Mostrando entradas con la etiqueta San Columbano. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta San Columbano. Mostrar todas las entradas

domingo, 17 de mayo de 2026

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 18 de Mayo - «Os he hablado de esto, para que encontréis la paz en mi»


       San Columbano, abad Obra: La paz que nos da necesita ser cuidada


«Os he hablado de esto, para que encontréis la paz en mi» 

    "Mi paz os dejo, mi paz os doy" (Jn 14,27). Pero ¿de qué nos sirve saber que esta paz es buena, si nosotros no velamos por ella? aquello que es muy bueno suele ser muy frágil; y los bienes preciosos reclaman mayor atención y vigilancia. Muy frágil es la paz que se puede perder por una palabra ligera o una ofensa mínima hecha a un hermano.

    Sin embargo, nada complace más a los hombres que hablar fuera de contexto y ocuparse de lo que no les compete, de proferir discursos estériles y de criticar los ausentes. Por consiguiente, que aquellos que no pueden decir: "Dios mi Señor me dio el lenguaje de un hombre que se deja instruir, para que yo sepa a mi vez consolar a aquel que no puede más» (Is 50,4), que así se manifiesten o, si dicen una palabra, que sea una palabra de paz... « El cumplimiento perfecto de la Ley, es el amor" (Rm 13,10): que se digne inspirárnoslo el buen Señor y Salvador Jesucristo, el autor de la paz y el Dios del amor.

sábado, 14 de junio de 2025

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 15 Junio - "La Trinidad se deja conocer por los puros de corazón"


San Columbano (563-615) monje, fundador de monasterios Instrucción 1,2-4 (Lectures chrétiennes pour notre temps, Abbaye d'Orval, 1972)


"La Trinidad se deja conocer por los puros de corazón"
            
    ¿Quién es Dios ? Padre, Hijo, Espíritu Santo, Dios es uno. No te preguntes nada más acerca del sujeto de Dios. Los que quieren saber el fondo de las cosas concerniendo a Dios comiencen por considerar el orden natural. La ciencia de la Trinidad es justamente comparada a la profundidad del mar. La Sabiduría dijo que el fondo del mar es invisible a la mirada de los hombres, tal como la divina Trinidad permanece  incomprensible a ellos. Por eso, si alguien quiere comprender lo que debe creer, que no piense poder hacerlo más con razonamientos que con la fe. La sabiduría divina así buscada se retirará más lejos todavía.

    Busca entonces el supremo conocimiento, no discutiendo sino llevando una vida perfecta, no con el habla sino por la fe, que mana de un corazón sencillo y no es el resultado de sabias conjeturas. Si buscas lo inefable con razonamientos, se alejará más de ti. Si buscas con la fe, la sabiduría estará donde habita, a tu puerta (cf. Prov 1,21). Donde está puede ser vista, aunque sea parcialmente. En verdad, la encontramos desde el instante en el que creemos a lo invisible, aunque no lo comprendamos. Porque Dios es el invisible, debemos creer en él. Aún más, de alguna forma, Dios se deja conocer por los puros de corazón.

domingo, 1 de junio de 2025

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 02 Junio - «Os he hablado de esto, para que encontréis la paz en mi»

 

        San Columbano, abad Obra: La paz que nos da necesita ser cuidada


«Os he hablado de esto, para que encontréis la paz en mi» 

    "Mi paz os dejo, mi paz os doy" (Jn 14,27). Pero ¿de qué nos sirve saber que esta paz es buena, si nosotros no velamos por ella? aquello que es muy bueno suele ser muy frágil; y los bienes preciosos reclaman mayor atención y vigilancia. Muy frágil es la paz que se puede perder por una palabra ligera o una ofensa mínima hecha a un hermano.

