domingo, 19 de marzo de 2023

SANTORAL - SANTA MARÍA JOSEFA DEL CORAZÓN DE JESÚS

 20 de Marzo

    María Josefa Sancho de Guerra dedicó su vida entera a cuidar a los enfermos y a asistir a los pobres, inclinación característica de su infancia junto a la devoción por la Eucaristía y por la Virgen María. Como es propio de los santos, la clave de su acción fue el amor a Cristo, a quien veía en su prójimo. Desde esta cátedra inigualable de la caridad dispensó a cada uno el trato preciso. Supo acoger y comprender a todos en sus limitaciones sin exclusión. Porque solo Él, «Varón de dolores», puede mostrar cómo ha de procederse cuando más descarnada se muestra la fragilidad del ser humano que yace atrapado por la enfermedad, y tal vez estremecido por la angustia ante la muerte. En un momento dado, esta fundadora advirtió a sus hijas: «La asistencia no consiste solo en dar las medicinas y los alimentos al enfermo; hay otra clase de asistencia, y es la del corazón, procurando acomodarse a la persona que sufre».

    Natural de Vitoria, España, nació el 7 de septiembre de 1842. Perdió a su padre cuando tenía 6 años. Era la mayor de tres hermanas. A los 15 años se trasladó a Madrid con objeto de completar la educación que venía recibiendo. Y a los 18, teniendo clara vocación, no dudó de que su futuro debía transcurrir al abrigo de un claustro, algo que realmente le atraía. Años más tarde, mirando atrás retrospectivamente, diría: «Nací con la vocación religiosa». El convento de las concepcionistas de Aranjuez fue el lugar en el que pensó ingresar en 1860. Entonces contrajo el tifus y se frustraron sus sueños de convertirse en contemplativa. El trasfondo de la enfermedad, más allá del ámbito físico, era netamente espiritual. Ella, como le ha sucedido a tantos otros, tenía trazada de antemano una misión para la que había sido elegida por Dios. Y la inoportuna lesión no hacía más que señalarle otro camino. Naturalmente, desconocía este extremo, aunque pronto se le iba a desvelar. Urgida por religioso empeño, acudió al instituto de las Siervas de María. A punto de profesar, se presentaron las dudas. Tenía 22 años cuando surgió el recelo: ¿debía comprometerse con una Orden de vida activa?

    Abrió su corazón sucesivamente a la maestra de novicias santa Soledad Torres Acosta, y a san Antonio María Claret. Ambos la ayudaron a dilucidar su camino, juzgando que hasta entonces había errado en el que debía materializar su vocación. Llevada de la mano del santo, después de haberlo meditado durante tres días ofreciendo la Eucaristía al Espíritu Santo por indicación suya, no necesitó más. Comprendió que, efectivamente, tal como este fundador le había advertido, estaba llamada a poner en marcha otra Obra. Aunque los temores volvieron a asaltarla en otros momentos, con la venia del cardenal arzobispo de Toledo, que la alentó, en 1871 dejó a las Siervas de María y se dispuso a fundar en Bilbao el Instituto de las Hermanas Siervas de Jesús dedicado a la asistencia de los enfermos. Espiritualmente, el viaje, cuyo destino primero había sido Barcelona, constituyó para ella una dura prueba. Echando mano de la confianza en medio de la oscuridad que se cernió sobre su espíritu, junto al consuelo de las cuatro religiosas que le acompañaban, consiguió proseguir adelante y fortalecerse para nuevas dificultades. Tuvo que vencer suspicacias desde el primer momento hasta de personas que después iban a serle de gran ayuda, como le sucedió inicialmente con el bondadoso sacerdote Mariano José de Ibargoingotia. Las vocaciones florecían. Y el Instituto, que instituyó no sin ciertas penalidades y sacrificios, se fue extendiendo dentro y fuera de España. Recibió aprobación diocesana en 1874 y obtuvo la pontificia en 1886.

