
lunes, 17 de agosto de 2015
domingo, 16 de agosto de 2015
PAPA FRANCISCO
Papa Francisco: El Cielo comienza en la Eucaristía
Al presidir hoy el rezo del Ángelus ante la multitud de fieles y peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro, el Papa Francisco reflexionó sobre el significado de “comer la carne y beber la sangre de Jesús”, y aseguró que el Cielo comienza en la Eucaristía.
El Santo Padre explicó que “vivir en comunión real con Jesús sobre esta tierra nos hace ya pasar de la muerte a la vida. El cielo comienza precisamente en esta comunión con Jesús”.
“En estos domingos la Liturgia nos está proponiendo, del Evangelio de Juan, el discurso de Jesús sobre el Pan de Vida, que es Él mismo y que es también el sacramento de la Eucaristía” dijo, y señaló que el pasaje de hoy “presenta la última parte de ese discurso, y hace referencia a algunos entre la gente que se escandalizan porque Jesús dice: ‘El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día’”.
El Papa destacó que “el estupor de los que lo escuchan es comprensible”. “Ante todo preguntas: ¿qué significa ‘comer la carne y beber la sangre’ de Jesús?, ¿es solo una imagen, una forma de decir, un símbolo, o indica algo real?”, indicó.
Francisco destacó que “sabiendo que deberá morir sobre la cruz por nosotros, Jesús se identifica con aquel pan partido y compartido, y eso se convierte para Él en el ‘signo’ del Sacrificio que lo espera. Este proceso tiene su culmen en la Última Cena, donde el pan y el vino se transforman realmente en su Cuerpo y en su Sangre”.
“Es la Eucaristía, que Jesús nos deja con una finalidad precisa: que nosotros podamos convertirnos en una sola una cosa con Él”.
Francisco lamentó que “a veces, con respecto a la santa Misa, se siente esta objeción: ‘¿Para qué sirve la Misa? Yo voy a la iglesia cuando tengo ganas, y rezo mejor solo’”.
Ante esto, el Santo Padre respondió que “la Eucaristía no es una oración privada o una bella experiencia espiritual, no es una simple conmemoración de aquello que Jesús ha hecho en la Última Cena”.
“Decimos, para entender bien, que la Eucaristía es ‘memorial’, o sea un gesto que actualiza y hace presente el evento de la muerte y resurrección de Jesús: el pan es realmente su Cuerpo ofrecido por nosotros, el vino es realmente su Sangre derramada por nosotros”.
El Papa subrayó que “la Eucaristía es Jesús mismo que se dona totalmente a nosotros. Nutrirnos de Él y vivir en Él mediante la Comunión eucarística, si lo hacemos con fe, transforma nuestra vida, la transforma en un don a Dios y en un don a los hermanos”.
“Nutrirnos de aquel ‘Pan de vida’ significa entrar en sintonía con el corazón de Cristo, asimilar sus elecciones, sus pensamientos, sus comportamientos. Significa entrar en un dinamismo de amor y convertirnos en personas de paz, personas de perdón, de reconciliación, de compartir solidario. Lo mismo que Jesús ha hecho”.
Al finalizar, el Santo Padre señaló que “en el Cielo ya nos espera María nuestra Madre – ayer hemos celebrado este misterio. Ella nos obtenga la gracia de nutrirnos de Jesús, Pan de Vida, siempre con fe”.
La frase del Día
La frase del día
La vida de María nos muestra que Dios realiza grandes obras por medio de los más humildes.
Papa Francisco
sábado, 15 de agosto de 2015
Hoy la Iglesia celebra la Asunción
de la Virgen María, modelo y defensora
de los cristianos
Celebramos hoy, 15 de agosto, una de las Fiestas mayores de la Virgen María, su Asunción a los cielos. Ella, como toda criatura, tuvo su origen en Dios y vivió en este mundo su camino hacia Dios, al igual que nosotros. María pertenece a nuestra misma condición humana, sin embargo, a diferencia de nosotros, fue elegida para una misión única, la de ser la madre del Hijo de Dios. Este hecho no la aleja de nosotros, pero ha gozado de un cuidado especial de Dios en su vida. A diferencia de nosotros fue concebida sin mancha del pecado original, que es lo propio de nuestra condición humana. A esta gracia que la distingue la celebramos en su Inmaculada Concepción, el 8 de diciembre. En razón de esa misma elección no padeció las consecuencias humanas de la muerte, sino que su muerte fue como un Tránsito, un pasaje de este mundo al cielo. La Asunción no significa que María no ha muerto, ha sido una muerte única y distinta por obra de Dios.
Estas dos realidades de la Virgen María, su Inmaculada Concepción como su Asunción a los cielos, pertenecen al obrar exclusivo de Dios. Se trata de una historia de gracia que no la exime de caminar en este mundo con los límites, dolores y esperanzas que ello implica. Por ello la sentimos muy cerca de nosotros, su camino de fe es similar al nuestro. Podemos decir que María es para todo cristiano el testimonio de una vida de fe, de esperanza y caridad. En el evangelio la conocemos en su pequeñez y grandeza, en su humildad y servicio, en su oración y compromiso con el camino de su Hijo. Ella acompaña sin ocupar el primer lugar, ella sabe estar presente desde el silencio y la palabra oportuna. María habla poco, lo necesario, sabe que la Palabra le corresponde a su Hijo y a aquellos que su Hijo ha elegido para formar la primera comunidad, la Iglesia. Jesús no le encarga a su madre hablar y presidir la comunidad, sí le encomienda la misión de madre con sus discípulos. María escucha, medita y guarda en su corazón las palabras y el caminar de su Hijo, no siempre lo entiende, lo vive y acepta en la fe.
Conocer la presencia de María en el plan de Dios es esencial para la vida cristiana y es el fundamento de nuestra devoción. Aislarla de la Iglesia y hacer de ella una fuente de mensajes no pertenece a esa voluntad de Dios, que hemos conocido por Jesucristo. Solo desde el Evangelio y en la comunión de la Iglesia podemos conocer la misión de María acompañando a sus hijos, como el Señor se lo ha encomendado. La mayor alegría de María es ver en nosotros la presencia de su Hijo y el compromiso con su Evangelio. Cuando la Iglesia nos habla de ser discípulos y misioneros de Jesucristo, nos propone como ejemplo la figura de María. Pidamos la gracia de poder contemplar a Jesucristo con los ojos de su Madre, para llegar a ser como ella fieles discípulos y comprometidos misioneros de su Evangelio. Una auténtica devoción mariana nos debe llevar a un encuentro vivo con Jesucristo y en la Iglesia. Este será el mejor regalo que le podemos hacer en su día.
Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.
Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz
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