domingo, 30 de noviembre de 2025
EVANGELIO - 01 de Diciembre - San Mateo 8,5-11
Libro de Isaías 4,2-6.
Aquél día, el germen del Señor será la hermosura y la gloria de los sobrevivientes de Israel, y el fruto del país será su orgullo y su ornato.
Entonces, el resto de Sión, los sobrevivientes de Jerusalén, serán llamados santos: todos ellos estarán inscritos para la vida, en Jerusalén.
Cuando el Señor lave la suciedad de las hijas de Sión y limpie a Jerusalén de la sangre derramada en ella, con el soplo abrasador del juicio, él creará sobre toda la extensión del monte Sión y en su asamblea, una nube de humo durante el día, y la claridad de un fuego llameante durante la noche. Porque la gloria del Señor, en lo más alto de todo, será un reparo y una choza, para dar sombra contra el calor durante el día, y servir de abrigo y refugio contra la tempestad y la lluvia.
Salmo 122(121),1-2.3-4a.4b-5.6-7.8-9.
¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la Casa del Señor!»
Nuestros pies ya están pisando
tus umbrales, Jerusalén.
Jerusalén, que fuiste construida
como ciudad bien compacta y armoniosa.
Allí suben las tribus,
las tribus del Señor.
Porque allí está el trono de la justicia,
el trono de la casa de David.
Auguren la paz a Jerusalén:
“¡Vivan seguros los que te aman!
¡Haya paz en tus muros
y seguridad en tus palacios!”.
Por amor a mis hermanos y amigos,
diré: “La paz esté contigo”.
Por amor a la Casa del Señor, nuestro Dios,
buscaré tu felicidad.
Evangelio según San Mateo 8,5-11.
Al entrar en Cafarnaún, se le acercó un centurión, rogándole": "Señor, mi sirviente está en casa enfermo de parálisis y sufre terriblemente".
Jesús le dijo: "Yo mismo iré a curarlo".
Pero el centurión respondió: "Señor, no soy digno de que entres en mi casa; basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará.
Porque cuando yo, que no soy más que un oficial subalterno, digo a uno de los soldados que están a mis órdenes: 'Ve', él va, y a otro: 'Ven', él viene; y cuando digo a mi sirviente: 'Tienes que hacer esto', él lo hace".
Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que lo seguían: "Les aseguro que no he encontrado a nadie en Israel que tenga tanta fe.
Por eso les digo que muchos vendrán de Oriente y de Occidente, y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob, en el Reino de los Cielos".
Palabra del Señor.
MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 01 de Diciembre - "La tierra entera estará llena de la majestad de Dios"
San Bernardo (1091-1153) monje cisterciense y doctor de la Iglesia Sexto sermón sobre el Adviento
"La tierra entera estará llena de la majestad de Dios"
Hombre, no pongas obstáculos a tu reconciliación, sacarás de ella un peso mayor de gloria. Soporta con alegría, no solo con paciencia, las penas de la vida. No desprecies nada de lo que te puede procurar un día la gloria eterna. Di a ti mismo: cuando el Señor se habrá acordado de ti y habrá glorificado tu alma, ésta se acordará de tu cuerpo para tu propio bien. Delante de tu Señor, tu alma le hablará de tu cuerpo por su colaboración en el bien realizado. Dirás al Señor: “Se digne mi Señor de recompensar a este cuerpo el bien que me ha hecho: juntos, no nos hemos ahorrado ninguna pena...”
Entonces, el Dios de los Ejércitos, el Señor todopoderoso, el Rey de la gloria vendrá del cielo y transformará nuestro cuerpo en un cuerpo glorioso como el suyo (Flp 3,21) ¡Qué alegría inefable, cuando el creador del universo que quedó oculto bajo las apariencias de humildad cuando vino para rescatarnos, aparecerá en toda su gloria, en los aires, ante todos los hombres, para glorificar nuestro mísero cuerpo! ¿Quién se acordará entonces de la humildad de su primera venida, cuando lo veremos descender en su esplendor, precedido por los ángeles que harán levantar nuestros cuerpos del polvo, al son de la trompeta para presentarlos ante Cristo? (cf 1 Tes 4,16ss)...
