lunes, 17 de abril de 2023

EVANGELIO - 18 de Abril - San Juan 3,7b-15.


   Libro de los Hechos de los Apóstoles 4,32-37.

    La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma. Nadie consideraba sus bienes como propios, sino que todo era común entre ellos.
    Los Apóstoles daban testimonio con mucho poder de la resurrección del Señor Jesús y gozaban de gran estima.
    Ninguno padecía necesidad, porque todos los que poseían tierras o casas las vendían y ponían el dinero a disposición de los Apóstoles, para que se distribuyera a cada uno según sus necesidades.
    Y así José, llamado por los Apóstoles Bernabé -que quiere decir hijo del consuelo- un levita nacido en Chipre que poseía un campo, lo vendió, y puso el dinero a disposición de los Apóstoles.


Salmo 93(92),1ab.1cd-2.5.

¡Reina el Señor, revestido de majestad!
El Señor se ha revestido,

se ha ceñido de poder.
¡no se moverá jamás!
Tu trono está firme desde siempre,
tú existes desde la eternidad.

Tus testimonios, Señor, son dignos de fe,
la santidad embellece tu Casa
a lo largo de los tiempos.


    Evangelio según San Juan 3,7b-15.

    Jesús dijo a Nicodemo: 'Ustedes tienen que renacer de lo alto'.
    El viento sopla donde quiere: tú oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Lo mismo sucede con todo el que ha nacido del Espíritu".
    "¿Cómo es posible todo esto?", le volvió a preguntar Nicodemo.
    Jesús le respondió: "¿Tú, que eres maestro en Israel, no sabes estas cosas?
    Te aseguro que nosotros hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero ustedes no aceptan nuestro testimonio.
    Si no creen cuando les hablo de las cosas de la tierra, ¿cómo creerán cuando les hable de las cosas del cielo?
    Nadie ha subido al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo.
    De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en él tengan Vida eterna.

    Palabra del Señor

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 18 de Abril - «Para que todo el que crea en él tenga vida eterna»


      San Basilio  monje y obispo de Cesárea en Capadocia, doctor de la Iglesia Tratado sobre el Espíritu Santo, 14


«Para que todo el que crea en él tenga vida eterna»

    La figura es una manera de exponer, por imitación, las cosas que esperamos. Por ejemplo, Adán es la prefiguración del Adán que había de venir (1C 15,45) y la piedra [en el desierto durante el Éxodo] es la prefiguración de Cristo; el agua que sale de la piedra es figura del poder vivificante del Verbo (Ex 17,6; 1C 10,4), porque dijo: «El que tenga sed que venga a mí y beba» (Jn 7,37). El maná es la prefiguración del «pan vivo bajado del cielo» (Jn 6,51); y la serpiente colocada en lo alto de una asta es figura de la Pasión, de nuestra salvación consumada sobre la cruz, puesto que los que la miraran quedarían salvados (Nm 21,9). De la misma manera, lo que dice la Escritura de los Israelitas saliendo de Egipto, ha sido narrado como una prefiguración de los que se salvarían por el bautismo; porque los primeros nacidos de los Israelitas fueron salvados... por la gracia concedida a los que habían sido señalados con la sangre del cordero pascual y esta sangre prefiguraba la sangre de Cristo... En cuanto al mar y a la nube (Ex 14), que en aquel entonces condujeron a la fe por la admiración, en el futuro figurarían la gracia que ha de venir. «El que sea sabio, que recoja estos hechos y comprenda la misericordia del Señor» (Sl 106,43). Comprenderá que el mar, que prefiguraba el bautismo, separaba del Faraón de la misma manera que el bautismo nos hace escapar de la tiranía del diablo. Antiguamente el mar ahogó al enemigo; hoy hace morir la enemistad que nos separa de Dios. El pueblo salió del mar sano y salvo; y nosotros salimos de las aguas como devueltos a la vida los salimos de entre los muertos, salvados por la gracia de Aquel que nos ha llamado. En cuanto a la nube, era la sombra del don del Espíritu, que refrigeraba nuestros miembros apagando la llama de las pasiones.