    Al profesar María Josefa tomó el nombre de sor Corazón de Jesús. Fue superiora de la congregación de forma ininterrumpida durante cuarenta y dos años, poniendo de relieve la autenticidad de sus palabras: «Mi vida está en Dios y es para Dios». En esas décadas tuvo que lidiar con las guerras carlistas y diversos asedios sufridos por la ciudad de Bilbao. Después de intricados viajes para visitar las diversas comunidades, un grave problema cardíaco, que luego se complicó con una lesión pulmonar, en 1911 la dejó completamente mermada. Solo podía permanecer acostada o sentada en una butaca. Así fue siguiendo el devenir de las fundaciones, atrapada físicamente, pero lúcida y capaz de escribir a sus hijas numerosas cartas. En ellas plasmó su rica espiritualidad concretada en su gran amor a la Eucaristía y al Sagrado Corazón, la vocación a abrazarse a la cruz participando en el dolor Redentor de Cristo, y la plena dedicación al servicio de los enfermos encarnada en un espíritu contemplativo. Hizo notar: «La caridad y el amor mutuo, forman aún en esta vida el cielo de las comunidades. Sin cruz no hemos de estar, dondequiera que vayamos, la vida religiosa es vida de sacrificio y de abnegación. El fundamento de la mayor perfección es la caridad fraterna». Encomendaba a sus hijas: «Sean compasivas con los enfermos, en el lecho del dolor, todos son igualmente necesitados». Al final, postrada, como se hallaban tantos en los que pensó al poner en marcha la fundación y a los que había dedicado su vida, al sentir el afecto y delicadeza de sus hermanas pedía que no le dispensaran un trato deferente:«Dejadme morir como una pobre religiosa… Tratadme como a los pobres, quiero morir como he vivido…». Falleció en Bilbao el 20 de marzo de 1912 diciendo: «Ya está todo».El carisma que había amasado sobre el «amor y sacrificio» era una espléndida realidad.Dejaba 42 casas abiertas y más de un millar de religiosas. Juan Pablo II la beatificó el 27 de septiembre de 1992. Él mismo la canonizó el 1 de octubre del año 2000.

Oremos

    Señor venimos a Ti, llenos de confianza, porque eres nuestro Padre Celestial. Tú, que nos mandaste escuchar a tu Hijo amado, ilumina nuestro corazón con su Palabra, para que, a imitación de Santa María Josefa del Corazón de Jesús, seamos dóciles a tu voluntad, fuertes en el seguimiento de Jesucristo y entregados a nuestros hermanos, especialmente a los enfermos y a los más necesitados. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén

-FRASE DEL DÍA-



sábado, 18 de marzo de 2023

-PROPÓSITO DEL DÍA- "Para que por la práctica de los consejos evangélicos y la vida de oración, podamos crecer en el amor a Dios y nuestros hermanos"



 

EVANGELIO - 19 de Marzo - San Juan 9,1-41


    Primer Libro de Samuel 16,1b.6-7.10-13a.

    El Señor dijo a Samuel: "¡Llena tu frasco de aceite y parte! Yo te envío a Jesé, el de Belén, porque he visto entre sus hijos al que quiero como rey".
    Cuando ellos se presentaron, Samuel vio a Eliab y pensó: "Seguro que el Señor tiene ante él a su ungido".
    Pero el Señor dijo a Samuel: "No te fijes en su aspecto ni en lo elevado de su estatura, porque yo lo he descartado. Dios no mira como mira el hombre; porque el hombre ve las apariencias, pero Dios ve el corazón".
    Así Jesé hizo pasar ante Samuel a siete de sus hijos, pero Samuel dijo a Jesé: "El Señor no ha elegido a ninguno de estos".
    Entonces Samuel preguntó a Jesé: "¿Están aquí todos los muchachos?". El respondió: "Queda todavía el más joven, que ahora está apacentando el rebaño". Samuel dijo a Jesé: "Manda a buscarlos, porque no nos sentaremos a la mesa hasta que llegue aquí".
    Jesé lo hizo venir: era de tez clara, de hermosos ojos y buena presencia. Entonces el Señor dijo a Samuel: "Levántate y úngelo, porque es este".
    Samuel tomó el frasco de óleo y lo ungió en presencia de sus hermanos. Y desde aquel día, el espíritu del Señor descendió sobre David.