Que se alegre, pues, nuestra alma y nuestro cuerpo repose en la esperanza (Sal 16,9) aguardando su transformación en el cuerpo glorioso de Cristo, nuestro Salvador. “Mi alma tiene sed de ti, Dios mío, mi carne te ansía de noche.” (cf. Sal 63,1ss) El profeta se refiere en su oración a la primera venida que le iba a rescatar. Pero se refería aún más ardientemente a la última venida cuando va a ser glorificado el cuerpo. Entonces, todos nuestros anhelos serán colmados: la tierra entera se llenará de la majestad de Dios. Que la misericordia de Dios nos conduzca a esta gloria. “Y la paz de Dios, que supera cualquier razonamiento, guardará nuestros corazones y nuestros pensamientos por medio de Cristo Jesús”(cf Flp 4,7).
SANTORAL - SAN CARLOS DE FOUCAULD
01 de Diciembre
Hermano Carlos de Jesús nace en Francia, en Estrasburgo, el 15 de septiembre 1858. Huérfano a los 6 años, creció con su hermana María, bajo los cuidados de su abuelo, orientándose hacia la carrera militar. Adolescente, pierde la fe. Conocido por su gusto de la vida fácil él revela, no obstante una voluntad fuerte y constante en las dificultades. Emprende una peligrosa exploración a Marruecos (1883- 1884). El testimonio de fe de los Musulmanes despierta en él un cuestionamiento sobre Dios: «Dios mío, si existes, haz que te conozca ».
Regresando a Francia, le emociona mucho la acogida discreta y cariñosa de su familia profundamente cristiana, y comienza una búsqueda. Guiado por un sacerdote, el Padre Huvelin, él encuentra a Dios en octubre 1886.Tiene 28 años. «Enseguida que comprendí que existía un Dios, comprendí que no podía hacer otra cosa que de vivir sólo para El».
Durante una peregrinación a Tierra Santa descubre su vocación: seguir a Jesús en su vida de Nazareth. Pasa 7 años en la Trapa, primero Nuestra Señora de las Nieves, después Akbes, en Syria. Enseguida después, él vive solo en la oración y adoración cerca de las Clarisas de Nazareth.
Ordenado sacerdote a los 43 años (1901) parte al Sahara, primero Beni-Abbes, después Tamanrasset en medio de los Tuaregs del Hoggar. Quiere ir al encuentro de los más alejados, «los más olvidados y abandonados". Quiere que cada uno de los que lo visiten lo consideren como un hermano, «el hermano universal». El quiere «gritar el evangelio con toda su vida» en un gran respeto de la cultura y la fe de aquellos en medio de los cuales vive. «Yo quisiera ser lo bastante bueno para que ellos digan: “Si tal es el servidor, como entonces será el Maestro...”?».
Siempre soñó compartir su vocación con otros: después de haber escrito varia reglas religiosas; pensó que esta «vida de Nazareth» podía ser vivida en todas partes y por todos. Actualmente la «familia espiritual de Charles de Foucauld» comprende varias asociaciones de fieles, comunidades religiosas e institutos seculares de laicos y sacerdotes.
En 1909 fundó la Unión de Hermanos y Hermanas del Sagrado Corazón con la misión de evangelizar las colonias francesas de África. Los bereberes, personas pertenecientes a etnias al norte de África, decían que su bondad producía sentimientos amistosos hacia los franceses. En el atardecer del 1° de Diciembre 1916, fue matado por una banda que rodeó la casa, el Beato Carlos de Foucauld murió en la puerta de su ermita por un disparo de fusil debido a una revuelta antifrancesa de los bereberes de Hogar.
“Creo necesario morir como mártir, despojado de todo, tendido en el suelo, desnudo, cubierto de heridas y de sangre, de forma violenta y con una muerte dolorosa”, expresó en una ocasión, como presintiendo su muerte.
