jueves, 27 de agosto de 2020

EVANGELIO - 28 de Agosto - San Mateo 25,1-13


    Carta I de San Pablo a los Corintios 1,17-25.

    Porque Cristo no me envió a bautizar, sino a anunciar la Buena Noticia, y esto sin recurrir a la elocuencia humana, para que la cruz de Cristo no pierda su eficacia.
    El mensaje de la cruz es una locura para los que se pierden, pero para los que se salvan -para nosotros- es fuerza de Dios.
    Porque está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios y rechazaré la ciencia de los inteligentes.
    ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde el hombre culto? ¿Dónde el razonador sutil de este mundo? ¿Acaso Dios no ha demostrado que la sabiduría del mundo es una necedad?
    En efecto, ya que el mundo, con su sabiduría, no reconoció a Dios en las obras que manifiestan su sabiduría, Dios quiso salvar a los que creen por la locura de la predicación.
    Mientras los judíos piden milagros y los griegos van en busca de sabiduría, nosotros, en cambio, predicamos a un Cristo crucificado, escándalo para los judíos y locura para los paganos, pero fuerza y sabiduría de Dios para los que han sido llamados, tanto judíos como griegos.
    Porque la locura de Dios es más sabia que la sabiduría de los hombres, y la debilidad de Dios es más fuerte que la fortaleza de los hombres.


Salmo 33(32),1-2.4-5.10ab.11.

Aclamen, justos, al Señor:
es propio de los buenos alabarlo.
Alaben al Señor con la cítara,
toquen en su honor el arpa de diez cuerdas.

Porque la palabra del Señor es recta
y él obra siempre con lealtad;
él ama la justicia y el derecho,
y la tierra está llena de su amor.

El Señor frustra el designio de las naciones
y deshace los planes de los pueblos,
El designio del Señor
permanece para siempre,
y sus planes, a lo largo de las generaciones.


    Evangelio según San Mateo 25,1-13.


    Por eso, el Reino de los Cielos será semejante a diez jóvenes que fueron con sus lámparas al encuentro del esposo.
    Cinco de ellas eran necias y cinco, prudentes.
    Las necias tomaron sus lámparas, pero sin proveerse de aceite, mientras que las prudentes tomaron sus lámparas y también llenaron de aceite sus frascos.
    Como el esposo se hacía esperar, les entró sueño a todas y se quedaron dormidas.
    Pero a medianoche se oyó un grito: 'Ya viene el esposo, salgan a su encuentro'.
    Entonces las jóvenes se despertaron y prepararon sus lámparas.
    Las necias dijeron a las prudentes: '¿Podrían darnos un poco de aceite, porque nuestras lámparas se apagan?'.
    Pero estas les respondieron: 'No va a alcanzar para todas. Es mejor que vayan a comprarlo al mercado'.
    Mientras tanto, llegó el esposo: las que estaban preparadas entraron con él en la sala nupcial y se cerró la puerta.
    Después llegaron las otras jóvenes y dijeron: 'Señor, señor, ábrenos', pero él respondió: 'Les aseguro que no las conozco'.
    Estén prevenidos, porque no saben el día ni la hora.

    Palabra del Señor

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 28 de Agosto - «¡Qué llega el esposo! salid a recibirlo!»


Santa Gertrudis de Helfta, monja benedictina Ejercicios: ¿Cuándo me colmarás de ti?. Ejercicios, n° 5: SC 127.

«¡Qué llega el esposo! salid a recibirlo!» 

    Mi Dios, mi dulce Noche, cuando me llegue la noche de esta vida, hazme dormir dulcemente en ti, y experimentar el feliz descanso que has preparado para aquellos que tú amas. Que la mirada tranquila y graciosa de tu amor, organice y disponga con bondad, los preparativos para mi boda. Con la abundancia de tu amor, cubre… la pobreza de mi vida indigna; que mi alma habite en las delicias de tu amor, con una profunda confianza.

    ¡Oh amor, eres para mi una noche hermosa, que mi alma diga con gozo y alegría a mi cuerpo un dulce adiós, y que mi espíritu, volviendo al Señor que me lo dio, descanse en paz bajo tu sombra. Entonces me dirás claramente… «Que viene el Esposo: sal ahora y únete a él íntimamente, para que te regocijes en la gloria de su rostro» …

    ¿Cuándo, cuándo te me mostrarás, para que te vea y dibuje en mi, con deleite, esta fuente de vida que tú eres, Dios mío? (Isaías 12,3) Entonces beberé, me embriagaré en la abundante dulzura de esta fuente de vida de donde brotan las delicias de aquel que mi alma desea (Sal 41,3) ¡Oh, dulce rostro, ¿cuándo me colmarás de ti? Así entraré en el admirable santuario, hasta la visión de Dios (Sal 41,5); no estoy más que a la entrada, y mi corazón gime por la larga duración de mi exilio. ¿Cuándo me llenarás de alegría en tu rostro dulce? (Salmo 15,11) Entonces contemplaré y abrazaré al verdadero Esposo de mi alma, mi Jesús… Entonces conoceré como soy conocida (1 Corintios 13,12), amaré como soy amada; entonces te veré, Dios mío, tal como eres (1 Jn ,:2), en tu visión, tu felicidad y tu posesión bienaventurada por los siglos.

SANTORAL - SAN AGUSTÍN DE HIPONA

28 de Agosto


    Memoria de san Agustín, obispo y doctor eximio de la Iglesia, que, convertido a la fe católica después de una adolescencia inquieta por los principios doctrinales y las costumbres, fue bautizado en Milán por san Ambrosio y, vuelto a su patria, llevó con algunos amigos una vida ascética y entregada al estudio de las Sagradas Escrituras. Elegido después obispo de Hipona, en la actual Argelia, durante treinta y cuatro años fue maestro de su grey, a la que instruyó con sermones y numerosos escritos, con los cuales también combatió valientemente los errores de su tiempo y expuso con sabiduría la recta fe. San Agustín ha sido uno de los santos más famosos de la Iglesia católica. Después de Jesucristo y de San Pablo es difícil encontrar un líder espiritual que haya logrado ejercer mayor influencia entre los católicos que este enorme santo.

    Su inteligencia era sencillamente asombrosa, su facilidad de palabra ha sido celebrada por todos los países. De los 400 sermones que dejo escritos, han sacado y seguirán sacando material precioso para sus enseñanzas, los maestros de religión de todos los tiempos. Cuando Agustín se convirtió al catolicismo escribió el libro Confesiones, que lo ha hecho famoso en todo el mundo.

