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viernes, 28 de noviembre de 2025

TIEMPO LITÚRGICO

El Adviento, preparación para la Navidad
La liturgia de la Iglesia da el nombre de Adviento a las cuatro semanas 
que preceden a la Navidad


Significado del Adviento

    La palabra latina "adventus" significa “venida”. En el lenguaje cristiano se refiere a la venida de Jesucristo. La liturgia de la Iglesia da el nombre de Adviento a las cuatro semanas que preceden a la Navidad, como una oportunidad para prepararnos en la esperanza y en el arrepentimiento para la llegada del Señor.
    El color litúrgico de este tiempo es el morado que significa penitencia.
    El tiempo de Adviento es un período privilegiado para los cristianos ya que nos invita a recordar el pasado, nos impulsa a vivir el presente y a preparar el futuro.

    En 2025, el Adviento comienza el 30 de noviembre y termina el 24 de Diciembre  (Nochebuena), cuando comienza la Misa de Navidad. El Día de Navidad es el 25 de diciembre.

    Esta es su triple finalidad:

    - Recordar el pasado: Celebrar y contemplar el nacimiento de Jesús en Belén. El Señor ya vino y nació en Belén. Esta fue su venida en la carne, lleno de humildad y pobreza. Vino como uno de nosotros, hombre entre los hombres. Esta fue su primera venida.

    - Vivir el presente: Se trata de vivir en el presente de nuestra vida diaria la "presencia de Jesucristo" en nosotros y, por nosotros, en el mundo. Vivir siempre vigilantes, caminando por los caminos del Señor, en la justicia y en el amor.

    - Preparar el futuro: Se trata de prepararnos para la Parusía o segunda venida de Jesucristo en la "majestad de su gloria". Entonces vendrá como Señor y como Juez de todas las naciones, y premiará con el Cielo a los que han creido en Él; vivido como hijos fieles del Padre y hermanos buenos de los demás. Esperamos su venida gloriosa que nos traerá la salvación y la vida eterna sin sufrimientos.

    En el Evangelio, varias veces nos habla Jesucristo de la Parusía y nos dice que nadie sabe el día ni la hora en la que sucederá. Por esta razón, la Iglesia nos invita en el Adviento a prepararnos para este momento a través de la revisión y la proyección:

    Aprovechando este tiempo para pensar en qué tan buenos hemos sido hasta ahora y lo que vamos a hacer para ser mejores que antes. Es importante saber hacer un alto en la vida para reflexionar acerca de nuestra vida espiritual y nuestra relación con Dios y con el prójimo. Todos los días podemos y debemos ser mejores.

    En Adviento debemos hacer un plan para que no sólo seamos buenos en Adviento sino siempre. Analizar qué es lo que más trabajo nos cuesta y hacer propósitos para evitar caer de nuevo en lo mismo.

Se puede hablar de dos partes del Adviento

    Primera Parte

    Desde el primer domingo al día 16 de diciembre, con marcado carácter escatológico, mirando a la venida del Señor al final de los tiempos;

    Segunda Parte

    Desde el 17 de diciembre al 24 de diciembre, es la llamada "Semana Santa" de la Navidad, y se orienta a preparar más explícitamente la venida de Jesucristo en las historia, la Navidad.

    Las lecturas bíblicas de este tiempo de Adviento están tomadas sobre todo del profeta Isaías (primera lectura), también se recogen los pasajes más proféticos del Antiguo Testamento señalando la llegada del Mesías. Isaías, Juan Bautista y María de Nazaret son los modelos de creyentes que la Iglesias ofrece a los fieles para preparar la venida del Señor Jesús.


Algo que no debemos olvidar

    El adviento comprende las cuatro semanas antes de la Navidad.
    El adviento es tiempo de preparación, esperanza y arrepentimiento de nuestros pecados para la llegada del Señor.
    En el adviento nos preparamos para la navidad y la segunda venida de Cristo al mundo, cuando volverá como Rey de todo el Universo.
    Es un tiempo en el que podemos revisar cómo ha sido nuestra vida espiritual, nuestra vida en relación con Dios y convertirnos de nuevo.
    Es un tiempo en el que podemos hacer un plan de vida para mejorar como personas.


Cuida tu fe

    Esta es una época del año en la que vamos a estar “bombardeados” por la publicidad para comprar todo tipo de cosas, vamos a estar invitados a muchas fiestas. Todo esto puede llegar a hacer que nos olvidemos del verdadero sentido del Adviento. Esforcémonos por vivir este tiempo litúrgico con profundidad, con el sentido cristiano.

De esta forma viviremos la Navidad del Señor ocupados del Señor de la Navidad.

