miércoles, 19 de marzo de 2025

MES DE SAN JOSÉ

VIGÉSIMO DÍA: REGRESO A NAZARET


 Regreso a Nazaret

    Hablando de su misión, el Niño Jesús había hecho resplandecer como un rayo de su divinidad, pero inmediatamente volvió a ser, después de haberse revelado como Hijo del Padre de las luces, hijo de José y de María. Volvió a bajar con ellos a Nazaret, dice el Santo Evangelio; volvió a su conducta ordinaria, en la sumisión y la oscuridad; crecía en gracia y en sabiduría y les estaba sometido. A medida que crecía y tomaba parte en sus rudos trabajos, José vio la sorprendente obediencia del Mesías, que trabajaba con sus manos en un oficio vulgar, y obedecía a José como hijo y como aprendiz; admiró ese silencio, esa obediencia pronta y ciega, este afectuoso apuro, porque viendo la bondad que Jesús manifestó a sus apóstoles a menudo incrédulos, a menudo groseros, ¡se puede imaginar con qué amor pagaba a su padre nutricio! María veía esas cosas y las meditaba en su corazón. Nosotros, entremos en ese interior de Nazaret, aprendamos en la escuela de Jesús y de José, clamor al trabajo, la humildad, la obediencia, las atenciones recíprocas y tiernas, todas esas virtudes domésticas que ya no se practican en nuestras familias: el orgullo y la sequedad moderna los han reemplazado. Cuando nos sintamos fríos, egoístas, insumisos, miremos a Jesús, María y José: es imposible que un buen pensamiento no emane de esta santa contemplación.

Oración

    O san José, ya que el Hijo de Dios pone su libertad entre tus manos, te confío también la mía; obtén que mi voluntad sea siempre dócil a las órdenes de Dios, a las órdenes de aquellos que están cerca de mí. Vuélveme sabio, obediente y laborioso, a ejemplo del divino Niño. San José, a quien estuvieron sometidos Jesús y María, ruega por nosotros.

-PROPÓSITO DEL DÍA- "Para que por la práctica de los consejos evangélicos y la vida de oración, podamos crecer en el amor a Dios y nuestros hermanos"



 

EVANGELIO - 20 de Marzo - San Lucas 16,19-31.


    Libro de Jeremías 17,5-10.

    Así habla el Señor: ¡Maldito el hombre que confía en el hombre y busca su apoyo en la carne, mientras su corazón se aparta del Señor!
    El es como un matorral en la estepa que no ve llegar la felicidad; habita en la aridez del desierto, en una tierra salobre e inhóspita.
    ¡Bendito el hombre que confía en el Señor y en él tiene puesta su confianza!
    El es como un árbol plantado al borde de las aguas, que extiende sus raíces hacia la corriente; no teme cuando llega el calor y su follaje se mantiene frondoso; no se inquieta en un año de sequía y nunca deja de dar fruto.
    Nada más tortuoso que el corazón humano y no tiene arreglo ¿quién puede penetrarlo?
    Yo, el Señor, sondeo el corazón y examino las entrañas, para dar a cada uno según su conducta, según el fruto de sus acciones.


Salmo 1,1-2.3.4.6.

¡Feliz el que pone su confianza en el Señor!

¡Feliz el hombre
que no sigue el consejo de los malvados,
ni se detiene en el camino de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los impíos,
sino que se complace en la ley del Señor
y la medita de día y de noche!

El es como un árbol
plantado al borde de las aguas,
que produce fruto a su debido tiempo,
y cuyas hojas nunca se marchitan:
todo lo que haga le saldrá bien.

No sucede así con los malvados:
ellos son como paja que se lleva el viento.
Porque el Señor cuida el camino de los justos,
pero el camino de los malvados termina mal.


    Evangelio según San Lucas 16,19-31.

    Jesús dijo a los fariseos: "Había un hombre rico que se vestía de púrpura y lino finísimo y cada día hacía espléndidos banquetes.
    A su puerta, cubierto de llagas, yacía un pobre llamado Lázaro, que ansiaba saciarse con lo que caía de la mesa del rico; y hasta los perros iban a lamer sus llagas.
    El pobre murió y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham.  El rico también murió y fue sepultado.
    En la morada de los muertos, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro junto a él.
    Entonces exclamó: 'Padre Abraham, ten piedad de mí y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en el agua y refresque mi lengua, porque estas llamas me atormentan'.
    'Hijo mío, respondió Abraham, recuerda que has recibido tus bienes en vida y Lázaro, en cambio, recibió males; ahora él encuentra aquí su consuelo, y tú, el tormento.
    Además, entre ustedes y nosotros se abre un gran abismo. De manera que los que quieren pasar de aquí hasta allí no pueden hacerlo, y tampoco se puede pasar de allí hasta aquí'.
    El rico contestó: 'Te ruego entonces, padre, que envíes a Lázaro a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos: que él los prevenga, no sea que ellos también caigan en este lugar de tormento'.
    Abraham respondió: 'Tienen a Moisés y a los Profetas; que los escuchen'.
    'No, padre Abraham, insistió el rico. Pero si alguno de los muertos va a verlos, se arrepentirán'.
    Pero Abraham respondió: 'Si no escuchan a Moisés y a los Profetas, aunque resucite alguno de entre los muertos, tampoco se convencerán'".

