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lunes, 15 de junio de 2026

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 16 de Junio - "Yo os digo: amad a vuestros enemigos"


    San Fulgencio de Ruspe, obispo Sermón: ¿Hay mayor pobreza que no poder amar? 5: PL 5, 737


"Yo os digo: amad a vuestros enemigos"

    «No debáis nada a nadie salvo el amor mutuo» (Rm 13,8). Que deuda más sorprendente, hermanos, que este amor que el apóstol Pablo nos enseña hemos de pagar siempre, sin dejar nunca de ser deudores. ¡Dichos deuda, deuda sagrada, portadora de créditos en el cielo, llena de riquezas eternas!... Acordémonos de las palabras del Señor: «Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen y rezad por los que os persiguen y calumnian» (cf Lc 6,27). ¿Y cuál será la recompensa de este trabajo?... «Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo».

    El apóstol Pablo nos da a conocer qué es lo que se dará a estos hijos de Dios: «Si somos hijos, también herederos, herederos de Dios y coherederos con Cristo» (Rm 8,17). ¡Escuchad, pues, cristianos, escuchad, hijos de Dios, escuchad herederos de Dios, coherederos con Cristo! Si queréis poseer la herencia de vuestro Padre, pagad la deuda de vuestro amor no sólo hacia vuestros amigos sino también hacia vuestros enemigos. No rechacéis dar este amor a nadie; es el tesoro común a todos los hombres de buena voluntad. Poseedlo todos juntos, y para aumentarlo, derramadlo tanto a los malos como a los buenos. Porque este bien, que no se posee sino es todos juntos, no es de la tierra sino del cielo; la parte de uno jamás reduce la de ninguno de los otros…

    El amor es un don de Dios: «El amor ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado» (Rm 5,5)… El amor es la raíz de todos los bienes, tal como, vemos en san Pablo, la avaricia lo es de todos los males (1Tm 6,10)… El amor está siempre contento, porque cuanto más multiplica sus dones, tanto más ampliamente Dios nos lo concede. Es por esta razón que mientras el avaro se empobrece con todo lo que acapara, el hombre que paga su deuda de amor se enriquece con lo mismo que da. 

miércoles, 1 de abril de 2026

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 02 de Abril - "Pidamos la gracia de la unidad"


San Fulgencio de Ruspe (467-532) obispo en África del Norte Contra Fabian, 28 (Lectures chrétiennes pour notre temps, Abbaye d'Orval, 1971)


"Pidamos la gracia de la unidad"
            
    “Ya que hay un solo pan, todos nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo Cuerpo, porque participamos de ese único pan” (1 Cor 10,17), proclama el Apóstol. Nuestro Salvador nos da un salvífico ejemplo para demandar esto en el momento del sacrificio. Quiere que, conmemorando su muerte, demandemos lo mismo que él, Sacerdote verdadero, a la hora de morir: “Padre santo, cuida en tu Nombre a aquellos que me diste, para que sean uno, como nosotros”. Agrega “No ruego solamente por ellos, sino también por los que, gracias a su palabra, creerán en mí. Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste” (Jn 17,11.20-21). Así, cuando ofrecemos al Cuerpo y la Sangre de Cristo, demandamos aquello que ha pedido al ofrecerse por nosotros.

    Relee el Evangelio. Encontrarás que nuestro Redentor en cuanto terminó esta oración, entra en el jardín dónde lo prendieron. Precisamente después de la Cena, en la que da a sus discípulos el sacramento de su Cuerpo y su Sangre, el Salvador hace esta oración por los que creían en él. Él muestra que debemos pedir en el momento del sacrificio lo que el Pontífice supremos ha pedido. Sin embargo, lo que pedimos -nuestra unidad en el Padre y el Hijo- lo recibimos en la unidad de la gracia espiritual, que el santo Apóstol nos ordena guardar cuidadosamente: “Con mucha humildad, mansedumbre y paciencia, sopórtense mutuamente por amor. Traten de conservar la unidad del Espíritu mediante el vínculo de la paz” (Ef 4,2-3). 

