chrétiennes pour notre temps, Abbaye d'Orval, 1971)


"Yo daré mi vida por ti"
            
    Después de haber hablado a Pedro del amor que debía tener, Jesús le predice el martirio que le es destinado. Declara así toda la confianza que pone en él.

    Para darnos un ejemplo de amor y enseñarnos la mejor manera de amar, Jesús dijo a Pedro: “Cuando seas viejo, extenderás tus brazos, y otro te atará y te llevará a donde no quieras” (Jn 21,18). Jesús habló así porque Pedro había manifestado querer esto, desearlo, al exclamar  “Yo daré mi vida por ti” (Jn 13,37) y al aclarar “Aunque tenga que morir contigo, jamás te negaré” (Mt 26,35). Jesús accede a su deseo. Le habla de ese modo no para atemorizarlo sino para reavivar su ardor. Conoce su amor y su impetuosidad, puede anunciarle el género de muerte que le es reservada. Pedro deseaba desde siempre vivir peligros por Cristo. Por eso Jesús pudo decirle “Ten confianza, tus deseos serán cumplidos. Lo que no has soportado en tu juventud, lo afrontarás en tu vejez”.

    Para llamar la atención del lector, el evangelista agrega: “De esta manera, indicaba con qué muerte Pedro debía glorificar a Dios” (Jn 21,19). Aprenderás con esta palabra que sufrir por Cristo es una gloria y un honor. 

jueves, 14 de mayo de 2026

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 15 de Mayo - «Ahora estáis tristes, pero volveré..., y vuestra alegría, nadie os la quitará»


San Juan Crisóstomo (c. 345-407) presbítero en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia Homilía 1 sobre la 1ª carta a los Tesalonicenses


«Ahora estáis tristes, pero volveré..., y vuestra alegría, nadie os la quitará»
    
    "Habéis llegado a ser imitadores del divino Maestro", dijo Pablo. ¿Cómo es esto? "Acogiendo la Palabra en las pruebas, con la alegría del Espíritu Santo" (1Tm 1,6). No solamente en las pruebas sino en medio de las pruebas entre incontables sufrimientos. Se puede ver en los Hechos de los Apóstoles. Vemos cómo surgió la persecución contra ellos, cómo sus enemigos los denunciaron a los magistrados y soliviantaron la ciudad. Estaban en la prueba, y no se puede decir que permanecieron fieles con tristeza, lamentándose; no, ellos estaban muy alegres. Los Apóstoles les habían dado el ejemplo: "Estaban contentos de haber merecido aquel ultraje por el nombre de Cristo" (Hch. 5,41 ).

    ¡Es realmente admirable! Ya es mucho, sufrir la prueba con paciencia; pero con alegría, es mostrarse superior a la naturaleza humana y no tener más, por así decirlo, que un cuerpo impasible. Pero, ¿cómo han sido imitadores de Cristo? En aquello que Él mismo sufrió sin quejarse, con alegría; porque voluntariamente aceptó las pruebas. Por nosotros se anonadó, escupido en la frente, agonizando en la Cruz, apeló a su gloria: "Padre, dijo, glorifícame" (Jn 17,5).

jueves, 25 de diciembre de 2025

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 26 de Diciembre - «Señor, no les tengas en cuenta su pecado»


San Juan Crisóstomo (c. 345-407) presbítero en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia Homilía para el Viernes santo «La Cruz y el ladrón»


«Señor, no les tengas en cuenta su pecado»