Salmo 23(22),1-3a.3b-4.5.6.

El Señor es mi pastor,
nada me puede faltar.
El me hace descansar en verdes praderas,
me conduce a las aguas tranquilas
y repara mis fuerzas.

Me guía por el recto sendero,
Aunque cruce por oscuras quebradas,
no temeré ningún mal,
porque Tú estás conmigo:
tu vara y tu bastón me infunden confianza.

Tú preparas ante mí una mesa,
frente a mis enemigos;
unges con óleo mi cabeza
y mi copa rebosa.

Tu bondad y tu gracia me acompañan
a lo largo de mi vida;
y habitaré en la Casa del Señor,
por muy largo tiempo.


    Carta de San Pablo a los Efesios 5,8-14.

    Hermanos: Antes, ustedes eran tinieblas, pero ahora son luz en el Señor. Vivan como hijos de la luz.
    Ahora bien, el fruto de la luz es la bondad, la justicia y la verdad.
Sepan discernir lo que agrada al Señor, y no participen de las obras estériles de las tinieblas; al contrario, pónganlas en evidencia.
    Es verdad que resulta vergonzoso aun mencionar las cosas que esa gente hace ocultamente.
    Pero cuando se las pone de manifiesto, aparecen iluminadas por la luz, porque todo lo que se pone de manifiesto es luz. Por eso se dice: Despiértate, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo te iluminará.


    Evangelio según San Juan 9,1-41.

    Jesús, al pasar, vio a un hombre ciego de nacimiento.
    Sus discípulos le preguntaron: "Maestro, ¿quién ha pecado, él o sus padres, para que haya nacido ciego?".
    "Ni él ni sus padres han pecado, respondió Jesús; nació así para que se manifiesten en él las obras de Dios.
    Debemos trabajar en las obras de aquel que me envió, mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar.
    Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo".
    Después que dijo esto, escupió en la tierra, hizo barro con la saliva y lo puso sobre los ojos del ciego, diciéndole: "Ve a lavarte a la piscina de Siloé", que significa "Enviado". El ciego fue, se lavó y, al regresar, ya veía.
    Los vecinos y los que antes lo habían visto mendigar, se preguntaban: "¿No es este el que se sentaba a pedir limosna?".
    Unos opinaban: "Es el mismo". "No, respondían otros, es uno que se le parece". El decía: "Soy realmente yo".
    Ellos le dijeron: "¿Cómo se te han abierto los ojos?".
    El respondió: "Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, lo puso sobre mis ojos y me dijo: 'Ve a lavarte a Siloé'. Yo fui, me lavé y vi".
    Ellos le preguntaron: "¿Dónde está?". El respondió: "No lo sé".
    El que había sido ciego fue llevado ante los fariseos.
    Era sábado cuando Jesús hizo barro y le abrió los ojos.
    Los fariseos, a su vez, le preguntaron cómo había llegado a ver. El les respondió: "Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo".
    Algunos fariseos decían: "Ese hombre no viene de Dios, porque no observa el sábado". Otros replicaban: "¿Cómo un pecador puede hacer semejantes signos?". Y se produjo una división entre ellos.
    Entonces dijeron nuevamente al ciego: "Y tú, ¿qué dices del que te abrió los ojos?". El hombre respondió: "Es un profeta".
    Sin embargo, los judíos no querían creer que ese hombre había sido ciego y que había llegado a ver, hasta que llamaron a sus padres
y les preguntaron: "¿Es este el hijo de ustedes, el que dicen que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?".
    Sus padres respondieron: "Sabemos que es nuestro hijo y que nació ciego, pero cómo es que ahora ve y quién le abrió los ojos, no lo sabemos. Pregúntenle a él: tiene edad para responder por su cuenta".
    Sus padres dijeron esto por temor a los judíos, que ya se habían puesto de acuerdo para excluir de la sinagoga al que reconociera a Jesús como Mesías.
    Por esta razón dijeron: "Tiene bastante edad, pregúntenle a él".
    Los judíos llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron: "Glorifica a Dios. Nosotros sabemos que ese hombre es un pecador".
    "Yo no sé si es un pecador, respondió; lo que sé es que antes yo era ciego y ahora veo".
    Ellos le preguntaron: "¿Qué te ha hecho? ¿Cómo te abrió los ojos?".
    El les respondió: "Ya se lo dije y ustedes no me han escuchado. ¿Por qué quieren oírlo de nuevo? ¿También ustedes quieren hacerse discípulos suyos?".
    Ellos lo injuriaron y le dijeron: "¡Tú serás discípulo de ese hombre; nosotros somos discípulos de Moisés!
Sabemos que Dios habló a Moisés, pero no sabemos de donde es este".
    El hombre les respondió: "Esto es lo asombroso: que ustedes no sepan de dónde es, a pesar de que me ha abierto los ojos.
    Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, pero sí al que lo honra y cumple su voluntad.
    Nunca se oyó decir que alguien haya abierto los ojos a un ciego de nacimiento.
    Si este hombre no viniera de Dios, no podría hacer nada".
    Ellos le respondieron: "Tú naciste lleno de pecado, y ¿quieres darnos lecciones?". Y lo echaron.
    Jesús se enteró de que lo habían echado y, al encontrarlo, le preguntó: "¿Crees en el Hijo del hombre?".
    El respondió: "¿Quién es, Señor, para que crea en él?".
    Jesús le dijo: "Tú lo has visto: es el que te está hablando".
    Entonces él exclamó: "Creo, Señor", y se postró ante él.
    Después Jesús agregó: "He venido a este mundo para un juicio:     Para que vean los que no ven y queden ciegos los que ven".
    Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le dijeron: "¿Acaso también nosotros somos ciegos?".
    Jesús les respondió: "Si ustedes fueran ciegos, no tendrían pecado, pero como dicen: 'Vemos', su pecado permanece".

