martes, 26 de agosto de 2025
EVANGELIO - 27 de Agosto - San Mateo 23,27-32
Recuerden, hermanos, nuestro trabajo y nuestra fatiga cuando les predicamos la Buena Noticia de Dios, trabajábamos día y noche para no serles una carga.
Nuestra conducta con ustedes, los creyentes, fue siempre santa, justa e irreprochable: ustedes son testigos, y Dios también.
Y como recordarán, los hemos exhortado y animado a cada uno personalmente, como un padre a sus hijos, instándoles a que lleven una vida digna del Dios que los llamó a su Reino y a su gloria.
Nosotros, por nuestra parte, no cesamos de dar gracias a Dios, porque cuando recibieron la Palabra que les predicamos, ustedes la aceptaron no como palabra humana, sino como lo que es realmente, como Palabra de Dios, que actúa en ustedes, los que creen.
Salmo 139(138),7-8.9-10.11-12ab.
¿A dónde iré para estar lejos de tu espíritu?
¿A dónde huiré de tu presencia?
Si subo al cielo, allí estás tú;
si me tiendo en el Abismo, estás presente.
Si tomara las alas de la aurora
y fuera a habitar en los confines del mar,
también allí me llevaría tu mano
y me sostendría tu derecha.
Si dijera: “¡Que me cubran las tinieblas
y la luz sea como la noche a mi alrededor!”,
las tinieblas no serían oscuras para ti
y la noche sería clara como el día.
Evangelio según San Mateo 23,27-32.
Así también son ustedes: por fuera parecen justos delante de los hombres, pero por dentro están llenos de hipocresía y de iniquidad.
¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que construyen los sepulcros de los profetas y adornan las tumbas de los justos, diciendo: 'Si hubiéramos vivido en el tiempo de nuestros padres, no nos hubiéramos unido a ellos para derramar la sangre de los profetas'!
De esa manera atestiguan contra ustedes mismos que son hijos de los que mataron a los profetas.
¡Colmen entonces la medida de sus padres!
MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 27 de Agosto - «Oh Dios, cera en mí un corazón puro»
SANTORAL - SANTA MÓNICA
Memoria de Santa Mónica, que, aún jovencísima, fue dada en matrimonio a Patricio, con quien tuvo hijos, entre ellos a Agustín, por cuya conversión derramó abundantes lágrimas y oró mucho a Dios, y, anhelante de la vida celestial, abandonó la terrenal en Ostia Tiberina, en Italia, cuando regresaba de África.
Madre de San Agustín, Año 387 Santa Mónica es famosa por haber sido la madre de San Agustín y por haber logrado la conversión de su hijo. Mónica nació en Tagaste (África del Norte) a unos 100 km de la ciudad de Cartago en el año 332.
Ella deseaba dedicarse a la vida de oración y de soledad ( como su nombre lo indica ) pero sus padres dispusieron que tenía que esposarse con un hombre llamada Patricio. Este era un buen trabajador, pero terriblemente malgeniado, y además mujeriego, jugador y sin religión , ni gusto por lo espiritual.
La hará sufrir lo que no esta escrito y por treinta años ella tendrá aguantar los tremendos estallidos de ira de su marido que grita por el menor disgusto, pero este jamás se atreverá a levantar la mano contra ella. Tuvieron tres hijos : dos varones y una mujer. Los dos menores fueron su alegría y consuelo, pero el mayor Agustín, la hizo sufrir por docenas de años.
En aquella región del norte de África, donde las gentes eran sumamente agresivas, las demás esposas le preguntaban a Mónica porque su esposo era uno de los hombres de peor genio en toda la ciudad, pero no la golpeaba nunca a ella, y en cambio los esposos de ellas las golpeaban sin compasión. Mónica les respondió : "Es que, cuando mi esposo está de mal genio, yo me esfuerzo por estar de buen genio. Cuando el grita, yo me callo. Y como para pelear se necesitan dos y yo no acepto la pelea, pues....no peleamos". Esta fórmula se ha hecho celebre en el mundo y ha servido a millones de mujeres para mantener la paz en la casa.
Patricio no era católico, y aunque criticaba el mucho rezar de su esposa y su generosidad tan grande con los pobres, nunca se oponía a que ella se dedicara a estas buenas obras. y quizás por eso mismo logro su conversión. Mónica rezaba y ofrecía sacrificios por su esposo y al fin alcanzó de Dios la gracia de que en el año de 371 Patricio se hiciera bautizar, y que lo mismo lo hiciera la suegra, mujer terriblemente colérica que por meterse demasiado en el hogar de su nuera le había amargado harto la vida a la pobre Mónica. Un año después de su bautismo, murió santamente Patricio, dejando a la pobre viuda con el problema de su hijo mayor.