jueves, 13 de marzo de 2025

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 15 de Marzo - "Yo os digo: amad a vuestros enemigos"


     San Fulgencio de Ruspe, obispo Sermón: ¿Hay mayor pobreza que no poder amar? 5: PL 5, 737


"Yo os digo: amad a vuestros enemigos"

    «No debáis nada a nadie salvo el amor mutuo» (Rm 13,8). Que deuda más sorprendente, hermanos, que este amor que el apóstol Pablo nos enseña hemos de pagar siempre, sin dejar nunca de ser deudores. ¡Dichos deuda, deuda sagrada, portadora de créditos en el cielo, llena de riquezas eternas!... Acordémonos de las palabras del Señor: «Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen y rezad por los que os persiguen y calumnian» (cf Lc 6,27). ¿Y cuál será la recompensa de este trabajo?... «Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo».

    El apóstol Pablo nos da a conocer qué es lo que se dará a estos hijos de Dios: «Si somos hijos, también herederos, herederos de Dios y coherederos con Cristo» (Rm 8,17). ¡Escuchad, pues, cristianos, escuchad, hijos de Dios, escuchad herederos de Dios, coherederos con Cristo! Si queréis poseer la herencia de vuestro Padre, pagad la deuda de vuestro amor no sólo hacia vuestros amigos sino también hacia vuestros enemigos. No rechacéis dar este amor a nadie; es el tesoro común a todos los hombres de buena voluntad. Poseedlo todos juntos, y para aumentarlo, derramadlo tanto a los malos como a los buenos. Porque este bien, que no se posee sino es todos juntos, no es de la tierra sino del cielo; la parte de uno jamás reduce la de ninguno de los otros…

    El amor es un don de Dios: «El amor ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado» (Rm 5,5)… El amor es la raíz de todos los bienes, tal como, vemos en san Pablo, la avaricia lo es de todos los males (1Tm 6,10)… El amor está siempre contento, porque cuanto más multiplica sus dones, tanto más ampliamente Dios nos lo concede. Es por esta razón que mientras el avaro se empobrece con todo lo que acapara, el hombre que paga su deuda de amor se enriquece con lo mismo que da.

martes, 22 de octubre de 2024

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 23 de Octubre - ¡Feliz el servidor fiel que ofrece la medida de trigo!


San Fulgencio de Ruspe (467-532) obispo en África del Norte Sermón I, 2-3 (Lectures chrétiennes pour notre temps, Abbaye d'Orval, 1971)


¡Feliz el servidor fiel que ofrece la medida de trigo!
             
    Si nos preguntamos cuál es la medida de trigo, san Pablo señala que “es la medida de la fe que Dios repartió a cada uno” (Rom 12,3) Lo que Cristo llama medida de trigo, Pablo lo llama medida de fe. Nos enseña que no hay otro trigo espiritual que el venerable misterio de la fe cristiana. Esta medida de trigo, la damos en el nombre del Señor cada vez que iluminados por los dones espirituales de la gracia, hablamos con la regla de la verdadera fe. Esta medida ustedes la reciben por los servidores del Señor, cada vez que escuchan de ellos la palabra de verdad.

    ¡Qué esta medida de trigo que Dios comparte con nosotros sea nuestro alimento! Saquemos de ella el alimento para nuestra buena conducta, para llegar a la recompensa de la vida eterna. Creamos en Dios que se da a nosotros como alimento, para que no claudiquemos en camino, y se reserva como nuestra recompensa para que encontremos la alegría de la patria. Creamos y esperemos en él, amémoslo más allá de todo y en todo. Porque Cristo es nuestro alimento y nuestra recompensa. Cristo es el alimento y conforto de los viajeros en camino, él es la plenitud y exultación de los bienaventurados en su reposo.