    Palabra del Señor

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 19 de Marzo - “Antes yo era ciego y ahora veo”


Homilía atribuida a San Macario de Egipto (¿-390) monje Filocalia, Paráfrasis de Simeón Metafrasto (Paraphrase de Syméon le Métaphraste sur les Discours de saint Macaire l’Égyptien, Philocalie des Pères neptiques, II, DDB-Lattès, 1995)


“Antes yo era ciego y ahora veo” 
            
    El alma pobre en espíritu es la que reconoce sus heridas y la oscuridad de las pasiones que la envuelven. Busca continuamente la liberación de parte del Señor, soporta las penas y no se regocija de ningún bien que esté sobre la tierra. Busca al único buen médico y sólo se entrega a sus cuidados.

    Entonces, ¿cómo hará esta alma para ser hermosa, graciosa y adecuada para unir su vida a Cristo? ¿De qué modo lo hará, si no reencontrando su antigua creación y reconociendo claramente sus propias heridas y pobreza? Si el alma no se complace en sus propias heridas y magulladuras de pasiones, si no defiende sus faltas, el Señor no le imputa la causa del mal. Viene a cuidarla, sanarla, restablecer en ella una belleza impasible e incorruptible. 

    Pero ella no debe elegir permanecer ligada lo que ha hecho o cómo lo ha hecho. Que no se complazca en las pasiones suscitadas en ella, sino que de toda su fuerza llame al Señor para que con su Espíritu bueno la libere de las pasiones. Tal alma es bienaventurada.

    Desdichada el alma que no siente sus heridas y  llevada por un gran vicio y enorme endurecimiento, no cree que tenga cierta maldad en ella. El buen Médico no la sana porque ella no lo busca ni se preocupa por sus heridas, ya que considera que se encuentra bien y está sana. Está dicho que “No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos” (Mt 9,12).

SANTORAL - BEATO MARCELO CALLO, mártir



    Separado de sus seres queridos por los nazis, falleció el día de san José. En Mauthausen, en Austria, beato Marcelo Callo, mártir, joven oriundo de la región francesa de Rennes, que en tiempo de guerra fue encarcelado en ese campo de concentración, donde con cristiano ardor confortaba en la fe a los compañeros de cautiverio agotados por los duros trabajos, motivo por el cual se le hizo morir en ese lugar de exterminio.