    Su lectura ha sido la delicia de millones de lectores en muchos países por muchos siglos. El comentaba que a la gente le agrada leer este escrito por gozan leyendo de los defectos ajenos, pero no se esmeran en corregir los propios. La lectura de "Las Confesiones de San Agustín" ha convertido a muchos pecadores. Por ejemplo Santa Teresa cambio radicalmente de comportamiento al leer esas páginas. Cuando joven tuvo una grave enfermedad y ante el temor de la muerte se hizo instruir en la religión católica y se propuso hacerse bautizar.

    Pero apenas recobro la salud se le olvidaron sus buenos propósitos y siguió siendo pagano. Más tarde criticara fuertemente a los que dejan para bautizarse cuando ya son bastante mayores, para poder seguir pecando. Luego leyó una obra que le hizo un gran bien y fue el "Hortensio" de Cicerón. Este precioso libro lo convenció de que cada cual vale más por lo que es y por lo que piensa que por lo que tiene. Pero luego sucedió que tuvo un retroceso en su espiritualidad. Ingreso a la secta de los Maniqueos, que decía que este mundo lo había hecho el diablo y enseñaban un montón de errores absurdos.

    Luego se fue a vivir en unión libre con una muchacha y de ella tuvo un hijo al cual llamo Adeodato ( que significa : Dios me lo ha dado) Luego leyó las obras del sabio filosofo Platón y se dio cuenta de que la persona humana vale muchísimo más por su espíritu que por su cuerpo y que lo que más debe uno esmerarse en formar es su espíritu y su mente. Estas lecturas del sabio Platón le fueron inmensamente provechosas y lo van a guiar después durante toda su existencia.

    Se dedico a leer la Santa Biblia y se desilusiono, ya que le pareció demasiado sencilla y sin estilo literario, como los libros mundanos. Y dejo por un tiempo de leerla. Después dirá, suspirando de tristeza : "Porque la leía con orgullo y por aparecer sabio, por eso no me agradaba. Porque yo en esas páginas no buscaba santidad, sino vanidad por eso me desagradaba su lectura. ¡ Oh sabiduría siempre antigua y siempre nueva. Cuan tarde te he conocido!".

    Al volver al África fue ordenado sacerdote y el obispo Valerio de Hipona, que tenía mucha dificultad para hablar, lo nombró su predicador. Y pronto empezó a deslumbrar con sus maravillosos sermones. Predicaba tan hermoso, que nadie por ahí, había escuchado hablar a alguien así, a gente escuchaba hasta por tres horas seguidas sin cansarse. Los temas de sus sermones, eran todos sacados de la santa Biblia, pero con un modo tan agradable y sabio que la gente se entusiasmaba.

    Y sucedió que al morir Valerio, el obispo, el pueblo lo aclamo como nuevo obispo y tuvo que aceptar. en adelante será un obispo modelo, un padre bondadoso para todos. Vivirá con sus sacerdotes en una amable comunidad sacerdotal donde todos se sentirán hermanos. El pueblo siempre sabia que la casa del obispo Agustín siempre estará abierta para los que necesitan ayuda espiritual o material.

    Será gran predicador invitado por los obispos y sacerdotes de comunidades vecinas y escritor de libros bellísimos que han sido y serán la delicia de los católicos que quieran progresar en la santidad. El tenía la rara cualidad de hacerse amar por todos. Había en el norte de África unos herejes llamados Donatistas, que enseñaba que la Iglesia no debe perdonar a los pecadores y que como católicos solamente deben ser admitidos los totalmente puros ( pero ellos no tenían ningún reparo en asesinar a quienes se oponían en sus doctrinas ) Agustín se les opuso con sus elocuentes sermones y brillantísimos escritos, y ellos no eran capaces de responderles a sus razones y argumentos.

    Al fin el Santo logró llevar a cabo una reunión en Cartago con todos los obispos católicos de la región y todos los jefes de los Donatistas y allí los católicos dirigidos por nuestro santo derrotaron totalmente en todas las discusiones a los herejes, restos fueron abandonados por la mayor parte de sus seguidores, y la secta se fue acabando poco a poco.

    Vino enseguida otro hereje muy peligroso. Un tal Pelagio, que enseñaba que para ser santo no hacía falta recibir gracias o ayudas de Dios, sino que uno mismo por su propia cuenta y propios esfuerzos logra llegar a la santidad. Agustín que sabía por triste experiencia que por 32 años había tratado de ser bueno por sus propios esfuerzos y que lo único que había logrado era ser malo, se le opuso con sus predicaciones y sus libros y escribió un formidable tratado de "La Gracia", el cual prueba que nadie puede ser bueno, ni santo, si Dios no le envía gracias ni ayudas especiales para serlo, en este tratado tan lleno de sabiduría, se han basado después de los siglos, los teólogos de la Iglesia católica para enseñar acerca de la gracia.

    Cuando Roma fue saqueada y casi destruida por los bárbaros de Genserico, los antiguos paganos habían dicho que todos estos males habían llegado por haber dejado de rezar a los antiguos dioses paganos y por haber llegado la religión católica. Agustín escribió entonces un nuevo libro, el más famoso después de las Confesiones, "La Ciudad de Dios" ( empleó 13 años redactándolo ).

    Allí defiende poderosamente a la religión católica y demuestra que las cosas que suceden, aunque a primera vista son para nuestro mal, están todas en un plan que Dios hizo en favor nuestro que al final veremos que era para nuestro bien. ( Como dice San Pablo: "Todo sucede para bien de los que aman a Dios") . En el año 430 el santo empezó a sentir continuas fiebres y se dio cuenta de que la muerte lo iba alcanzar, tenía 72 años y cumplía 40 años de ser fervoroso católico, su fama de sabio, de santo y de amable pastor era inmensa.

    Los bárbaros atacaban su ciudad de Hipona para destruirla, y el murió antes de que la ciudad cayera en manos de semejantes criminales. A quién le preguntaba que si no sentía temor de morir, el les contestaba : "Quien ama a Cristo, no debe temer miedo de encontrarse con El". Pidió que escribieran sus salmos preferidos en grandes carteles dentro de su habitación para irlos leyendo continuamente ( él en sus sermones, había explicado los salmos ) durante su enfermedad curó un enfermo, con solo colocarle las manos en la cabeza y varías personas que estaban poseídas por malos espíritus quedaron libres ( San Posidio, el obispo que lo acompaño hasta sus últimos días, escribió después su biografía ).