SANTORAL - BEATO ANDRÉS HIBERNÓN

18 de Abril


    Este fraile franciscano pasó su adolescencia y juventud dedicada a liberar a su familia de la pobreza en la que malvivían con las limosnas que obtenían, aunque la situación había sido bien distinta cuando él vino al mundo. Sus padres se establecieron en Alcantarilla, Murcia, España. Pero Andrés nació en la capital en 1534 en casa de un tío canónigo, lugar donde se hallaba su madre temporalmente. Unos días más tarde regresaron a la localidad. Creció familiarizado con Dios, cultivando la devoción a María y amando los principios de la fe que le inculcaron. Su padre tenía origen noble, pero una crisis económica suscitada por una pertinaz sequía le desposeyó de sus bienes. Al perder su estatus le enviaron a Valencia junto a un tío para que pudiera labrarse un porvenir. Allí trabajó como pastor de ganado hasta los 20 años. Luego decidió volver a casa. El dinero que había ganado lo reservó para la dote que su hermana precisaba para desposarse conforme a la costumbre de la época. Pero en el viaje de regreso al domicilio paterno, unos ladrones le golpearon y le esquilmaron lo que llevaba dejándole con lo puesto. En este hecho vio con claridad lo que ya se había fraguado en su espíritu: que debía ser religioso. Su trabajo en el campo no fue impedimento para que frecuentase las visitas al Santísimo, por el que tuvo gran devoción, ni mermó sus ansias de penitencia. Estaba forjado en el ayuno y en las mortificaciones; es decir, que había comenzado ya una vía de perfección. Sus virtudes eran manifiestas para quienes le conocían: mansedumbre, humildad y diligencia, entre otras muchas.

    Antes de comprometerse pasó unos días en Granada acompañando a un regidor de Cartagena, alguacil mayor del Santo Oficio, que le tenía en gran estima y confianza, tanto que puso bajo su custodia cuantiosos bienes. Pero un día, sin despedirse de él, temiendo que pudiera influir en su decisión de consagrarse, partió para ingresar en el convento franciscano de Albacete perteneciente a la provincia de Cartagena donde hizo el noviciado. Aunque lo conocía, al regidor le impactó su honradez cuando vio que el beato había mantenido intactas sus valiosas pertenencias. Andrés profesó en 1557. Permaneció seis años en esa comunidad tras los cuales eligió la reforma de san Pedro de Alcántara porque tenía unas reglas más severas. Se le asignó la residencia de San José de Elche donde llegó en 1563. Acostumbrado a la pobreza y a la mendicidad, no tuvo duda de que había elegido el lugar idóneo para él. La peculiar sensibilidad de los santos descubre la finura y profundidad de la vida espiritual cuando pasa por su lado. Sus hermanos san Pascual Bailón y san Juan de Ribera, que fue arzobispo de Valencia, al ver actuar a Andrés constataban su espíritu evangélico percibiendo su grandeza en cualquier detalle. A todos les cupo la gracia de vivir esos primeros instantes de instauración del movimiento renovador. Andrés siempre encontraba unos minutos para hincarse en tierra y rezar fuera labrando la huerta, en la portería o mendigando. Era obediente, responsable, austero, prudente, discreto, puntual, abnegado incluso a pesar de la edad y los achaques, y poseía un gran sentido del honor. Su gran temple y confianza en la providencia fue especialmente ostensible en circunstancias de catástrofe en las que actuó con admirable entereza. Sentía gran veneración por los sacerdotes y debilidad por los pobres y los enfermos. Y había obtenido de sus superiores el permiso para recibir frecuentemente la comunión, algo inusual en la época.

    La fama de santidad le precedía. Su piedad traspasaba los muros del convento. Era estimado por las gentes, y personas ilustres que le conocían le abrían su corazón porque era un gran maestro y confesor. Desconocía lo que era tener un minuto de ocio, sin que le reportase celestes ganancias. En una ocasión, cuando le preguntaron si la vida espiritual le había resultado tediosa alguna vez, respondió que «jamás lo sentía, porque había hecho hábito de nunca estar ocioso, con lo cual siempre se hallaba apto para la oración o contemplación». Pasó por varios conventos, todos en la zona del Levante español. Tuvo en la limosna un fecundo campo apostólico. Los pobres vieron en él un amigo y asesor; les orientaba en la búsqueda de un trabajo digno. También asistía a los que estaban en trance de morir, y contribuyó a la conversión de musulmanes a quienes conmovía con su palabra y ejemplo. Cuando le llamaban «santo viejo», respondía humildemente, sin falsa modestia: «¡Oh, que lástima! Viejo loco, sí, insensato e impertinente, pero de santo no, no». Se caracterizaba por su capacidad contemplativa, fue agraciado con muchos éxtasis y raptos que le sobrevenían en cualquier lugar, aunque suplicaba a Dios que en esos momentos le preservase de miradas ajenas. Además, recibió distintos dones: el de la bilocación y el de profecía, así como el de milagros (curación de enfermos) y la multiplicación de alimentos. Vaticinó el día y hora de su muerte cuatro años antes de que se produjera. La antigua lesión de estómago y «fluxión» ocular que venía padeciendo le causaron muchos sufrimientos. Los hermanos que permanecían a su lado cuando se encontraba en su lecho de muerte, afligidos por los dolores que soportaba, aunque los encajaba con admirable fortaleza, hubieran deseado compartirlos con él. Y al hacérselo saber, el venerable religioso manifestó: «Esto no, mis carísimos hermanos, porque estos dolores me los ha regalado Dios, y los pido y quiero enteramente para mí. Creedme, hermanos, que no hay cosa más preciosa en este mundo que padecer por amor de Dios». La devoción que tuvo en vida a María le acompañó en el momento de entregar su alma a Dios. Su deceso se produjo en el convento de San Roque de Gandía, Valencia el 18 de abril de 1602. Pío VI lo beatificó el 22 de mayo de 1791. Su cuerpo incorrupto desapareció en la Guerra Civil española. Localizados sus restos, se llevaron a Alcantarilla siendo trasladados con posterioridad a la catedral de Murcia donde se veneran.