Diez congregaciones religiosas y ocho asociaciones de vida espiritual han surgido de su testimonio y carisma. Fue beatificado por Papa Benedicto XVI en 2005 y su fiesta litúrgica se celebra cada 1 de diciembre.
Padre mío, me abandono a Ti. Haz de mí lo que quieras. Lo que hagas de mí te lo agradezco, estoy dispuesto a todo, lo acepto todo. Con tal que Tu voluntad se haga en mí y en todas tus criaturas, no deseo nada más, Dios mío. Pongo mi vida en Tus manos. Te la doy, Dios mío, con todo el amor de mi corazón, porque te amo, y porque para mí amarte es darme, entregarme en Tus manos sin medida, con infinita confianza, porque Tu eres mi Padre. Amén.
“Creo necesario morir como mártir, despojado de todo, tendido en el suelo, desnudo, cubierto de heridas y de sangre, de forma violenta y con una muerte dolorosa”, expresó en una ocasión, como presintiendo su muerte.
Diez congregaciones religiosas y ocho asociaciones de vida espiritual han surgido de su testimonio y carisma. Fue beatificado por Papa Benedicto XVI en 2005 y su fiesta litúrgica se celebra cada 1 de diciembre.
Oremos
Padre mío, me abandono a Ti. Haz de mí lo que quieras. Lo que hagas de mí te lo agradezco, estoy dispuesto a todo, lo acepto todo. Con tal que Tu voluntad se haga en mí y en todas tus criaturas, no deseo nada más, Dios mío. Pongo mi vida en Tus manos. Te la doy, Dios mío, con todo el amor de mi corazón, porque te amo, y porque para mí amarte es darme, entregarme en Tus manos sin medida, con infinita confianza, porque Tu eres mi Padre. Amén.
sábado, 29 de noviembre de 2025
EVANGELIO - 30 de Noviembre - San Mateo 24,37-44
Libro de Isaías 2,1-5.
Palabra que Isaías, hijo de Amós, recibió en una visión, acerca de Judá y de Jerusalén.
Sucederá al fin de los tiempos, que la montaña de la Casa del Señor será afianzada sobre la cumbre de las montañas y se elevará por encima de las colinas. Todas las naciones afluirán hacia ella y acudirán pueblos numerosos, que dirán; ¡Vengan, subamos a la montaña del Señor, a la Casa del Dios de Jacob! El nos instruirá en sus caminos y caminaremos por sus sendas". Porque de Sión saldrá la Ley y de Jerusalén, la palabra del Señor.
El será juez entre las naciones y árbitro de pueblos numerosos. Con sus espadas forjarán arados y podaderas con sus lanzas. No levantará la espada una nación contra otra ni se adiestrarán más para la guerra.
¡Ven, casa de Jacob, y caminemos a la luz del Señor!
Salmo 122(121),1-2.4-5.6-7.8-9.
¡Vamos con alegría a la Casa del Señor!
¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la Casa del Señor!»
Nuestros pies ya están pisando
tus umbrales, Jerusalén.
Allí suben las tribus,
las tribus del Señor
-según es norma en Israel-
para celebrar el nombre del Señor.
Porque allí está el trono de la justicia,
el trono de la casa de David.
Auguren la paz a Jerusalén:
“¡Vivan seguros los que te aman!
¡Haya paz en tus muros
y seguridad en tus palacios!”.
Por amor a mis hermanos y amigos,
diré: “La paz esté contigo”.
Por amor a la Casa del Señor, nuestro Dios,
buscaré tu felicidad.
Carta de San Pablo a los Romanos 13,11-14.
Ustedes saben en qué tiempo vivimos y que ya es hora de despertarse, porque la salvación está ahora más cerca de nosotros que cuando abrazamos la fe.
La noche está muy avanzada y se acerca el día. Abandonemos las obras propias de la noche y vistámonos con la armadura de la luz.
Como en pleno día, procedamos dignamente: basta de excesos en la comida y en la bebida, basta de lujuria y libertinaje, no más peleas ni envidias.
