jueves, 17 de septiembre de 2026

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 18 de Septiembre - "El divino Corazón atraído por nuestra miseria"


Santa Gertrudis de Helfta (1256-1301) monja benedictina El Heraldo, Libro III (SC 143. Œuvres spirituelles, Cerf, 1968)


"El divino Corazón atraído por nuestra miseria"
            
    Un día, la meditación lleva a Gertrudis a tomar conciencia de su miseria interior. Esto le causa un gran desprecio de sí misma y ansiosa y turbada se pregunta cómo será posible gustar a Dios, que ve en ella todas las manchas. Dónde ella sólo descubre una mancha, su divina y penetrante mirada puede ver una infinidad.

    El consuelo le es dado a Gertrudis con esta respuesta divina: “El amor rende amable al amado”. Ella comprende con esto que, sobre la tierra, entre los hombres, el amor tiene tanta fuerza, que la fealdad misma place al amante, gracias al amor que tiene. Hasta hacerle desear a veces, por amor, parecerse al amado. ¿Cómo dudar qué quien es Dios Caridad no pueda, por virtud de su amor, rendir amables a los que ama? (…)

    Otra vez, el recuerdo de sus faltas pasadas la puso en tal confusión, que Gertrudis trató de esconderse para siempre. He aquí que el Señor se inclinó hacia ella con tanta reverencia, que toda la corte celestial, admirativa, trató de retenerla. Entonces el Señor respondió: “No puedo absolutamente dejar de unirme a quien, con las sólidas cuerdas de la humildad, atrae hacia ella a mi divino Corazón”.

SANTORAL - SAN JOSÉ DE CUPERTINO

18 de Septiembre


    En Osimo, en el Piceno, san José de Cupertino, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores Conventuales, célebre, en circunstancias difíciles, por su pobreza, humildad y caridad para con los necesitados de Dios.

    La capacidad de "volar con la mente y con el cuerpo" fue el rasgo característico de la vida de San José de Cupertino. A pesar de las dificultades en sus estudios, de hecho, recibió carismáticamente el don de la ciencia infusa y vivió intensos momentos de contemplación de los misterios divinos con éxtasis y levitaciones. Sin embargo, leyéndola sobre el papel, su historia parecería indicar lo contrario. Cuando José María Desa nació el 17 de junio de 1603 en la pequeña ciudad de Cupertino, en la provincia de Lecce, Italia, su familia atravesaba por un difícil momento: su padre, Félix, se vio envuelto en el desastre económico de un conocido al que le había prestado su dinero, y terminó en la miseria. Así que José vino al mundo en un establo como Jesús y desde niño tuvo que colaborar en casa para contribuir a la economía doméstica, trabajando como un simple sirviente.

Los prodigios de los exámenes para el diaconado y el sacerdocio

    Para solventar la bancarrota paterna, el Tribunal Supremo de Nápoles estableció que, habiendo alcanzado la mayoría de edad, José estaría obligado a trabajar sin remuneración, hasta que terminara de pagar la deuda de su padre, ya fallecido. Ante esta condena - de hecho, una verdadera esclavitud - el joven volvió a pedir la admisión en el Convento de la "Grottella". Los frailes se tomaron su situación a pecho y le ayudaron a emprender un verdadero camino de estudio.     En medio de mil dificultades, y gracias a una gran fuerza de voluntad, el joven se enfrentó al examen para el diaconado. Fue allí donde ocurrió un milagro: José había estudiado en profundidad un solo pasaje del Evangelio y fue precisamente ese texto el que, por casualidad, el obispo examinador le pidió que comentara. Un acontecimiento extraordinario similar tuvo lugar tres años más tarde, durante el examen para ser ordenado sacerdote: el obispo interrogó a algunos de los candidatos y, al encontrarlos particularmente bien preparados, extendió la admisión al sacerdocio a todos los demás candidatos, sin interrogarlos y uno de ellos era justamente José. Finalmente, en 1628, José fue ordenado sacerdote.