Oremos

    Amorosísimo Creador, enamorado de las criaturas y compadecido de los miserables, que infundiste en el alma del Beato Andrés Hibernón la más ardiente caridad y amor hacia los pobres y necesitados; que le llevaste siempre abrasado en el divino fuego, para que acudiese fervoroso al socorro de los miserables, así mendigos como vergonzantes; e hiciste que todos hallasen en tu fiel siervo el consuelo que buscaban, compadeceos de nosotros desterrados hijos de Eva, fortalecednos y amparadnos, para que llevemos con paciencia los trabajos propios, tengamos lástima de los ajenos, aliviemos de los suyos a nuestro prójimo, y seamos para los pobres sus verdaderos padres. Por las virtudes y merecimientos del Beato Andrés Hibernón, os suplicamos que miréis enternecido a la sangre del Redentor, y por ella abraséis a nuestras almas en el amor de Dios y del prójimo. Amén.

-FRASE DEL DÍA-



 

domingo, 16 de abril de 2023

-PROPÓSITO DEL DÍA- "Para que por la práctica de los consejos evangélicos y la vida de oración, podamos crecer en el amor a Dios y nuestros hermanos"



 

EVANGELIO - 17 de Abril - San Juan 3,1-8


   Libro de los Hechos de los Apóstoles 4,23-31.

    Una vez en libertad, los Apóstoles regresaron adonde estaban sus hermanos, y les contaron todo lo que les habían dicho los sumos sacerdotes y los ancianos.
    Al oírlos, todos levantaron la voz y oraron a Dios unánimemente: "Señor, tú hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos; tú, por medio del Espíritu Santo, pusiste estas palabras en labios de nuestro padre David, tu servidor: ¿Por qué se amotinan las naciones y los pueblos hacen vanos proyectos?
    Los reyes de la tierra se rebelaron y los príncipes se aliaron contra el Señor y contra su Ungido.
    Porque realmente se aliaron en esta ciudad Herodes y Poncio Pilato con las naciones paganas y los pueblos de Israel, contra tu santo servidor Jesús, a quien tú has ungido.
    Así ellos cumplieron todo lo que tu poder y tu sabiduría habían determinado de antemano.
    Ahora, Señor, mira sus amenazas, y permite a tus servidores anunciar tu Palabra con toda libertad: extiende tu mano para que se realicen curaciones, signos y prodigios en el nombre de tu santo servidor Jesús".
    Cuando terminaron de orar, tembló el lugar donde estaban reunidos; todos quedaron llenos del Espíritu Santo y anunciaban decididamente la Palabra de Dios.


Salmo 2,1-3.4-6.7-9.

¿Por qué se amotinan las naciones
y los pueblos hacen vanos proyectos?
Los reyes de la tierra se sublevan,
y los príncipes conspiran

contra el Señor y contra su Ungido:
«Rompamos sus ataduras,
librémonos de su yugo.»
El que reina en el cielo se sonríe;

el Señor se burla de ellos.
Luego los increpa airadamente
y los aterra con su furor:
«Yo mismo establecí a mi Rey

en Sión, mi santa Montaña.»
Voy a proclamar el decreto del Señor:
El me ha dicho: «Tú eres mi hijo,
yo te he engendrado hoy.»