viernes, 23 de febrero de 2024

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 24 de Febrero - "Yo os digo: amad a vuestros enemigos"


        San Fulgencio de Ruspe Sermón: ¿Hay mayor pobreza que no poder amar? 5: PL 5, 737


"Yo os digo: amad a vuestros enemigos"

    «No debáis nada a nadie salvo el amor mutuo» (Rm 13,8). Que deuda más sorprendente, hermanos, que este amor que el apóstol Pablo nos enseña hemos de pagar siempre, sin dejar nunca de ser deudores. ¡Dichos deuda, deuda sagrada, portadora de créditos en el cielo, llena de riquezas eternas!... Acordémonos de las palabras del Señor: «Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen y rezad por los que os persiguen y calumnian» (cf Lc 6,27). ¿Y cuál será la recompensa de este trabajo?... «Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo».

    El apóstol Pablo nos da a conocer qué es lo que se dará a estos hijos de Dios: «Si somos hijos, también herederos, herederos de Dios y coherederos con Cristo» (Rm 8,17). ¡Escuchad, pues, cristianos, escuchad, hijos de Dios, escuchad herederos de Dios, coherederos con Cristo! Si queréis poseer la herencia de vuestro Padre, pagad la deuda de vuestro amor no sólo hacia vuestros amigos sino también hacia vuestros enemigos. No rechacéis dar este amor a nadie; es el tesoro común a todos los hombres de buena voluntad. Poseedlo todos juntos, y para aumentarlo, derramadlo tanto a los malos como a los buenos. Porque este bien, que no se posee sino es todos juntos, no es de la tierra sino del cielo; la parte de uno jamás reduce la de ninguno de los otros…

    El amor es un don de Dios: «El amor ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado» (Rm 5,5)… El amor es la raíz de todos los bienes, tal como, vemos en san Pablo, la avaricia lo es de todos los males (1Tm 6,10)… El amor está siempre contento, porque cuanto más multiplica sus dones, tanto más ampliamente Dios nos lo concede. Es por esta razón que mientras el avaro se empobrece con todo lo que acapara, el hombre que paga su deuda de amor se enriquece con lo mismo que da.

lunes, 25 de diciembre de 2023

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 26 DE DICIEMBRE - "Coronados juntos por el humilde Rey de gloria"


San Fulgencio de Ruspe (467-532) obispo en África del Norte Sermón 3, 1-3, 5-6 ; CCL 91 A, 905-909 


"Coronados juntos por el humilde Rey de gloria"

    Ayer celebramos el nacimiento temporal de nuestro Rey eterno; hoy celebramos el triunfal martirio de su soldado. (…) Nuestro Rey, siendo la excelsitud misma, se humilló por nosotros; su venida no ha sido en vano, pues ha aportado grandes dones a sus soldados, a los que no sólo ha enriquecido abundantemente, sino que también los ha fortalecido para luchar invenciblemente. Ha traído el don de la caridad, por la que los hombres se hacen partícipes de la naturaleza divina. (…)

    Así, pues, la misma caridad que Cristo trajo del cielo a la tierra ha levantado a Esteban de la tierra al cielo. (…) Esteban, para merecer la corona que significa su nombre, tenía la caridad como arma, y por ella triunfaba en todas partes. Por la caridad de Dios, no cedió ante los judíos que lo atacaban; por la caridad hacia el prójimo, rogaba por los que lo lapidaban. Por la caridad, argüía contra los que estaban equivocados, para que se corrigieran; por la caridad, oraba por los que lo lapidaban, para que no fueran castigados. Confiado en la fuerza de la caridad, venció la acerba crueldad de Saulo, y mereció tener en el cielo como compañero a quien conoció en la tierra como perseguidor. La santa e inquebrantable caridad de Esteban deseaba conquistar orando a aquellos que no pudo convertir amonestando. Y ahora Pablo se alegra con Esteban, y con Esteban goza de la caridad de Cristo, triunfa con Esteban, reina con Esteban; pues allí donde precedió Esteban, martirizado por las piedras de Pablo, lo ha seguido éste, ayudado por las oraciones de Esteban.