Fuente: Catholic.net

jueves, 28 de noviembre de 2019

PREPARÁNDONOS PARA EL ADVIENTO

TIEMPO PARA PREPARARSE Y ESTAR EN GRACIA 
PARA VIVIR CORRECTAMENTE LA NAVIDAD


    La palabra Adviento procede del latín adventus, y significa venida: la venida inminente de algo o alguien que está al llegar y que, además, esperamos ardientemente.

    El Adviento es tiempo de espera, espera-memoria de la primera y humilde venida del Salvador en nuestra carne mortal; espera-súplica de la última y gloriosa venida de Cristo, Señor de la historia y Juez universal. Es también tiempo de conversión, conversión, a la cual invita con frecuencia la Liturgia de este Tiempo, mediante la voz de los profetas y sobre todo de Juan Bautista: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos» (Mt 3, 2). Y es también tiempo de esperanza gozosa de que la salvación ya realizada por Cristo (cf. Rom 8, 24-25) y las realidades de la gracia ya presentes en el mundo lleguen a su madurez y plenitud, que la promesa se convierta en posesión, la fe en visión y lleguemos a ser semejantes a Cristo, aquel que viene, porque le veremos tal cual es (cf. 1Jn 3, 2).

    Por tanto, en el Adviento celebramos el misterio de la Venida del Señor en una actitud gozosa, hecha de vigilancia, espera y acogida. Nuestra vida se presenta, con asombro siempre nuevo, ante el misterio entrañable de un Dios que se ha hecho hombre. Es este un misterio que el Adviento prepara, la Navidad celebra y la Epifanía manifiesta.

    La norma litúrgica vigente en la Iglesia establece que: el tiempo de Adviento comienza con las primeras Vísperas del domingo que cae el 30 de noviembre o el más próximo a este día, y acaba antes de las primeras Vísperas de Navidad. (NUALC, 40). En este tiempo hay generalmente cuatro domingos que se denominan domingo I, II, III, IV de Adviento (NUALC, 41). 


Espiritualidad del adviento

    Como se decía al principio, la liturgia del adviento invita a la comunidad cristiana a vivir determinadas actitudes esenciales a la expresión evangélica de la vida: la vigilante y gozosa espera, la esperanza, la conversión.

    La actitud de espera caracteriza a la iglesia y al cristiano, ya que el Dios de la revelación es el Dios de la promesa, que en Cristo ha mostrado su absoluta fidelidad al hombre (cf. 2 Cor 1,20). Como dirá san Pablo, ahora vemos “como en un espejo”, pero llegará el día en que “veremos cara a cara” (1 Cor 13,12). La iglesia vive esta espera en actitud vigilante y gozosa. Por eso clama: “Maranatha: Ven, Señor Jesús” (Ap 22,17.20).

    A pesar de que el Adviento es un tiempo marcado en la Iglesia, podemos decir sin temor a equivocarnos que toda la vida del cristiano está llamada a ser un constante Adviento, una espera siempre abierta de Aquel que vino, que viene y que vendrá, por eso San Bernardo habla de un Adviento triple. Entre la venida de Cristo en la encarnación, y su venida para el juicio final, se da ahora su venida al cristiano por la inhabitación. Este adviento presente «es oculto y espiritual, y de él habla el Señor cuando dice: “si alguno me ama, guardará mi palabra, mi Padre le amará, vendremos a él y en él haremos morada” (Jn 14,23) (cf. San Bernardo, Sermón Adviento III,4).



Algo que no debes olvidar

    Es lamentable que la sociedad de consumo intente con sus propagandas en estos días eclipsar el verdadero espíritu litúrgico del Adviento. Que el gozo espiritual se manifieste también en cosas externas y materiales no está reñido con el sentido litúrgico de este tiempo; pero sí lo está con el desbordamiento que esto tiene en nuestros días.

    Por eso nos haría bien encontrar el significado original y verdadero de este maravilloso tiempo, que nos es dado ante todo para preparar nuestros corazones para recibir al Señor, que quiere venir a nosotros y entrar más adentro de nuestras vidas. Limpiemos la casa de nuestra conciencia con el sacramento de la penitencia. Acrecentemos estas semanas la oración, la limosna, las buenas obras y sobre todo el deseo del Salvador, que ya viene, y que nos trae nuevas luces y gracias.

    En este tiempo nos ayudará recordar y profundizar continuamente las expresiones habituales de la esperanza cristiana que se contienen en la liturgia de todos los días y que nuestros labios repiten, quizá de manera casi inadvertida habitualmente («Venga tu reino», «Ven, Señor Jesús», «Mientras esperamos tu venida», «Bendito el que viene en nombre del Señor», etc.). Porque el cristiano dejaría de serlo si no esperara y pidiera la venida del Señor -del Mesias, del Cristo- y su presencia cada vez más intensa: por ello la liturgia cristiana repite cada día -no sólo en Adviento- diversas expresiones de esperanza. Pero no siempre estas expresiones se viven con la intensidad que tienen en sí mismas. El Adviento es una buena ocasión para revitalizarlas.