"Hermano Burro"

    Consciente que sus propias limitaciones culturales no eran un peso, sino un don espiritual que lo identificaban con Cristo humilde y pobre, José se dedicó a los más simples trabajos manuales y a servir a los más pobres. Incluso se llamó a sí mismo "Hermano Burro". José tambièn vivió su amor a la Iglesia de manera incondicional, poniendo a Cristo pobre en el centro de su existencia y sintiendo una profunda devoción por María, la Madre de Dios. Sin embargo, quien escuchaba sus discursos podía reconocer que en él brillaba la luz de una teología madura, capaz de comprender en profundidad temas doctrinales muy difíciles: se trataba del Don de ciencia infusa, que lo había hecho muy sabio sin haber frecuentado las universidades.

Los éxtasis y las levitaciones

    La contemplación amorosa de los misterios divinos tambièn acentuó en José los fenómenos de éxtasis y de levitación, sobre todo cuando contemplaba y dialogaba con Jesús y María. A un cofrade le explicaba la razón de estos éxtasis: "Cuando la pólvora se enciende en el disparo del fusil y envía ese ruido estruendoso, el corazón se enamora de Dios y va fuera de sí". Tales episodios extraordinarios no escaparon a la Inquisición de Nápoles, que lo convocó para tratar de comprender si el joven de Cupertino abusaba de la credibilidad popular o no. Justo delante de los jueces alineados en el Monasterio de San Gregorio Armeno, José tuvo una levitación. Por lo tanto, fue absuelto de todos los cargos, pero el Santo Oficio lo confinó en aislamiento, lejos de las multitudes. El futuro santo pasó, por lo tanto, de un convento a otro -Roma, Asís, Pietrarubbia, Fossombrone- hasta Osimo, cerca de Ancona. Aquí, finalmente, llegó en 1656, a instancias del Papa Alejandro VII, donde encontró la paz. Permaneció allí ininterrumpidamente hasta su muerte, llevando siempre una vida humilde al servicio del prójimo, y en conversación amorosa con Dios en el cúlmen de la celebración eucarística: "Esto es lo que debemos hacer -explicó a un cohermano-, dejar el mundo, continuar nuestra oración y predisponer la 'gruta' de nuestro corazón para ofrecer a Jesucristo el intelecto, la memoria y la voluntad".

Su muerte y la oración del estudiante

    La muerte lo sorprendió el 18 de septiembre de 1663, a la edad de 60 años. Benedicto XIV lo beatificó en 1753, mientras que Clemente XIII lo proclamó santo el 16 de julio de 1767. Hoy, las reliquias de sus restos descansan dentro de una urna de bronce dorado, en la cripta de la Iglesia de Osimo, dedicada a él. También se ha erigido un santuario en su honor en Cupertino, sobre el establo donde nació. 

Los estudiantes con dificultades se dirigen a él, recitando esta oración:

Oh, san José de Cupertino,
amigo de los estudiantes
y protector de los examinadores,
te vengo a invocar para que me des tu ayuda.
Ya sabes, por tu propia experiencia,
cuánta ansiedad y dificultad
acompaña al esfuerzo del estudio
y también lo fácil que es caer
en los peligros del cansancio intelectual y del desánimo.
Tú, que fuiste asistido prodigiosamente
por Dios en estudios y exámenes
para la admisión a las órdenes sagradas,
pídele al Señor su luz para mi mente
y su fuerza para mi voluntad.
Tú que experimentaste tan concretamente
la ayuda maternal de Nuestra Señora,
Madre de la Esperanza,
intercede por mí,
para que pueda superar fácilmente
todas las dificultades en los estudios y exámenes.
Amén.

Oremos

    Oh Dios, que dispusiste atraerlo todo a tu unigénito Hijo, elevado sobre la tierra en la Cruz, concédenos qué, por los méritos y ejemplos de tu Seráfico Confesor Jose, sobreponiéndonos a todas las terrenas concupiscencias, merezcamos llegar a El, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

-FRASE DEL DÍA-



 

miércoles, 16 de septiembre de 2026

LA SAGRADA ESCRITURA - CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA



    117 El sentido espiritual. Gracias a la unidad del designio de Dios, no solamente el texto de la Escritura, sino también las realidades y los acontecimientos de que habla pueden ser signos.

          El sentido alegórico. Podemos adquirir una comprensión más profunda de los acontecimientos reconociendo su significación en Cristo; así, el paso del mar Rojo es un signo de la victoria de Cristo y por ello del Bautismo (cf. 1 Cor 10, 2).