    Palabra del Señor

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 20 de Marzo - Evitemos parecernos al “rico avaro”


San Basilio (c. 330-379) monje y obispo de Cesárea en Capadocia, doctor de la Iglesia Homilía sobre la caridad (Lectures chrétiennes pour notre temps, Abbaye d'Orval, 1971)


Evitemos parecernos al “rico avaro”
             
    Ten cuidado hermano, de no parecerte al “rico avaro”. Oh hombre, imita a la tierra, produce fruto igual que ella, no sea que parezcas menos bueno que ella, que es un ser sin alma. La tierra produce frutos de los que ella no ha de gozar y que  están destinados a tu beneficio. En cambio, los frutos de tu benevolencia los recolectas en beneficio para ti, ya que la recompensa de las buenas obras revierte en beneficio de los que las hacen. (…)

    Procura, entonces, que el fin de tus trabajos sea el comienzo de la siembra celestial. Siembren justicia y cosecharán misericordia, dice la Escritura.(…) Tus riquezas tendrás que dejarlas aquí, lo quieras o no. Por el contrario, la gloria que hayas adquirido con tus buenas obras la llevarás hasta el Señor, cuando, rodeado de los elegidos, ante el Juez universal, ellos proclamarán tu generosidad y tu largueza, atribuyéndote todos los apelativos indicadores de tu bondad, de tu benignidad. (…)

    Deberías estar agradecido, contento y feliz por el honor que se te ha concedido, al no ser tú quien ha de importunar a la puerta de los demás, sino los demás quienes acuden a la tuya. Y en cambio te retraes y te haces casi inaccesible, rehuyes el encuentro con los demás, para no verte obligado a soltar lo que tienes. Sólo sabes decir: "No tengo nada que dar, porque soy pobre". En verdad eres pobre y privado de todo bien: pobre en amor, pobre en bondad, pobre en confianza en Dios, pobre en esperanza eterna.

SANTORAL - SANTA MARÍA JOSEFA DEL CORAZÓN DE JESÚS

 20 de Marzo

  
    María Josefa Sancho de Guerra dedicó su vida entera a cuidar a los enfermos y a asistir a los pobres, inclinación característica de su infancia junto a la devoción por la Eucaristía y por la Virgen María. Como es propio de los santos, la clave de su acción fue el amor a Cristo, a quien veía en su prójimo. Desde esta cátedra inigualable de la caridad dispensó a cada uno el trato preciso. Supo acoger y comprender a todos en sus limitaciones sin exclusión. Porque solo Él, «Varón de dolores», puede mostrar cómo ha de procederse cuando más descarnada se muestra la fragilidad del ser humano que yace atrapado por la enfermedad, y tal vez estremecido por la angustia ante la muerte. En un momento dado, esta fundadora advirtió a sus hijas: «La asistencia no consiste solo en dar las medicinas y los alimentos al enfermo; hay otra clase de asistencia, y es la del corazón, procurando acomodarse a la persona que sufre».

    Natural de Vitoria, España, nació el 7 de septiembre de 1842. Perdió a su padre cuando tenía 6 años. Era la mayor de tres hermanas. A los 15 años se trasladó a Madrid con objeto de completar la educación que venía recibiendo. Y a los 18, teniendo clara vocación, no dudó de que su futuro debía transcurrir al abrigo de un claustro, algo que realmente le atraía. Años más tarde, mirando atrás retrospectivamente, diría: «Nací con la vocación religiosa». El convento de las concepcionistas de Aranjuez fue el lugar en el que pensó ingresar en 1860. Entonces contrajo el tifus y se frustraron sus sueños de convertirse en contemplativa. El trasfondo de la enfermedad, más allá del ámbito físico, era netamente espiritual. Ella, como le ha sucedido a tantos otros, tenía trazada de antemano una misión para la que había sido elegida por Dios. Y la inoportuna lesión no hacía más que señalarle otro camino. Naturalmente, desconocía este extremo, aunque pronto se le iba a desvelar. Urgida por religioso empeño, acudió al instituto de las Siervas de María. A punto de profesar, se presentaron las dudas. Tenía 22 años cuando surgió el recelo: ¿debía comprometerse con una Orden de vida activa?