Oremos 

    Renueva, Señor, en tu Iglesia aquel espíritu que, con tanta abundancia, otorgaste al obispo San Agustín, para que también nosotros tengamos sed de ti, única fuente de la verdadera sabiduría, y en ti, único manantial del verdadero amor, encuentre descanso nuestro corazón. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Amén

miércoles, 26 de agosto de 2020

EVANGELIO - 27 de Agosto - San Mateo 24,42-51


    Carta I de San Pablo a los Corintios 1,1-9.

    Pablo, llamado a ser Apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Sóstenes, saludan a la Iglesia de Dios que reside en Corinto, a los que han sido santificados en Cristo Jesús y llamados a ser santos, junto con todos aquellos que en cualquier parte invocan el nombre de Jesucristo, nuestro Señor, Señor de ellos y nuestro.
    Llegue a ustedes la gracia y la paz que proceden de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.
    No dejo de dar gracias a Dios por ustedes, por la gracia que él les ha concedido en Cristo Jesús.
    En efecto, ustedes han sido colmados en él con toda clase de riquezas, las de la palabra y las del conocimiento, en la medida que el testimonio de Cristo se arraigó en ustedes.
    Por eso, mientras esperan la Revelación de nuestro Señor Jesucristo, no les falta ningún don de la gracia.
    El los mantendrá firmes hasta el fin, para que sean irreprochables en el día de la Venida de nuestro Señor Jesucristo.
    Porque Dios es fiel, y él los llamó a vivir en comunión con su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.


Salmo 145(144),2-3.4-5.6-7.

Señor, día tras día te bendeciré,
y alabaré tu Nombre sin cesar.
¡Grande es el Señor y muy digno de alabanza:
su grandeza es insondable!

Cada generación celebra tus acciones
y le anuncia a las otras tus portentos:
ellas hablan del esplendor de tu gloria,
y yo también cantaré tus maravillas.

Ellas publican tus tremendos prodigios
y narran tus grandes proezas;
divulgan el recuerdo de tu inmensa bondad
y cantan alegres por tu victoria.


    Evangelio según San Mateo 24,42-51.

    Estén prevenidos, porque ustedes no saben qué día vendrá su Señor.
    Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, velaría y no dejaría perforar las paredes de su casa.
    Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre vendrá a la hora menos pensada.
    ¿Cuál es, entonces, el servidor fiel y previsor, a quien el Señor ha puesto al frente de su personal, para distribuir el alimento en el momento oportuno?
    Feliz aquel servidor a quien su señor, al llegar, encuentre ocupado en este trabajo.
    Les aseguro que lo hará administrador de todos sus bienes.
    Pero si es un mal servidor, que piensa: 'Mi señor tardará', y se dedica a golpear a sus compañeros, a comer y a beber con los borrachos, su señor llegará el día y la hora menos pensada, y lo castigará. Entonces él correrá la misma suerte que los hipócritas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.

    Palabra del Señor

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 27 de Agosto - «Feliz el servidor que su dueño, al regreso, lo encuentra trabajando»


Santa Madre Teresa de Calcuta, religiosa Escritos: Dios se aleja cuando nos alejamos del hermano Jesús, la Palabra, que ha hablado, capítulo 10.

«Feliz el servidor que su dueño, al regreso, lo encuentra trabajando» 

    Si a veces tenemos la impresión de que el Maestro se ha ido, ¿no será porque yo me he alejado de una u otra hermana? Una cosa nos garantizará siempre el cielo: los actos de caridad y la gentileza que habremos tenido en nuestra vida.

    Nunca sabremos el bien que puede provocar una simple sonrisa. Decimos a los hombres lo grande que es Dios, comprensivo, indulgente: y ¿somos nosotros la prueba viviente de ello? ¿Pueden realmente darse cuenta de esa grandeza, comprensión, indulgencia viéndola viva en nosotros?

SANTORAL - SANTA MÓNICA

27 de Agosto


    Memoria de santa Mónica, que, aún jovencísima, fue dada en matrimonio a Patricio, con quien tuvo hijos, entre ellos a Agustín, por cuya conversión derramó abundantes lágrimas y oró mucho a Dios, y, anhelante de la vida celestial, abandonó la terrenal en Ostia Tiberina, en Italia, cuando regresaba de África.

    Madre de San Agustín, Año 387 Santa Mónica es famosa por haber sido la madre de San Agustín y por haber logrado la conversión de su hijo. Mónica nació en Tagaste (África del Norte) a unos 100 km de la ciudad de Cartago en el año 332.

    Ella deseaba dedicarse a la vida de oración y de soledad ( como su nombre lo indica ) pero sus padres dispusieron que tenía que esposarse con un hombre llamada Patricio. Este era un buen trabajador, pero terriblemente malgeniado, y además mujeriego, jugador y sin religión , ni gusto por lo espiritual.

    La hará sufrir lo que no esta escrito y por treinta años ella tendrá aguantar los tremendos estallidos de ira de su marido que grita por el menor disgusto, pero este jamás se atreverá a levantar la mano contra ella. Tuvieron tres hijos : dos varones y una mujer. Los dos menores fueron su alegría y consuelo, pero el mayor Agustín, la hizo sufrir por docenas de años.

    En aquella región del norte de África, donde las gentes eran sumamente agresivas, las demás esposas le preguntaban a Mónica porque su esposo era uno de los hombres de peor genio en toda la ciudad, pero no la golpeaba nunca a ella, y en cambio los esposos de ellas las golpeaban sin compasión. Mónica les respondió : "Es que, cuando mi esposo está de mal genio, yo me esfuerzo por estar de buen genio. Cuando el grita, yo me callo. Y como para pelear se necesitan dos y yo no acepto la pelea, pues....no peleamos". Esta fórmula se ha hecho celebre en el mundo y ha servido a millones de mujeres para mantener la paz en la casa.