viernes, 3 de marzo de 2023

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 04 de Marzo - "Yo os digo: amad a vuestros enemigos"


      Fulgencio de Ruspe Sermón: ¿Hay mayor pobreza que no poder amar? 5: PL 5, 737


Yo os digo: amad a vuestros enemigos

    «No debáis nada a nadie salvo el amor mutuo» (Rm 13,8). Que deuda más sorprendente, hermanos, que este amor que el apóstol Pablo nos enseña hemos de pagar siempre, sin dejar nunca de ser deudores. ¡Dichos deuda, deuda sagrada, portadora de créditos en el cielo, llena de riquezas eternas!... Acordémonos de las palabras del Señor: «Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen y rezad por los que os persiguen y calumnian» (cf Lc 6,27). ¿Y cuál será la recompensa de este trabajo?... «Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo».

    El apóstol Pablo nos da a conocer qué es lo que se dará a estos hijos de Dios: «Si somos hijos, también herederos, herederos de Dios y coherederos con Cristo» (Rm 8,17). ¡Escuchad, pues, cristianos, escuchad, hijos de Dios, escuchad herederos de Dios, coherederos con Cristo! Si queréis poseer la herencia de vuestro Padre, pagad la deuda de vuestro amor no sólo hacia vuestros amigos sino también hacia vuestros enemigos. No rechacéis dar este amor a nadie; es el tesoro común a todos los hombres de buena voluntad. Poseedlo todos juntos, y para aumentarlo, derramadlo tanto a los malos como a los buenos. Porque este bien, que no se posee sino es todos juntos, no es de la tierra sino del cielo; la parte de uno jamás reduce la de ninguno de los otros…

    El amor es un don de Dios: «El amor ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado» (Rm 5,5)… El amor es la raíz de todos los bienes, tal como, vemos en san Pablo, la avaricia lo es de todos los males (1Tm 6,10)… El amor está siempre contento, porque cuanto más multiplica sus dones, tanto más ampliamente Dios nos lo concede. Es por esta razón que mientras el avaro se empobrece con todo lo que acapara, el hombre que paga su deuda de amor se enriquece con lo mismo que da.

domingo, 5 de junio de 2016

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO

TIEMPO ORDINARIO

DOMINGO DE LA SEMANA X
5 de junio

    San Fulgencio de Ruspe (467-532), obispo en África del Norte
     El perdón de los pecados; CCL 91A, 693


«Yo te lo ordeno, levántate»

    «En un instante, en un abrir y cerrar de ojos, al toque de última trompeta, porque resonará, y los muertos despertarán incorruptibles, y nosotros nos veremos transformados». Al decir «nosotros», enseña Pablo que han de gozar junto con él del don de la transformación futura todos aquellos que, en el tiempo presente, se asemejan a él y a sus compañeros por la comunión con la Iglesia y por una conducta recta. Nos insinúa también el modo de esta transformación cuando dice: «Esto corruptible tiene que revestirse de incorrupción, y esto mortal tiene que vestirse e inmortalidad» ( 1Co 15,52-53). Pero a esta transformación, objeto de una justa retribución, debe preceder antes otra transformación, que es puro don gratuito.

    La retribución de la transformación futura se promete a los que en la vida presente realicen la transformación del mal al bien.

    La primera transformación gratuita consiste en la justificación, que es una resurrección espiritual, don divino que es una incoación de la transformación perfecta que tendrá lugar en la resurrección de los cuerpos de los justificados, cuya gloria será entonces perfecta, inmutable y para siempre. Esta gloria inmutable y eterna es, en efecto, el objetivo al que tienden, primero, la gracia de la justificación y, después, la transformación gloriosa.

    En esta vida somos transformados por la primera resurrección, que es la iluminación destinada a la conversión; por ella, pasamos de la muerte a la vida, del pecado a la justicia, de la incredulidad a la fe, de las malas acciones a una conducta santa. Sobre los que así obran no tiene poder alguno la segunda muerte. De ellos, dice el Apocalipsis: «Dichoso aquel a quien le toca en suerte la primera resurrección, sobre ellos la segunda muerte no tiene poder» (20,6). Que se apresure, pues, a tomar parte ahora en la primera resurrección el que no quiera ser condenado con el castigo eterno de la segunda muerte. Los que en la vida presente, transformados por el temor de Dios, pasan de mala a buena conducta pasan de la muerte a la vida, y más tarde serán transformados de su humilde condición a una condición gloriosa.



    "Tu rostro buscaré, Señor". Con perseverancia insistiré en esta búsqueda; en efecto, no buscaré algo de poco valor, sino tu rostro, Señor, para amarte gratuitamente, dado que no encuentro nada más valioso.

San Agustín



martes, 5 de abril de 2016

REFLEXIÓN

TIEMPO PASCUAL
MARTES DE SEMANA II
Propio del Tiempo. Salterio II
05 de abril


De los Libros de san Fulgencio de Ruspe, obispo, a Mónimo
(Libro 2, 11-12: CCL 91, 46-48)


El SACRAMENTO DE LA UNIDAD Y DE LA CARIDAD


    La edificación espiritual del cuerpo de Cristo, que se realiza mediante la caridad (ya que, como dice san Pedro, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por Jesucristo), esta edificación espiritual, digo, nunca es pedida con más oportunidad que cuando el mismo cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, ofrece el cuerpo y la sangre de Cristo en el sacramento del pan y del cáliz, pues el cáliz bendito que consagramos es la comunión de la sangre de Cristo, y el pan que partimos es la comunión del cuerpo del Señor. Y, puesto que es un solo pan, somos todos un solo cuerpo; ya que todos participamos de ese único pan.


    Y por esto pedimos que la misma gracia que ha hecho que la Iglesia fuera el cuerpo de Cristo haga también que todos los miembros, vinculados por la caridad, perseveren en la unidad del cuerpo; porque la santa unidad, igualdad y caridad que posee por naturaleza propia la Trinidad, que es un solo Dios verdadero, santifica a los hijos de adopción con el don de la unanimidad.


    Por esto afirma la Escritura: El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado.


    El Espíritu Santo, en efecto, que es el Espíritu único del Padre y del Hijo, realiza en aquellos a los que ha otorgado la gracia de la adopción divina lo mismo que realizó, según el libro de los Hechos de los apóstoles, en aquellos que habían recibido este mismo Espíritu. Acerca de los cuales encontramos escrito: La multitud de los creyentes no era sino un solo corazón y una sola alma; la causa de esta unanimidad de los creyentes era, en efecto, el Espíritu del Padre y del Hijo, que es con ellos un solo Dios.


    De ahí que el Apóstol enseña que ha de ser conservada con toda solicitud esta unidad espiritual con el vínculo de la paz, como dice en su carta a los Efesios: Así, pues, yo, el prisionero por Cristo, os ruego que andéis como pide la vocación a la que habéis sido convocados. Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos; sobrellevaos mutuamente con amor; esforzaos por mantener la unidad del Espíritu, con el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu.


    Dios, al conservar en la Iglesia la caridad que ha sido derramada en ella por el Espíritu Santo, convierte a esta misma Iglesia en un sacrificio agradable a sus ojos y la hace capaz de recibir siempre la gracia de esa caridad espiritual, para que pueda ofrecerse continuamente a él como una ofrenda viva, santa y agradable.





Porque esta no es una palabra vana, 
sino que es la vida de ustedes... 
(Deuteronomio 32, 47)

sábado, 20 de febrero de 2016

miércoles, 21 de octubre de 2015