Por el contrario, revístanse del Señor Jesucristo, y no se preocupen por satisfacer los deseos de la carne.
Evangelio según San Mateo 24,37-44.
En aquél tiempo Jesús dijo a sus discípulos: Cuando venga el Hijo del hombre, sucederá como en tiempos de Noé.
En los días que precedieron al diluvio, la gente comía, bebía y se casaba, hasta que Noé entró en el arca; y no sospechaban nada, hasta que llegó el diluvio y los arrastró a todos. Lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre.
De dos hombres que estén en el campo, uno será llevado y el otro dejado.
De dos mujeres que estén moliendo, una será llevada y la otra dejada.
Estén prevenidos, porque ustedes no saben qué día vendrá su Señor.
Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, velaría y no dejaría perforar las paredes de su casa.
Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre vendrá a la hora menos pensada.
Palabra del Señor
MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 30 de Noviembre - «Estad preparados»
San Pascasio Radberto, abad Sobre el Evangelio de san Mateo: Velad, para estar preparados Sobre el evangelio de san Mateo, Lib. 11, Cap. 24: PL 120, 799-800
«Estad preparados»
Velad, porque no sabéis el día ni la hora. Siendo una recomendación que a todos afecta, la expresa como si solamente se refiriera a los hombres de aquel entonces. Es lo que ocurre con muchos otros pasajes que leemos en las Escrituras. Y de tal modo atañe a todos lo así expresado, que a cada uno le llega el último día y para cada cual es el fin del mundo el momento mismo de su muerte. Por eso es necesario que cada uno parta de este mundo tal cual ha de ser juzgado aquel día. En consecuencia, todo hombre debe cuidar de no dejarse seducir ni abandonar la vigilancia, no sea que el día de la venida del Señor lo encuentre desprevenido.
Y aquel día encontrará desprevenido a quien hallare desprevenido el último día de su vida. Pienso que los apóstoles estaban convencidos de que el Señor no iba a presentarse en sus días para el juicio final; y sin embargo, ¿quién dudará de que ellos cuidaron de no dejarse seducir, de que no abandonaron la vigilancia y de que observaron todo lo que a todos fue recomendado, para que el Señor los hallara preparados? Por esta razón, debemos tener siempre presente una doble venida de Cristo: una, cuando aparezca de nuevo y hayamos de dar cuenta de todos nuestros actos; otra diaria, cuando a todas horas visita nuestras conciencias y viene a nosotros, para que cuando viniere, nos encuentre preparados.
¿De qué me sirve, en efecto, conocer el día del juicio si soy consciente de mis muchos pecados?, ¿conocer si viene o cuándo viene el Señor, si antes no viniere a mi alma y retornare a mi espíritu?, ¿si antes no vive Cristo en mí y me habla? Sólo entonces será su venida un bien para mí, si primero Cristo vive en mí y yo vivo en Cristo. Y sólo entonces vendrá a mí, como en una segunda venida, cuando, muerto para el mundo, pueda en cierto modo hacer mía aquella expresión: El mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo.
Considera asimismo estas palabras de Cristo: Porque muchos vendrán usando mi nombre. Sólo el anticristo y sus secuaces se arrogan falsamente el nombre de Cristo, pero sin las obras de Cristo, sin sus palabras de verdad, sin su sabiduría. En ninguna parte de la Escritura hallarás que el Señor haya usado esta expresión y haya dicho: Yo soy el Cristo. Le bastaba mostrar con su doctrina y sus milagros lo que era realmente, pues las obras del Padre que realizaba, la doctrina que enseñaba y su poder gritaban: Yo soy el Cristo con más eficacia que si mil voces lo pregonaran. Cristo, que yo sepa, jamás se atribuyó verbalmente este título: lo hizo realizando las obras del Padre y enseñando la ley del amor. En cambio, los falsos cristos, careciendo de esta ley del amor, proclamaban de palabra ser lo que no eran.