    Patricio no era católico, y aunque criticaba el mucho rezar de su esposa y su generosidad tan grande con los pobres, nunca se oponía a que ella se dedicara a estas buenas obras. y quizás por eso mismo logro su conversión. Mónica rezaba y ofrecía sacrificios por su esposo y al fin alcanzó de Dios la gracia de que en el año de 371 Patricio se hiciera bautizar, y que lo mismo lo hiciera la suegra, mujer terriblemente colérica que por meterse demasiado en el hogar de su nuera le había amargado harto la vida a la pobre Mónica. Un año después de su bautismo, murió santamente Patricio, dejando a la pobre viuda con el problema de su hijo mayor.

    Cuando murió su padre, Agustín tenía 17 años y empezaron a llegarle a Mónica noticias cada vez peores, de que el joven llevaba una vida nada santa, que en una enfermedad, ante el temor a la muerte se había hecho instruir acerca de la religión y propuesto hacerse católico, pero que sanado de la enfermedad había abandonado el propósito de hacerlo.

    Y que finalmente, se había hecho socio de una secta llamada de los Maniqueos, que afirmaban que el mundo no lo había hecho Dios, sino el Diablo. Y Mónica que era bondadosa pero no cobarde, ni floja, al volver su hijo a vacaciones y empezar a oírle mil barbaridades contra la verdadera religión, lo hecho sin más de la casa y le cerró las puertas, porque bajo su techo no quería albergar enemigos de Dios.

    Pero sucedió que en esos días Mónica tuvo un sueño en el que vio que ella estaba en bosque llorando por la pérdida espiritual de su hijo y que en ese momento se le acercaba un personaje muy resplandeciente y le decía :"tu hijo volverá contigo " y enseguida vio a Agustín junto a ella. Le narro al muchacho el sueño tenido y el dijo lleno de orgullo que eso significaba que la madre se iba a volver maniqueísta como el. Pero ella le respondió : "En el sueño no me dijeron, mama ira a donde su hijo, sino tu hijo volverá contigo" Esta hábil respuesta impresionó mucho a su hijo, quien mas tarde la consideraba como una inspiración del cielo. Esto sucedió en el año 437.

    Por muchos siglos ha sido muy comentada la bella respuesta que un obispo le dio a Mónica cuando ella le contó que llevaba años y años rezando, ofreciendo sacrificios y haciendo rezar a sacerdotes y amigos por la conversión de Agustín. El obispo le respondió : "Este tranquila, es imposible que se pierda el Hijo de tantas lagrimas". Esta admirable respuesta y lo que había oído en el sueño, la llenaban de consuelo y esperanza, a pesar de que Agustín no daba la menor señal de arrepentimiento. Y sucedió que en año 387, Agustín al leer unas frases de San Pablo sintió una impresión extraordinaria y se propuso cambiar de vida.

    Envió lejos a la mujer con la cual vivía en unión libre, dejo sus vicios y malas costumbres.Se hizo instruir en la religión y en la fiesta de Pascua de Resurrección de ese año se hizo bautizar.

Ya puedo morir tranquila 

    Agustín, ya convertido, dispuso volver con su madre y su hermano, a su tierra, en el África, y se fueron al puerto de Ostia a esperar el barco. Pero Mónica ya había conseguido todo lo que anhelaba es esta vida, que era ver la conversión de su hijo. Ya podía morir tranquila. Y sucedió que estando ahí en una casa junto al mar, por la noche al ver el cielo estrellado platicando con Agustín acerca de como serán las alegrías que tendremos en el cielo, y ambos se emocionaban comentando y meditando los goces celestiales que nos esperan. En determinado momento exclamo entusiasmada : " ¿ Y a mí que más me puede amarrar a la tierra ? Ya he obtenido mi gran deseo, el verte cristiano católico. Todo lo que deseaba lo he conseguido de Dios". Poco después le invadió la fiebre, y en pocos días se agravo y murió.

    Lo único que pidió a sus dos hijos es que no dejaran de rezar por el descanso de su alma. Murió en el año 387 a los 55 años de edad. Miles de madres y de esposas se han encomendado en todos estos siglos a Santa Mónica, para que les ayude a convertir a sus esposos e hijos, y han conseguido conversiones admirables.

Oremos 

    Oh Dios, consuelo de los que lloran, que acogiste piadosamente las lágrimas de santa Mónica impetrando la conversión de su hijo Agustín, concédenos, por intercesión de madre e hijo, la gracia de llorar nuestros pecados y alcanzar tu misericordia y tu perdón. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén

martes, 25 de agosto de 2020

EVANGELIO - 26 de Agosto - San Mateo 23,27-32


    Segunda Carta de San Pablo a los Tesalonicenses 3,6-10.16-18.

    Les ordenamos, hermanos, en nombre de nuestro Señor Jesucristo, que se aparten de todo hermano que lleve una vida ociosa, contrariamente a la enseñanza que recibieron de nosotros.
    Porque ustedes ya saben cómo deben seguir nuestro ejemplo. Cuando estábamos entre ustedes, no vivíamos como holgazanes, y nadie nos regalaba el pan que comíamos. Al contrario, trabajábamos duramente, día y noche, hasta cansarnos, con tal de no ser una carga para ninguno de ustedes.
    Aunque teníamos el derecho de proceder de otra manera, queríamos darles un ejemplo para imitar.
    En aquella ocasión les impusimos esta regla: el que no quiera trabajar, que no coma.
    Que el Señor de la paz les conceda la paz, siempre y en toda forma. El Señor esté con todos ustedes.
    El saludo es de mi puño y letra. Esta es la señal característica de todas mis cartas: así escribo yo, Pablo.
    La gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con todos ustedes.


Salmo 128(127),1-2.4-5.

¡Feliz el que teme al Señor
y sigue sus caminos!
Comerás del fruto de tu trabajo,

serás feliz y todo te irá bien.
¡Así será bendecido
el hombre que teme al Señor!

¡Que el Señor te bendiga desde Sión
todos los días de tu vida:
que contemples la paz de Jerusalén.


    Evangelio según San Mateo 23,27-32.


    ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que parecen sepulcros blanqueados: hermosos por fuera, pero por dentro llenos de huesos de muertos y de podredumbre!
    Así también son ustedes: por fuera parecen justos delante de los hombres, pero por dentro están llenos de hipocresía y de iniquidad.
    ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que construyen los sepulcros de los profetas y adornan las tumbas de los justos, diciendo: 'Si hubiéramos vivido en el tiempo de nuestros padres, no nos hubiéramos unido a ellos para derramar la sangre de los profetas'!
    De esa manera atestiguan contra ustedes mismos que son hijos de los que mataron a los profetas.
    ¡Colmen entonces la medida de sus padres!