         El sentido moral. Los acontecimientos narrados en la Escritura pueden conducirnos a un obrar justo. Fueron escritos «para nuestra instrucción» (1 Cor 10, 11; cf. Hb 3-4,11).

        El sentido anagógico. Podemos ver realidades y acontecimientos en su significación eterna, que nos conduce (en griego: «anagoge») hacia nuestra Patria. Así, la Iglesia en la tierra es signo de la Jerusalén celeste (cf. Ap 21,1- 22,5).

PENSAMIENTO DE LOS SANTOS



 

-PROPÓSITO DEL DÍA- "Para que por la práctica de los consejos evangélicos y la vida de oración, podamos crecer en el amor a Dios y nuestros hermanos"



 

EVANGELIO - 17 de Septiembre - San Lucas 7,36-50


    Carta I de San Pablo a los Corintios 15,1-11.

    Hermanos, les recuerdo la Buena Noticia que yo les he predicado, que ustedes han recibido y a la cual permanecen fieles.
    Por ella son salvados, si la conservan tal como yo se la anuncié; de lo contrario, habrán creído en vano.
    Les he trasmitido en primer lugar, lo que yo mismo recibí: Cristo murió por nuestros pecados, conforme a la Escritura.
    Fue sepultado y resucitó al tercer día, de acuerdo con la Escritura.
    Se apareció a Pedro y después a los Doce.
    Luego se apareció a más de quinientos hermanos al mismo tiempo, la mayor parte de los cuales vive aún, y algunos han muerto.
    Además, se apareció a Santiago y de nuevo a todos los Apóstoles.
    Por último, se me apareció también a mí, que soy como el fruto de un aborto.
    Porque yo soy el último de los Apóstoles, y ni siquiera merezco ser llamado Apóstol, ya que he perseguido a la Iglesia de Dios.
    Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia no fue estéril en mí, sino que yo he trabajado más que todos ellos, aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios que está conmigo.
    En resumen, tanto ellos como yo, predicamos lo mismo, y esto es lo que ustedes han creído.


Salmo 118(117),1-2.16ab-17.28.

¡Den gracias al Señor, porque es bueno,
porque es eterno su amor!
Que lo diga el pueblo de Israel:
¡es eterno su amor!

La mano del Señor es sublime,
la mano del Señor hace proezas.
No, no moriré:
viviré para publicar lo que hizo el Señor.

Tú eres mi Dios, y yo te doy gracias;
Dios mío, yo te glorifico.


    Evangelio según San Lucas 7,36-50.

    Un fariseo invitó a Jesús a comer con él. Jesús entró en la casa y se sentó a la mesa.
    Entonces una mujer pecadora que vivía en la ciudad, al enterarse de que Jesús estaba comiendo en casa del fariseo, se presentó con un frasco de perfume.
    Y colocándose detrás de él, se puso a llorar a sus pies y comenzó a bañarlos con sus lágrimas; los secaba con sus cabellos, los cubría de besos y los ungía con perfume.
    Al ver esto, el fariseo que lo había invitado pensó: "Si este hombre fuera profeta, sabría quién es la mujer que lo toca y lo que ella es: ¡una pecadora!".
    Pero Jesús le dijo: "Simón, tengo algo que decirte". "Di, Maestro!", respondió él.
    "Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios, el otro cincuenta.
    Como no tenían con qué pagar, perdonó a ambos la deuda. ¿Cuál de los dos lo amará más?".
    Simón contestó: "Pienso que aquel a quien perdonó más". Jesús le dijo: "Has juzgado bien".
    Y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: "¿Ves a esta mujer?      Entré en tu casa y tú no derramaste agua sobre mis pies; en cambio, ella los bañó con sus lágrimas y los secó con sus cabellos.
    Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entré, no cesó de besar mis pies.
    Tú no ungiste mi cabeza; ella derramó perfume sobre mis pies.
    Por eso te digo que sus pecados, sus numerosos pecados, le han sido perdonados porque ha demostrado mucho amor. Pero aquel a quien se le perdona poco, demuestra poco amor".
    Después dijo a la mujer: "Tus pecados te son perdonados".
    Los invitados pensaron: "¿Quién es este hombre, que llega hasta perdonar los pecados?".
    Pero Jesús dijo a la mujer: "Tu fe te ha salvado, vete en paz".