    Imitemos al Señor y roguemos por los enemigos... Imita al Señor: ¡fue crucificado y rogó al Padre por los que lo crucificaban! Preguntarás ¿Cómo puedo yo imitar al Señor? ¡Si quieres, puedes! Porque si no lo pudieras imitar ¿para qué habría dicho El, «aprended de mí que soy manso y humilde de corazón?" Si no lo pudieras imitar no habría dicho Pablo: ¡Sed imitadores míos, como yo lo soy de Cristo! Por lo demás, si no puedes imitar al Señor, imita a tu consiervo; es decir, al apóstol Esteban. Porque él imitó al Señor. Y, a la manera de Cristo, puesto en medio de los que lo crucificaban, rogaba al Padre por los que lo crucificaban; así el siervo, puesto entre los que lo apedreaban, cuando todos lo acometían, mientras recibía las heridas de las piedras, olvidado del dolor que de eso le provenía, exclamaba: ¡Señor! ¡no les tengas en cuenta este pecado! ¿Observas cómo ora el Señor? ¿observas cómo ora el siervo? Aquél dice: ¡Padre! ¡Perdónales este pecado, porque no saben lo que hacen! Este dice: ¡No les imputes este pecado! Y para que conozcas cómo éste suplica empeñosamente, no ora simplemente cuando es lapidado, y de pie, sino puestas las rodillas en tierra y hablando con dolor y con grande conmiseración. Cristo dijo: «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen». En otro lugar dice: «Señor, no les tengas en cuenta este pecado». Pablo dijo: «Ofrezco este sacrificio por mis hermanos, más cercanos según la carne» (cf Rm 9,3). Moisés dijo: «Si quieres puedes perdonar sus pecados, sino bórrame del Libro de la vida que has escrito» (Ex 32,32). David dijo: «Que tu mano caiga sobre mi y mi familia» (2S 24,17)... ¿Qué perdón pensamos poder obtener, si hacemos lo contrario de lo que se nos ha pedido hacer contra nuestros enemigos, cuando el mismo Señor y los servidores del Antiguo y Nuevo Testamento nos han exhortado a pedir en su favor?

martes, 21 de octubre de 2025

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 22 de Octubre - “Estad a punto”


San Juan Crisóstomo (c. 345-407) presbítero en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia Homilía 77 sobre san Mateo


“Estad a punto”
     
    “Es a la hora que menos pensáis que vendrá el Hijo del hombre.” Jesús dice esto a los discípulos a fin de que no dejen de velar, que estén siempre a punto. Si les dice que vendrá cuando no lo esperarán, es porque quiere inducirlos a practicar la virtud con celo y sin tregua. Es como si les dijera: “Si la gente supiera cuando va a morir, estarían perfectamente preparados para este día”… Pero el momento del fin de nuestra vida es un secreto que escapa a cada hombre…

    Por eso el Señor exige a su servidor, dos cualidades: que sea fiel, a fin de que no se atribuya nada de lo que pertenece a su señor, y que sea sensato, para administrar convenientemente todo lo que se le ha confiado. Así pues, nos son necesarias estas dos cualidades para estar a punto a la llegada del Señor… Porque mirad lo que pasa por el hecho de no conocer el día de nuestro encuentro con él: uno se dice: “Mi amo tarda en llegar”. El servidor fiel y sensato no piensa así. Desdichado, bajo pretexto de que tu Amo tarda ¿piensas que no va a venir ya? Su llegada es totalmente cierta. ¿Por qué, pues, no permaneces en tu puesto? No, el Señor no tarada en venir; su retraso no está más que en la imaginación del mal servidor.

viernes, 29 de agosto de 2025

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 30 de Agosto - “Va, vende todo lo que tiene y compra aquel campo”


San Juan Crisóstomo (c. 345-407) presbítero en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia Homilía 18 sobre la epístola a los hebreos


“Va, vende todo lo que tiene y compra aquel campo”
             
    “La pobreza hace al hombre humilde”, dice la Escritura y Cristo empieza sus Bienaventuranzas por ésta: “Dichosos los pobres en el espíritu”... ¿Queréis conocer el elogio de la humildad? Jesucristo la abrazó él mismo, él que “no tenía dónde reclinar su cabeza”....Pablo, su apóstol decía: “nos consideran pobres pero enriquecemos a muchos.” y Pedro dice: “No tengo oro ni plata...” No hay, pues, que considerar la pobreza como un deshonor, ya que, comparados con la virtud, todos los bienes de este mundo no son más que paja y polvo. ¡Amemos, pues, la pobreza si queremos poseer el reino de los cielos! “Lo que tienes, dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo.” (...) 