    Abrió su corazón sucesivamente a la maestra de novicias santa Soledad Torres Acosta, y a san Antonio María Claret. Ambos la ayudaron a dilucidar su camino, juzgando que hasta entonces había errado en el que debía materializar su vocación. Llevada de la mano del santo, después de haberlo meditado durante tres días ofreciendo la Eucaristía al Espíritu Santo por indicación suya, no necesitó más. Comprendió que, efectivamente, tal como este fundador le había advertido, estaba llamada a poner en marcha otra Obra. Aunque los temores volvieron a asaltarla en otros momentos, con la venia del cardenal arzobispo de Toledo, que la alentó, en 1871 dejó a las Siervas de María y se dispuso a fundar en Bilbao el Instituto de las Hermanas Siervas de Jesús dedicado a la asistencia de los enfermos. Espiritualmente, el viaje, cuyo destino primero había sido Barcelona, constituyó para ella una dura prueba. Echando mano de la confianza en medio de la oscuridad que se cernió sobre su espíritu, junto al consuelo de las cuatro religiosas que le acompañaban, consiguió proseguir adelante y fortalecerse para nuevas dificultades. Tuvo que vencer suspicacias desde el primer momento hasta de personas que después iban a serle de gran ayuda, como le sucedió inicialmente con el bondadoso sacerdote Mariano José de Ibargoingotia. Las vocaciones florecían. Y el Instituto, que instituyó no sin ciertas penalidades y sacrificios, se fue extendiendo dentro y fuera de España. Recibió aprobación diocesana en 1874 y obtuvo la pontificia en 1886.

    Al profesar María Josefa tomó el nombre de sor Corazón de Jesús. Fue superiora de la congregación de forma ininterrumpida durante cuarenta y dos años, poniendo de relieve la autenticidad de sus palabras: «Mi vida está en Dios y es para Dios». En esas décadas tuvo que lidiar con las guerras carlistas y diversos asedios sufridos por la ciudad de Bilbao. Después de intricados viajes para visitar las diversas comunidades, un grave problema cardíaco, que luego se complicó con una lesión pulmonar, en 1911 la dejó completamente mermada. Solo podía permanecer acostada o sentada en una butaca. Así fue siguiendo el devenir de las fundaciones, atrapada físicamente, pero lúcida y capaz de escribir a sus hijas numerosas cartas. En ellas plasmó su rica espiritualidad concretada en su gran amor a la Eucaristía y al Sagrado Corazón, la vocación a abrazarse a la cruz participando en el dolor Redentor de Cristo, y la plena dedicación al servicio de los enfermos encarnada en un espíritu contemplativo. Hizo notar: «La caridad y el amor mutuo, forman aún en esta vida el cielo de las comunidades. Sin cruz no hemos de estar, dondequiera que vayamos, la vida religiosa es vida de sacrificio y de abnegación. El fundamento de la mayor perfección es la caridad fraterna». Encomendaba a sus hijas: «Sean compasivas con los enfermos, en el lecho del dolor, todos son igualmente necesitados». Al final, postrada, como se hallaban tantos en los que pensó al poner en marcha la fundación y a los que había dedicado su vida, al sentir el afecto y delicadeza de sus hermanas pedía que no le dispensaran un trato deferente:«Dejadme morir como una pobre religiosa… Tratadme como a los pobres, quiero morir como he vivido…». Falleció en Bilbao el 20 de marzo de 1912 diciendo: «Ya está todo».El carisma que había amasado sobre el «amor y sacrificio» era una espléndida realidad.Dejaba 42 casas abiertas y más de un millar de religiosas. Juan Pablo II la beatificó el 27 de septiembre de 1992. Él mismo la canonizó el 1 de octubre del año 2000.

Oremos

    Señor venimos a Ti, llenos de confianza, porque eres nuestro Padre Celestial. Tú, que nos mandaste escuchar a tu Hijo amado, ilumina nuestro corazón con su Palabra, para que, a imitación de Santa María Josefa del Corazón de Jesús, seamos dóciles a tu voluntad, fuertes en el seguimiento de Jesucristo y entregados a nuestros hermanos, especialmente a los enfermos y a los más necesitados. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén

-FRASE DEL DÍA-



 

martes, 18 de marzo de 2025

MES DE SAN JOSÉ

 DÉCIMO NOVENO DÍA: RESPUESTA DE JESÚS

Respuesta de Jesús

    ¿No saben que tengo que ocuparme de los asuntos de mi Padre?” Hablando de esta manera, dice Bossuet, desautoriza a María, que había llamado padre a José? No, sin duda, pero le recuerda el dulce recuerdo e su verdadero Padre que es Dios. Cuya voluntad debe ser su ocupación”.

    José y María aceptaron esta divina respuesta; sabían ambos que su querido hijo no era en sus manos sino un depósito, que no había venido para permanecer con ellos, y que los profetas lo habían dicho, los ciegos y los enfermos lo esperaban sobre los caminos de Judea, que las almas sin pastor tenían sed de escucharlo, y que la profecía más dura, la cruz y el Calvario eran su último destino terrestre. Se sometieron; María con esta misma resignación heroica que la hizo permanecer junto a la Cruz, san José con la fe, la simplicidad, la devoción que impregnan todos sus actos. Descansa con humildad, adora al Hijo de Dios que fue confiado a su amor, que pudo sustraer a Herodes, pero que no podrá sustraer a la cruz. Bajo la voluntad divina s inclinan el Dios-Hombre, la Virgen-Madre y el santo protector. Dedíquense hijo a conocer la voluntad de Dios sobre acerca de ustedes, y pidan a san José para que los guíe en la elección de una carrera. Saquen de la escuela de Jesús niño el amor al deber, sea cual fuere, y miren cómo la gran preocupación aquí abajo no es ganar dinero o adquirir honores sino cumplir la voluntad divina practicando sus deberes hacia Dios y hacia los hombres.


