sábado, 30 de noviembre de 2024
MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 01 de Diciembre - "Llamados al Reino de los cielos"
martes, 29 de octubre de 2024
MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 30 de Octubre - "Traten de entrar por la puerta estrecha"
sábado, 23 de marzo de 2024
MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 24 de Marzo - "¡Te alabamos por tu abajamiento!"
San Teodoro el Estudita (759-826) monje en ConstantinoplaCatequesis 53 (Les Grandes Catéchèses, coll. Spiritualité orientale 79, Bellefontaine, 2002)Aquí estamos, llegados a la santa Gran Semana del cumplimiento de los sufrimientos de Cristo. Contemplemos nuevamente en qué situaciones, cuántas veces, cuándo y hasta dónde, el Señor de gloria se abajó por nosotros (1 Cor 2,8), nuestro Dios y Creador. Somos realmente iluminados al profundizarlo una vez más.
¿Qué alma de piedra no sería tomada por la compunción y no se dejaría doblegar, al saber que el Señor fue librado por un discípulo entre las manos de los impíos (Hech 2,23)? Fue atado por las manos de los soldados y llevado ante un tribunal. El que es la Verdad, escucha llamarse impostor y charlatán (cf. Mt 27,63). Al Salvador de todos, le pegan en el rostro y lo soporta. Lo cubren de escupidas y no se defiende. Para burlarse, lo ciñen con la corona de espinas y él no reduce a cenizas a los que osan esos ultrajes. Es revestido con un manto de púrpura como un rey y como un malhechor golpeado a puños. Es crucificado, traspasado con una lanza. Prueba la muerte, siendo la vida de todos. Enseguida resucita, levantándonos de nuestra caída, nos pone de pie para una inalterable inmortalidad. (…)
¿Qué podemos ofrecerte, ya que en tu infinita bondad, nos has considerado de un tan gran precio que, lejos de despreciar a tu criatura perdida, has venido a salvarnos con el extremo de un indecible abajamiento? Sin embargo, nos has hecho fuertes y nos has salvado. De nuestros labios pecadores e indignos, te ofrecemos toda la alabanza y acción de gracias de la que somos capaces. Se nos pide de tratar de imitar este ejemplo y conformarnos a él en las cosas grandes e importantes, tomándolo como modelo en las cosas pequeñas y humildes. De esta forma damos gracias dignamente.
martes, 12 de diciembre de 2023
MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 13 de Diciembre - "Imiten la humildad de Cristo"
San Teodoro el Estudita (759-826) monje en Constantinopla Catequesis 80 (Les Grandes Catéchèses, coll. Spiritualité Orientale 79, Bellefontaine, 2002)
"Imiten la humildad de Cristo"
¿Alguien quiere actuar bien? ¡Qué se tenga a distancia del orgullo y se revista con una obediencia sin reserva de la más alta humildad! Entonces, alegría y júbilo cubrirán su cabeza (cf. Is 35,10). De esta buena raíz todo puede sacarse: alegría, paz, bondad y piedad, docilidad y equilibrio, ternura y humildad (cf. Gal 5,22), todo lo que es hermoso, agradable y deseable. O sea, todo lo que caracteriza al que es realmente hombre de Dios. (…)
Levanten sus miradas hacia Cristo, nuestro Señor y Dios, amo de todas las cosas. Él es el verdadero rico, el Hijo Único del Padre. Siéntanse atraídos por lo que es humilde (cf. Rom 12,6) e imiten lo que él hizo. Era sencillo en apariencia, sumiso a sus padres hasta que llegó el tiempo. Frecuentemente caminaba sobre las rutas y se sentaba cuando estaba fatigado (cf. Jn 4,6). Insultado, no devolvía el insulto; maltratado, no amenazaba (cf. 1 Pe 2,22); tendía la mejilla al que le pegaba. No tenía mucha vestimenta y se contentaba con una pequeña túnica y un manto. No llevaba con él suaves coberturas, no iba a caballo ni montaba sobre mulas, se alimentaba con pan y bebía el agua de los arroyos.
Si nosotros, que poseemos mucho más, nos sentimos molestos y atormentados por eso, ¿cómo imitaremos al Señor? ¡Soportemos todo con paciencia y plasmemos nuestra vida sobre el divino modelo!
jueves, 18 de febrero de 2021
MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 19 de Febrero - Vendrá el tiempo...que ayunarán
miércoles, 9 de diciembre de 2020
MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 10 de Diciembre - ¡Cumplamos lo que es justo y santo!