    Palabra del Señor

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 26 de Agosto - «¡Ay de vosotros que limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis rebosando de robo y desenfreno!»


Balduino de Ford, obispo Escritos: Señor, quita mi corazón de piedra. Escritos del 25-01-1937. Obras completas – Editorial Monte Carmelo, p. 767.768, § 883.884.885.

«¡Ay de vosotros que limpiáis por fuera la copa y el plato, 
mientras por dentro estáis rebosando de robo y desenfreno!» 

    Amamos a Cristo como él nos ha amado. Nos ha dejado un ejemplo para que sigamos sus huellas (1Pe 2,21).Porque él dice:“Ponme como un sello sobre tu corazón” (Ct 8,6), esto viene a decir: “Ámame como yo te amo. Llévame en tu espíritu, en tu memoria, en tu deseo, en tus suspiros, en tus gemidos y tus sollozos. Acuérdate, hombre en qué estado yo te he creado, cuánto te he elevado por encima de otras criaturas, con qué dignidad te he ennoblecido, cómo te he coronado de gloria y honor, cómo te he situado un poco inferior a los ángeles, y cómo todo lo he puesto bajo tus pies(Sal 8). Acuérdate no solo de todo esto que he hecho por ti sino de qué pruebas y qué humillaciones he sufrido por ti…Y tú, si me amas, muéstralo; no de palabra y de lengua, sino en acto y verdad… Ponme como un sello sobre tu corazón y ámame con todas tus fuerzas”…

    Señor, quita mi corazón de piedra, este corazón duro e incircunciso. Dame un corazón nuevo, un corazón de carne, un corazón puro (Ez 36, 26). Tú que purificas los corazones, que amas los corazones puros, toma posesión de mi corazón, ven y vive.

SANTORAL - SANTA TERESA DE JESÚS JORNET

26 de Agosto


    En 1868 ingresó en el monasterio de Clarisas de Briviesca (Burgos), del que tuvo que salir poco después por motivos de salud (1870). Durante algunos años recibió el influjo espiritual de un tío suyo, el P. Francisco de Jesús María y José Palau y Quer, carmelita descalzo exclaustrado, celoso misionero, gran contemplativo y apologista militante, creador de diversas instituciones de enseñanza. Durante algún tiempo, Teresa trabajó en las escuelas del P. Palau sin ligarse a compromiso de vida religiosa, abandonando estas actividades poco después (1872), fallecido el P. Palau. Circunstancias providenciales decidieron definitivamente su vida, en el mismo a. 1872; en Barbastro (Huesca) entró en relación casual con un celoso sacerdote, D. Pedro Llacera, que le dio a conocer los planes de fundación en favor de la ancianidad desvalida que por entonces inspiraban la actividad de otro ilustre sacerdote, D. Saturnino López Novoa, chantre de la Catedral de Huesca; Teresa vio abierto el camino de su vida y se ofreció inmediatamente a ser colaboradora en tal empresa caritativa, uniéndose a las primeras aspirantes del nuevo Instituto fundado en Barbastro el 3 octubre 1872: pocos días después fue nombrada con carácter provisional superiora de aquel grupo por el Vicario capitular de la diócesis. Es fundadora de las conocidas Hermanitas de los ancianos desamparados.

    Trasladada la Fundación a Valencia, Teresa fue confirmada en su cargo de directora general por el arzobispo Mons. Mariano Barrio Fernández (10 mayo 1875). Emitió la primera profesión el 29 noviembre 1874, pronunciando los votos perpetuos el 8 diciembre 1877.

    El arzobispo de Valencia Mons. Antolín Monescillo (31 enero 1878) renovó el nombramiento de directora general. En 1887 fue elegida Superiora general del Instituto, de acuerdo con las Constituciones aprobadas por la Santa Sede, por un periodo de nueve años, siendo postulada para continuar en el cargo terminado este periodo, confirmándola en tal designación la Santa Sede (14 julio 1896) para otro periodo de nueve años que no pudo terminar.

    Murió santamente en Liria (Valencia) el 26 agosto 1897, dejando 103 Casas-Asilos de su Congregación en plena actividad en España y América. Había recibido en la Congregación a 1.260 hermanitas, de las cuales muchas se le habían anticipado en la muerte.

    Sus restos mortales fueron trasladados a Valencia, a la Casa Madre de la Congregación, y son objeto de fervoroso culto. Fue beatificada por Pío XII el 27 abril 1958 y canonizada el 27 enero 1974 por Pablo VI, que con tal motivo pronunció una homilía exaltando el valor de su santidad y de su vocación en favor de los ancianos desvalidos. Se celebra su fiesta el 26 de agosto.

Oremos

    Oh Dios, que has guiado a la virgen Santa Teresa a la perfecta caridad en el cuidado de los ancianos, concédenos, a ejemplo suyo, servir a Cristo en el prójimo, para ser testimonios de su amor. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén

lunes, 24 de agosto de 2020

EVANGELIO - 25 de Agosto - San Mateo 23,23-26


    Segunda Carta de San Pablo a los Tesalonicenses 2,1-3a.14-17.

    Acerca de la Venida de nuestro Señor Jesucristo y de nuestra reunión con él, les rogamos, hermanos, que no se dejen perturbar fácilmente ni se alarmen, sea por anuncios proféticos, o por palabras o cartas atribuidas a nosotros, que hacen creer que el Día del Señor ya ha llegado.
    Que nadie los engañe de ninguna manera. Porque antes tiene que venir la apostasía y manifestarse el hombre impío, el Ser condenado a la perdición, El los llamó, por medio de nuestro Evangelio, para que posean la gloria de nuestro Señor Jesucristo.
    Por lo tanto, hermanos, manténganse firmes y conserven fielmente las tradiciones que aprendieron de nosotros, sea oralmente o por carta.
    Que nuestro Señor Jesucristo y Dios, nuestro Padre, que nos amó y nos dio gratuitamente un consuelo eterno y una feliz esperanza, los reconforte y fortalezca en toda obra y en toda palabra buena.


Salmo 96(95),10.11-12a.12b-13.