Oración

    Te rendimos, Señor, el homenaje de nuestra servidumbre, y teb lo pedimos humildemente, por los méritos del santo esposo de María, bendecir en nosotros tus propios dones, y y concedernos la gracia de la salvación. 

    San José, jefe de la Sagrada Familia, ruega por nosotros.

-PROPÓSITO DEL DÍA- "Para que por la práctica de los consejos evangélicos y la vida de oración, podamos crecer en el amor a Dios y nuestros hermanos"



 

EVANGELIO - 19 de Marzo - San Mateo 1,16.18-21.24a


    Segundo Libro de Samuel 7,4-5a.12-14a.16.

    Pero aquella misma noche, la palabra del Señor llegó a Natán en estos términos: «Ve a decirle a mi servidor David: Así habla el Señor: cuando hayas llegado al término de tus días y vayas a descansar con tus padres, yo elevaré después de ti a uno de tus descendientes, a uno que saldrá de tus entrañas, y afianzaré su realeza.
    El edificará una casa para mi Nombre, y yo afianzaré para siempre su trono real.
    Seré un padre para él, y él será para mí un hijo.
    Tu casa y tu reino durarán eternamente delante de mí, y su trono será estable para siempre.»


Salmo 89(88),2-3.4-5.27.29.

Su descendencia permanecerá para siempre.

Cantaré eternamente el amor del Señor,
proclamaré tu fidelidad por todas las generaciones.
Porque tú has dicho:
«Mi amor se mantendrá eternamente,

mi fidelidad está afianzada en el cielo.»
Yo sellé una alianza con mi elegido,
hice este juramento a David, mi servidor:
«Estableceré tu descendencia para siempre,

mantendré tu trono por todas las generaciones.»
El me dirá: «Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca salvadora.»
Le aseguraré mi amor eternamente,
y mi alianza será estable para él.


    Carta de San Pablo a los Romanos 4,13.16-18.22.

    Hermanos: En efecto, la promesa de recibir el mundo en herencia, hecha a Abraham y a su posteridad, no le fue concedida en virtud de la Ley, sino por la justicia que procede de la fe.
    Por eso, la herencia se obtiene por medio de la fe, a fin de que esa herencia sea gratuita y la promesa quede asegurada para todos los descendientes de Abraham, no sólo los que lo son por la Ley, sino también los que lo son por la fe. Porque él es nuestro padre común, como dice la Escritura: Te he constituido padre de muchas naciones. Abraham es nuestro padre a los ojos de aquel en quien creyó: el Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia a las cosas que no existen.
    Esperando contra toda esperanza, Abraham creyó y llegó a ser padre de muchas naciones, como se le había anunciado: Así será tu descendencia.
    Por eso, la fe le fue tenida en cuenta para su justificación.


    Evangelio según San Mateo 1,16.18-21.24a.

    Jacob fue padre de José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, que es llamado Cristo.
    Este fue el origen de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo.
    José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto.
    Mientras pensaba en esto, el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: "José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo.
    Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados".
    Al despertar, José hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado.

    Palabra del Señor

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 19 de Marzo - «No tengas reparo en llevarte a María, tu mujer»

 

       San Juan Pablo II (1920-2005) papa Redemptoris custos, 18-19


«No tengas reparo en llevarte a María, tu mujer»
     
    Dirigiéndose a José a través de las palabras del ángel, Dios le habla como esposo de la Virgen de Nazaret. Lo que se ha realizado en ella por obra del Espíritu Santo, expresa al mismo tiempo una confirmación del vínculo esponsal que ya existía entre José y María. El mensajero dice claramente a José: «No tengas reparo en llevarte a María, tu mujer». Así, lo que había tenido lugar antes –su desposorio con María- era voluntad de Dios y, por tanto, se debía mantener. En su maternidad divina, María debe seguir viviendo como «una virgen, esposa de un marido» (cf Lc 1,27)

     En las palabras que se le dicen a José en la «anunciación nocturna» éste comprende la verdad divina sobre la vocación inefable de su esposa, y al mismo tiempo comprende también la verdad sobre su propia vocación. Este hombre «justo», que dentro del espíritu de las más nobles tradiciones del pueblo elegido, amaba a la Virgen de Nazaret y estaba unido a ella por un amor esponsal, es nuevamente llamado por Dios para vivir este amor.

     «José hizo lo que le había mandado el ángel, y se llevó a casa su mujer»; «la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo»: ante estas expresiones ¿no debemos concluir que su amor como hombre fue también regenerado por el Espíritu Santo? ¿No es preciso también pensar que el amor de Dios que ha sido derramado en el corazón del hombre por el Espíritu Santo (Rm 5,5) construye de la manera más perfecta todo amor humano? Moldea también –y de manera totalmente singular- el amor esponsal de los esposos, y en él hace más profundo todo lo que es humanamente digno y bello, lo que lleva los signos del olvido exclusivo de sí, la alianza de las personas y la comunión auténtica del Misterio trinitario.