San Teodoro el Estudita (759-826) monje en Constantinopla Catequesis 72, (Les Grandes Catéchèses, Spiritualité Orientale 79, BellefontaineLa vida eterna se ofrece a nosotros, hijos míos, el Reino de los Cielos nos está preparado y la herencia de Cristo nos espera. El disfrute de numerosos e inconcebibles bienes, la felicidad de una gran alegría y de la inmortalidad, la sobreabundancia de gloria y honor y de otros bienes en tan gran cantidad. ¡La voz de un hombre no alcanzaría para decir la gracia y misericordia (cf. Sab 3,9)! Corramos entonces con creciente vigor. Ustedes, los perezosos, indóciles, corazones pesados, amigos de la murmuración. Si no se corrigen se parecerán a la higuera maldita. ¡Le ponemos fertilizante (cf. Lc 13,8) y no toma raíz, la regamos con palabras y no crece! La Escritura dice “El hacha ya está puesta a la raíz de los árboles” (Lc 3,9), silenciaré lo siguiente. Busquemos los combates, versemos nuestro sudor, tomemos las coronas, ganemos las alabanzas, guardemos como un tesoro “lo que nadie vio ni oyó y ni siquiera pudo pensar” (cf. 1 Cor 2,9). Arreglemos nuestra vida sobre la de nuestros padres, la que remonta al origen. Sigamos paso a paso sus virtudes, amemos sus rectas acciones, hagamos de nuestro género de vida una imagen de la suya. (…) Si, ¡trabajemos con ellos! ¡Actuemos con ellos! ¡Sigámosle paso a paso! ¡Cumplamos lo que es justo y santo! De esta forma, tendremos parte en su gloria, seremos coronados y con ellos saltaremos d alegría en el Reino de los Cielos. En Cristo Jesús nuestro Señor, a quien pertenece gloria y poder, con el Padre y el Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
lunes, 27 de julio de 2020
MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 28 de Julio - “Entonces los justos resplandecerán como el sol en el Reino de su Padre”
Por el pensamiento, vemos a nuestro Señor Jesucristo sentado sobre un trono de gloria. Cerca de él se hallan serafines, querubines y las órdenes angelicales que le sirven con temor y temblor. Los que hayan terminado el combate sin dejarse atraer por las amenidades del siglo, ni seducir por las vanidades del mundo, escucharán la voz bendita del Maestro. “Entonces los justos resplandecerán como el sol en el Reino de su Padre” (Mt 13,43) al llegar del levante y del poniente, del norte y del mar y tomar lugar con Abraham, Isaac y Jacob (cf. Mt 8,11). Tendrán una alegría inefable cuando nuestro Rey y Señor distribuya sus dones según sus méritos. ¡Oh mis hermanos e hijos! ¡Qué grande y bella la gloria que gozarán los tres veces bienaventurados y los santos que hayan practicado la renuncia! Si. Cada uno recibirá los bienes prometidos según el rango que querrá Dios. (…) Desde ahora entonces ¡corran (cf. Gal 5,7) y que el diablo no los sujete (cf. Gal 3,1) ni los trabe! (…) ¡Que descienda sobre ustedes misericordia, paz, caridad, ausencia de envidia o celos u ostentación, que reciban docilidad, lenguaje benévolo, solidaridad, compasión unos por otros, humildad. Vivan así, condúzcanse así. Recen de todo corazón por mi humilde persona para que no sea enviado al fuego eterno y que podamos todos escapar de él, después de haber sido juzgados dignos del reino de los cielos. En Cristo, nuestro Dios, a quien conviene toda gloria, honor, adoración y magnificencia con el Padre y el Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
domingo, 24 de mayo de 2020
MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 25 de Mayo - ¡Mostremos un alma valiente!
Catequesis 28, (Les Grandes Catéchèses, Spiritualité Orientale n° 79, Bellefontaine, 2002)
viernes, 8 de abril de 2016
REFLEXIÓN
(Disertación sobre la adoración de la cruz: PG 99, 691-694. 695. 698-699)
¡Oh don valiosísimo de la cruz! ¡Cuán grande es su magnificencia! la cruz no encierra en sí mezcla de bien y de mal, como el árbol del Edén, sino que toda ella es hermosa y agradable, tanto para la vista como para el gusto. Se trata, en efecto, del leño que engendra la vida, no la muerte; que da luz, no tinieblas; que introduce en el Edén, no que hace salir de él. La cruz es el madero al cual subió Cristo, como un rey a su carro de combate, para, desde él, vencer al demonio, que detentaba el poder de la muerte, y liberar al género humano de la esclavitud del tirano.
Es el madero en el cual el Señor, como esforzado guerrero, heridos en la batalla sus pies, sus manos y su divino costado, curó las llagas de nuestras malas acciones, es decir, nuestra naturaleza herida de muerte por el dragón infernal.
Primero hallamos la muerte en un árbol, ahora en otro árbol hemos recuperado la vida; los que habíamos sido antes engañados en un árbol hemos rechazado a la astuta serpiente en otro árbol. Nueva y extraña mudanza, ciertamente. A cambio de la muerte se nos da la vida, a cambio de la corrupción se nos da la incorrupción, a cambio del deshonor se nos da la gloria.
No sin motivo exclamaba el santo Apóstol: En cuanto a mí, líbreme Dios de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo; por él el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo. Pues aquella suprema sabiduría que nace de la cruz ha desmentido la jactancia de la sabiduría del mundo y la arrogancia de lo que no es más que necedad. Los bienes de toda clase que dimanan de la cruz han destruido todo germen de malicia.
Ya desde el principio del mundo, todas aquellas cosas que no eran sino figuras y anuncios anticipados de este leño fueron signo e indicio de algo mucho más admirable que ellas mismas. Mira, si no, tú que deseas saberlo. ¿Por ventura no escapó Noé del desastre del diluvio, por decisión divina, él, su esposa, sus hijos y las esposas de éstos, y los animales de cada especie, en un frágil madero?
¿Qué significaba también la vara de Moisés? ¿No era acaso una figura de la cruz? Cuando convirtió el agua en sangre, cuando devoró a las falsas serpientes de los magos, cuando con su golpe y virtud dividió las aguas del mar, cuando de nuevo las volvió a su curso, sumergiendo en ellas al enemigo y preservando al pueblo elegido.
Semejante poder tuvo la vara de Aarón, figura también de la cruz, que floreció en un solo día, demostrando así quién era el legítimo sacerdote.
También Abraham anunció la cruz de antemano cuando puso a su hijo atado sobre el montón de maderos.
Por la cruz fue destruida la muerte, y Adán fue restituido a la vida. En la cruz se gloriaron todos los apóstoles, por ella fueron coronados todos los mártires, santificados todos los santos. Por la cruz nos revestimos de Cristo y nos despojamos del hombre viejo. Por la cruz nosotros, ovejas de Cristo, hemos sido reunidos en un solo redil y destinados al aprisco celestial.