    Nadie es más rico que aquellos que abrazan la pobreza voluntariamente y la aman con gozo. Son más ricos que un emperador. Los reyes temen perder lo que les es necesario, mientras que a los pobres, de los que hablamos aquí, no les falta de nada. No temen nada. Os pregunto, pues, de los dos ¿quién es más rico, el que teme constantemente perder sus riquezas o el que goza de lo poco como si estuviera nadando en abundancia?... El dinero hace al hombre esclavo, “ciega los ojos del sabio”, dice la Escritura... Compartid vuestros bienes con los pobres y llegará el día en que comprenderéis esta feliz parábola: “Venid, benditos de mi Padre, tomad posesión del reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.”

(Referencias bíblicas: Prov 10,4 LXX; Mt 5,2; 8,20; 10,9; 2Cor 6,10; Hech 3,6; Mt 19,21; Sir 20,29; Mt 25,34)

miércoles, 13 de agosto de 2025

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 14 de Agosto - «Ten paciencia conmigo»


San Juan Crisóstomo, obispo y doctor de la Iglesian Homilía: Condenar nuestros pecados y perdonar los de los demás Homilía 61 sobre san Mateo.


«Ten paciencia conmigo» 

    Cristo nos pide dos cosas: condenar nuestros pecados y perdonar los de los otros; hacer la primera cosa a causa de la segunda, que así será más fácil, porque el que se acuerda de sus pecados será menos severo hacia su compañero de miseria. Y perdonar no sólo de palabra, sino desde el fondo del corazón, para no volver contra nosotros mismos el hierro con el cual queremos perforar a los otros. ¿Qué mal puede hacerte tu enemigo que sea comparable al que tú mismo te haces con tu acritud?…

    Considera, pues, cuantas ventajas sacas si sabes soportar humildemente y con dulzura una injuria. Primeramente mereces –y es lo más importante- el perdón de tus pecados. Además te ejercitas a la paciencia y a la valentía. En tercer lugar, adquieres la dulzura y la caridad, porque el que es incapaz de enfadarse contra los que le han disgustado, será mucho más caritativo aún con los que le aman. En cuarto lugar arrancas de raíz la cólera de tu corazón, lo cual es un bien sin igual. El libera su alma de la cólera, evidentemente arranca de ella la tristeza: no gastará su vida en penas y vanas inquietudes. Así es que, odiando a los otros nos castigamos a nosotros mismos; amándolos nos hacemos el bien a nosotros mismos. Por otra parte, todos te venerarán, incluso tus enemigos, aunque sean los demonios. Mucho mejor, comportándote así ya no tendrás más enemigos. 

lunes, 14 de abril de 2025

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 15 de Abril - «Judas salió inmediatamente, era de noche»

 

      San Juan Crisóstomo, Homilía 1, sobre la conversión


«Judas salió inmediatamente, era de noche» 

    Judas había expresado su arrepentimiento: «He pecado entregando sangre inocente» (Mt 27,4). Pero el diablo, que había entendido estas palabras, comprendió que Judas estaba en el buen camino y esta transformación le asusta. Después reflexionó: Su maestro es benevolente; en el momento que fue traicionado por él, lloró por su suerte y le ha apelado de mil maneras, sería sorprendente si no lo recibe cuando se arrepiente con toda su alma, se da por vencido para que le ayuden si se levanta y reconoce su culpa. ¿No es por esto por lo qué fue crucificado? Después de estas reflexiones, introdujo una profunda tristeza en la mente de Judas, y lo empujó a una inmensa desesperación, lo desconcertó, y le acosó hasta empujarlo al suicidio para privarlo de la vida después de despojarlo de sus sentimientos de arrepentimiento.

    No hay duda de que, de haber estado aún vivo se habría salvado: sólo hay que ver el ejemplo de los verdugos. En efecto, si Cristo ha salvado a los que le crucificaron; si, incluso en la cruz, ruega al Padre e intercede por el perdón de sus pecados (Lc 23,34), ¿cómo no habría acogido al traidor con una benevolencia total, donde se ha demostrado la sinceridad de su conversión? … Pedro le negó tres veces después de participar en la comunión de los santos misterios, y sus lágrimas le absolvieron (Mt 26,75, Jn 21,15 s). Pablo, el perseguidor, el blasfemo, el presuntuoso, Pablo que no sólo ha perseguido al crucificado sino a todos sus discípulos, se convirtió en apóstol después de su conversión. Dios sólo nos pide una ligera penitencia para concedernos el perdón de nuestros pecados.

miércoles, 26 de febrero de 2025

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 27 de Febrero - "Los caminos para entrar en la vida eterna"

 

San Juan Crisóstomo (c. 345-407) presbítero en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia Sermón sobre el demonio tentador; PG 49, 263-264


"Los caminos para entrar en la vida eterna"
    
    ¿Queréis que os indique los caminos de la conversión? Son numerosos, variados y diferentes, pero todos conducen al cielo. El primer camino de la conversión es aborrecer nuestros pecados. “Empieza tú a confesar tus pecados para ser justo” (Is 43,26). Esto porque dice el profeta: “Me dije: -confesaré al Señor mis culpas.- Y tú perdonaste mi falta y mi pecado” (Sal 31,5). Condena tú mismo las faltas que has cometido y esto bastará para que el Maestro te escuche. El que condena sus pecados irá con más cuidado para no recaer en ellos...

    Hay un segundo camino que no es inferior al primero y es: no guardar rencor a nuestros enemigos, dominar nuestra cólera para perdonar las ofensas que nos infligen nuestros compañeros de servicio, porque así obtendremos el perdón de las ofensas contra el Maestro. Es la segunda manera de obtener la purificación de nuestras faltas. “Si perdonáis a vuestros deudores, dice el Señor, mi Padre que está en el cielo perdonará también vuestras faltas” (Mt 6,14).

    ¿Quieres conocer el tercer camino de la conversión? ES la oración ferviente y atenta desde el fondo del corazón... El cuarto camino es la limosna. Tiene un poder  considerable e indecible... Luego, la modestia y la humildad no son medios menores para destruir el pecado desde la raíz. Tenemos como testimonio de ello el publicano que no podía proclamar su buenas acciones sino que en su lugar ofreció su humildad y depositó ante el Señor el pesado fardo de sus faltas (Lc 18,9ss).

    Acabamos de indicar cinco caminos hacia la conversión... ¡No te quedes inactivo sino que cada día avanza por estos caminos! Son fáciles, y a pesar de tus miserias puedes ir por ellos.

jueves, 30 de enero de 2025

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 31 de Enero - «¿Con qué podemos comparar el reino de Dios?»


San Juan Crisóstomo Homilía: Cristo es el grano que ha disipado las tinieblas y ha renovado la Iglesia Homilía 7, (atribuida): PG 64, 21-26


«¿Con qué podemos comparar el reino de Dios?» 

    ¿Hay algo más grande que el reino de los cielos y más pequeño que un grano de mostaza? ¿Cómo ha podido Cristo comparar la inmensidad del reino de los cielos con esta pequeñísima semilla tan fácil de medir? Pero si examinamos bien las propiedades del grano de mostaza, hallaremos que el parangón es perfecto y muy apropiado.

    ¿Qué es el reino de los cielos sino Cristo en persona? En efecto, Cristo dice refiriéndose a sí mismo: Mirad, el reino de Dios está dentro de vosotros. Y ¿hay algo más grande que Cristo según su divinidad, hasta el punto de que hemos de oír al profeta que dice: Él es nuestro Dios y no hay otro frente a él: investigó el camino del saber y se lo dio a su hijo Jacob, a su amado, Israel. Después apareció en el mundo y vivió entre los hombres?

    Pero, asimismo, ¿hay algo más pequeño que Cristo según la economía de la encarnación, que se hizo inferior a los ángeles y a los hombres? Escucha a David explicar en qué se hizo menor que los ángeles: ¿Qué es el hombre, para que te acuerdes de él, el ser humano, para darle poder? Lo hiciste poco inferior a los ángeles. Y que David dijo esto de Cristo, te lo interpreta Pablo, cuando dice: Al que Dios había hecho un poco inferior a los ángeles, a Jesús, lo vemos ahora coronado de gloria y honor por su pasión y muerte.

    ¿Cómo se ha hecho al mismo tiempo reino de los cielos y grano? ¿Cómo pueden ser lo mismo el pequeño y el grande? Pues porque en virtud de su inmensa misericordia para con su criatura, se puso al servicio de todos, para ganarlos a todos. Por su propia naturaleza era Dios, lo es y lo será, y se ha hecho hombre por nuestra salvación. ¡Oh grano por quien fue hecho el mundo, por quien fueron disipadas las tinieblas y renovada la Iglesia! Este grano, suspendido de la cruz, tuvo tal eficacia que, aun cuando él mismo estaba clavado, con sola su palabra raptó al ladrón del madero y lo trasladó a las delicias del paraíso; este grano, herido por la lanza en el costado, destiló para los sedientos una bebida de inmortalidad; este grano de mostaza, bajado del madero y depositado en el huerto, cubrió toda la tierra con sus ramas; este grano, depositado en el huerto, hincó sus raíces hasta el infierno, y tomando consigo las almas que allí yacían, en tres días se las llevó al cielo.

    Por tanto, el reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que un hombre tomó y lo sembró en su huerto. Siembra este grano de mostaza en el huerto de tu alma. Si tuvieres este grano de mostaza en el huerto de tu alma, te dirá también a ti el profeta: Serás un huerto bien regado, un manantial de aguas cuya vena nunca engaña.

    Y si quisiéramos discutir más a fondo este tema, descubriríamos que la parábola le compete al mismo Salvador. En efecto, él es pequeño en apariencia, de una breve vida en este mundo, pero grande en el cielo. El es el Hijo del hombre y Dios, por cuanto es Hijo de Dios; supera todo cálculo: es eterno, invisible, celestial, que es comido únicamente por los creyentes; fue triturado y, después de su pasión, se volvió tan blanco como la leche; éste es más alto que todas las hortalizas; él es el indivisible Verbo del Padre; éste es en quien los pájaros del cielo, es decir, los profetas, los apóstoles y cuantos han sido llamados pueden cobijarse; éste es quien con su propio calor cura los males de nuestra alma; bajo este árbol somos cubiertos de rocío y protegidos de los ardores de este mundo; éste es el que al morir fue sembrado en la tierra y allí fructificó; y al tercer día resucitó a los santos sacándolos de los sepulcros; éste es el que por su resurrección apareció como el más grande de todos los profetas; éste es el que conserva todas las cosas mediante el Aliento que procede del Padre; éste es el que sembrado en la tierra creció hasta el cielo, el que sembrado en su propio campo, es decir, en el mundo, ofreció al Padre todos cuantos creían en él.

    ¡Oh semilla de vida sembrada en la tierra por Dios Padre! ¡Oh germen de inmortalidad que reconcilias con Dios a los mismos que tú alimentas! Diviértete bajo este árbol y danza con los ángeles, glorificando al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

viernes, 24 de enero de 2025

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 25 de Enero - "La grandeza del apóstol Pablo"


San Juan Crisóstomo (c. 345-407) presbítero en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia Alabanzas a San Pablo, 2 (in Lectures chrétiennes pour notre temps, Abbaye d'Orval, 1970)


"La grandeza del apóstol Pablo"
            
    El apóstol Pablo ha mostrado más que nadie qué es el hombre, la nobleza de su naturaleza y de qué coraje es capaz este ser viviente.
 
    Cada día Pablo daba todo lo que podía. En medio de los peligros que lo amenazaban, tenía una audacia siempre renovada, como lo atestiguan sus propias palabras “olvidándome del camino recorrido, me lanzo hacia adelante” (Flp 3,13). Cuando siente llegar la muerte, invita a compartir su alegría, escribiendo a los filipenses: “También ustedes siéntanse dichosos y alégrense conmigo” (Flp 2,18). Entre peligros, injurias y oprobios, exulta, escribiendo a los cristianos de Corinto: “Por eso, me complazco en mis debilidades, en los oprobios, en las privaciones, en las persecuciones y en las angustias soportadas por amor de Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Cor 12,10). Para Pablo una sola cosa era a temer y a huir de ella: ofender a Dios. Sólo quería agradar a Dios. Muestra su amor ardiente por Cristo el hecho que ni siquiera lo atraen los bienes del cielo… (…)

    Esa era su disposición cuando prefiere ser excluido de la gloria del cielo para salvar a los judíos que no ven la salvación (cf. Rom 9,3). Eso prueba la gran pena que le daba esa situación. Si esa situación hubiera sido menos dolorosa, no habría hecho tal pedido y hubiera considerado esa opción más tolerable y consoladora. No era una simple declaración de intención sino un verdadero grito del corazón.  ¿A quién podemos comparar este hombre, que se aflige por el mundo entero?

jueves, 16 de enero de 2025

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 17 de Enero - «¿Quién puede perdonar pecados fuera de Dios?»


San Juan Crisóstomo  (c. 345-407) presbítero en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia Sobre el Evangelio de San Mateo n. 29, 1-3: Curación infinitamente más ventajosa 


«¿Quién puede perdonar pecados fuera de Dios?»

    «Unos hombres le llevaron un paralítico». Los evangelistas narran que después de haber levantado unas tejas bajaron al enfermo y lo pusieron delante de Cristo, sin pedir nada, dejando hacer a Jesús. En los principios de su ministerio por toda la Judea era él quien hacía el primer paso y no exigía de ellos una gran fe; ahora son ellos quienes vienen hacia él y se les exige una fe viva y valiente: «Viendo Jesús la fe que tenían» dice el Evangelio, refiriéndose a la fe de los que habían llevado al paralítico. También el enfermo tenía una gran fe, porque no se hubiera dejado transportar si no hubiera tenido una gran confianza en Jesús.

    Ante tanta fe, Jesús muestra su poder y, con autoridad divina, perdona los pecados al enfermo dando así prueba de ser igual a su Padre. Había ya demostrado esa igualdad cuando curó al leproso diciendo «Quiero, queda limpio»; cuando calmó el mar desatado y cuando echó a los demonios que habían reconocido en él a su soberano y su juez. Aquí muestra su poder, pero sin esplendor: no se ha apresurado a curar exteriormente al que le presentan. Ha comenzado por un milagro invisible; primero ha curado el alma de este hombre perdonándole los pecados. Ciertamente, esta curación era infinitamente más ventajosa para este hombre, pero daba poca gloria a Cristo. Entonces, algunos, movidos por su malicia, han querido perjudicarle, pero, muy a pesar suyo, han hecho que el milagro fuera mucho más esplendoroso.

domingo, 5 de enero de 2025

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 06 de Enero - "Sigamos a los magos"


San Juan Crisóstomo (c. 345-407) presbítero en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia Homilías sobre San Mateo, VII,5


"Sigamos a los magos"
   
    Levantémonos, siguiendo el ejemplo de los magos. Dejemos que el mundo se desconcierte; nosotros corramos hacia dónde está el niño. Que los reyes y los pueblos, que los crueles tiranos se esfuercen en embarrarnos el camino, poco importa. No dejemos que se enfríe nuestro ardor. Venzamos todos los males que nos acechan. Si los magos no hubiesen visto al niño no habrían podido escaparse de las amenazas del rey Herodes. Antes de poder contemplarlo, llenos de gozo, tuvieron que vencer el miedo, los peligros, las turbaciones. Después de adorar al niño, la calma y la seguridad colmaron sus almas...

    ¡Dejad, pues, vosotros también, la ciudad sumida en el desorden, dejad al déspota comido por la crueldad, dejad las riquezas del mundo, y venid a Belén, la casa del pan espiritual! Si sois pastores, venid y veréis al niño en el establo. Si sois reyes y no venís, vuestra púrpura no os servirá de nada. Si sois magos, no importa, no es impedimento con tal que vengáis para presentar vuestra veneración y no para aplastar al Hijo del Hombre. Acercaos con espanto y alegría, dos sentimientos que no se excluyen...

    ¡Postrándonos, soltemos lo que retienen nuestras manos! Si tenemos oro, entreguémoslo sin demora, no rehuyamos darlo...Unos extranjeros emprendieron un tan largo viaje para contemplar a este niño recién nacido. ¿Qué excusa tenéis para vuestra conducta, vosotros, que os echáis atrás ante el corto camino de ir a visitar al enfermo a al prisionero? Ellos ofrecieron oro. Vosotros dais pan con harta tacañería. Ellos vieron la estrella y su corazón se llenó de alegría. Vosotros veis a Cristo en una tierra extranjera, desnudo ¿y no os conmueve?

jueves, 21 de noviembre de 2024

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 22 de Noviembre - «Casa de oración»


San Juan Crisóstomo, obispo y doctor de la Iglesia Homilía: Vivir la fe y transmitirla a los hijos. Homilía, 2, 5.


«Casa de oración» 

    ¡Cuida, pues, de que no se convierta el templo de Dios en cueva de ladrones, para que no vayas a oír aquella otra reprensión con que Cristo reprendió a los judíos cuando les dijo: ¡La casa de mi Padre es casa de oración, pero vosotros la habéis hecho cueva de ladrones! (Mt 21,13 y Lc 19,46.) Y ¿cómo se convierte en cueva de ladrones? Cuando permitimos entrar en él las concupiscencias bajas y serviles y la liviandad, y que se asienten en el ánimo de los jóvenes. Porque sus pensamientos de ellas son más perniciosos que los mismos ladrones, puesto que arrastran los ánimos libres de los adolescentes a la servidumbre y los hacen esclavos de las pasiones propias de los brutos y los cubren de heridas y los destrozan de todas maneras.

    Por este motivo, cada día vigilemos; y usando de la palabra como de un azote, echemos fuera de sus ánimos toda clase de inclinaciones torcidas, a fin de que los hijos puedan ser partícipes con nosotros de la ciudad celestial y puedan celebrar allá correctamente toda la liturgia que en ella se usa. ¿Acaso no habéis visto con frecuencia que los que viven en las ciudades, hacen a sus niños –apenas apartados de la lactancia– portadores de ramos en las festividades, o bien jefes de certámenes o prefectos de los juegos, o jefes de los coros? ¡Pues hagamos nosotros otro tanto! Desde los primeros años hagamos a los niños expertos en la disciplina celeste; porque esta otra terrena, por una parte ocasiona gastos, y por otra ningún fruto produce.

    …Porque esa confesión no se hace únicamente con la fe sino también con las obras; hasta el punto de que si éstas faltaren caeremos en peligro de ser castigados juntamente con los que lo negaron. Puesto que no hay un modo solo de negarlo, sino muchos; y Pablo, describiéndolos, nos dice: ¡Alardean de conocer a Dios, pero con las obras lo niegan! (Tit 1, 16) Y luego: Si alguno no mira por los suyos, sobre todo por los de su casa, ha negado la fe y es peor que un infiel. (1 Tim 5,8) Y todavía: ¡Huid de la avaricia que es una especie de idolatría! (Col 3, 5).

    En consecuencia, siendo tantos los modos que hay de negar a Cristo, manifiesto es que serán otros tantos los que hay de confesarlo, y aun muchos más. Cuidemos, pues, de confesarlo por todos estos modos, a fin de que nosotros a nuestra vez alcancemos en los cielos el honor, por gracia y bondad de nuestro Señor Jesucristo, por el cual y con el cual sea al Padre la gloria, juntamente con el Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

domingo, 17 de noviembre de 2024

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 18 de Noviembre - "¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!"


San Juan Crisóstomo (c. 345-407) presbítero en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia Homilía sobre el Evangelio de San Mateo 66,1 


"¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!"
    
    Escuchemos a estos ciegos, mucho mejores que muchos de los que ven. Pues sin tener guía, sin ver a Jesús que se acercaba, procuraban empeñosamente acercársele. Y comenzaron a clamar con grandes voces; y como se les ordenara callar, más aún clamaban. Así es un alma perseverante: se aprovecha por medio de los mismos que procuran impedirla.

    Cristo permite que se les ordene callar para que resalte el fervor de ellos y conozcas que en realidad eran dignos de recibir la salud. Por lo mismo ni siquiera les pregunta si creen, como solía hacerlo, pues sus clamores y el anhelo de acercársele suficientemente manifestaban su fe. Por aquí conoces, carísimo, que aún cuando seamos viles y bajos en exceso, si nos acercamos anhelosos a Dios, podremos alcanzar por nosotros mismos lo que pedimos. Observa cómo estos ciegos, sin tener el patrocinio de ninguno de los apóstoles y por el contrario habiendo muchos que los detenían, pudieron pasar por sobre todos los obstáculos y acercarse a Jesús. Y aunque los evangelistas no testifiquen haber tenido ellos alguna confianza por su género de vida, pero el fervor les valió para todo.

    Imitémoslos. Aunque el Señor dilate su don, aunque muchos se nos interpongan, no cesemos de pedir. Así nos conciliaremos especialmente a Dios.

sábado, 19 de octubre de 2024

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 20 de Octubre - “Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos.”


San Juan Crisóstomo (c. 345-407) presbítero en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia Homilías contra los anoméos, 8,6; PG 48, 776-777


“Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, 
sino para servir y dar su vida en rescate por todos.”
   
    Lo que los dos hermanos, Juan y Santiago querían, al aspirar a los primeros puestos, a los cargos y honores más destacados, era según mi parecer, tener autoridad sobre los demás. Por esto Jesús se opone a su pretensión. Descubre y pone al desnudo sus pensamientos secretos cuando les dice: “El que quiera ser primero, sea esclavo de todos.” Dicho de otra manera: "Si aspiráis a los primeros puestos y a los grandes honores, buscad el último lugar, esforzaos a ser los más sencillos, los más humildes y pequeños entre todos. Poneos detrás de los otros. Esta es la virtud que conduce al honor que deseáis. Tenéis cerca de vosotros un ejemplo elocuente, 'porque el Hijo del hombre  no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos.' Así obtendréis gloria y celebridad. Mirad lo que me toca vivir no busco ni honra ni gloria, y no obstante, el bien que realizo de esta manera es infinito.”

    Lo sabemos: antes de la encarnación de Cristo  y su abajamiento, todo estaba perdido, todo estaba corrompido; pero, después de que él se humillara, nos lo ha revelado todo. Ha abolido la maldición, ha destruido la muerte, ha abierto el paraíso, ha dado muerte al pecado, ha roto los cerrojos de las puertas del cielo para introducir las primicias de nuestra humanidad. El ha propagado la fe por todo el mundo. Ha expulsado el error y ha establecido la verdad. Ha hecho tomar posesión del trono a las primicias de nuestra naturaleza. Cristo es el autor de beneficios innumerables que mi palabra ni ninguna palabra humana es capaz de expresar. Antes de su abajamiento, sólo los ángeles lo contemplaron, pero después que él se humillara la raza humana entera lo ha reconocido.