SOLEMNIDAD DE SAN JOSÉ, ESPOSO DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA

 19 de Marzo


    A San José Dios le encomendó la inmensa responsabilidad y privilegio de ser esposo de la Virgen María y custodio de la Sagrada Familia. Es por eso el santo que más cerca esta de Jesús y de la Santísima Virgen María. Nuestro Señor fue llamado "hijo de José" (Juan 1:45; 6:42; Lucas 4:22) el carpintero (Mateo 12:55).

    No era padre natural de Jesús (quién fue engendrado en el vientre virginal de la Santísima Virgen María por obra del Espíritu Santo y es Hijo de Dios), pero José lo adoptó y Jesús se sometió a el como un buen hijo ante su padre. ¡Cuánto influenció José en el desarrollo humano del niño Jesús! ¡Qué perfecta unión existió en su ejemplar matrimonio con María!

    San José es llamado el "Santo del silencio" No conocemos palabras expresadas por él, tan solo conocemos sus obras, sus actos de fe, amor y de protección como padre responsable del bienestar de su amadísima esposa y de su excepcional Hijo. José fue "santo" desde antes de los desposorios. Un "escogido" de Dios. Desde el principio recibió la gracia de discernir los mandatos del Señor.

    Las principales fuentes de información sobre la vida de San José son los primeros capítulos del evangelio de Mateo y de Lucas. Son al mismo tiempo las únicas fuentes seguras por ser parte de la Revelación.

    San Mateo (1:16) llama a San José el hijo de Jacob; según San Lucas (3:23), su padre era Heli. Probablemente nació en Belén, la ciudad de David del que era descendiente. Pero al comienzo de la historia de los Evangelios (poco antes de la Anunciación), San José vivía en Nazaret.

    Según San Mateo 13:55 y Marcos 6:3, San José era un "tekton". La palabra significa en particular que era carpintero. San Justino lo confirma (Dial. cum Tryph., lxxxviii, en P. G., VI, 688), y la tradición ha aceptado esta interpretación.

    Si el matrimonio de San José con la Santísima Virgen ocurrió antes o después de la Encarnación aun es discutido por los exegetas. La mayoría de los comentadores, siguiendo a Santo Tomás, opinan que en la Anunciación, la Virgen María estaba solo prometida a José. Santo Tomás observa que esta interpretación encaja mejor con los datos bíblicos.

    Los hombres por lo general se casaban muy jóvenes y San José tendría quizás de 18 a 20 años de edad cuando se desposó con María. Era un joven justo, casto, honesto, humilde carpintero...ejemplo para todos nosotros.

    La literatura apócrifa, (especialmente el "Evangelio de Santiago", el "Pseudo Mateo" y el "Evangelio de la Natividad de la Virgen María", "La Historia de San José el Carpintero", y la "Vida de la Virgen y la Muerte de San José) provee muchos detalles pero estos libros no están dentro del canon de las Sagradas Escrituras y no son confiables.

Amor Virginal

    Algunos libros apócrifos cuentan que San José era un viudo de noventa años de edad cuando se casó con la Santísima Virgen María quien tendría entre 12 a 14 años. Estas historias no tienen validez y San Jerónimo las llama "sueños". Sin embargo han dado pie a muchas representaciones artísticas. La razón de pretender un San José tan mayor quizás responde a la dificultad de una relación virginal entre dos jóvenes esposos. Esta dificultad responde a la naturaleza caída, pero se vence con la gracia de Dios. Ambos recibieron extraordinarias gracias a las que siempre supieron corresponder. En la relación esposal de San José y la Virgen María tenemos un ejemplo para todo matrimonio. Nos enseña que el fundamento de la unión conyugal está en la comunión de corazones en el amor divino. Para los esposos, la unión de cuerpos debe ser una expresión de ese amor y por ende un don de Dios. San José y María Santísima, sin embargo, permanecieron vírgenes por razón de su privilegiada misión en relación a Jesús. La virginidad, como donación total a Dios, nunca es una carencia; abre las puertas para comunicar el amor divino en la forma más pura y sublime. Dios habitaba siempre en aquellos corazones puros y ellos compartían entre sí los frutos del amor que recibían de Dios.

    El matrimonio fue auténtico, pero al mismo tiempo, según San Agustín y otros, los esposos tenían la intención de permanecer en el estado virginal. (cf.St. Aug., "De cons. Evang.", II, i in P.L. XXXIV, 1071-72; "Cont. Julian.", V, xii, 45 in P.L.. XLIV, 810; St. Thomas, III:28; III:29:2).

    Pronto la fe de San José fue probada con el misterioso embarazo de María. No conociendo el misterio de la Encarnación y no queriendo exponerla al repudio y su posible condena a lapidación, pensaba retirarse cuando el ángel del Señor se le apareció en sueño:

    "Su marido José, como era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto. Así lo tenía planeado, cuando el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. Despertado José del sueño, hizo como el Ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer." (Mat. 1:19-20, 24).

    Unos meses más tarde, llegó el momento para S. José y María de partir hacia Belén para apadrinarse según el decreto de Cesar Augustus. Esto vino en muy difícil momento ya que ella estaba en cinta. (cf. Lucas 2:1-7).

