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domingo, 30 de junio de 2024

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 01 de Julio - “Sígueme, y deja…”


San Juan Clímaco (c. 575-c. 650) monje en el Monte Sinaí La Escala Santa, 2º Escalón (L’Échelle sainte, Col. SO n° 24, Bellefontaine, 1978)


“Sígueme, y deja…”
            
    El que de verdad ama a Dios, y el que de verdad busca el Reino de los cielos,  el que de verdad se arrepiente de sus pecados, y recuerda al juicio a venir, y ha entrado en el temor de su  propio fin, no amará desordenadamente nada en este mundo. No tendrá más apego, ni preocupación por el dinero, las riquezas, parientes o la gloria del mundo, ni por amigos, hermanos o lo que fuere sobre la tierra. Sino que, habiendo rechazado toda preocupación que concierna todo esto, y más aún su propia carne, seguirá a Cristo. Lo seguirá desnudo, sin preocupaciones, con fuerza, mirando sin cesar hacia el cielo, esperando de él toda ayuda, según las palabras del santo profeta “¡Bendito el hombre que confía en el Señor y en él tiene puesta su confianza!” (Jer 17,7).

    Después de haber abandonado todo lo que he dicho, siguiendo el llamado  no de un hombre sino del Señor, sería muestra de una gran confusión que nos preocupáramos por otra cosa  que no será de utilidad  cuando lo requiriésemos, es decir, en el momento de la muerte. Por eso, el Señor expresa “El que ha puesto la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios” (Lc 9,62). El Señor conoce bien nuestra fragilidad en los comienzos y sabe con qué facilidad la estadía entre la gente del mundo o sus conversaciones, nos llevarían de nuevo hacia lo mundano. Por eso cuando uno de sus discípulos le dijo “Señor, permíteme que vaya antes a enterrar a mi padre”, Jesús le respondió: “Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos” (Mt 8,21-22). (…)

    Nosotros, que resolvimos seguir nuestra carrera con ardor y prontitud, estemos atentos al juicio que el Señor ha portado hacia los que viven en forma mundana y, aunque vivos, están muertos. 

lunes, 20 de mayo de 2024

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 21 de Mayo - ¡Acerquémonos al Señor con total simplicidad!


San Juan Clímaco (c. 575-c. 650) monje en el Monte Sinaí La Escala Santa 24,14-18 (L’Échelle sainte , Coll. SO 24, Bellefontaine, 1978)


¡Acerquémonos al Señor con total simplicidad!

    La simplicidad es un hábito del alma que excluye todo artificio y la inmuniza contra la malevolencia. La ausencia de malicia es un estado feliz del alma exenta de toda segunda intención. La primera prerrogativa de la infancia es una simplicidad exenta de artificio. En todo el tiempo que la conservó, Adán no vio la desnudez de su alma ni la indecencia de su carne.

    Bella y bienaventurada es la simplicidad que algunos poseen por naturaleza, pero lo es más aquella que, a fuerza de penas y sudores, pudo injertarse sobre un mal tallo. La primera está al abrigo de muchos artificios y pasiones. La segunda procura una humildad muy profunda y una extrema ternura. La primera no merece recompensa, la segunda merece una infinita recompensa.

    Todos nosotros, que deseamos atraer al Señor, acerquémonos a Él como discípulos a su maestro, con total simplicidad, sin hipocresía ni maldad, sin artificios ni complicaciones. Él mismo es simple y sin complejidad y quiere que las almas que se le acercan sean simples e inocentes. Ustedes nunca encontrarán la simplicidad separada de la humildad.

miércoles, 29 de noviembre de 2023

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO -30 DE NOVIEMBRE - "Un Dios y Rey nos llama"


San Juan Clímaco (c. 575-c. 650) monje en el Monte SinaíLa Escala Santa, 1º Escalón (L'Échelle sainte, coll. SO 24, Bellefontaine, 1993)


"Un Dios y Rey nos llama"

    Ya que es un Dios y Rey que nos llama a su servicio, corramos con ardor. Tenemos poco tiempo para vivir y corremos el riesgo de ser encontrados sin fruto el día de nuestra muerte y perecer de hambre. Busquemos responder a nuestro Señor, como los soldados a su rey, ya que después de la campaña nos pedirá un reporte exacto de nuestro servicio.

