sábado, 29 de marzo de 2025

MES DE SAN JOSÉ

TRIGÉSIMO DÍA: ESPERANZA DE SAN JOSÉ 


 Esperanza de San José

    En medio de las pruebas y de las vicisitudes que Dios le había destinado, san José fue un admirable modelo de esperanza; podía decir con su padre David: ¡me estableciste de una manera singular en la esperanza! Había recogido la herencia de sus padres, que eran hombres de deseos y esperanza; veía realizar bajo sus ojos, todas las promesas de las profecías: Dios Salvador había nacido, y esperaba, con la fe más firme, el cumplimiento de esta obra admirable de la redención. Aunque no estuvo obligado a ver manar la sangre de la víctima reparadora, aunque no escuchó escuchar, sobre el Gólgota:  todo esta consumado; su esperanza permanece inquebrantable, la realización de esos divinos oráculos que prometían al mundo un liberador no fue nunca dudosa para su espíritu, y de la misma manera que creía en el Dios Niño, que reposaba bajo su techo, esperaba al Dios redentor, cuya muerte debía poner el sello a la liberación de las almas.

    En las cosas temporales, la esperanza se san José estalla: va a Belén, va a Egipto, regresa a Nazaret, siempre sin apoyo y sin auxilio, pero nunca se quebró su confianza en Dios. Era suficiente para José saber que Dios quería que hiciese esas cosas tan difíciles, para que las realizara. Experimentó, a lo largo de su vida, cuán bueno y dulce es reposar entre los brazos de la Providencia celeste. Démonos a la tarea de imitarlo; el deber cristiano es trabajar, según su estado y sus fuerzas, y de abandonar a Dios a Dios al éxito de sus labores: esta confianza en el Padre celeste no es nunca vana; el Rey Profeta dijo: Que nunca vio el justo faltarle el pan, palabras que se verificaron en san José y que se verifican cada día para los cristianos verdaderos.


Oración

    O divina bondad, me encomiendo a ti para todas las necesidades de la vida presente por medio de san José; concédeme el pan de cada día; ilumíname en mis trabajos y mis empresas; que la avaricia, que es una idolatría, no se apodere nunca de mi corazón; que tu providencia sea mi tesoro, y que amase sobre todo para la vida eterna. 

    San José, lleno del Espíritu Santo, ruega por nosotros.

No hay comentarios:

Publicar un comentario