Cuando murió su padre, Agustín tenía 17 años y empezaron a llegarle a Mónica noticias cada vez peores, de que el joven llevaba una vida nada santa, que en una enfermedad, ante el temor a la muerte se había hecho instruir acerca de la religión y propuesto hacerse católico, pero que sanado de la enfermedad había abandonado el propósito de hacerlo.
Y que finalmente, se había hecho socio de una secta llamada de los Maniqueos, que afirmaban que el mundo no lo había hecho Dios, sino el Diablo. Y Mónica que era bondadosa pero no cobarde, ni floja, al volver su hijo a vacaciones y empezar a oírle mil barbaridades contra la verdadera religión, lo hecho sin más de la casa y le cerró las puertas, porque bajo su techo no quería albergar enemigos de Dios.
Pero sucedió que en esos días Mónica tuvo un sueño en el que vio que ella estaba en bosque llorando por la pérdida espiritual de su hijo y que en ese momento se le acercaba un personaje muy resplandeciente y le decía :"tu hijo volverá contigo " y enseguida vio a Agustín junto a ella. Le narro al muchacho el sueño tenido y el dijo lleno de orgullo que eso significaba que la madre se iba a volver maniqueísta como el. Pero ella le respondió : "En el sueño no me dijeron, mama ira a donde su hijo, sino tu hijo volverá contigo" Esta hábil respuesta impresionó mucho a su hijo, quien mas tarde la consideraba como una inspiración del cielo. Esto sucedió en el año 437.
Por muchos siglos ha sido muy comentada la bella respuesta que un obispo le dio a Mónica cuando ella le contó que llevaba años y años rezando, ofreciendo sacrificios y haciendo rezar a sacerdotes y amigos por la conversión de Agustín. El obispo le respondió : "Este tranquila, es imposible que se pierda el Hijo de tantas lagrimas". Esta admirable respuesta y lo que había oído en el sueño, la llenaban de consuelo y esperanza, a pesar de que Agustín no daba la menor señal de arrepentimiento. Y sucedió que en año 387, Agustín al leer unas frases de San Pablo sintió una impresión extraordinaria y se propuso cambiar de vida.
Envió lejos a la mujer con la cual vivía en unión libre, dejo sus vicios y malas costumbres.Se hizo instruir en la religión y en la fiesta de Pascua de Resurrección de ese año se hizo bautizar.
Lo único que pidió a sus dos hijos es que no dejaran de rezar por el descanso de su alma. Murió en el año 387 a los 55 años de edad. Miles de madres y de esposas se han encomendado en todos estos siglos a Santa Mónica, para que les ayude a convertir a sus esposos e hijos, y han conseguido conversiones admirables.
Oh Dios, consuelo de los que lloran, que acogiste piadosamente las lágrimas de santa Mónica impetrando la conversión de su hijo Agustín, concédenos, por intercesión de madre e hijo, la gracia de llorar nuestros pecados y alcanzar tu misericordia y tu perdón. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén
domingo, 24 de agosto de 2025
CARTA ENCÍCLICA LUMEN FIDEI DEL SUMO PONTÍFICE FRANCISCO
58. En la parábola del sembrador, san Lucas nos ha dejado estas palabras con las que Jesús explica el significado de la « tierra buena »: « Son los que escuchan la palabra con un corazón noble y generoso, la guardan y dan fruto con perseverancia » (Lc 8,15). En el contexto del Evangelio de Lucas, la mención del corazón noble y generoso, que escucha y guarda la Palabra, es un retrato implícito de la fe de la Virgen María. El mismo evangelista habla de la memoria de María, que conservaba en su corazón todo lo que escuchaba y veía, de modo que la Palabra diese fruto en su vida. La Madre del Señor es icono perfecto de la fe, como dice santa Isabel: « Bienaventurada la que ha creído » (Lc 1,45)
EVANGELIO DEL DÍA - 25 de Agosto - San Mateo 23,13-22.
Primera Carta de San Pablo a los Tesalonicenses 1,1-10.
Evangelio según San Mateo 23,13-22.
MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 25 de Agosto - "Dios llama a nuestra libertad"
SANTORAL - SAN JOSÉ DE CALASANZ, PRESBÍTERO Y FUNDADOR
"Es una misión muy noble y una fuente de gran mérito dedicarse a la educación de los niños, especialmente los pobres, para ayudarles a alcanzar la vida eterna. Quien se hace su maestro y, mediante la formación intelectual, se compromete a educarlos, especialmente en la fe y la piedad, cumple de alguna manera con los niños el oficio mismo de su ángel de la guarda, y tal actividad en favor del desarrollo humano y cristiano es muy digna de ser sostenida y alabada".