    En Belén tuvo que sufrir con La Virgen la carencia de albergue hasta tener que tomar refugio en un establo. Allí nació el hijo de la Virgen. El atendía a los dos como si fuese el verdadero padre. Cuál sería su estado de admiración a la llegada de los pastores, los ángeles y más tarde los magos de Oriente. Referente a la Presentación de Jesús en el Templo, San Lucas nos dice: "Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de él".(Lucas 2:33).

    Después de la visita de los magos de Oriente, Herodes el tirano, lleno de envidia y obsesionado con su poder, quiso matar al niño. San José escuchó el mensaje de Dios transmitido por un ángel: «Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto; y estate allí hasta que yo te diga. Porque Herodes va a buscar al niño para matarle.»Mateo 2:13. San José obedeció y tomo responsabilidad por la familia que Dios le había confiado.

    San José tuvo que vivir unos años con la Virgen y el Niño en el exilio de Egipto. Esto representaba dificultades muy grandes: la Sagrada familia, siendo extranjera, no hablaba el idioma, no tenían el apoyo de familiares o amigos, serían víctimas de prejuicios, dificultades para encontrar empleo y la consecuente pobreza. San José aceptó todo eso por amor sin exigir nada.

    Una vez más por medio del ángel del Señor, supo de la muerte de Herodes: "«Levántate, toma contigo al niño y a su madre, y ponte en camino de la tierra de Israel; pues ya han muerto los que buscaban la vida del niño.» El se levantó, tomó consigo al niño y a su madre, y entró en tierra de Israel. Pero al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allí; y avisado en sueños, se retiró a la región de Galilea". Mateo 2:22.

    Fue así que la Sagrada Familia regresó a Nazaret Desde entonces el único evento que conocemos relacionado con San José es la "pérdida" de Jesús al regreso de la anual peregrinación a Jerusalén (cf. Lucas 2, 42-51). San José y la Virgen lo buscaban por tres angustiosos días hasta encontrarlo en el Templo. Dios quiso que este santo varón nos diera ejemplo de humildad en la vida escondida de su sagrada familia y su taller de carpintería.

    Lo más probable es que San José haya muerto antes del comienzo de la vida pública de Jesús ya que no estaba presente en las bodas de Canaá ni se habla mas de él. De estar vivo, San José hubiese estado sin duda al pie de la Cruz con María. La entrega que hace Jesús de su Madre a San Juan da también a entender que ya San José estaba muerto.

    Según San Epifanius, San José murió en sus 90 años y la Venerable Bede dice que fue enterrado en el Valle de Josafat. Pero estas historias son dudosas.

    La devoción a San José se fundamenta en que este hombre "justo" fue escogido por Dios para ser el esposo de María Santísima y hacer las veces de padre de Jesús en la tierra. Durante los primeros siglos de la Iglesia la veneración se dirigía principalmente a los mártires. Quizás se veneraba poco a San José para enfatizar la paternidad divina de Jesús. Pero, así todo, los Padres (San Agustín, San Jerónimo y San Juan Crisóstomo, entre otros), ya nos hablan de San José. Según San Callistus, esta devoción comenzó en el Oriente donde existe desde el siglo IV, relata también que la gran basílica construida en Belén por Santa Elena había un hermoso oratorio dedicado a nuestro santo.

    San Pedro Crisólogo: "José fue un hombre perfecto, que posee todo género de virtudes" El nombre de José en hebreo significa "el que va en aumento. "Y así se desarrollaba el carácter de José, crecía "de virtud en virtud" hasta llegar a una excelsa santidad.

    En el Occidente, referencias a (Nutritor Domini) San José aparecen en el siglo IX en martirologios locales y en el 1129 aparece en Bologna la primera iglesia a él dedicada. Algunos santos del siglo XII comenzaron a popularizar la devoción a San José entre ellos se destacaron San Bernardo, Santo Tomás de Aquino, Santa Gertrudiz y Santa Brígida de Suecia. Según Benito XIV (De Serv. Dei beatif., I, iv, n. 11; xx, n. 17), "La opinión general de los conocedores es que los Padres del Carmelo fueron los primeros en importar del Oriente al Occidente la laudable práctica de ofrecerle pleno culto a San José".

    En el siglo XV, merecen particular mención como devotos de San José los santos Vicente Ferrer (m. 1419), Pedro d`Ailli (m. 1420), Bernadino de Siena (m. 1444) y Jehan Gerson (m. 1429). Finalmente, durante el pontificado de Sixto IV (1471 - 84), San José se introdujo en el calendario Romano en el 19 de Marzo. Desde entonces su devoción ha seguido creciendo en popularidad. En 1621 Gregorio XV la elevó a fiesta de obligación. Benedicto XIII introdujo a San José en la letanía de los santos en 1726.

San Bernardino de Siena "... siendo María la dispensadora de las gracias que Dios concede a los hombres, ¿con cuánta profusión no es de creer que enriqueciese de ella a su esposo San José, a quién tanto amaba, y del que era respectivamente amada? " Y así, José crecía en virtud y en amor para su esposa y su Hijo, a quién cargaba en brazos en los principios, luego enseñó su oficio y con quién convivió durante treinta años.

