Beato María-Eugenio del Niño Jesús (1894-1967) carmelita, fundador de Nuestra Señora de Vida Quiero ver a Dios. El Buen Jesús (Je veux voir Dieu, Carmel, 1949)
"Entrar en el seno de la Trinidad"
Durante su vida pública Nuestro Señor revela y explica progresivamente su mediación. “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”, dice (Jn14,6). (…) Hijo de Dios, a la vez engendrado eternamente como Verbo del Padre y pronunciado en el tiempo como Verbo encarnado. Jesús es la luz increada -Dios- y toda la luz que Dios ha querido manifestar al mundo, vida que está en el seno de la Trinidad y vida que Dios quiere llevar a las almas. En Él están todos los tesoros de la sabiduría y de la gracia, que recibimos de su plenitud. (…)
Nuestra gracia es filial, esto es esencial. Hemos recibido un espíritu filial “que nos hace llamar a Dios “Abba”, Padre” (Rom 8,15) ... (..). El Padre tiene sólo un Hijo, su Verbo. El ritmo eterno de la vida en el seno de la Trinidad santa es inamovible. Dios Padre por el conocimiento que tiene de sí mismo, engendra al Verbo que lo expresa. El Padre y el Hijo por un soplo común de amor engendran al Espíritu Santo. Siglos y eternidad no cambiaron nada a ese movimiento. ¿Cómo podemos entrar y participar, como lo pide nuestra vocación sobrenatural?
El Verbo se ha encarnado, ha tomado una humanidad a la que ha entrenado, feliz cautiva, en el seno de esta gloria que el Verbo tenía antes que el mundo fuera. Con esta humanidad santa de Cristo, el Verbo entrena a todos los hombres que se dejan tomar por su gracia. Cristo total, bajo la paternidad eternamente fecunda del Padre de luz y misericordia y con el soplo de amor del Espíritu Santo. Espíritu del Padre y del Hijo que deviene Espíritu de la Iglesia, de nosotros.

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