«Pídeme, y te daré las naciones como herencia,
y como propiedad, los confines de la tierra."
Los quebrarás con un cetro de hierro,
los destrozarás como a un vaso de arcilla»


    Evangelio según San Juan 3,1-8.

    Había entre los fariseos un hombre llamado Nicodemo, que era uno de los notables entre los judíos.
    Fue de noche a ver a Jesús y le dijo: "Maestro, sabemos que tú has venido de parte de Dios para enseñar, porque nadie puede realizar los signos que tú haces, si Dios no está con él".
    Jesús le respondió: "Te aseguro que el que no renace de lo alto no puede ver el Reino de Dios. " Nicodemo le preguntó: "¿Cómo un hombre puede nacer cuando ya es viejo? ¿Acaso puede entrar por segunda vez en el seno de su madre y volver a nacer?".
    Jesús le respondió: "Te aseguro que el que no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios.
    Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu.
    No te extrañes de que te haya dicho: 'Ustedes tienen que renacer de lo alto'.
    El viento sopla donde quiere: tú oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Lo mismo sucede con todo el que ha nacido del Espíritu".

    Palabra del Señor

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 17 de Abril - "Tienen que nacer de lo Alto"


     Beato María-Eugenio del Niño Jesús (1894-1967) carmelita, fundador de Nuestra Señora de Vida La conducta del alma (Je veux voir Dieu, Carmel, 1949)


"Tienen que nacer de lo Alto"

    La infancia espiritual hecha de pobreza celosamente conservada estaba al alcance de Nicodemo, hombre de renombre entre los judíos. Podía hacerla suya sin suprimir nada de lo exigido por su rango y el ejercicio de sus funciones, sin tomar actitudes o lenguaje infantiles… Debe hacerla suya porque para renacer bajo el soplo del Espíritu, es necesario ser pobre, confiado y dependiente en todo de Dios. O más bien, renacer no es otra cosa que devenir progresivamente un niño.

    Mientras que el engendramiento en el orden natural, realizado en el seno de la madre, se desarrolla en una generación progresiva hasta que el niño pueda vivir su independencia en perfección, el engendramiento espiritual se hace en un sentido inverso con una asimilación progresiva hacia la unidad. Separados de Dios por el pecado, somos iluminados por su luz, tomados cada vez más en las relaciones estrechas de su amor. Hasta que devenidos verdaderos niños, seamos inmersos en su seno, viviendo sólo de su vida y Espíritu.

    “Todos los que son conducidos por el Espíritu de Dios son hijos de Dios” (Rom 8,14) Son los que por la pobreza espiritual y el desapego de ellos mismos, perdieron sus obras propias y entraron en el seno de Dios en el que sus vidas y movimientos dependen en todo del Espíritu que los engendra. Tal es el sentido y el valor de la infancia espiritual. Perfectamente realizada, es ya la santidad.

SANTORAL - SANTA KATERI TEKAKWITHA

17 de Abril


   Kateri Tekakwitha (1656-1680), laica, india de América del Norte (Estados Unidos y Canadá), llamada también “lirio de los Mohawks”, muerta tres años después de su bautismo.

    La América norteamericana ya tiene su santa india. Una figura extraordinaria llena de encanto, testigo de lo que la gracia divina hace en quien, con toda la inocencia de una juventud incontaminada, se deja llevar por su impulso. Kateri Tekakwitha vivió mucho en pocos años. Murió consagrada a Dios a los 24 años.

    En el inmenso territorio descubierto en el siglo XVI, se establecieron poco a poco colonias de todas las procedencias, ambicionando establecerse en aquellas grandes praderas. En medio de la presencia holandesa y luego inglesa, vivió una joven india mohawk.

    La santa ha realizado muchos milagros privados. La conocida como “el lirio de los mohawks” tiene su santuario nacional en Fonda, Nueva York. Fue fundado en honor de Kateri, en el lugar donde fue bautizada el domingo de Pascua, 5 de abril de 1676, y aquí vivió sus años de adolescencia.

    Kateri nació en 1656 de una madre algonquina cristiana --raptada por los iroqueses y casada con un jefe mohawk--, en la aldea fortificada de Mohawk Canaouaga u Ossernenon (moderna Auriesville), en el actual estado de Nueva York.

    Cuando sólo tenía cuatro años, quedó huérfana, debido a una epidemia de viruela. Kateri sobrevivió pero quedó marcada de cicatrices y con una visión reducida. Kateri fue apodada "tekakwitha", que significa "la que choca contra las cosas". Fue acogida por su tío, que se oponía duramente a la evangelización.