    Los franciscanos fueron los primeros en tener la fiesta de los desposorios de La Virgen con San José. Santa Teresa tenía una gran devoción a San José y la afianzó en la reforma carmelita poniéndolo en 1621 como patrono, y en 1689 se les permitió celebrar la fiesta de su Patronato en el tercer domingo de Pascua. Esta fiesta eventualmente se extendió por todo el reino español. La devoción a San José se arraigo entre los obreros durante el siglo XIX. El crecimiento de popularidad movió a Pío IX, el mismo un gran devoto, a extender a la Iglesia universal la fiesta del Patronato (1847) y en diciembre del 1870 lo declaró Santo Patriarca, patrón de la Iglesia Católica. San Leo XIII y Pío X fueron también devotos de San José. Este últimos aprobó en 1909 una letanía en honor a San José.

    Santa Teresa de Jesús "Tomé por abogado y señor al glorioso San José." Isabel de la Cruz, monja carmelita, comenta sobre Santa Teresa: "era particularmente devota de San José y he oído decir se le apareció muchas veces y andaba a su lado."

    "No me acuerdo hasta ahora haberle suplicado cosa que la haya dejado de hacer. Es cosa que espanta las grandes mercedes que me ha hecho Dios por medio de este bienaventurado santo...No he conocido persona que de veras le sea devota que no la vea mas aprovechada en virtud, porque aprovecha en gran manera a las almas que a El se encomiendan...Solo pido por amor de Dios que lo pruebe quien no le creyere y vera por experiencia el gran bien que es encomendarse a este glorioso patriarca y tenerle devoción..." -Sta. Teresa.

    San Alfonso María de Ligorio nos hace reflexionar: "¿Cuánto no es también de creer aumentase la santidad de José el trato familiar que tuvo con Jesucristo en el tiempo que vivieron juntos?" José durante esos treinta años fue el mejor amigo, el compañero de trabajo con quién Jesús conversaba y oraba. José escuchaba las palabras de Vida Eterna de Jesús, observaba su ejemplo de perfecta humildad, de paciencia, y de obediencia, aceptaba siempre la ayuda servicial de Jesús en los quehaceres y responsabilidades diarios. Por todo esto, no podemos dudar que mientras José vivió en la compañía de Jesús, creció tanto en méritos y santificación que aventajó a todos los santos.

Oremos

    "San José, guardián de Jesús y casto esposo de María, tu empleaste toda tu vida en el perfecto cumplimiento de tu deber, tu mantuviste a la Sagrada Familia de Nazaret con el trabajo de tus manos. Protege bondadosamente a los que recurren confiadamente a ti. Tu conoces sus aspiraciones y sus esperanzas. Se dirigen a ti porque saben que tu los comprendes y proteges. Tu también conociste pruebas, cansancio y trabajos. Pero, aun dentro de las preocupaciones materiales de la vida, tu alma estaba llena de profunda paz y cantó llena de verdadera alegría por el íntimo trato que goza con el Hijo de Dios, el cual te fue confiado a ti a la vez que a María, su tierna Madre. Amén."  San Juan XXIII

SANTORAL - BEATO MARCELO CALLO, mártir

  19 de Marzo

   
    Separado de sus seres queridos por los nazis, falleció el día de san José. En Mauthausen, en Austria, beato Marcelo Callo, mártir, joven oriundo de la región francesa de Rennes, que en tiempo de guerra fue encarcelado en ese campo de concentración, donde con cristiano ardor confortaba en la fe a los compañeros de cautiverio agotados por los duros trabajos, motivo por el cual se le hizo morir en ese lugar de exterminio.

    Ya de niño, Marcel Callo era un poco perfeccionista. Le gustaba el orden y mostraba de forma natural cualidades de liderazgo. Nació en Rennes, Francia, el 6 de diciembre de 1921. Segundo hijo de un total de nueve, Marcel era un chiquillo normal y corriente con un gran sentido del humor y al que le encantaba jugar, sobre todo al ping-pong, que se le daba excepcionalmente bien.

    La madre de Marcel le educó en la fe en casa y desde joven desarrolló una fuerte inclinación a seguir a Jesús. Cuando era lo bastante maduro, su madre le preguntó si creía que podía estar sintiendo una vocación al sacerdocio. Marcel le dijo que su vocación era ser lego, una posición desde donde podría hacer más bien por el mundo.

    Marcel empezó sus actividades fuera del hogar sirviendo como monaguillo con 7 años. Con 10 años se unió a los scouts, una organización por la que desarrolló un gran afecto. De alguna forma los scouts respondían a su personalidad perfeccionista. Empezó a desarrollar sus cualidades naturales de liderazgo y forjó un carácter de disciplina personal. Por desgracia para Marcel, tuvo que dejar a los scouts con 12 años para ir a trabajar.

    Así, empezó como aprendiz en una imprenta de Rennes en 1934. Era la primera vez que Marcel trabajaba en el “mundo real” y el comportamiento obsceno de sus compañeros de mayor edad ofendía su sentir religioso. El nombre de Jesús se usaba en vano, las palabras malsonantes formaban parte de todas las frases y los chistes verdes le molestaban más de lo que hubiera imaginado. Algunos de los trabajadores mayores se reían y burlaban de él, pero él se negaba a tomar parte. Le excluían por ser un “loco de Jesús”.