    Sin embargo, nada complace más a los hombres que hablar fuera de contexto y ocuparse de lo que no les compete, de proferir discursos estériles y de criticar los ausentes. Por consiguiente, que aquellos que no pueden decir: "Dios mi Señor me dio el lenguaje de un hombre que se deja instruir, para que yo sepa a mi vez consolar a aquel que no puede más» (Is 50,4), que así se manifiesten o, si dicen una palabra, que sea una palabra de paz... « El cumplimiento perfecto de la Ley, es el amor" (Rm 13,10): que se digne inspirárnoslo el buen Señor y Salvador Jesucristo, el autor de la paz y el Dios del amor.

lunes, 3 de junio de 2024

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 04 de Junio - «¿De quién es esta imagen y esta inscripción?»


       San Columbano, abad Instrucción 11, 1-4: PL 80, 250-252


«¿De quién es esta imagen y esta inscripción?»

    Hallamos escrito en la ley de Moisés: «Creó Dios al hombre a su imagen y semejanza». (Gn 1,26). Considerad, os lo ruego, la grandeza de esta afirmación; el Dios omnipotente, invisible, incomprensible, inefable, incomparable, al formar al hombre del barro de la tierra, lo ennobleció con la dignidad de su propia imagen. ¿Qué hay de común entre el hombre y Dios, entre el barro y el espíritu? Porque «Dios es espíritu» (Jn 4,24). Es prueba de una gran estimación el que Dios haya dado al hombre la imagen de su eternidad y la semejanza de su propia vida. La grandeza del hombre consiste en su semejanza con Dios, con tal que la conserve…

    Si el alma hace buen uso de las virtudes plantadas en ella, entonces será de verdad semejante a Dios. Él nos enseñó, por medio de sus preceptos, que debemos devolverle frutos de todas las virtudes que sembró en nosotros al crearnos. Y el primero de estos preceptos es amar a Dios con todo nuestro corazón (Dt 6,5) porque «él nos amó primero» (1Jn 4,10), desde el principio y antes que existiéramos. Por tanto, amar a Dios es renovar en nosotros su imagen. Ahora bien, ama a Dios el que guarda sus mandamientos…

    Retornemos, pues, a nuestro Dios y Padre la imagen inviolada de su santidad, porque él es santo y dice: «Sed santos como yo soy santo» (Lv 11,45); con amor porque él es amor, como nos lo dice Juan: «Dios es amor» (1Jn 4,8); con ternura y en verdad, porque Dios es bueno y fiel. No pintemos en nosotros una imagen ajena… Para que no introduzcamos en nosotros ninguna imagen de orgullo, dejemos que Cristo pinte en nosotros su imagen.

domingo, 2 de junio de 2019

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 03 de Junio - "Os he hablado de esto, para que encontréis la paz en mi"


       San Columbano - Obra: La paz que nos da necesita ser cuidada

«Os he hablado de esto, para que encontréis la paz en mi» 

    "Mi paz os dejo, mi paz os doy" (Jn 14,27). Pero ¿de qué nos sirve saber que esta paz es buena, si nosotros no velamos por ella? aquello que es muy bueno suele ser muy frágil; y los bienes preciosos reclaman mayor atención y vigilancia. Muy frágil es la paz que se puede perder por una palabra ligera o una ofensa mínima hecha a un hermano.

    Sin embargo, nada complace más a los hombres que hablar fuera de contexto y ocuparse de lo que no les compete, de proferir discursos estériles y de criticar los ausentes. Por consiguiente, que aquellos que no pueden decir: "Dios mi Señor me dio el lenguaje de un hombre que se deja instruir, para que yo sepa a mi vez consolar a aquel que no puede más» (Is 50,4), que así se manifiesten o, si dicen una palabra, que sea una palabra de paz... « El cumplimiento perfecto de la Ley, es el amor" (Rm 13,10): que se digne inspirárnoslo el buen Señor y Salvador Jesucristo, el autor de la paz y el Dios del amor.