    Cuando Kateri tenía diez años, en 1666, una partida de guerra compuesta de soldados franceses e indios hostle de Canadá destruyó las fortalezas mohawk en la orilla sur del río Mohawk. Los mohawks supervivientes se trasladaron a la parte norte del río. Kateri vivió en Caughnawaga, sede del actual santuario, los siguientes diez años.

    Cuando tenía 18 años, inició la catequesis en secreto y finalmente su tío dio su consentimiento para que se convirtiera al cristianismo, a condición de saliera del pueblo indio. Tras caminar unos 320 kilómetros por el bosque hasta llegar a Sault Ste. Marie, un pueblo cristiano cerca de Montreal, en 1677. El asentamiento indio era conocido como Kahnawake, al otro lado del río San Lorenzo, fue denominado "El pueblo de los indios que rezan".

    El día de Navidad de 1677, Kateri hizo la primera comunión y, en la Fiesta de la Anunciación de 1679, hizo voto de virginidad perpetua. Se ofreció a la Santísima Virgen María para que la aceptara como hija. En los últimos años de su vida, soportó un gran sufrimiento por una enfermedad grave. Murió el 17 de abril de 1680, poco antes de cumplir 24 años, y fue enterrada en Kahnawake, Quebec, Canadá. Sus palabras finales fueron: "Jesús, María, os amo".

Oremos

    Señor Dios, Tú llamaste a la virgen Santa Kateri, para brillar en el pueblo indio americano como un ejemplo de la inocencia de la vida. A través de su intercesión, todos los pueblos de toda raza, lengua y nación, después de haber sido recogido en tu iglesia, proclamemos tu grandeza en un canto de alabanza. Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo y el Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén

-FRASE DEL DÍA-



 

sábado, 15 de abril de 2023

-PROPÓSITO DEL DÍA- "Para que por la práctica de los consejos evangélicos y la vida de oración, podamos crecer en el amor a Dios y nuestros hermanos"



 

EVANGELIO - 16 de Abril - San Juan 20,19-31


    Libro de los Hechos de los Apóstoles 2,42-47.

    Todos se reunían asiduamente para escuchar la enseñanza de los Apóstoles y participar en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones.
    Un santo temor se apoderó de todos ellos, porque los Apóstoles realizaban muchos prodigios y signos.
    Todos los creyentes se mantenían unidos y ponían lo suyo en común: vendían sus propiedades y sus bienes, y distribuían el dinero entre ellos, según las necesidades de cada uno.
    Intimamente unidos, frecuentaban a diario el Templo, partían el pan en sus casas, y comían juntos con alegría y sencillez de corazón; ellos alababan a Dios y eran queridos por todo el pueblo.  
Y cada día, el Señor acrecentaba la comunidad con aquellos que debían salvarse.


Salmo 118(117),2-4.13-15.22-24.

Que lo diga el pueblo de Israel:
¡es eterno su amor!
Que lo diga la familia de Aarón:
íes eterno su amor!
Que lo digan los que temen al Señor:
¡es eterno su amor!

Me empujaron con violencia para derribarme,
pero el Señor vino en mi ayuda.
El Señor es mi fuerza y mi protección;
él fue mi salvación.
Un grito de alegría y de victoria
resuena en las carpas de los justos.

“La mano del Señor hace proezas,
La piedra que desecharon los constructores
es ahora la piedra angular.
Esto ha sido hecho por el Señor
y es admirable a nuestros ojos.
Este es el día que hizo el Señor:
alegrémonos y regocijémonos en él.


    Epístola I de San Pedro 1,3-9.

    Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia, nos hizo renacer, por la resurrección de Jesucristo, a una esperanza viva, a una herencia incorruptible, incontaminada e imperecedera, que ustedes tienen reservada en el cielo.
    Porque gracias a la fe, el poder de Dios los conserva para la salvación dispuesta a ser revelada en el momento final.
    Por eso, ustedes se regocijan a pesar de las diversas pruebas que deben sufrir momentáneamente: así, la fe de ustedes, una vez puesta a prueba, será mucho más valiosa que el oro perecedero purificado por el fuego, y se convertirá en motivo de alabanza, de gloria y de honor el día de la Revelación de Jesucristo.
    Porque ustedes lo aman sin haberlo visto, y creyendo en él sin verlo todavía, se alegran con un gozo indecible y lleno de gloria, seguros de alcanzar el término de esa fe, que es la salvación.