José Calasanzio nació en Aragón, España, en una familia noble relativamente acomodada: su padre era un distinguido herrero y artesano. Recibió una buena educación religiosa, pero cuando le expresó a su padre la intención de entrar en el seminario, éste, que soñaba con una carrera militar para él, se opuso en un principio, pero luego accedió de buen grado y lo envió a estudiar a las universidades de Lleida y Valencia. José no defraudará la ayuda y la buena voluntad de su padre, pues sólo un poco después de su graduación y la profesión de votos solemnes, será elegido Vicario general de la diócesis de Urgel.
En Roma, entre los hijos de la nobleza y los pobres chicos de la calle
En 1592 viajó a Roma, tal vez para resolver asuntos urgentes en las Oficinas de la Santa Sede. Se alojó en la mansión del cardenal Colonna, un viejo amigo suyo, y se convirtió en el tutor de sus sobrinos. Fueron precisamente estas tareas, en marcado contraste con lo que observaba en sus paseos por las calles de la ciudad, las que le aclararon sus ideas. En Roma, José realizaba su ministerio sacerdotal visitando a los enfermos en los hospitales y en las cárceles, pero eran los jóvenes que veía en las calles los que más lo impresionaban: jóvenes, a menudo niños, tan desprovistos de todo, abandonados a sí mismos, a la ignorancia y al vicio, que pronto se habrían convertido en delincuentes. En su reflexión sobre los contrastes entre la refinada educación de los ricos y el abandono de los pobres, juzgó que en la ciudad del Papa tales injustos extremos eran indadmisibles y que él tenía que hacer algo para mejorar tal anomalía. En un instante José se sintió como iluminado pues comprendió cuál era su camino: rescatar a los jóvenes pobres de la degradación a la que parecían condenados; salvarlos a través de una educación completa y permanente, que no se limitara al frio catecismo dominical normalmente explicado por los sacerdotes. Finalmente se sintió lleno de paz y de seguridad para emprender lo que el Señor se esperaba de él.
La educación como derecho fundamental de la persona
Empezó pidiendo ayuda a los padres jesuitas y a los dominicos, pero ellos ya estaban también muy llenos de su propias actividades; así que con la ayuda del párroco de Santa Dorotea en el Trastevere, que puso a su disposición dos locales, abrió la primera escuela gratuita de Europa para los jóvenes de escasos recursos económicos. José no tenía un proyecto educativo muy específico: vivía de la providencia día tras día pero conservaba una convicción irrenunciable de alcance revolucionario para su misión, pues consideraba la educación como un derecho fundamental de la persona; la educación de los pobres no debía ser sólo un gesto de caridad, sino un acto de justicia social. Pronto encontró otros sacerdotes dispuestos a prestar su servicio de enseñanza en forma gratuita y en 1612, gracias a sus benefactores y con la aprobación de la Santa Sede, consiguió incluso comprar un edificio en la Plaza Navona de Roma: a este punto sus alumnos eran casi unos 1500.
Una idea triunfante que despertó mucha envidia
En 1617 José sintió que debía crear una especie de "seguro de vida" para la futura permanencia de sus escuelas y, después de haber conseguido la aprobación del Papa, fundó la Congregación Paulina de los Pobres de la Madre de Dios de las Escuelas Pías, los futuros Padres Escolapios. Fue así que en 1622, con Gregorio XV, la Congregación se transformó en una Orden regular y el mismo José, en retiro en Narni, escribió sus constituciones. Desafortunadamente, las insidias acechaban su obra, pues ya desde aquella época la educación y la cultura eran un derecho reconocido exclusivamente a las clases más ricas; fue así que la obra de José comenzó a ser desacreditada por los ricos conservadores que querían mantener el statu quo y que comenzaron a calumniarlo, tanto que fue denunciado al Santo Oficio y la Orden fue reducida a la condición de una Congregación de sacerdotes seculares, sujetos a la jurisdicción del obispado.
La Orden de los Escolásticos y el cuarto voto
Muy fatigado en su cuerpo y en su espíritu, José regresó a la casa del Padre en 1648, sin haber visto la reconstitución de la Congregación, que fue reconocida de nuevo como una Orden religiosa según las reglas de su fundador sólo en 1699. Los Padres Escolapios que, finalmente, pudieron profesar los votos solemnes según las nuevas constituciones, añadieron un cuarto voto a los tres habituales: el de educar a los jóvenes como misión primaria. Desde entonces, sus escuelas se fueron extendiendo por los diversos continentes y hoy en día tienen 222 casas dispersas por todo el mundo. José, sepultado en Roma, fue canonizado por Clemente XIII en 1767 y en 1948 fue proclamado por Pío XII "Patrón universal de todas las escuelas cristianas populares del mundo".