Digan entre las naciones: «El Señor reina!
El mundo está firme y no vacilará.
El Señor juzgará a los pueblos con rectitud.»
Alégrese el cielo y exulte la tierra,

resuene el mar y todo lo que hay en él;
regocíjese el campo con todos sus frutos,
griten de gozo los árboles del bosque.
Griten de gozo delante del Señor,

porque él viene a gobernar la tierra:
Él gobernará al mundo con justicia,
y a los pueblos con su verdad.


    Evangelio según San Mateo 23,23-26.

    ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que pagan el diezmo de la menta, del hinojo y del comino, y descuidan lo esencial de la Ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad! Hay que practicar esto, sin descuidar aquello.
    ¡Guías ciegos, que filtran el mosquito y se tragan el camello!
    ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que limpian por fuera la copa y el plato, mientras que por dentro están llenos de codicia y desenfreno!
    ¡Fariseo ciego! Limpia primero la copa por dentro, y así también quedará limpia por fuera.

    Palabra del Señor

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 25 de Agosto - «Filtráis el mosquito y os tragáis el camello»


      Orígenes, presbítero Homilía: Destruir las orgullosas murallas del pecado sobre el libro de Josué, n. 5, 2.

«Filtráis el mosquito y os tragáis el camello» 

    “Marchemos a la guerra como Josué; asaltemos la ciudad más considerable de este mundo –la malicia- y destruyamos las orgullosas murallas del pecado. ¿Acaso no mirarás a tu alrededor para ver qué camino has de tomar y qué campo de batalla vas a escoger? Sin duda te van a parecer extrañas mis palabras; y sin embargo son verdaderas: limita tu búsqueda a ti solo.

    En ti está el combate que vas a emprender, en tu interior el edifico de malicia que has de socavar; tu enemigo sale del fondo de tu corazón. Y no soy yo quien lo digo sino el mismo Cristo; escúchale: «del corazón salen las intenciones malas, asesinatos, adulterios, fornicaciones, robos, falsos testimonios, injurias» (Mt 15,19). ¿Te das cuenta de la fuerza de este ejército enemigo que avanza contra ti desde el fondo de tu corazón? Ahí tienes a nuestros enemigos, a los que hemos de matar al primer combate, los que están en primera línea para ser derribados. Si somos capaces de derribar sus murallas y exterminarlos hasta que no quede ni uno sólo para poderlo narrar, ni tan sólo uno para volver a atacar (Jos 11,14), si no queda ni uno para revivir y volver a ocupar nuestros pensamientos, entonces Jesús nos dará el gran descanso”.

SANTORAL - SAN LUIS IX DE FRANCIA REY

25 de Agosto


    San Luis IX, rey de Francia, que, tanto en tiempo de paz como durante las guerras interpuestas en defensa del cristianismo, se distinguió excepcionalmente por su activa fe y por la justicia en el gobierno, el amor a los pobres y la constancia en las adversidades. Tuvo once hijos en su matrimonio, a los que educó de una manera inmejorable y piadosa, y gastó sus bienes y fuerzas, y su vida misma, en la adoración de la cruz, la corona de espinas y el sepulcro del Señor, hasta que, mientras estaba acampado cerca de Túnez, en la costa de África del Norte, murió contagiado de peste. San Luis IX poseía las cualidades de un gran monarca, de un héroe de epopeya y de un santo. A la sabiduría en el gobierno unía el arte de la paz y de la guerra; al valor y amplitud de miras, una gran virtud. En sus empresas la ambición no tenía lugar alguno; lo único que buscaba el santo rey era la gloria de Dios y el bien de sus súbditos. Aunque las dos cruzadas en que participó resultaron un fracaso, es un hecho que san Luis fue uno de los caballeros más valientes de todas las épocas, un ejemplo perfecto del caballero medieval, sin miedo y sin tacha.

    Era hijo de Luis VIII de Francia. Cuando tenía ocho años, murió su abuelo Felipe Augusto y su padre ascendió al trono. Luis IX nació en Poissy, el 25 de abril de 1214. Blanca, su madre, era hija de Alfonso de Castilla y de Eleonor de Inglaterra. Al ejemplo de las virtudes de su santa madre debió Luis su magnífica educación. Blanca solía repetirle con frecuencia cuando era niño: «Te quiero como la madre más amante puede querer a su hijo; pero preferiría verte caer muerto a mis pies antes que saber que has cometido un solo pecado mortal». Luis no olvidó nunca esa lección. Su biógrafo y amigo, el señor de Joinville, cronista de las cruzadas, refiere que el rey le preguntó una vez: «¿Qué cosa es Dios?» Joinville replicó: «Una cosa tan buena que nada puede ser mejor que Él». «Bien dicho -respondió Luis-, pero decidme: ¿Preferiríais contraer la lepra antes que cometer un pecado mortal?» «Y yo, que nunca he dicho una mentira -prosigue Joinville- repliqué: 'Preferiría cometer treinta pecados mortales antes que contraer la lepra'». Más tarde, San Luis le llamó aparte y le explicó que su respuesta había sido honrada, pero equivocada.

    Luis VIII murió el 7 de noviembre de 1226. San Luis sólo tenía entonces doce años, de suerte que su madre asumió la regencia. Durante la minoría de edad del rey, los barones se dedicaron a perturbar el orden del reino; pero Blanca de Castilla, que supo hacer alianzas muy hábiles, los venció con su valor y diligencia en el campo de batalla y los obligó a mantenerse tranquilos. Cuando san Luis obtenía una victoria, se regocijaba sobre todo porque ello significaba la paz para sus súbditos. Era misericordioso aun con los rebeldes y, como nunca buscaba la venganza ni ambicionaba la conquista, estaba siempre dispuesto a llegar a un acuerdo. Pocos hombres han amado a la Iglesia tanto como san Luis y han mostrado tanta reverencia por sus ministros; pero eso no cegaba al joven rey, quien se oponía a las injusticias de los obispos y nunca escuchaba sus quejas antes de haber oído a la parte contraria. Como un ejemplo, podemos citar la actitud de san Luis en los pleitos que opusieron a los obispos de Beauvais y de Metz contra las corporaciones de sus respectivas ciudades. Luis gustaba de conversar con los sacerdotes y los religiosos y con frecuencia los invitaba a palacio (como por ejemplo, a santo Tomás de Aquino) . Pero sabía también mostrarse alegre a su tiempo: cierta vez en que un fraile empezó a tratar en la mesa un tema demasiado serio, el rey desvió la conversación y advirtió: «Todas las cosas tienen su tiempo». Cuando creaba nuevos caballeros, celebraba fiestas magníficas; pero logró extirpar de la corte todas las diversiones inmorales. No toleraba ni la obscenidad, ni la mundanidad exagerada. Joinville dice: «Yo viví más de veintidós años en compañía del rey y jamás le oí jurar por Dios, por la Virgen o por los santos. Ni siquiera le oí jamás pronunciar el nombre del diablo, excepto cuando leía en voz alta o cuando discutía lo que acababa de leer sobre él». Un fraile de Santo Domingo afirmó también que nunca le había oído hablar mal de nadie. Luis se negó a condenar a muerte al hijo de Hugo de la Marche, que se había levantado en armas junto con su padre, diciendo: «Un hijo no puede dejar de obedecer a su padre».