    Palabra del Señor

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 17 de Septiembre - «Han sido perdonados sus muchos pecados»


Francisco, papa Catequesis (02-10-2013): No tengas miedo de dejarte amar por Dios. Audiencia general. Miércoles 2 de octubre de 2013.


«Han sido perdonados sus muchos pecados» 

    La Iglesia ofrece a todos la posibilidad de recorrer el camino de la santidad, que es el camino del cristiano: nos hace encontrar a Jesucristo en los sacramentos, especialmente en la Confesión y en la Eucaristía; nos comunica la Palabra de Dios, nos hace vivir en la caridad, en el amor de Dios hacia todos. Preguntémonos entonces: ¿nos dejamos santificar? ¿Somos una Iglesia que llama y acoge con los brazos abiertos a los pecadores, que da valentía, esperanza, o somos una Iglesia cerrada en sí misma? ¿Somos una Iglesia en la que se vive el amor de Dios, en la que se presta atención al otro, en la que se reza los unos por los otros?

    Una última pregunta: ¿qué puedo hacer yo que me siento débil, frágil, pecador? Dios te dice: no tengas miedo de la santidad, no tengas miedo de apuntar alto, de dejarte amar y purificar por Dios, no tengas miedo de dejarte guiar por el Espíritu Santo. Dejémonos contagiar por la santidad de Dios. Cada cristiano está llamado a la santidad (cf. Const. dogm. Lumen gentium, 39-42); y la santidad no consiste ante todo en hacer cosas extraordinarias, sino en dejar actuar a Dios. Es el encuentro de nuestra debilidad con la fuerza de su gracia, es tener confianza en su acción lo que nos permite vivir en la caridad, hacer todo con alegría y humildad, para la gloria de Dios y en el servicio al prójimo. Hay una frase célebre del escritor francés Léon Bloy; en los últimos momentos de su vida decía: «Existe una sola tristeza en la vida, la de no ser santos». 

SANTORAL - SANTA HILDEGARDA DE BINGEN



    Benedictina, monja, visionaria, profetisa, incansable reformadora de la Iglesia y renovadora de la vida monástica; autora de teología, medicina, cosmología, ciencias naturales y herboristería; poeta, compositora, predicadora y exorcista: así es santa Hildegarda de Bingen.

    Nacida en 1098 en Bermersheim, Condado Palatino del Rin, Hildegarda fue la décima hija de sus padres, ofrecida a la Iglesia como diezmo. Era conocida por sus extraordinarios talentos, sensibilidad, inteligencia y dotes proféticas. Desde los cinco años, experimentó visiones, que al principio guardó para sí, para luego compartirlas únicamente con Jutta y su confesor, Volmar.

    A los ocho años, Hildegarda ingresó en el convento, donde Jutta les enseñó a ella y a las demás hermanas los fundamentos de la vida monástica según la Regla de San Benito. Aunque a menudo se consideraba "indocta" (ignorante), tuvo un maestro particular, Volmar, que la guió espiritual e intelectualmente. Hildegarda era una experta en latín, literatura antigua y las Escrituras, y sus escritos revelan un profundo conocimiento de los Padres de la Iglesia y autores medievales.

    Tras pasar veintitrés años en la Montaña de San Disibod, Hildegarda se convirtió en superiora de la congregación femenina tras la muerte de Jutta en 1136. En 1141, recibió una visión en la que Dios le ordenó escribir lo que había visto, una tarea que inicialmente la aterraba. Sin embargo, con el apoyo de Volmar, comenzó a escribir Scivias (Conoce los caminos del Señor), completándolo durante diez años con la ayuda de Volmar y la hermana Richardis von Stade.

    La obra de Hildegarda atrajo la atención, y se leyeron fragmentos al papa Eugenio III, quien la animó a continuar. Tras Scivias, escribió más obras teológicas, conformando una trilogía visionaria que incluye el Liber vitae meritorum (Libro de los Méritos de la Vida) y el Liber divinorum operum (Libro de las Obras Divinas).

    Su creciente fama atrajo a muchas mujeres a Disibodenberg, lo que impulsó planes de expansión. En 1150, Hildegarda afirmó que Dios le había ordenado mudarse a Rupertsberg, enfrentando una férrea oposición por parte de los monjes y las familias de las monjas. Estableciendo paralelismos con Moisés, se convirtió en la primera mujer de la Edad Media en fundar un monasterio femenino de forma independiente. La comunidad prosperó, lo que la llevó a fundar un segundo monasterio en Eibingen.