    Evangelio según San Juan 20,19-31.

    Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: "¡La paz esté con ustedes!".
    Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.
    Jesús les dijo de nuevo: "¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes".
    Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: "Reciban el Espíritu Santo.
    Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, 
y serán retenidos a los que ustedes se los retengan".
    Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús.
    Los otros discípulos le dijeron: "¡Hemos visto al Señor!". El les respondió: "Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré".
    Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: "¡La paz esté con ustedes!".
    Luego dijo a Tomás: "Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe".
    Tomas respondió: "¡Señor mío y Dios mío!".
    Jesús le dijo: "Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!".
    Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro.
    Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre.

    Palabra del Señor

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 16 de Abril - «Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo»


         San Gregorio Magno Sobre los Evangelios: El Señor ama a sus discípulos, y, sin embargo, los envía al mundo a padecer Homilía 26, 1-2 sobre los Evangelios: PL 76, 1197-1198


«Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo» 

    La primera cuestión que nos plantea la lectura de este texto evangélico es ésta: ¿cómo puede ser real el cuerpo del Señor después de la resurrección, si pudo entrar en la casa estando las puertas cerradas? Pero hemos de tener en cuenta que las obras de Dios no serían admirables, si fueran comprensibles para nuestra inteligencia; y que la fe no tiene mérito alguno, si la razón humana le aporta las pruebas.

    Pero estas mismas obras de nuestro Redentor que en sí mismas son incomprensibles, debemos considerarlas a la luz de otras situaciones suyas, para que las gestas más maravillosas hagan creíbles las cosas sencillamente admirables. En efecto, aquel cuerpo del Señor que, cerradas las puertas, entró adonde estaban los discípulos, es exactamente el mismo cuerpo que, en el momento de su nacimiento, salió a los ojos de los hombres del seno sellado de la Virgen. ¿Qué tiene, pues, de extraño el que después de su resurrección, ya eternamente triunfante, entrara a través de las puertas cerradas el que, viniendo para morir, salió del seno sellado de la Virgen? Mas como quiera que ante aquel cuerpo visible dudaba la fe de quienes lo contemplaban, enseguida les enseñó las manos y el costado; se prestó a que palparan aquella carne, que había introducido a través de las puertas cerradas.

    De un modo maravilloso e inestimable nuestro Redentor, después de su resurrección, exhibió un cuerpo a la vez incorruptible y palpable, a fin de que mostrándolo incorruptible invitara al premio, y presentándolo palpable afianzara la fe. Se mostró, pues, incorruptible y palpable, para dejar fuera de dudas que su cuerpo, después de la resurrección, era de la misma naturaleza, pero de distinta gloria.

    Y les dijo: Paz a vosotros. Como mi Padre me ha enviado, así también os envío yo. Esto es: como el Padre, que es Dios, me ha enviado a mí que soy Dios, así también yo, que soy hombre, os envío a vosotros, que sois hombres. El Padre envió al Hijo y determinó que se encarnara para la redención del género humano. Quiso ciertamente que viniera al mundo a padecer, y sin embargo amó al Hijo a quien mandó a la pasión. Asimismo a los apóstoles, que él eligió, el Señor los envió al mundo no a gozar, sino —como él mismo fue enviado— a padecer. Y así como el Hijo es amado por el Padre y no obstante es enviado a padecer, de igual modo los discípulos son amados por el Señor y, sin embargo, son enviados al mundo a padecer. Por eso dice: Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo; esto es, cuando yo os envío al torbellino de las persecuciones, os estoy amando con el mismo amor con que el Padre me ama, quien no obstante, me hizo venir a soportar los tormentos.

    La palabra «enviar» puede entenderse también de su naturaleza divina. En efecto, se dice que el Hijo es enviado por el Padre, en cuanto que es engendrado por el Padre. En el mismo orden de cosas, el mismo Hijo nos habla de enviarnos el Espíritu Santo que, siendo igual al Padre y al Hijo, sin embargo no se encarnó. Dice en efecto: Cuando venga el Paráclito, que os enviaré desde el Padre. Si, pues, debiéramos interpretar la palabra «enviar» únicamente en el sentido de «encarnarse», en modo alguno podría decirse del Espíritu Santo que sería «enviado», ya que nunca se encarnó. Su misión se identifica con la procesión, por la que procede del Padre y del Hijo. Por tanto, así como se dice del Espíritu que será enviado porque procede, así también se dice correctamente del Hijo que es enviado, en el sentido de que es engendrado.