San Agustín (354-430) obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la IglesianCarta a Proba, 130 (PL 33, 505-506. Lectures chrétiennes pour notre temps, Abbaye d'Orval,1972)
“El Espíritu reza en nosotros con gemidos inefables”
Quien pide al Señor el solo bien que importa, y lo busca (Sal 26,4), pide con certeza y confianza. (…) Este bien es la paz, que sobrepasa todo entendimiento. Incluso cuando la pedimos en nuestras oraciones, no sabemos qué pedir como deberíamos. Porque como no podemos imaginarla como realmente es, no la conocemos , y cualquier imagen de ella que se nos presente a la mente la rechazamos, la negamos y reprobamos. Sabemos que no es lo que buscamos, aunque todavía no sabemos lo suficiente para poder definir lo que buscamos.
Hay en nosotros una cierta docta ignorancia , por así decirlo, una ignorancia que nos enseña el Espíritu de Dios, que nos ayuda en nuestra debilidad. Porque después de que el apóstol dijo “Si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos”, añadió “No sabemos orar como conviene, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables. Y el que escudriña los corazones sabe lo que hay en la intención del Espíritu , porque intercede por los santos conforme a la voluntad de Dios” (Romanos 8,25-27).
Con esto no debe entenderse que el Espíritu Santo de Dios , Dios inmutable en la Trinidad, un solo Dios con el Padre y el Hijo, intercede por los santos como si no fuera Dios. Se dice que Él intercede por los santos, porque les da la capacidad de interceder. Él hace que los santos intercedan con gemidos inefables, ya que les inspira deseos de ese gran bien, aún desconocido, que esperamos pacientemente.

No hay comentarios:
Publicar un comentario