SANTORAL - SAN ANDRÉS APÓSTOL
30 de Noviembre
Decía Aristóteles que la naturaleza aborrece el vacío, y nosotros podríamos agregar que el ser humano también: cuando, por ejemplo, sabemos que deberíamos tener recuerdos de algo, pero se da la circunstancia de que no los tenemos, ya se encarga nuestra mente de proveerse de «recuerdos» sustitutos, en forma de leyendas y de cosas que «se dicen por ahí» pero nadie sabe exactamente cómo surgieron. Muchos cristianos están convencidos de que en eso consiste la «tradición», en aceptar llenar los huecos de nuestras incertezas con datos cuyo único valor es ser muy muy viejos, como si lo viejo y lo antiguo fueran lo mismo, o como si lo viejo, por el mero hecho de serlo, fuera garantía de verdad.
Cuando nació nuestra fe, era todo muy pequeño, no había ni el interés, ni la necesidad, ni la motivación, ni siquiera el mandato explícito de Jesús de organizar una «nueva religión»; el cristianismo funcionó por casi cerca de 50 años como una parte del judaísmo; apenas si san Pablo hacía planteos que podían suponer en algún momento la noción de algo enteramente nuevo, de una ruptura total con el judaísmo, pero ni siquiera él llevó esa posible ruptura a su extremo lógico. Así que el cristianismo naciente conservó intactas las tradiciones profundas en torno a Jesús y a la iglesia inicial (todo eso sí que es auténtica Tradición), pero no conservó casi datos cotidianos de los primeros miembros de la nueva fe, como hubieran hecho si hubieran sentido que eran «los fundadores» de algo. No sabemos la edad de Jesús cuando murió y resucitó, no sabemos cuándo ni dónde nacieron los apóstoles, no sabemos exactamente qué hizo cada uno después de la ascensión del Maestro, etc. Pasa con ello como vemos cotidianamente con los mártires antiguos del santoral: cuando se vuelven importantes, que es cuando dan su testimonio, ya no hay datos ni a quién preguntarle, entonces surgen las leyendas y tradiciones pías rellenando las lagunas de nuestro saber, porque también la memoria aborrece el vacío.
Estos párrafos debería ponerlos al iniciar cualquier escrito sobre cualquiera de los doce apóstoles, pero toca hoy hablar de san Andrés, y vengo embebido de leer una larguísima «Biografía de san Andres», con detalles de diálogos y todo, de cabo a rabo inventada, puesto que, a decir verdad, a pesar de ser Andrés el «Protocletos» -es decir, el primer llamado por el Señor-, sabemos sobre él apenas poquito más que eso.
Era hermano de Simón Pedro, y su padre se llamaba Jonás, eso lo sabemos porque a Pedro se lo llama «hijo de Jonás» (Mt 16,17), pero el pobre Andrés quedó tan eclipsado por la figura de su hermano, que sabemos su filiación sólo a través de Pedro. Es nombrado doce veces en todo el Nuevo Testamento:
-Ocho entre Marcos, Mateo, Lucas y Hechos, donde invariablemente aparece como «hermano de Simón» y nombrado siempre en lugar secundario (Mt 4,18; 10,2; Mc 1,16; 1,29; 3,17-18; 13,3; Lc 6,14 y Hech 1,13). De todas estas citas quizás la más interesante sea la de Mc 13,3; Jesús habla de la futura ruina del templo de Jerusalén, y como introducción al pequeño «discurso escatológico» (mucho más amplio en Mateo y Lucas) dirá:«Estando luego sentado en el monte de los Olivos, frente al Templo, le preguntaron en privado Pedro, Santiago, Juan y Andrés...» ¿Qué tiene de interesante esta cita en relación a Andrés? que estamos más bien acostumbrados a la terna Pedro, Santiago y Juan, llamados «Columnas de Jerusalén», pero este pasaje de Marcos probablemente represente un recuerdo histórico mucho más antiguo que el de las «Columnas de Jerusalén», y nos muestra una reunión de Jesús con los suyos sin que el narrador le superponga una teología de cómo instruía Jesús a su Iglesia; en los pasajes paralelos, en cambio, toda la escena aparece ya más elaborada y cada detalle más «teologizado»: en Mt 24,3 esta «enseñanza privada» es «a los discípulos» (teológicamente: a toda la Iglesia), mientras que en Lc 21,5 no hace distingo entre enseñada privada y pública, por lo que da por supuesto que es «a todos los que escuchaban». Y así, con ocasión de Andrés en ese fragmentito «preteológico» de Marcos hemos podido tomar una instantánea sin poses de Jesús con algunos de los suyos.
-Las otras cuatro veces son en Juan, donde asume una importancia un poquito mayor. No mucho más que lo visto, pero en medio de la sequía de información que tenemos, las dos o tres gotas que nos aporta Juan saben a diluvio. Veámoslas en detalle:
Juan 1,40: Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan y habían seguido a Jesús.
Nos muestra a un Andrés con inquietudes religiosas: no sólo Jesús lo llamó, él mismo estaba a la búsqueda de algo -por eso andaba tras Juan el Bautista-, y ese «algo» que buscaba coincidió, o se encontró, con el llamado de Jesús.
Juan 1,44: Felipe era de Betsaida, de la ciudad de Andrés y Pedro.
No nos aporta mucho más, pero es la única cita donde, mencionando a los dos, pone a Andrés primero. Además nos enteramos de que es de Betsaida, pero lamentablemente la localización de esa aldea no es del todo segura, aunque siempre dentro de Galilea.
Y en ésta, ¡por fin habla! Juan 6,8: Le dice uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro: «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?»
Aquí vemos la Iglesia en pleno funcionamiento, Juan 12,20ss: Había algunos griegos de los que subían a adorar en la fiesta. Estos se dirigieron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le rogaron: «Señor, queremos ver a Jesús». Felipe fue a decírselo a Andrés; Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús.
Jesús responde con algo incomprensible en el momento, y que incluso nosotros podemos quedarnos perplejos preguntándonos qué tiene que ver en el contexto, les dice a Andrés y Felipe:
«Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo de hombre. En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto...» (12,23-24)
¿qué tenía que ver la llegada de unos griegos que tenían deseos de ver a Jesús con la llegada de la Hora de Jesús? Ahora no se entiende, pero más tarde, cuando la Iglesia reflexione, entenderá que esa llegada de «los griegos» (es decir, de judíos griegos, puesto que vienen «a adorar») marca el instante en que Jesús ha quedado de manifiesto a todos los judíos, ha quedado exhibido ante el judaísmo entero, el de Jerusalén y el de la Diáspora, y ahora debe realizar aquello para lo que vino.
Quizás por relacionar este episodio de Andrés y los griegos con la evangelización de los paganos que comienza unas décadas después, una tradición posterior hace de san Andrés Apóstol entre los griegos, martirizado en la muy griega ciudad de Patras, en Acaya. En realidad no sabemos qué fue de cada uno de los apóstoles. Hay muchas tradiciones de los siglos II y III que nos cuentan dónde y cuándo evangelizó y murió cada uno de ellos, y muchos de los Padres de la Iglesia (no todos, porque no hay unanimidad en la transmisión de estos datos) se hacen eco de esas tradiciones a falta de datos documentales. Está bien, nada impide que San Andrés haya muerto en Acaya crucificado en una cruz de aspas, predicando desde la cruz durante tres días hasta morir, o que Santiago haya llegado hasta Hispania, o santo Tomás hasta la India, pero hay que tener en cuenta dos aspectos:
-Que en el siglo II se planteó un problema muy grave con el surgimiento de las diversas sectas gnósticas, para quienes todo el mensaje de Jesús era tan pero tan espiritual, que negaban toda realidad histórica concreta a los evangelios, por lo que muchas veces esas tradiciones no documentadas sobre los Apóstoles no representaban verdaderamente recuerdos históricos sino argumentos apologéticos populares, para uso «en la trinchera». Habrá seguramente mucho fondo histórico en ellas, pero sin que podamos, a la distancia, reconocer con claridad qué cosas son sucedidos y cuáles son rellenos legendarios para hacer más vivo el relato de los orígenes cristianos.