    Su método para lidiar con este comportamiento antagónico (que hoy llamaríamos acoso, abuso o bullying), era decir una oración a Nuestra Señora que había aprendido de su madre: “Querida Madre, recuerda que te pertenezco. Cuida de mí y protégeme como propiedad tuya”.

    Su devoción por la Santa Madre lo fortalecía y así pudo soportar sus días de ser el “loco de Jesús” de la imprenta. Marcel se había unido a un movimiento juvenil de su parroquia llamado la Cruzada Eucarística. Su fervor religioso empezaba a deslumbrar. Cuando tenía 14 años se unió a la organización Juventud Obrera Cristiana (Jeunesse Ouvriere Chretienne, JOC), que eran conocidos como “jocistas”. Su labor era “apostólica” y congeniaba a la perfección con el joven Marcel.

    Rápidamente sus cualidades de liderazgo empezaron a despuntar y el joven empezó a darse a conocer. Entonces, conoció a Marguerite Derniaux. Había estallado la Segunda Guerra Mundial y Marcel era un jocista activo en la clandestinidad. Así se conocieron Marcel y Marguerite. La conexión fue instantánea y ambos se enamoraron perdidamente. Se comprometieron y ambos juraron que rezarían por su futura familia y, de ser posible, asistirían a misa y a la comunión diariamente.

    Marcel había dicho a un amigo: “Sabía que tenía que esperar al amor verdadero. Tenía que perfeccionar mi corazón antes de poder ofrecérselo a quien Cristo había elegido para mí”. Para Marcel Callo, todo giraba en torno a Jesús. Ni siquiera se atrevió a besar a Marguerite hasta que él cumplió 20 años, cuando le proclamó su amor por ella.

    Por desgracia, la guerra y el paso de los nazis habían consumido la ciudad de Rennes y Marcel fue reclutado para servir en las unidades de trabajo forzado. Su intención original era la de huir y refugiarse en algún lugar hasta el fin de la guerra, pero sabía que su familia podría sufrir las represalias por su desobediencia a las órdenes nazis. Dijo a su familia y a Marguerite que “se marchaba como misionero en servicio de sus compañeros”.

    Marcel y Marguerite se despidieron el 19 de marzo de 1943, el día de San José. Marcel llevó consigo su identificación de scout y de jocista. Rápidamente cayó sobre él el escrutinio de la Gestapo, ya que los jocistas eran considerados una organización secreta y los nazis los habían prohibido.

    El 19 de abril de 1944, Marcel fue arrestado por pertenecer a un grupo “ilegal”. Sus captores le dijeron que era arrestado por ser “demasiado católico”.

    El tribunal nazi presentó su bárbaro veredicto: “¡Monsieur Callo es demasiado católico!”. Marcel terminó en el campo de concentración de Mauthausen en Austria. Además de verse obligado a trabajar siete días a la semana, 12 horas al día, con poca comida y agua, Marcel recibía golpes y abusos constantemente. Enfermó de tuberculosis y disentería. De nuevo, la festividad de san José formaba parte intrincada de la corta vida de Marcel. Murió el 19 de marzo de 1945. Tenía 24 años. 
 En lo referente a Marguerite, permaneció fiel a su único amor y nunca se casó. Falleció en 1997. 

    San Juan Pablo II beatificó a Marcel el 4 de octubre de 1987. Su día festivo es el mismo que el de San José, el 19 de marzo. Es el patrón de los obreros jóvenes y de los que padecen depresión.

"Marcel no se convirtió en un hombre del Evangelio por si solo", dijo el Papa cuando beatificó a Marcel. "Lleno de talento y buena voluntad, también luchó contra este mundo, él mismo, y contra las presiones de los demás. Abierto por completo a la gracia, dejó que el Señor lo guiara, incluso hasta el martirio.

    "Las pruebas hicieron madurar su amor a Cristo. Desde la prisión escribió a su hermano, quien hacía poco tiempo había sido ordenado sacerdote: ´Afortunadamente, Él es un amigo que nunca me abandona y sabe cómo consolarme. Con Él, siempre puedo superar los peores momentos. Cuánto agradezco a Cristo por haberme conducido al lugar donde me encuentro ahora.

    "Sí, Marcel encontró la Cruz. Separado de su familia y de su novia, a quien amaba tierna y castamente, se fue a Alemania, donde restableció el Movimiento de la Juventud de Obreros Católicos. Muchos de sus amigos del movimiento también murieron como testigos fieles de Jesucristo. Perseguido por la Gestapo, Marcel fue un testigo hasta el final. Como el Señor, amó a su prójimo hasta el extremo y toda su vida se convirtió en la Eucaristía...

    "Nos recuerda a todos, laicos, religiosos, sacerdotes, obispos, el llamado universal a la santidad y a la espiritualidad juvenil que nuestro mundo tanto necesita para poder continuar proclamando el Evangelio."

    Beato Marcel Callo, danos el coraje para seguir tu ejemplo de santidad.