    A los diecinueve años, san Luis contrajo matrimonio con Margarita, la hija mayor de Raimundo Berenger, conde de Provenza. La segunda hija del conde se casó con Enrique III de Inglaterra; la tercera, Sancha, con Ricardo de Cornwall, y la más joven, Beatriz, con Carlos, el hermano de san Luis. Dios bendijo el matrimonio del rey, que fue muy feliz, con cinco hijos y seis hijas. Sus descendientes ocuparon el trono de Francia hasta el 21 de enero de 1793, día en que el P. Edgeworth dijo a Luis XVI, unos momentos antes de que la guillotina le decapitase: «Hijo de san Luis, vuela al cielo» (aunque la frase es tradicional, se dice que el P. Edgeworth manifestó a Lord Holland que no había pronunciado esas palabras). En 1235, Luis IX tomó el gobierno de su reino, pero no perdió el gran respeto que tenía a su madre y se aconsejaba siempre con ella, a pesar de que Blanca estaba un tanto celosa de su nuera. La primera de las numerosas abadías que fundó san Luis, fue la de Royaumont. En 1239, Balduino II, el emperador latino de Constantinopla, regaló a san Luis la «Corona de Espinas» para agradecerle la generosidad con que había ayudado a los cristianos de Palestina y de otros países de Oriente. La corona se hallaba entonces en manos de los venecianos, como depósito por una suma que éstos habían prestado a Balduino, de suerte que san Luis tuvo que pagar la deuda. El rey envió a dos frailes de Santo Domingo a traer la reliquia y salió con toda su corte a recibirla, más allá de Sens. Para depositar la corona, mandó derribar su capilla de San Nicolás y construyó la «Sainte Chapelle». El santo llevó a París a los cartujos y les regaló el palacio de Vauvert. También ayudó a su madre a fundar el convento de Maubuisson.

    Algunas de las disposiciones del santo monarca muestran hasta qué punto se preocupaba por la buena administración de la justicia. Durante el reinado de sus sucesores, cuando el pueblo se sentía objeto de alguna injusticia, pedía que se le administrase justicia como se hacía en la época de san Luis. En 1230, prohibió la usura, en particular a los judíos, también publicó un decreto por el que condenaba a los blasfemos a ser marcados con un hierro candente y aplicó esa pena a un importante personaje de París. Como algunos murmurasen de su severidad, el monarca declaró que él mismo se sometería a la pena si con ello pudiese acabar con la blasfemia. El santo protegía a sus vasallos contra las opresiones de los señores feudales. Uno de éstos, un flamenco, había mandado ahorcar a tres niños a quienes había sorprendido cazando liebres en sus propiedades. El rey le encarceló y le hizo juzgar, no por un tribunal de caballeros, como lo pedía el noble, sino por el tribunal ordinario. Aunque San Luis le perdonó la vida, le confiscó la mayor parte de sus propiedades y empleó el producto en obras de caridad. El monarca prohibió a los señores feudales que se hiciesen la guerra entre sí. Cuando daba su palabra, la cumplía escrupulosamente y observaba con fidelidad los tratados. Su integridad e imparcialidad eran tales, que los barones, los prelados y aun los reyes, se sometían a su arbitraje y se atenían a sus decisiones.

    Poco después del comienzo del reinado de Luis IX, Hugo de Lusignan, conde de La Marche, se rebeló; sus estados formaban parte del Poitou y él se rehusó a prestar homenaje al conde de Poitiers, hermano de san Luis. La esposa de Hugo se había casado en primeras nupcias con el rey Juan de Inglaterra y era la madre de Enrique III; éste acudió, pues, en ayuda de su padrastro. San Luis derrotó a Enrique III en la batalla de Taillebourg, en 1242. El vencido se refugió en Burdeos y, hasta el año siguiente, retornó a Inglaterra e hizo la paz con los franceses. Diecisiete años más tarde, Luis firmó otro tratado con Enrique III, por el que entregaba a los ingleses el Limousin y el Périgord, en tanto que éste renunciaba a todo derecho sobre Normandía, Anjou, Maine, Touraine y Poitou. Los nobles franceses criticaron las concesiones que había hecho el rey, pero éste explicó que el tratado permitiría una larga paz con Inglaterra y que la corona francesa se honraba con tener por vasallo a Enrique III. Sin embargo, algunos historiadores opinan que si san Luis se hubiese mostrado más exigente, habría podido evitar la «Guerra de Cien Años» a sus sucesores.