    Ya de niño, Marcel Callo era un poco perfeccionista. Le gustaba el orden y mostraba de forma natural cualidades de liderazgo. Nació en Rennes, Francia, el 6 de diciembre de 1921. Segundo hijo de un total de nueve, Marcel era un chiquillo normal y corriente con un gran sentido del humor y al que le encantaba jugar, sobre todo al ping-pong, que se le daba excepcionalmente bien.

    La madre de Marcel le educó en la fe en casa y desde joven desarrolló una fuerte inclinación a seguir a Jesús. Cuando era lo bastante maduro, su madre le preguntó si creía que podía estar sintiendo una vocación al sacerdocio. Marcel le dijo que su vocación era ser lego, una posición desde donde podría hacer más bien por el mundo.

    Marcel empezó sus actividades fuera del hogar sirviendo como monaguillo con 7 años. Con 10 años se unió a los scouts, una organización por la que desarrolló un gran afecto. De alguna forma los scouts respondían a su personalidad perfeccionista. Empezó a desarrollar sus cualidades naturales de liderazgo y forjó un carácter de disciplina personal. Por desgracia para Marcel, tuvo que dejar a los scouts con 12 años para ir a trabajar.

    Así, empezó como aprendiz en una imprenta de Rennes en 1934. Era la primera vez que Marcel trabajaba en el “mundo real” y el comportamiento obsceno de sus compañeros de mayor edad ofendía su sentir religioso. El nombre de Jesús se usaba en vano, las palabras malsonantes formaban parte de todas las frases y los chistes verdes le molestaban más de lo que hubiera imaginado. Algunos de los trabajadores mayores se reían y burlaban de él, pero él se negaba a tomar parte. Le excluían por ser un “loco de Jesús”.

    Su método para lidiar con este comportamiento antagónico (que hoy llamaríamos acoso, abuso o bullying), era decir una oración a Nuestra Señora que había aprendido de su madre: “Querida Madre, recuerda que te pertenezco. Cuida de mí y protégeme como propiedad tuya”.

    Su devoción por la Santa Madre lo fortalecía y así pudo soportar sus días de ser el “loco de Jesús” de la imprenta. Marcel se había unido a un movimiento juvenil de su parroquia llamado la Cruzada Eucarística. Su fervor religioso empezaba a deslumbrar. Cuando tenía 14 años se unió a la organización Juventud Obrera Cristiana (Jeunesse Ouvriere Chretienne, JOC), que eran conocidos como “jocistas”. Su labor era “apostólica” y congeniaba a la perfección con el joven Marcel.

    Rápidamente sus cualidades de liderazgo empezaron a despuntar y el joven empezó a darse a conocer. Entonces, conoció a Marguerite Derniaux. Había estallado la Segunda Guerra Mundial y Marcel era un jocista activo en la clandestinidad. Así se conocieron Marcel y Marguerite. La conexión fue instantánea y ambos se enamoraron perdidamente. Se comprometieron y ambos juraron que rezarían por su futura familia y, de ser posible, asistirían a misa y a la comunión diariamente.

    Marcel había dicho a un amigo: “Sabía que tenía que esperar al amor verdadero. Tenía que perfeccionar mi corazón antes de poder ofrecérselo a quien Cristo había elegido para mí”. Para Marcel Callo, todo giraba en torno a Jesús. Ni siquiera se atrevió a besar a Marguerite hasta que él cumplió 20 años, cuando le proclamó su amor por ella.

    Por desgracia, la guerra y el paso de los nazis habían consumido la ciudad de Rennes y Marcel fue reclutado para servir en las unidades de trabajo forzado. Su intención original era la de huir y refugiarse en algún lugar hasta el fin de la guerra, pero sabía que su familia podría sufrir las represalias por su desobediencia a las órdenes nazis. Dijo a su familia y a Marguerite que “se marchaba como misionero en servicio de sus compañeros”.