-Que no tiene nada de malo tomarse en serio esas tradiciones, siempre que no pretendamos sacar de ellas conclusiones que dependan de la veracidad de unos datos históricos que de ninguna manera podemos comprobar.
Sobre san Andrés tenemos una tradición mucho menos conocida que la evangelización entre los griegos: un escrito de finales del siglo II lo pone como la autoridad apostólica que garantiza la veracidad del Evangelio de Juan; por lo que podría conjeturarse que es él el innominado «Discípulo amado» que menciona el evangelio. El texto al que me refiero se encuentra en un canon, un listado de libros auténticos del NT, que resulta ser la lista más antigua de escritos del NT que tenemos; se denomina «Canon de Muratori», fue escrito hacia el año 170 o poco más, luego se perdió, y fue descubierto por el profesor Luis Muratori en 1740; este texto, de gran importancia en los estudios de historia del canon bíblico, dice así respecto del Evangelios de Juan:
El cuarto evangelio es de Juan, uno de los discípulos. Cuando sus co-discípulos y obispos le animaron, dijo Juan, «Ayunad junto conmigo durante tres días a partir de hoy, y, lo que nos fuera revelado, contémoslo el uno al otro». Esta misma noche le fue revelado a Andrés, uno de los apóstoles, que Juan debería escribir todo en nombre propio, y que ellos deberían revisárselo. Por lo tanto, aunque se enseñan comienzos distintos para los varios libros del evangelio, no hace diferencia para la fe de los creyentes, ya que en cada uno de ellos todo ha sido declarado por un solo Espíritu...
Como se ve, aquí distingue claramente «discípulos» de «apóstoles» (identificados con los Doce), el Juan autor del evangelio no resultaría ser el Apóstol Juan sino un Juan del grupo de los discípulos (posiblemente el «Juan el presbítero» que firma las cartas de Juan), que pertenecería a la comunidad de Andrés, y por lo tanto sería este Apóstol, Andrés, el garante de la apostolicidad del cuarto evangelio. Por supuesto, ésta también es una tradición del siglo II, que cae por tanto bajo las mismas prevenciones que lo ya dicho, pero de todos modos, ante lo poco que sabemos de cada apóstol, y en especial de los que no fueron las «Columnas de Jerusalén», puede ser interesante verlo aparecer en su propia figura, y no siempre en el coro de los Doce.
Oremos
Dios todopoderoso y eterno, escucha la oración de tu pueblo y concédenos que, así como el apóstol San Andrés fue en la tierra predicador del Evangelio y pastor de tu Iglesia, así ahora en el cielo sea nuestro poderoso abogado ante ti. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén
«Aspectos del pensamiento neotestamentario» de David Stanley y Raymond Brown, en el tomo V del Comentario Bíblico «San Jerónimo», en el apartado dedicado a «Los Doce», como conjunto y cada uno en particular. John P. Meier, «Un judío marginal», tomo III, pág. 219. Ed. Verbo Divino, 2003.
viernes, 28 de noviembre de 2025
TIEMPO LITÚRGICO
El Adviento, preparación para la Navidad
La liturgia de la Iglesia da el nombre de Adviento a las cuatro semanas
que preceden a la Navidad
Significado del Adviento
La palabra latina "adventus" significa “venida”. En el lenguaje cristiano se refiere a la venida de Jesucristo. La liturgia de la Iglesia da el nombre de Adviento a las cuatro semanas que preceden a la Navidad, como una oportunidad para prepararnos en la esperanza y en el arrepentimiento para la llegada del Señor.
El color litúrgico de este tiempo es el morado que significa penitencia.
El tiempo de Adviento es un período privilegiado para los cristianos ya que nos invita a recordar el pasado, nos impulsa a vivir el presente y a preparar el futuro.
El color litúrgico de este tiempo es el morado que significa penitencia.