jueves, 19 de mayo de 2016

REFLEXIÓN

TIEMPO ORDINARIO
JUEVES DE LA SEMANA VII
De la Feria. Salterio III
19 de mayo


    De las Instrucciones de san Columbano, abad
    (Instrucción 1, Sobre la fe, 3-5: Opera, Dublín 1957, pp. 62-66)


LA INSONDABLE PROFUNDIDAD DE DIOS

    Dios está en todas partes, es inmenso y está cerca de todos, según atestigua de sí mismo: Yo soy -dice- un Dios cercano, no lejano. El Dios que buscamos no está lejos de nosotros, ya que está dentro de nosotros, si somos dignos de esta presencia. Habita en nosotros como el alma en el cuerpo, a condición de que seamos miembros sanos de él, de que estemos muertos al pecado. Entonces habita verdaderamente en nosotros aquel que ha dicho: Habitaré en medio de ellos y andaré entre ellos. Si somos dignos de que él esté en nosotros, entonces somos realmente vivificados por él, como miembros vivos suyos: Pues en él -como dice el Apóstol- vivimos, nos movemos y existimos.

    ¿Quién, me pregunto, será capaz de penetrar en el conocimiento del Altísimo, si tenemos en cuenta lo inefable e incomprensible de su ser? ¿Quién podrá investigar las profundidades de Dios? ¿Quién podrá gloriarse de conocer al Dios infinito que todo lo llena y todo lo rodea, que todo lo penetra y todo lo supera, que todo lo abarca y todo lo trasciende? A Dios ningún hombre vio ni puede ver. Nadie, pues, tenga la presunción de preguntarse sobre lo indescifrable de Dios, qué fue, cómo fue, quién fue. Éstas son cosas inefables, inescrutables, impenetrables; limítate a creer con sencillez, pero con firmeza, que Dios es y será tal cual fue, porque es inmutable.

    ¿Quién es, por tanto, Dios? El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son un solo Dios. No indagues más acerca de Dios; porque los que quieren saber las profundidades insondables deben antes considerar las cosas de la naturaleza. En efecto, el conocimiento de la Trinidad divina se compara con razón a la profundidad del mar, según aquella expresión del Eclesiastés: Profundo quedó lo que estaba profundo: ¿quién lo alcanzará? Porque, del mismo modo que la profundidad del mar es impenetrable a nuestros ojos, así también la divinidad de la Trinidad escapa a nuestra comprensión. Y por esto, insisto, si alguno se empeña en saber lo que debe creer, no piense que lo entenderá mejor disertando que creyendo; al contrario, al ser buscado, el conocimiento de la divinidad se alejará más aún que antes de aquel que pretenda conseguirlo.

    Busca, pues, el conocimiento supremo, no con disquisiciones verbales, sino con la perfección de una buena conducta; no con palabras, sino con la fe que procede de un corazón sencillo y que no es fruto de una argumentación basada en una sabiduría irreverente. Por tanto, si buscas mediante el discurso racional al que es inefable, estará lejos de ti, más de lo que estaba; pero, si lo buscas mediante la fe, la sabiduría estará a la puerta, que es donde tiene su morada, y allí será contemplada, en parte por lo menos. Y también podemos realmente alcanzarla un poco cuando creemos en aquel que es invisible, sin comprenderlo; porque Dios ha de ser creído tal cual es, invisible, aunque el corazón puro pueda, en parte, contemplarlo.



    "Tu rostro buscaré, Señor". Con perseverancia insistiré en esta búsqueda; en efecto, no buscaré algo de poco valor, sino tu rostro, Señor, para amarte gratuitamente, dado que no encuentro nada más valioso.