    Marcel y Marguerite se despidieron el 19 de marzo de 1943, el día de San José. Marcel llevó consigo su identificación de scout y de jocista. Rápidamente cayó sobre él el escrutinio de la Gestapo, ya que los jocistas eran considerados una organización secreta y los nazis los habían prohibido.

    El 19 de abril de 1944, Marcel fue arrestado por pertenecer a un grupo “ilegal”. Sus captores le dijeron que era arrestado por ser “demasiado católico”.

    El tribunal nazi presentó su bárbaro veredicto: “¡Monsieur Callo es demasiado católico!”. Marcel terminó en el campo de concentración de Mauthausen en Austria. Además de verse obligado a trabajar siete días a la semana, 12 horas al día, con poca comida y agua, Marcel recibía golpes y abusos constantemente. Enfermó de tuberculosis y disentería. De nuevo, la festividad de san José formaba parte intrincada de la corta vida de Marcel. Murió el 19 de marzo de 1945. Tenía 24 años.

    San Juan Pablo II beatificó a Marcel el 4 de octubre de 1987. Su día festivo es el mismo que el de san José, el 19 de marzo. Es el patrón de los obreros jóvenes y de los que padecen depresión.

    En lo referente a Marguerite, permaneció fiel a su único amor y nunca se casó. Falleció en 1997. 

-FRASE DEL DÍA-



 

viernes, 17 de marzo de 2023

-PROPÓSITO DEL DÍA- "Para que por la práctica de los consejos evangélicos y la vida de oración, podamos crecer en el amor a Dios y nuestros hermanos"



 

EVANGELIO - 18 de Marzo - San Lucas 18,9-14.


      Libro de Oseas 6,1-6.

    «Vengan, volvamos al Señor: él nos ha desgarrado, pero nos sanará; ha golpeado, pero vendará nuestras heridas.
    Después de dos días nos hará revivir, al tercer día nos levantará, y viviremos en su presencia.
    Esforcémonos por conocer al Señor: su aparición es cierta como la aurora. Vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia de primavera que riega la tierra».
    ¿Qué haré contigo, Efraím? ¿Qué haré contigo, Judá? Porque el amor de ustedes es como nube matinal, como el rocío que pronto se disipa.
    Por eso los hice pedazos por medio de los profetas, los hice morir con las palabras de mi boca, y mi juicio surgirá como la luz.
    Porque yo quiero amor y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos.


Salmo 51(50),3-4.18-19.20-21ab.

¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad,
por tu gran compasión, borra mis faltas!
¡Lávame totalmente de mi culpa
y purifícame de mi pecado!

Los sacrificios no te satisfacen;
si ofrezco un holocausto, no lo aceptas:
mi sacrificio es un espíritu contrito,
tú no desprecias el corazón contrito y humillado.

Trata bien a Sión, Señor, por tu bondad;
reconstruye los muros de Jerusalén.
Entonces aceptarás los sacrificios rituales
-las oblaciones y los holocaustos-.


    Evangelio según San Lucas 18,9-14.

    Refiriéndose a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, dijo también esta parábola: "Dos hombres subieron al Templo para orar: uno era fariseo y el otro, publicano.
    El fariseo, de pie, oraba así: 'Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos y adúlteros; ni tampoco como ese publicano.
    Ayuno dos veces por semana y pago la décima parte de todas mis entradas'.
    En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se animaba siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: '¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador!'.
    Les aseguro que este último volvió a su casa justificado, pero no el primero. Porque todo el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado".


    Palabra del Señor

MEDITACIÓN DEL EVANGELIO - 18 de Marzo - «Ten piedad de mí que soy un pecador»


        San Pío de Pietrelcina Buona giornata: Fundamento de la santidad


«Ten piedad de mí que soy un pecador» 

    Es importante que insistas en lo que es el fundamento de la santidad y el fundamento de la bondad. Quiero decir la virtud de la que Jesús se presenta explícitamente como modelo: «la humildad. (Mt 11,29) La humildad interior más que exterior. Reconoce que tú eres verdaderamente una nada, miserable, débil, plagado de defectos, capaz de cambiar el bien en el mal, de abandonar el bien por el mal, de atribuirte el bien y justificarte en el mal, y, por amor a este mal menospreciar a Aquel que es el bien supremo.