    A pesar de sus numerosas responsabilidades, Hildegarda produjo más de 70 canciones, compuso el drama Ordo Virtutum y escribió obras científicas como Physica y Causae et Curae. También creó su lingua ignota (lengua desconocida) y litterae ignotae (cartas desconocidas). Hildegarda mantuvo correspondencia con figuras prominentes de su época, incluyendo reyes y obispos, quienes buscaron su guía espiritual.

    Hildegarda emprendió cuatro viajes de predicación, hablando públicamente en una época en que tales actividades solían estar reservadas a los hombres. Hizo un llamado a la renovación en la Iglesia, advirtiendo contra las herejías. En 1163, conoció al emperador Federico Barbarroja, quien puso su monasterio bajo su protección.

    Tras la muerte de Volmar en 1173, Hildegarda enfrentó dificultades para encontrar un sucesor. A lo largo de su vida, encarnó la bondad y la determinación, ganándose el respeto y la confianza. Defendió a los débiles y se pronunció contra la injusticia.

    Hildegarda falleció el 17 de septiembre de 1179. En ese momento, una señal milagrosa —una cruz resplandeciente— apareció en el cielo, presenciada por muchos en Bingen. Su proceso de canonización comenzó en 1227, y finalmente fue reconocida como santa. En 2012, el papa Benedicto XVI la canonizó para toda la Iglesia y la proclamó Doctora de la Iglesia, convirtiéndola en la cuarta doctora de la historia, junto con las santas Catalina de Siena, Teresa de Lisieux y Teresa de Ávila.

Oremos

    Dios, fuente de vida y de sabiduría que has llenado a Santa Hildegarda de Bingen de espíritu profético. Ayúdanos para que con su ejemplo reflexionemos en tus caminos y sigamos tu guía, para que en la oscuridad reconozcamos la luz de tu claridad y estemos en vela para el instante en que Tú quieras encontrarnos. Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor. Amén

SANTORAL - SAN ROBERTO BELARMINO

17 de Septiembre


    San Roberto Belarmino, obispo y doctor de la Iglesia, miembro de la Orden de la Compañía de Jesús, que intervino de modo conspicuo, con sutiles y peculiares aportaciones, en las disputas teológicas de su tiempo. Fue cardenal, y durante algún tiempo también obispo entregado al ministerio pastoral de la diócesis de Capua, en Italia. Finalmente, desempeñó en la Curia romana múltiples actividades relacionadas con la defensa doctrinal

    San Roberto nació en Monteluciano, Toscana (Italia), en 1542. Su madre era hermana del Papa Marcelo II. Desde niño dio muestras de poseer una inteligencia superior a la de sus compañeros y una memoria prodigiosa. Recitaba de memoria muchas páginas en latín, del poeta Virgilio, como si las estuviera leyendo. En las academias y discusiones públicas dejaba admirados a todos los que lo escuchaban.

    El rector del colegio de los jesuitas en Monteluciano dejó escrito: "Es el más inteligente de todos nuestros alumnos. Da esperanza de grandes éxitos para el futuro". Uno de los peores sufrimientos de San Roberto durante toda la vida fue su mala salud. En él se cumplía lo que deseaba San Bernardo cuando decía: "Ojalá que los superiores tengan una salud muy deficiente, para que logren comprender a los débiles y enfermos".

    Cada par de meses tenían que enviar a Roberto a las montañas a descansar, porque sus condiciones de salud eran muy defectuosas. Pero no por eso dejaba de estudiar y de prepararse. Era el predicador preferido por los universitarios en Lovaina, París y Roma. Profesores y estudiantes se apretujaban con horas de anticipación junto al sitio donde él iba a predicar.

    Los templos se llenaban totalmente cuando se anunciaba que era el Padre Belarmino el que iba a predicar. Hasta se subían a las columnas para lograr verlo y escucharlo. Después de haber sido profesor de la Universidad de Lovaina y en varias ciudades más, fue llamado a Roma, para enseñar allá y para ser rector del colegio mayor que los Padres Jesuitas tenían en esa capital. Y el Sumo Pontífice le pidió que escribiera un pequeño catecismo, para hacerlo aprender a la gente sencilla.