    San Agustín

martes, 26 de abril de 2016

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO

TIEMPO PASCUAL
MARTES DE SEMANA V
26 de abril


    San Columbano (563-615), monje, fundador de monasterios 
    Instrucción 11, 1-4; PL 25-252

Os dejo la paz, os doy mi propia paz.” (Jn 14,27)

    Moisés escribió en la Ley: “Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza.” (Gn 1,26)...Pues, nos toca a nosotros reflejar a nuestro Dios, nuestro Padre, la imagen de su santidad... No seamos pintores de una imagen extraña...Y para que no introduzcamos en nosotros la imagen del orgullo ¡dejemos que Cristo pinte en nosotros su imagen. Lo hizo cuando dijo: “Os dejo la paz, os doy mi propia paz.” (Jn 14,27)


    Pero ¿a qué sirve saber que esta paz es buena para nosotros si no la guardamos con cuidado? Lo bueno es a menudo muy frágil, y los bienes preciosos necesitan un cuidado esmerado y una gran vigilancia. La paz es muy frágil y se puede perder por una palabra dicha con ligereza o por una pequeña herida causada al hermano. Ahora bien, no hay nada que guste tanto a los humanos como hablar palabras ociosas y ocuparse de cosas que no les importa, hacer discursos vanos y criticar a los ausentes. De ahí se desprende que los que no puedan decir con el profeta: “El Señor me ha dado una lengua de discípulo para que sepa sostener con mi palabra al abatido.” (Is 50,4), se callen, o bien, si dicen alguna palabra que sea una palabra de paz... “La plenitud de la Ley consiste en el amor.” (cf Rm 13,8) ¡Que Nuestro Señor y Salvador Jesucristo se digne inspirar nuestras palabras, él que es el autor de la paz y el Dios del amor.

Fuente:©Evangelizo.org





    «Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón», es decir, el mensaje de la fe que nosotros predicamos. Porque, si proclamas con tu boca a Jesús como Señor y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo. Pues con el corazón creemos para obtener la justificación y con la boca hacemos profesión de nuestra fe para alcanzar la salvación.         Rm 10, 8b-10

martes, 12 de abril de 2016

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO

TIEMPO PASCUAL
MARTES DE SEMANA III
12 de abril


San Columbano (563-615), monje, fundador de monasterios
Instrucción espiritual, 12,3


“Señor, danos siempre de este pan”

    El profeta dice: “Sedientos todos, acudid por agua” (Is 55,1). Se trata de los que tienen sed, no de los que beben. Llama a los que tienen hambre y sed, aquellos que en otra parte les nombra bienaventurados (Mt 5,6), aquellos cuya sed jamás se apaga, y cuya sed aumenta cuanto más van a la fuente a beber. Debemos pues, hermanos, desear la fuente de la sabiduría, el Verbo de Dios en las alturas, debemos buscarla, debemos amarla. En ella están escondidos, tal como lo dice el apóstol Pablo, “todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia” (Col 2,3) e invita a beber a todos los que tienen sed.

    Si tú tienes sed, vete a beber a la fuente de vida. Si tienes hambre, come el pan de vida. Dichosos los que tienen hambre de este pan y sed de esta fuente. Bebiendo y comiendo sin fin, desean cada vez más beber y comer; dulce es este alimento y dulce esta bebida. Comemos y bebemos, pero seguimos teniendo hambre y sed; nuestro deseo está colmado y seguimos deseando. Por eso David, el rey profeta, clama: “Gustad y ved qué bueno es el Señor” (Sl 33,9). Por eso, hermanos, sigamos nuestra llamada. La Vida, la fuente de agua viva, la fuente de la vida eterna, la fuente de la luz y manantial de claridad, ella misma nos invita a venir y beber (Jn 7,37). Allí encontramos la sabiduría y la vida, la luz eterna. Allí bebemos del agua viva que mana hasta la vida eterna (Jn 4,14).


  



    «Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón», es decir, el mensaje de la fe que nosotros predicamos. Porque, si proclamas con tu boca a Jesús como Señor y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo. Pues con el corazón creemos para obtener la justificación y con la boca hacemos profesión de nuestra fe para alcanzar la salvación.       
Rm 10, 8b-10