    No te acuestes nunca sin haber hecho previamente un examen de conciencia de cómo has pasado el día. Vuelve hacia el Señor todos tus pensamientos y conságrale tu persona y la de todos los cristianos. Luego, ofrécele tu sueño como alabanza de su gloria, sin olvidar nunca tu buen ángel de la guarda que permanece a tu lado.

SANTORAL - SAN CIRILO DE JERUSALÉN

18 de Marzo


    San Cirilo nació cerca de Jerusalen y fue Arzobispo de esa ciudad durante 30 años, de los cuales estuvo 16 años en destierro. 5 veces fue desterrado: tres por los de extrema izquierda y dos por los de extrema derecha.

    Era un hombre suave de carácter, enemigo de andar discutiendo, que deseaba más instruir que polemizar, y trataba de permanecer neutral en las discusiones. Pero por eso mismo una vez lo desterraban los de un partido y otra vez los del otro.

    Aunque los de cada partido extremista lo llamaban hereje, sin embargo San Hilario (el defensor del dogma de la Santísima Trinidad) lo tuvo siempre como amigo, y San Atanasio (el defensor de la divinidad de Jesucristo) le profesaba una sincera amistad, y el Concilio general de Constantinopla, en el año 381, lo llama "valiente luchador para defender a la Iglesia de los herejes que niegan las verdades de nuestra religión".

    Una de las acusaciones que le hicieron los enemigos fue el haber vendido varias posesiones de la Iglesia de Jerusalen para ayudar a los pobres en épocas de grandes hambres y miserias. Pero esto mismo hicieron muchos obispos en diversas épocas, con tal de remediar las graves necesidades de los pobres.

    El emperador Juliano, el apóstata, se propuso reconstruir el templo de Jerusalen para demostrar que lo que Jesús había anunciado en el evangelio ya no se cumplía. San Cirilo anunció mientras preparaban las grandes cantidades de materiales para esa reconstrucción, que aquella obra fracasaría estrepitosamente. Y así sucedió y el templo no se reconstruyó.

    San Cirilo de Jerusalen se ha hecho célebre y ha merecido el título de Doctor de la Iglesia, por unos escritos suyos muy importantes que se llaman "Catequesis". Son 18 sermones pronunciados en Jerusalen, y en ellos habla de la penitencia, del pecado, del bautismo, y del Credo, explicándolo frase por frase. Allí instruye a los recién bautizados acerca de las verdades de la fe y habla bellísimamente de la Eucaristía.

    En sus escritos insiste fuertemente en que Jesucristo sí esta presente en la Santa Hostia de la Eucaristía. A los que reciben la comunión en la mano les aconseja: "Hagan de su mano izquierda como un trono en el que se apoya la mano derecha que va a recibir al Rey Celestial. Cuidando: que no se caigan pedacitos de hostia. Así como no dejaríamos caer al suelo pedacitos de oro, sino que los llevamos con gran cuidado, hagamos lo mismo con los pedacitos de Hostia Consagrada".

    Al volver de su último destierro que duró 11 años, encontró a Jerusalen llena de vicios y desórdenes y divisiones y se dedicó con todas sus fuerzas a volver a las gentes al fervor y a la paz, y a obtener que los que se habían pasado a las herejías volvieran otra vez a la Santa Iglesia Católica. A los 72 años murió en Jerusalen en el año 386.En 1882 el Sumo Pontífice lo declaró Doctor de la Iglesia.

Oremos

    Señor, Dios nuestro, que has permitido a tu Iglesia penetrar con mayor profundidad en los sacramentos de la salvación, por la predicación de San Cirilo, obispo de Jerusalén, concédenos, por su intercesión, llegar a conocer de tal modo a tu Hijo que podamos participar con mayor abundancia de su vida divina. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén

-FRASE DEL DÍA-