    Escribió entonces el Catecismo Resumido, el cual ha sido traducido a 55 idiomas, y ha tenido 300 ediciones en 300 años (una por año) éxito únicamente superado por la S. Biblia y por la Imitación de Cristo. Luego redactó el Catecismo Explicado, y pronto este su nuevo catecismo estuvo en las manos de sacerdotes y catequistas en todos los países del mundo.

    Durante su vida logró ver veinte ediciones seguidas de sus preciosos catecismos. Se llama controversia a una discusión larga y repetida, en la cual cada contendor va presentando los argumentos que tiene contra el otro y los argumentos que defienden lo que él dice. Los protestantes (evangélicos, luteranos, anglicanos, etc.) habían sacado una serie de libros contra los católicos y estos no hallaban cómo defenderse. Entonces el Sumo Pontífice encomendó a San Roberto que se encargara en Roma de preparar a los sacerdotes para saber enfrentarse a los enemigos de la religión. El fundó una clase que se llamaba "Las controversias", para enseñar a sus alumnos a discutir con los adversarios.

    Y pronto publicó su primer tomo titulado así: "Controversias". En ese libro con admirable sabiduría, pulverizaba lo que decían los evangélicos y calvinistas. El éxito fue rotundo. Enseguida aparecieron el segundo y tercer tomo, hasta el octavo, y los sacerdotes y catequistas de todas las naciones encontraban en ellos los argumentos que necesitaban para convencer a los protestantes de lo equivocados que están los que atacan nuestra religión.

    San Francisco de Sales cuando iba a discutir con un protestante llevaba siempre dos libros: La Santa Biblia y un tomo de las Controversias de Belarmino. En 30 años tuvieron 20 ediciones estos sus famosos libros. Un librero de Londres exclamaba: "Este libro me sacó de pobre. Son tantos los que he vendido, que ya se me arregló mi situación económica".

    Los superiores Jesuitas le encomendaron que se encargara de la dirección espiritual de los jóvenes seminaristas, y San Roberto tuvo la suerte de contar entre sus dirigidos, a San Luis Gonzaga. Después cuando Belarmino se muera dejará como petición que lo entierren junto a la tumba de San Luis, diciendo: "Es que fue mi discípulo". En los últimos años pedía permiso al Sumo Pontífice y se iba a pasar semanas y semanas al noviciado de los Jesuitas, y allá se dedicaba a rezar y a obedecer tan humildemente como si fuera un sencillo novicio.

    En la elección del nuevo Sumo Pontífice, el cardenal Belarmino tuvo 14 votos, la mitad de los votantes. El rezaba y fervorosamente a Dios para que lo librara de semejante cargo tan difícil, y fue escuchado. Poco antes de morir escribió en su testamento que lo poco que tenía se repartiera entre los pobres. Que sus funerales fueran de noche (para que no hubiera tanta gente) y se hicieran sin solemnidad. Pero a pesar de que se le obedeció haciéndole los funerales de noche, el gentío fue inmenso y todos estaban convencidos de que estaban asistiendo al entierro de un santo. Murió el 17 de septiembre de 1621.

    Su canonización se demoró mucho porque había una escuela teológica contraria a él, que no lo dejaba canonizar. Pero el Sumo Pontífice Pío XI lo declaró santo en 1930, y Doctor de la Iglesia en 1931.

Oremos

    Señor, tú que dotaste a San Roberto Belarmino de santidad y sabiduría admirable para defender la fe de tu Iglesia, concede a tu pueblo, por su intercesión, la gracia de vivir con la alegría de profesar plenamente la fe verdadera. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén

-FRASE DEL DÍA-



 

martes, 15 de septiembre de 2026

LA SAGRADA ESCRITURA - CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA



  116 El sentido literal. Es el sentido significado por las palabras de la Escritura y descubierto por la exégesis que sigue las reglas de la justa interpretación. Omnes sensus (sc. sacrae Scripturae) fundentur super unum litteralem sensum (Santo Tomás de Aquino., S.Th., 1, q.1, a. 10, ad 1). Todos los sentidos de la Sagrada Escritura se fundan sobre el sentido literal.