El tiempo de Adviento es un período privilegiado para los cristianos ya que nos invita a recordar el pasado, nos impulsa a vivir el presente y a preparar el futuro.
En 2025, el Adviento comienza el 30 de noviembre y termina el 24 de Diciembre (Nochebuena), cuando comienza la Misa de Navidad. El Día de Navidad es el 25 de diciembre.
Esta es su triple finalidad:
- Recordar el pasado: Celebrar y contemplar el nacimiento de Jesús en Belén. El Señor ya vino y nació en Belén. Esta fue su venida en la carne, lleno de humildad y pobreza. Vino como uno de nosotros, hombre entre los hombres. Esta fue su primera venida.
- Vivir el presente: Se trata de vivir en el presente de nuestra vida diaria la "presencia de Jesucristo" en nosotros y, por nosotros, en el mundo. Vivir siempre vigilantes, caminando por los caminos del Señor, en la justicia y en el amor.
- Preparar el futuro: Se trata de prepararnos para la Parusía o segunda venida de Jesucristo en la "majestad de su gloria". Entonces vendrá como Señor y como Juez de todas las naciones, y premiará con el Cielo a los que han creido en Él; vivido como hijos fieles del Padre y hermanos buenos de los demás. Esperamos su venida gloriosa que nos traerá la salvación y la vida eterna sin sufrimientos.
En el Evangelio, varias veces nos habla Jesucristo de la Parusía y nos dice que nadie sabe el día ni la hora en la que sucederá. Por esta razón, la Iglesia nos invita en el Adviento a prepararnos para este momento a través de la revisión y la proyección:
Aprovechando este tiempo para pensar en qué tan buenos hemos sido hasta ahora y lo que vamos a hacer para ser mejores que antes. Es importante saber hacer un alto en la vida para reflexionar acerca de nuestra vida espiritual y nuestra relación con Dios y con el prójimo. Todos los días podemos y debemos ser mejores.
En Adviento debemos hacer un plan para que no sólo seamos buenos en Adviento sino siempre. Analizar qué es lo que más trabajo nos cuesta y hacer propósitos para evitar caer de nuevo en lo mismo.
Se puede hablar de dos partes del Adviento
Primera Parte
Desde el primer domingo al día 16 de diciembre, con marcado carácter escatológico, mirando a la venida del Señor al final de los tiempos;
Segunda Parte
Desde el 17 de diciembre al 24 de diciembre, es la llamada "Semana Santa" de la Navidad, y se orienta a preparar más explícitamente la venida de Jesucristo en las historia, la Navidad.
Las lecturas bíblicas de este tiempo de Adviento están tomadas sobre todo del profeta Isaías (primera lectura), también se recogen los pasajes más proféticos del Antiguo Testamento señalando la llegada del Mesías. Isaías, Juan Bautista y María de Nazaret son los modelos de creyentes que la Iglesias ofrece a los fieles para preparar la venida del Señor Jesús.
Algo que no debemos olvidar
El adviento comprende las cuatro semanas antes de la Navidad.
El adviento es tiempo de preparación, esperanza y arrepentimiento de nuestros pecados para la llegada del Señor.
En el adviento nos preparamos para la navidad y la segunda venida de Cristo al mundo, cuando volverá como Rey de todo el Universo.
Es un tiempo en el que podemos revisar cómo ha sido nuestra vida espiritual, nuestra vida en relación con Dios y convertirnos de nuevo.
Es un tiempo en el que podemos hacer un plan de vida para mejorar como personas.
Cuida tu fe
Esta es una época del año en la que vamos a estar “bombardeados” por la publicidad para comprar todo tipo de cosas, vamos a estar invitados a muchas fiestas. Todo esto puede llegar a hacer que nos olvidemos del verdadero sentido del Adviento. Esforcémonos por vivir este tiempo litúrgico con profundidad, con el sentido cristiano.
De esta forma viviremos la Navidad del Señor ocupados del Señor de la Navidad.
Fuente: Catholic.net
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