    Si un rey terrestre nos convocara y quisiera que tomáramos un servicio junto a él, no esperaríamos, iríamos hacia él con rapidez. Estemos atentos cuando el Rey de reyes, el Señor de señores, el Dios de dioses, nos llama a su servicio celestial. No nos excusemos por pereza o cobardía.

    Corramos con alegría y amor al buen combate, sin dejarnos intimidar por nuestros enemigos. Alégrense siempre en el Señor, ustedes sus servidores, reconociendo en ello la primera marca del amor que el Maestro les porta.

domingo, 25 de junio de 2023

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 26 de Junio - «¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo?»


         San Juan Clímaco La Santa Escala: ¿Cómo puede un condenado condenar? 10º Escalón


«¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo?» 

     He oído a algunos hablar mal de su prójimo, y les he reprendido. Para defenderse, estos obradores de mal han contestado: «¡Es por caridad y solicitud hacia ellos que hablamos así!». Pero yo les he contestado: Dejad de practicar semejante caridad, puesto que si no lo hacéis acusáis de mentiroso a aquel que ha dicho: «al que en secreto difama a su prójimo lo haré callar... no los soportaré» (Sal 100,5). Si le amas, tal como dices, ora en secreto por él y no te burles de este hombre. Es esta la manera de amar que agrada al Señor; no pierdas esto de vista, y vigilarás cuidadosamente para no juzgar a los pecadores. Judas fue uno de los apóstoles y el ladrón formó parte de los malhechores, pero ¡qué cambio tan sorprendente en un instante!...

    Al que te habla mal de su prójimo, respóndele: «¡Párate, hermano! Yo mismo caigo cada día en faltas más graves; siendo así, ¿cómo podré condenar a éste?» Así sacarás un doble provecho: te curarás a ti mismo y curarás a tu prójimo. No juzgar es un atajo que lleva al perdón de los pecados si es verdadera esta palabra: «No juzguéis y no seréis juzgados»... Algunos han cometido graves faltas a la vista de todos, pero en secreto han hecho grandes actos de virtud. Así es que sus detractores se han equivocado pues no han sabido ver más que la humareda y no han visto al sol...

    Los censores apresurados y severos caen en esta ilusión porque no conservan el recuerdo y la preocupación constante de sus propios pecados... Juzgar a los demás es usurpar sin vergüenza una prerrogativa divina; condenarlos, es arruinar nuestra propia alma... De la misma manera que un buen vendimiador come los racimos maduros y no coge los que están verdes, igualmente, un espíritu benevolente y sensato se fija cuidadosamente en todas las virtudes que ve en los demás; pero es insensato el que escruta las faltas y deficiencias.

lunes, 20 de junio de 2016

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO

TIEMPO ORDINARIO
LUNES DE LA SEMANA XII
20 de junio


    San Juan Clímaco (c. 575-c. 650), monje en el Monte Sinaí
    La Escalera santa, 10º escalón


«¿Por qué te fijas en la mota que tiene
 tu hermano en el ojo?»

    He oído a algunos hablar mal de su prójimo, y les he reprendido. Para defenderse, estos obradores de mal han contestado: «¡Es por caridad y solicitud hacia ellos que hablamos así!». Pero yo les he contestado: Dejad de practicar semejante caridad, puesto que si no lo hacéis acusáis de mentiroso a aquel que ha dicho: «al que en secreto difama a su prójimo lo haré callar... no los soportaré» (Sl 100,5).     Si le amas, tal como dices, ora en secreto por él y no te burles de este hombre. Es esta la manera de amar que agrada al Señor; no pierdas esto de vista, y vigilarás cuidadosamente para no juzgar a los pecadores. Judas fue uno de los apóstoles y el ladrón formo parte de los malhechores, pero ¡qué cambio tan sorprendente en un instante!...

    Al que te habla mal de su prójimo, respóndele: «¡Párate, hermano! Yo mismo caigo cada día en faltas más graves; siendo así, ¿cómo podré condenar a éste?» Así sacarás un doble provecho: te curarás a ti mismo y curarás a tu prójimo. No juzgar es un atajo que lleva al perdón de los pecados si es verdadera esta palabra: «No juzguéis y no seréis juzgados»... Algunos han cometido graves faltas a la vista de todos, pero en secreto han hecho grandes actos de virtud. Así es que sus detractores se han equivocado pues no han sabido ver más que la humareda y no han visto al sol...

    Los censores apresurados y severos caen en esta ilusión porque no conservan el recuerdo y la preocupación constante de sus propios pecados... Juzgar a los demás es usurpar sin vergüenza una prerrogativa divina; condenarlos, es arruinar nuestra propia alma... De la misma manera que un buen vendimiador come los racimos maduros y no coge los que están verdes, igualmente, un espíritu benevolente y sensato se fija cuidadosamente en todas las virtudes que ve en los demás; pero es insensato el que escruta las faltas y deficiencias.

Fuente: ©Evangelizo.org



    "Tu rostro buscaré, Señor". Con perseverancia insistiré en esta búsqueda; en efecto, no buscaré algo de poco valor, sino tu rostro, Señor, para amarte gratuitamente, dado que no encuentro nada más valioso.

    San Agustín

sábado, 5 de marzo de 2016

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO

TIEMPO DE CUARESMA
SÁBADO DE LA SEMANA III
5 de marzo





    San Juan Clímaco (c. 575-c. 650), monje en el Monte Sinaí
La Escalera santa, c. 28




    “Ten piedad de mi que soy pecador”

    Que vuestra oración sea totalmente simple; una sola palabra bastó al publicano y al hijo pródigo para alcanzar el perdón de Dios (Lc 15,21)… Ninguna búsqueda en las palabras de vuestra oración; ¡cuántas veces los tartamudeos simples y monótonos de los niños, hacen doblar el corazón de su padre! No os lancéis a hacer largos discursos a fin de no disipar vuestro espíritu buscando las palabras necesarias. Una sola palabra del publicano conmovió la misericordia de Dios; una sola palabra llena de fe, salvó al buen ladrón (Lc 23,42). Ser prolijos en la oración, a menudo, no hace más que llenar el espíritu de imágenes y lo disipa, mientras que, a menudo, una sola palabra basta para recogerlo. ¿Te sientes consolado, atraído por una palabra de la oración? Párate en ella, porque es señal que nuestro ángel entonces ora con nosotros. No estés demasiado seguro, aunque hayas alcanzado la pureza, sino más bien una gran humildad, y entonces te sentirás con una gran confianza. Incluso si has subido la escalera de la perfección, ora para impetrar el perdón de tus pecados; escucha este grito de san Pablo: “Soy un pecador, yo, el primero” (1Tm 1,15)…Si estás revestido de dulzura y libre de toda cólera, no te va a costar mucho más liberar a tu espíritu de la cautividad.

    Mientras no hayamos obtenido la verdadera oración, nos asemejamos a aquellos que enseñan a los niños a dar sus primeros pasos. Trabajad para, con las palabras de vuestra oración, subir el pensamiento, o mejor, contenerlo; si la debilidad de la infancia le hace caer, levantadlo. Porque el espíritu es, por naturaleza, inestable, pero Aquel que todo lo hace firme puede también fijar el espíritu… El primer grado de la oración consiste, pues, en echar con una simple palabra las sugestiones del espíritu en el mismo momento en que ellas se presentan. El segundo es poner atención únicamente en lo que decimos y pensamos. El tercero, es que el alma esté captada por el Señor.









    "He aquí, pues, cuáles son los ejercicios y las actividades que deben servir como medios para curar nuestras potencias y devolverles su pureza perdida y su primitiva integridad: son los ayunos, los trabajos, las vigilias, la soledad, la huida del mundo, el dominio de los sentidos, la lectura de las Escrituras y de los Santos Padres, la participación en los servicios de la Iglesia, la confesión y la comunión frecuentes" Teófano El Recluso sobre la práctica de la oración