    En 1244, al restablecerse de una enfermedad, San Luis determinó emprender una cruzada en Oriente. A principios del año siguiente, escribió a los cristianos de Palestina que iría a socorrerles en su lucha contra los infieles lo más pronto posible. Como se sabe, los infieles se habían apoderado nuevamente de Jerusalén, unos cuantos meses antes. La oposición que el rey encontró entre sus consejeros y los nobles, los asuntos de su reino y los preparativos de la cruzada, dilataron la empresa tres años y medio. En el décimo tercer Concilio de Lyon se estableció un impuesto de un vigésimo sobre todos los beneficios eclesiásticos durante tres años para ayudar a la cruzada, a pesar de la violenta oposición de los representantes de Inglaterra. Esto dio ánimo a los cruzados, y san Luis se embarcó con rumbo a Chipre en 1248, acompañado por Guillermo Longsword, conde de Salisbury, y doscientos caballeros ingleses. El objetivo de la cruzada era Egipto. La toma de Damieta, en el delta del Nilo, se llevó a cabo sin dificultad, y san Luis entró solemnemente en la ciudad, no con la pompa de un conquistador, sino con la humildad que convenía a un príncipe cristiano. En efecto, el rey y la reina iban a pie, precedidos de los príncipes y caballeros y del legado pontificio. El monarca decretó severos castigos contra el saqueo y el crimen, ordenó que se restituyese todo lo robado y prohibió que se matase a los infieles, si era posible hacerlos prisioneros. Pero, a pesar de todas las precauciones de san Luis, muchos cruzados se entregaron al pillaje y la matanza. Las crecidas del Nilo y el calor del verano impidieron al rey aprovechar la ventaja que había conseguido y tuvo que esperar seis meses antes de atacar a los sarracenos, que se hallaban en la otra ribera del Nilo. Siguieron otros seis meses de luchas enconadas, en las que los cruzados perdieron muchos hombres, tanto en las batallas como en las continuas epidemias. En abril de 1250, san Luis cayó prisionero y los sarracenos diezmaron su ejército. Durante el cautiverio, el rey rezaba diariamente el oficio divino con sus dos capellanes, como si estuviera en su palacio. A las burlas insultantes de los guardias, respondía con tal aire de majestad y autoridad, que éstos acabaron por dejarle en paz. Cuando san Luis se negó a entregar sus castillos de Siria, los infieles le amenazaron con las más ignominiosas torturas. El santo monarca repuso serenamente que era su prisionero y que podían hacer lo que quisiesen de su cuerpo. El sultán le propuso devolverle la libertad y la de todos sus caballeros, a cambio de un millón de onzas de oro y de la ciudad de Damieta. Luis respondió que el rey de Francia no podía pagar su rescate a precio de oro, pero que estaba dispuesto a entregar Damieta a cambio de su libertad y un millón de onzas de oro para que sus vasallos quedasen libres. Precisamente entonces, el sultán fue derrotado por los emires mamelucos, quienes devolvieron la libertad al rey a sus caballeros al precio convenido, pero asesinaron traidoramente a todos los heridos y enfermos que se hallaban en Damieta. San Luis partió entonces a Palestina con el resto de su ejército. Ahí permaneció hasta 1254: visitó los Santos Lugares, alentó a los cristianos y reforzó las defensas del Reino Latino de Jerusalén. Después de recibir, con profundo dolor, la noticia de la muerte de su madre, que ejercía la regencia en Francia. San Luis volvió a su patria, de la que había estado ausente seis años. Angustiado por el recuerdo de la opresión que sufrían los cristianos en el Oriente, portó siempre el signo de cruzado en sus vestimentas para demostrar que estaba decidido a volver a socorrerles. La situación de los cruzados, empeoró rápidamente, ya que entre 1263 y 1268, los mamelucos tomaron Nazaret, Cesarea, Jaffa y Antioquía.

    Hacia 1257, Roberto de Sorbon, un canónigo de París muy erudito, fundó en la ciudad la escuela de teología que más tarde se llamó la Sorbona. Roberto era amigo personal de san Luis, quien en ciertas épocas le tuvo por confesor, de suerte que el monarca apoyó con entusiasmo su proyecto y le ayudó a realizarlo. San Luis fundó también en París, el hospital de ciegos de Quinze-Vingts, («Los Trescientos»), llamados así porque al principio albergaba a trescientos enfermos. Pero no fue eso todo lo que el santo hizo por los pobres: a diario invitaba a comer a trece indigentes y mandaba repartir alimentos cerca de su palacio a una gran multitud de necesitados. En la Cuaresma y el Adviento daba de comer a cuantos se presentaban y, con frecuencia, se encargaba personalmente de servirlos. Tenía una lista de los necesitados, sobre todo de los pobres vergonzantes, a los que socorría regularmente en toda la extensión de sus dominios. Aunque no se ocupaba personalmente de la legislación, tenía verdadera pasión por la justicia y, gracias a ello, pudo transformar la institución feudal de «la corte del rey» en un verdadero tribunal de justicia, a cuyas decisiones se sometían los monarcas, corno en el caso de Enrique III y sus barones. El santo se esforzó por sustituir el recurso a las armas por el arbitraje y el proceso judicial. En cierta ocasión en que había actuado como padrino de bautismo de un judío en Saint-Denis, el santo confesó al embajador del emir de Túnez que, por ver al soberano tunecino recibir el bautismo, pasaría con gusto el resto de su vida prisionero de los sarracenos.

    Como las intenciones del rey eran bien conocidas, la promulgación de una nueva cruzada, en 1267, no sorprendió a nadie, pero tampoco entusiasmó a nadie, pues el pueblo temía, entre otras cosas, perder a su buen monarca. Aunque san Luis no tenía entonces más que cincuenta y dos años, estaba gastado por el trabajo, la penitencia y las penurias. Joinville no tuvo empacho en afirmar que «quienes habían aconsejado ese viaje al monarca eran culpables de pecado mortal», y él mismo se negó a participar en la cruzada, alegando que debía quedarse a proteger a los súbditos del monarca de la opresión de los señores. San Luis se embarcó con su ejército en Aigues-Mortes, el l de julio de 1270. La armada se dirigió a Cagliari, en la Cerdeña, y ahí se resolvió proseguir rumbo a Túnez. El rey y su hijo mayor enfermaron de tifus al llegar a este puerto. Al sentir que se acercaba su fin, el santo monarca dio sus últimas instrucciones a sus hijos y a su hija, la reina de Navarra, y se preparó para la muerte. El domingo 24 de agosto, recibió los últimos sacramentos. En seguida mandó llamar a los embajadores griegos y los exhortó ardientemente a la unión con la Iglesia romana. Al día siguiente, perdió el habla durante tres horas y, al recuperarla, levantó los ojos al cielo y dijo en voz alta las palabras del salmista: «Señor, iré a tu casa a adorarte en tu templo santo y a glorificar tu nombre». A las tres de la tarde, exclamó: «En tus manos encomiendo mi espíritu» y murió. Sus huesos y su corazón fueron trasladados a Francia y depositados en la iglesia abacial de Saint-Denis, donde estuvieron hasta que fueron profanados durante la Revolución Francesa. San Luis fue canonizado por el papa Bonifacio VIII en 1297.

Oremos

    Oh Dios, que has trasladado a San Luis de Francia desde los afanes del gobierno temporal al reino de tu gloria, concédenos, por su intercesión, buscar ante todo tu reino en medio de nuestras ocupaciones temporales. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén