viernes, 11 de junio de 2021

EVANGELIO - 12 de Junio - San Lucas 2,41-51

 

     Libro de Isaías 61,9-11.

    La descendencia de mi pueblo será conocida entre las naciones, y sus vástagos, en medio de los pueblos: todos los que los vean, reconocerán que son la estirpe bendecida por el Señor.
    Yo desbordo de alegría en el Señor, mi alma se regocija en mi Dios. Porque él me vistió con las vestiduras de la salvación y me envolvió con el manto de la justicia, como un esposo que se ajusta la diadema y como una esposa que se adorna con sus joyas.
    Porque así como la tierra da sus brotes y un jardín hace germinar lo sembrado, así el Señor hará germinar la justicia y la alabanza ante todas las naciones.


Primer Libro de Samuel 2,1.4-5.6-7.8abcd.

Mi corazón se regocija en el Señor,
tengo la frente erguida gracias a mi Dios.
Mi boca se ríe de mis enemigos,
porque tu salvación me ha llenado de alegría.

El arco de los valientes se ha quebrado,
y los vacilantes se ciñen de vigor;
los satisfechos se contratan por un pedazo de pan,
y los hambrientos dejan de fatigarse;
la mujer estéril da a luz siete veces,
y la madre de muchos hijos se marchita.

El Señor da la muerte y la vida,
hunde en el Abismo y levanta de él.
El Señor da la pobreza y la riqueza,
humilla y también enaltece.

El levanta del polvo al desvalido
y alza al pobre de la miseria,
para hacerlos sentar con los príncipes
y darles en herencia un trono de gloria.


    Evangelio según San Lucas 2,41-51.

    Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén en la fiesta de la Pascua.
    Cuando el niño cumplió doce años, subieron como de costumbre, y acabada la fiesta, María y José regresaron, pero Jesús permaneció en Jerusalén sin que ellos se dieran cuenta.
    Creyendo que estaba en la caravana, caminaron todo un día y después comenzaron a buscarlo entre los parientes y conocidos.
    Como no lo encontraron, volvieron a Jerusalén en busca de él.
    Al tercer día, lo hallaron en el Templo en medio de los doctores de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas.
    Y todos los que lo oían estaban asombrados de su inteligencia y sus respuestas.
    Al verlo, sus padres quedaron maravillados y su madre le dijo: "Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto? Piensa que tu padre y yo te buscábamos angustiados".
    Jesús les respondió: "¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?".
    Ellos no entendieron lo que les decía.
    El regresó con sus padres a Nazaret y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba estas cosas en su corazón.

    Palabra del Señor

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 12 de Junio - “Su madre conservaba estas cosas en su corazón”


San Amadeo de Lausanne (1108-1159) monje cisterciense, obispo Homilía mariana 4, (Mariale III, coll. Pain de Cîteaux 7, Abbaye de Chambarand, 1960), trad. sc©evangelizo.org

“Su madre conservaba estas cosas en su corazón” 

    Frecuentemente, olvidando comer y beber, María velaba para pensar en Cristo, para ver a Cristo en su propia carne. Ardía de amor por él, amaba apasionadamente servirlo. Frecuentemente hacía lo que canta el Cantar de los Cantares: “Duermo pero mi corazón vela” (Ct 5,2). Durante su reposo, seguía soñando con el que había llenado sus pensamientos durante todo el día. Ya sea que velara o reposara en la paz, vivía siempre en él, ocupándose de él. Dónde estaba su tesoro, ahí también estaba su corazón. Dónde estaba su gloria, también estaba su espíritu. Con todo su corazón, todo su espíritu, todas sus fuerzas, amaba a su Señor y su Hijo (Mt 22,37). Veía con sus ojos y tocaba con sus manos al Verbo de Vida (1Jn 1,1). ¡Feliz, María, a la que fue dado de abrazar al que abraza y alimenta todo!¡Feliz la que ha llevado al que lleva al universo (Hb 1,3), que ha amamantado un Hijo que la hace vivir, un Hijo que la alimenta a ella y a todos los seres del mundo (Sal 144,15)! Se suspendió de su cuello el que es la Sabiduría del Padre, estuvo en sus brazos el que es la Fuerza que pone todo en movimiento. Reposó en su seno materno el que es el reposo de las almas (Mt 11,29). ¡Con que ternura la tomaba de la mano, la miraba calmamente, el que los ángeles desean contemplar (1 Pe 1,12)! El que cada ser invoca en toda carencia, la llamaba tiernamente. Llena del Espíritu Santo, ella lo apretaba contra su corazón (…) y no se cansaba de ver y escuchar al que “muchos profetas y reyes quisieron ver y no vieron, oír y no oyeron” (cf. Lc 10,24). María crecía cada vez más en el amor y su espíritu se centraba sin cesar en la contemplación divina (Lc 2,41-51).

MEMORIA DEL INMACULADO CORAZÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

12 de Junio


    María, Madre de Jesús y nuestra, nos señala hoy su Inmaculado Corazón. Un corazón que arde de amor divino, que rodeado de rosas blancas nos muestra su pureza total y que atravesado por una espada nos invita a vivir el sendero del dolor-alegría. La Fiesta de su Inmaculado Corazón nos remite de manera directa y misteriosa al Sagrado Corazón de Jesús. Y es que en María todo nos dirige a su Hijo. Los Corazones de Jesús y María están maravillosamente unidos en el tiempo y la eternidad...

    La Iglesia nos enseña que el modo más seguro de llegar a Jesús es por medio de su Madre. Por ello, nos consagramos al Corazón de Jesús por medio del Corazón de María. Esto se hace evidente en la liturgia, al celebrar ambas fiestas de manera consecutiva, viernes y sábado respectivamente, en la semana siguiente al domingo del Corpus Christi.

    Santa María, Mediadora de todas las gracias, nos invita a confiar en su amor maternal, a dirigir nuestras plegarias pidiéndole a su Inmaculado Corazón que nos ayude a conformarnos con su Hijo Jesús.

    Venerar su Inmaculado Corazón significa, pues, no sólo reverenciar el corazón físico sino también su persona como fuente y fundamento de todas sus virtudes. Veneramos expresamente su Corazón como símbolo de su amor a Dios y a los demás.

    El Corazón de Nuestra Madre nos muestra claramente la respuesta a los impulsos de sus dinamismos fundamentales, percibidos, por su profunda pureza, en el auténtico sentido. Al escoger los caminos concretos entre la variedad de las posibilidades, que como a toda persona se le ofrece, María, preservada de toda mancha por la gracia, responde ejemplar y rectamente a la dirección de tales dinamismos, precisamente según la orientación en ellos impresa por el Plan de Dios.

    Ella, quien atesoraba y meditaba todos los signos de Dios en su Corazón, nos llama a esforzarnos por conocer nuestro propio corazón, es decir la realidad profunda de nuestro ser, aquel misterioso núcleo donde encontramos la huella divina que exige el encuentro pleno con Dios Amor.

Oremos

    ¡Oh Corazón de María!, el más amable y compasivo de los corazones después del de Jesús, Trono de las misericordias divinas en favor de los miserables pecadores; yo, reconociéndome sumamente necesitado, acudo a Vos a quien el Señor ha puesto todo el tesoro de sus bondades con plenísima seguridad de ser por Vos socorrido. Vos sois mi refugio. mi amparo, mi esperanza; por esto os digo y os diré en todos mis apuros y peligros: ¡Oh dulce Corazón de María, sed la salvación mía!

    Cuando la enfermedad me aflija, o me oprima la tristeza, o la espina de la tribulación llegue a mi alma, ¡Oh Corazón de María, sed la salvación mía!

    Cuando el mundo, el demonio y mis propias pasiones coaligadas para mi eterna perdición me persigan con sus tentaciones y quieran hacerme perder el tesoro de la divina gracia, ¡Oh Corazón de María, sed la salvación mía!

    En la hora de mi muerte, en aquel momento espantoso de qué depende mi eternidad, cuando se aumenten las angustias de mi alma y los ataques de mis enemigos, ¡Oh dulce Corazón de María, sed la salvación mía.

    Y cuando mi alma pecadora se presente ante el tribunal de Jesucristo para rendirle cuenta de toda su vida, venid Vos a defenderla y a ampararla. y entonces; ahora y siempre, ¡Oh dulce Corazón de María, sed la salvación mía!

    Estas gracias espero alcanzar de Vos, Oh Corazón amantísimo de mi Madre a fin de que pueda veros y gozar de Dios en Vuestra compañía por toda la eternidad en el cielo. Amén.